30 mayo 2012

Estiando

Esto empieza a oler a vacaciones: hace mucho calor, el teléfono apenas suena ya por las tardes y los días se estiran casi hasta las once de la noche. Si a eso añadimos que el sábado comienza la temporada de piscinas, que el lunes ya no hay cole por las tardes y que mi madre me ha surtido de la primera remesa de gazpacho, las cosas no pueden pintar mejor.

Yo soy así, de buen conformar.

23 mayo 2012

Regresión


Creo que estoy entrando en una edad peligrosa. Ayer me propusieron participar en una fiesta ochentera a la que habría que acudir disfrazado y acepté. En condiciones normales ni siquiera se me habría pasado por la imaginación pensarme siquiera la posibilidad de hacer el canelo de esa forma, pero mira tú por dónde que me imaginé con mis pantalones pitillo, mis calcetines blancos y el pelo engominado y me moría de la risa. Si a eso le añadimos unos cuantos botellines de Mahou, creo que lo bordaría.

Y es que los ochenta pasaron ante mí a una velocidad endiablada. Años repletos de amores, besos robados y alcohol, mucho alcohol. Tanto que varios de esos años aparecen de forma vaga en mi memoria o ni siquiera figuran. Años de desenfreno, noches sin fin, poco dinero y mucho talento para estirarlo. Años felices. Años horteras, muy horteras. Aquellas hombreras, aquellos cardados…

Humo en los bares.

Sería divertido.


17 mayo 2012

Lecciones de economía


-Papá, ¿qué es el déficit?
-Pues mira, es algo así como gastar más de lo que se tiene.
-¡¿Y eso cómo es posible?!

La lógica infantil es aplastante, y su sentido común es mayor que el de cualquier adulto.

Mi explicación vino acompañada de un ejemplo práctico:
-¿Qué quieres hacer tú, ir al torneo de fútbol sala o al campamento?
-A los dos
-Pues mira, papá y mamá ganan dinero cada mes para pagar todo lo que gastamos en la casa, la comida, la ropa y todas las cosas que tenemos o hacemos. Si tú vas al torneo y al campamento, entonces tendremos que pedir dinero a alguien porque nosotros no tenemos suficiente. Ese dinero tendremos que devolvérselo a quien nos lo prestó, y un poquito más por habérnoslo prestado. Es decir, que gastaremos más de lo que tenemos. ¿Y sabiendo esto, sigues queriendo ir a las dos cosas?
-No, prefiero el torneo. Así no gastaremos más de lo que tenemos.

14 mayo 2012

Enhorabuena



Ayer recibí varios parabienes de extraños y no tanto de propios. Los extraños, por alguna razón, consideraban que la comunión de mi hijo debía representar para sus padres alegría y orgullo. Los propios, debido a la cercanía, sabían que aquello no era más que un trámite registral seguido de una celebración familiar. Un error más en una vida llena de apariencias.

Ayer miré a los ojos de mi mujer y le aseguré que aquella sería la última vez que mis pies pisasen una iglesia. Decidido. Y eso que en el altar estaba el único cura al que actualmente respeto y al que, Dios perdone mi blasfemia de ateo, considero un santo. Esa sí es la Iglesia que quisiera pisar, la que ayuda, la que comprende, la que da, la que enseña, la que sigue la palabra de Dios. Pero él es una gota de agua pura en un océano de inmundicia. Él es un proscrito antisistema. Él es el malo de una película en el que los ladrones persiguen a la policía.

Será imposible cumplir mi promesa por muchos motivos, pero prometo que haré todo lo posible. El próximo mes de junio tengo un bautizo, y romperé mi promesa. La romperé porque celebraremos el bautizo en una parroquia de pueblo en la que el cura, que sabe que sus clientes van cayendo con cada frío invierno, es un gurú del marketing y hace de la celebración un auténtico espectáculo para los niños. Los sienta alrededor del bautizando y les explica en qué consiste el rito, les pregunta, les hace reír y les implica en la ceremonia de tal forma que ninguno de ellos se aparta de su lado. Tras el bautizo, les deja tocar las campanas de la iglesia y les invoca para que sean buenos cristianos. No dice nada pero lo dice todo. Ser cristiano consiste en ser buena persona.

La Iglesia está en las manos equivocadas, pero aún se mantiene porque sus pies, que son quienes realmente la sustentan, los compone buena gente. Gente como ellos.

10 mayo 2012

Milenario

Ha costado más de lo que yo pensaba por varios motivos: el contador de posts incluía en su cuenta aquellos que fueron escritos pero, por un motivo u otro, no publicados. Así que una vez repasados y tras una lucha interior entre la parte de mi cerebro que era partidaria de hacer un megamix y publicarlos todos del tirón, y esa otra parte que pensaba que si en su día esos posts no habían sido publicados por algo sería, ganó esta última. Y borré unas cuantas decenas que dejaron el contador en su número real.

Pero aquí estamos, escribiendo el post número mil. No sé si me sorprende más la cifra o que lleve escribiendo desde hace ya cinco años. 

Eso sí, lo que me descoloca sobremanera es que haya alguien que me lea.

Así que a los que lo hacen, tengo mil motivos para darles las gracias y mil preguntas que hacerles. No importa que no sean mil, es más, sería mil veces menos gratificante escribir bajo la atenta mirada de mil personas que pensarían mil cosas diferentes sobre mí, y segúramente todas ellas mil veces ciertas. 

Mil gracias.

09 mayo 2012

Verde



Como si de una ordenanza municipal se tratase, todas las guapas mozas de esta ciudad han decidido al unísono despojarse de sus ropajes de invierno y mostrar sus encantos. Ha llegado oficialmente la primavera al lejano oeste y uno, que se encuentra atravesando la segunda adolescencia que provoca la cuarentena, ha de emboscarse tras sus gafas de sol para disimular esas miradas lascivas que mi cerebro ordena dirigir siempre hacia las mismas curvas.

Qué barbaridad.

Lástima que mis lectores, más aficionados a los caracoles que a las ostras, no valoren en su justa medida este primaveral espectáculo.
  

06 mayo 2012

Singultus

Es automático. Sufro de singultus, siempre, tras una de esas comidas pantagruélicas en las que no paras de hablar, de reírte y de ingerir espirituosos.

La cosa se desarrolla de la siguiente manera: un poquito de vino blanco, conversación animada, risas, vino tinto, más coversación, más risas, todo entreverado de ricas viandas y rematado con un excesivo postre que invita al combinado de vodka. Siempre vodka. Y muchas más risas.

Y llega él. Con sus espasmos involuntarios y sonoros. Y ese dolor. Y esa sensación que precede al vómito.

Y empieza el ritual: que si aguantar la respiración; que si beber agua a sorbitos; que si aguantar la respiración mientras bebes agua a sorbitos; que si beber del revés; que si estiramentos varios. Y por alguna razón inexplicable, desaparece. Pero al rato vuelve. Y vuelta a empezar.

Ayer celebrábamos la primera comunión del hijo de unos amigos. Tras la ceremonia, celebración. Y las celebraciones de esta familia son como lo fueron siempre: auténticas bacanales. Todo finaliza entre un rosario de besos y enseñando carne. No es extraño que muchas de las parejas invitadas lo hayan sido en el pasado, o lo serán en el futuro, de otros miembros del grupo. No es nada raro ver parejas entrecruzadas que comparten hijos con algún otro miembro de la pandilla allí presente. 

Un lío del carajo.

Y entremedias, yo. Y mi hipo.

Hoy, extrañamente, no tengo resaca. Ni tampoco sensación de habérmelo pasado bien. Ni mal. Símplemente estuve allí como ya lo hice en tantas ocasiones que prefiero olvidar.

Son reuniones que pasan. Igual que el hipo.

04 mayo 2012

¿Alguien sabe francés?



Ayer fui informado por las autoridades competentes de mi designación como portavoz de los padres en la comunión de nuestros hijos. Yo. Joder, qué puntería. No podían elegir a otro. Tenía que ser yo, el más descreído de los padres, el más protestón, el más contrario a que su hijo reciba este sacramento, el que quiere pasar la ceremonia en el bar de la esquina.

Tenía que ser yo el que ratificara, desde el altar y frente a todos los asistentes, el compromiso que adquirimos los padres para el mantenimiento de la Fe de nuestros hijos. Yo.

Tenía que ser yo el primero que subiera al ara a proclamar a los cuatro vientos que voy a velar por el cumplimiento de algo en lo que no creo. Yo.

Lo bueno de no creer es que mentir no supone ninguna carga. Es más, en este caso, hasta tiene su gracia. Me situaré frente a todos esos meapilas encorbatados y proclamaré a los cuatro vientos con voz engolada mi “compdomiso” y el del resto de progenitores con la Santa Madre Iglesia y todo lo que representa. Amén.

Total, si el infierno existe, yo ya estoy condenado. Y una mentirijilla más no añadirá mucha más pena, por muy sacro que sea el lugar desde donde se cometerá la falta.

Voy a ver si convenzo a alguna madre divorciada de que se meta bajo el atril. A ver si se le ocurre bajarme la bragueta y termino el discurso con una sonrisa en la boca.