Soy poco mitómano, y muy poco dado también a escuchar música. Sí, tengo grupos o solistas que me gustan y que de vez en cuando escucho. Casi siempre son los mismos. Más vale lo malo conocido...
Soy más de radio convencional que de radiofórmula, formato que sólo utilizo cuando llevo a los niños en el coche y siempre con la misma
emisora en la que puedo disfrutar de música que tarareo con ellos y a las que cambio las letras sobre la marcha para introducir cacas y culos, haciendo así el viaje mucho más ameno y lleno de risas.
Sólo tengo dos discografías completas que siempre me acompañan en mis viajes y con las que puedo ir disfrutando desde que salgo hasta que llego, las de Enrique Urquijo, con y sin Los Secretos, y Antonio Vega.
Hoy se cumplen 10 años de la muerte de Enrique, al que ya seguía en sus conciertos cuando ni siquiera tenían repertorio suficiente para aguantar un concierto y no les quedaba más remedio que hacer versiones de otros y realizar más bises de los habituales.
Todas me gustan, pero una más que otras:
Hoy empecé a andar y sin fijarme
no sé cómo llegué frente a su calle,
pero al notar mi error, al girarme,
miré hacia atrás , sin querer, y vi su imagen.
Y recordé su voz bromeando en las tardes
diciéndome qué harás si hay cambio de planes.
Hoy empecé a guardar todas sus cartas,
las fotos que encontré y algunas lágrimas,
pero al tratar de juntar en una caja
todo lo que me dejó, olvidé cerrarla.
Y a veces sin querer, cuando todo está en calma,
la sombra del dolor asoma su cara.
Y volveré a sentir la oscuridad, a beber la soledad.
Hoy tengo que dejar su castillo en el aire,
pisar el suelo, aceptar un cambio de planes.