30 noviembre 2011

965

Me viene al pelo eso de desenterrar a Franco y tirarlo al mar para dejar sitio en la cripta del Valle de los Caídos e instalar allí una montaña rusa.

Y me viene al pelo porque voy a echar la mañana en la sede de nuestro legislativo regional. Jamás vi cosa igual. Mármol por doquier, pasillos tan anchos que podría dar la vuelta un tráiler sin el mayor de los problemas, sala de exposiciones en el recibidor, ascensores por docenas, cafetería de cinco estrellas, ujieres perdidos en mesas  colocadas cada cierto número de metros haciendo nada (me recuerdan a mis tiempos de imaginaria en la mili...)

Y voy a visitar a un tipo recién llegado que comparte pared medianera con la Presidenta de las Cortes y, por tanto, cierta cuota de poder y responsabilidad y, lo que es más importante, cierto poder adquisitivo, cosa que no abunda en los tiempos que corren.

Así que me he venido con mis pantalones recién comprados, mis zapatos bien abrillantados y un jersey morado  con cuello de pico por el que sobresale una camisa blanca impoluta.

Lo digo por si alguien se pasa por allí, me reconoce, y quiere pagarse un café.


28 noviembre 2011

964


Cuando me dijeron que el viernes teníamos el compromiso de asistir a un concierto en Ávila no puse muy buena cara. Porque los viernes estoy agotado, porque no me gusta trasnochar y porque tenía que conducir 90 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta a las tantas de la madrugada. Sólo puse una condición: “tú te encargas de los niños y yo me quedo durmiendo la siesta. Si no duermo, mucho me temo que voy a daros la noche”. Así que me pasé buena tarde del viernes tirado en el sofá disfrutando de una solitaria siesta mientras mi santa se encargaba de la prole.

En los últimos 15 años apenas he pagado por asistir a conciertos. De una forma u otra, o me han invitado o he buscado la fórmula para que todos los que me acompañaban entrasen gratis. Normalmente hemos asistido como público y en bastantes ocasiones como invitados con pase VIP, pero nunca en las condiciones del pasado viernes. Por primera vez tuve la oportunidad de colarme en un backstage y compartir noche, y sobre todo copas, con los grupos y solistas. Y me gustó. Me reí como nunca y disfruté como un niño del “todo gratis y a cascoporro”.

Nos acercamos hasta el concierto de la mano de un amigo futbolista y su mujer,  que se aseguraron de que alguien nos esperase a la puerta para ser los primeros en llegar y escoger el mejor sitio. Antes de entrar habíamos quedado con otros tres amigos que venían de Madrid. Amigos suyos, no nuestros. Otro futbolista con rubia y un tipo con los pelos hacia arriba. El futbolista, más bien feo y calvo como una bola de billar. La rubia, minifaldera y despampanante de lejos pero que perdía bastante muy de cerca. El de los pelos, enfundado en una camiseta blanca marcando tableta y con una bufanda amarilla y cazadora de cuero.
Nos hicimos con una mesa en la zona VIP justo frente al escenario y las copas comenzaron a llegar. Para todos menos para mí, que era el que tendría que regresar conduciendo. Algo ocurría con la rubia y el de los pelos. La gente les miraba. A ellos y a nosotros. Hasta que alguien, dos chicas, rompió el hielo y se acercó hasta ellos. “¿Podemos hacernos una foto con vosotros?”. “Sí, claro”, contestaron ellos. Yo miraba atónito la escena porque no entendía nada. “¿Y estos dos, quiénes son?”, pregunté.  “¿Pero no les conoces?, ¡si son XX y XY, los que salen en el programa M&H de Telecinco…!”

He de reconocer que para mí, el gurú de la tele, el que todo lo ve, el que se jacta de poder ver varios programas a la vez y seguirles el hilo, el que tiene opinión sobre todo, confirmar que desconocía la existencia de estos dos personajes que salen a diario en un programa que tiene casi tres millones de personas de audiencia fue algo frustrante. Fue la primera interrupción de varias docenas durante la noche. Gente de todo tipo se acercaba hasta ellos, juntos o separados, para fotografiarse, criticarles, besarles, tocarles o, simplemente, estar cerca. La cosa era tan constante que pasada la inicial sorpresa se convirtió en algo rutinario y más bien molesto. “¿Esto es siempre así?”, pregunté. “Sin parar. Todos los días”.

Por el escenario desfilaron: Un pingüino en mi ascensor, Modestia Aparte, Iguana Tango y Siniestro Total, entreverados con un par de “triunfitos” para mí desconocidos. Fueron tres horas de recuerdos, canciones casi olvidadas y contacto terrenal con los que fueron grupos icono de una época ya pasada. Más gordos, más calvos, más viejos y, supongo, igual de borrachos que entonces.

Una noche muy, pero que muy divertida.

25 noviembre 2011

963


Llamadme masoquista (o gilipollas) si queréis, pero no lo puedo remediar: los canales fachas me ponen cachondo. Me atraen irremediablemente en esos espacios muertos que son los cortes publicitarios en otros canales menos patrióticos y mis manos se abalanzan sobre el mando a distancia para conectarme con ellos.

Hay que ver qué feos son todos los que allí aparecen. ¡Pero si incluso uno de ellos es tuerto!, ¡con parche y todo!. Gordos, mal peinados, con las caras torcidas, voces chillonas… Joder, ¿pero es que no hay un facha con buena ídem?. El caso es que no estoy tan atento a lo que dicen como a lo que aparece escrito en la banda inferior de la tele. Por allí se vomitan todo tipo de expresiones soeces, malsonantes y faltonas amparadas en el anonimato. Y cuando digo faltonas no lo hago en el estricto sentido de faltar al respeto de las personas a las que se dirigen (el malvado ZP, casi siempre…), sino también por lo mal escritas que están. No hay una be en su sitio y las haches brillan por su ausencia o relucen por su presencia no autorizada por la RAE. Vamos, que o los que escriben tienen los dedos muy gordos y no saben darle a las teclas o los espectadores son todos unos iletrados a la par que unas bestias con rasgos homínidos.

Pero lo más, lo más de lo más siempre son las encuestas. Encuestas del tipo:
¿Cuál es su opinión sobre ZP?
Es un cabrón                                  3%
Es un hijoputa                                5%
Es un cabrón hijoputa                   92%

¿Qué opina de la política económica del Gobierno?
Es una mierda 3%
Sólo beneficia a los socialistas porque se están llevando el dinero de todos los españoles y llenando sus bolsillos           5%                                                                                                                                                                                               
Me cago en los muertos de todo el que votó al PSOE porque tiene la culpa de que la prima única, que no sé qué cojones es, esté por las nubes y seguro que eso quiere decir que algún sociolisto se está haciendo rico con lo que yo pago de impuestos en vez de estar en el puto paro, que es donde tendría que estar 92%

Pero mira tú por dónde que Mariano gana las elecciones y la cosa se ve de otra manera. Las encuestas cambian y se produce algo como lo de esta semana:
¿Aceptaría de buen grado que el Gobierno de Mariano Rajoy tomara duras medidas de ajusta económico aunque le afectasen gravemente al bolsillo?
Sí     92%
No    8%                                                                               

Mal empezamos.

A ver quién coños va a ver ahora la tele. 

Le quitan a uno la ilusión y las ganas de vivir.



22 noviembre 2011

962


Ayer, tras la diaria ensalada de la cena y una vez acostados los niños, me tendí en uno de los sofás del salón y, de espaldas a la tele, me pasé un par de horas leyendo un libro.

No soy de leer. No me jacto de ello pero tampoco me avergüenzo. Para un impaciente, la lectura es algo difícil de llevar. Y yo soy el impaciente perfecto. Pero hace unas semanas le eché un vistazo, tengo esa costumbre, a un libro que me encontré en casa de mis suegros. Pertenecía a una de mis cuñadas que, de fin de semana en la ciudad y para matar las horas de convivencia forzada con la familia política, lo tenía sobre la mesa. Lo que leí me gustó. Sin querer fui pasando páginas y cuando me quise dar cuenta ya casi había terminado el primer capítulo.

El argumento es muy sencillo. Dos desconocidos comienzan una relación virtual por culpa de un correo electrónico que uno de ellos recibe por error. Una simple equivocación en la dirección da lugar al encuentro de dos personas que, poco a poco, van intimando. Con momentos divertidos y amargos, tiernos y descarnados.

Aun así, y gustándome más de lo que yo creía, me descubrí intentando saltarme párrafos enteros para adelantar los acontecimientos y terminar cuanto antes la lectura. Tuve que hacer un verdadero esfuerzo de autocontrol para volver al punto donde estaba y retomar la lectura pausada que merece un libro. No tengo paciencia y ayer volvió a quedar demostrado.

Pero, ¿por qué me gusta el libro?, ¿me gusta porque tiene ritmo?, ¿por su ironía?, ¿o me gusta porque me permite meterme en una conversación ajena?, ¿o quizás me sienta reflejado en alguno de sus comentarios?

¿Cómo es el otro?, ¿cómo es esa persona virtual que está al otro lado?, ¿será como yo la imagino?, ¿qué lleva a un extraño a leer sobre otro?, ¿qué me lleva a escribir cosas sobre mí que otros no deberían saber?

¿Será AdMiles como lo imagino?, ¿y Rick?. ¿Será Eleuterio como dice que es?. ¿Qué lleva a Eleuterio a destapar su vida al mundo?, ¿lo hará porque está seguro de que nadie de su entorno va a leerle nunca?, ¿le dará lo mismo que sus compañeros lleguen algún día a saber qué piensa realmente de ellos?. ¿Qué me lleva a mí a dar pistas, aunque sean pocas, de quién soy en realidad?, ¿seré el que digo que soy?, ¿serán Rick o AdMiles quienes dicen que son?, ¿qué interés tienen en no mostrarse?, ¿qué ganarían o perderían si lo hicieran?

¿Me gustaría conocer quiénes son en realidad a aquellos con los que, de una manera u otra, me escribo a diario?, ¿o preferiría seguir conociéndolos tal cual son ahora mismo?

21 noviembre 2011

961

Día plomizo. Día frío. Día aburridísimo.

Un presupuesto aceptado. Uno rechazado. Uno sin respuesta.

Un cliente que me da largas para darme vistos buenos pero que me apremia en los plazos. Otro que me pide rapidez pero que no termina de arrancar.

Un presidente saliente y un presidenciable entrante.

Presbicia incipiente.


960

Pues ya tenemos nuevo gobierno.

Un gobierno con mayoría absoluta gracias a que ha conservado sus 10.830.693 votos de 2008 y ha sumado 552.683 más.

Un gobierno con mayoría absoluta gracias a que su rival no sólo no ha conservado los 11.289.335 votos de 2008, sino que ha perdido 4.315.455.

Se puede ganar por goleada o por incomparecencia.

Lo importante, siempre, es ganar.

18 noviembre 2011

959

Me he pasado la tarde del viernes pasando datos en una tabla de excel. Normalmente, la tarde de los viernes la dedico a ir a buscar a mis hijos al cole y echar el rato con ellos y con un buen grupo de padres en el patio del cole. Mientras el mayor cumple con sus obligaciones catequísticas, nosotros aprovechamos para comentar la semana laboral y todos aquellos chismes que circulan por el colegio.

Como buen colegio de curas, la normalidad brilla por su ausencia en las actuaciones de la dirección, y muchas de las decisiones que toman no tienen para los padres ni pies ni cabeza, y muchas veces repercuten negativamente, aunque los sacerdotes directivos crean lo contario, en la credibilidad y, sobre todo, en las arcas colegiales.

Y precísamente por este motivo, para hacer constar mi desacuerdo en muchas de las decisiones que se toman y, sobre todo, en la forma de comunicarlas al resto de la comunidad escolar, hace unas semanas presenté mi candidatura como miembro de la asociación de padres. Y gané. Y desde aquel momento soy un miembro de pleno derecho de una asociación cuyos cometidos desconozco y de la que únicamente me interesa acudir a la reunión mensual que se convoca junto con el director y los responsables de área del colegio. Lo que pasa es que, por circunstancias que no vienen al caso, nada más tomar posesión me cayó encima la tarea de ayudar a los otros miembros de la asociación a confeccionar un listado de padres a los que pasar el recibo anual, y me estreno dejándome unas horitas ante el ordenador metiendo datos y más datos. Cosas de la política.

Mi objetivo: comerme el turrón sin que me hayan expulsado o haya presentado mi dimisión.

No me pienso callar nada.

El próximo martes, primera prueba.


958

Ayer, por motivos laborales, tuve que acercarme a Madrid y echar allí la tarde rematando una página web muy mona que estamos diseñando para un cole muy chic. Siempre que salgo por ahí me acerco antes al kiosko para hacerme con algún chicle o caramelo que me endulce el trayecto y que haga menos aburrido eso de pasarse un par de horas sin hablar con nadie y con la única compañía de un aparato de radio que pierde el oremus cuando atraviesa esos páramos abulenses o el altiplano segoviano. En esas tierras inhabitadas lo único que se pilla en el dial es la COPE, Radio María o la inimitable EsRadio. Que nadie me pida explicaciones lógicas porque no las tengo, a no ser que a tanta altura se esté tan cerca del cielo que lo único que tiene cabida en el espectro radiofónico sean las ondas marianas, las episcopales o las tradicionalistas judeocristianas. 

El caso es que me compré una caja de caramelos de las que soy aficionado a llevar encima cuando me esperan horas y horas de interminables reuniones. Por aquello de mantener un aliento fresco, mayormente. Como me llamó la atención el nuevo envase y el kiosquero se dio cuenta, me explicó que el diseño era obra de un diseñador con amiga famosa. Y me marché tan contento observando atentamente todo lo que en la caja figuraba. Todo. Y lo que más me llamó la atención fue el peso de la caja: 8 gramos. 

Si 8 gramos me han costado 1,50€, ¿a cuánto estoy pagando el kilo?, pensé yo. Y tiré de smartphone, que para eso tengo uno, y calculé, mediante una sencilla regla de tres, la cifra: 187,50€

Osea, que yo soy uno de esos que va al supermercado y no compra una lata de atún porque está a 9,67€ el kilo y se lleva otra porque cuesta a 7,62€ y ¡estoy consumiendo unos caramelos que cuestan 31.197,38 de las antiguas pesetas!

No sé si darme un atracón y presumir de ello con todo el que me cruce o acercarme al banco y meter mi cajita de caramelos en una caja de seguridad.

15 noviembre 2011

957

A este ritmo a lo mejor lo consigo aunque sea a costa de publicar posts chorras como este en el que seguramente no diré nada interesante pero que sumará igual que otros para el recuento final y la obtención del objetivo del milenario.

Y desde la presunción que supone admitir en mi anterior párrafo que alguno de mis casi 1.000 posts tuviera algún interés, me he dedicado a repasar los no publicados. Porque yo tengo posts que, en su día, decidí no publicar por uno u otro motivo. Y todos son tan insustanciales que no me extraña que quedasen en el olvido. Y ahí seguirán como ahí debería quedar el que ahora mismo concluyo.

14 noviembre 2011

956



Cuando llegamos a esta casa, ella lo tenía claro. Aquella iba a ser la habitación que haría las veces de despacho. Cierto es que el nombre le viene un poco grande, porque yo entiendo los despachos como esos sitios serios donde se entra sólo para trabajar y donde no hay otras cosas más que manuales, archivadores y libros escritos por sesudos profesores de universidad.

En este despacho nuestro hay, a parte de una mesa modular y un aparador que hace las veces de estantería recogetodo, una cama de Ikea. Una de esas camas comodín que lo mismo son sofá que cama doble con doble colchón o, en un alarde de imaginación ingenieril, una cama de matrimonio con doble colchón y canapé.

También hay dos cuadros. Uno de ellos fruto de nuestro paso por el Caribe recién estrenadas las alianzas, y otro que, no sé muy bien por qué, llamó ayer mi atención más de lo habitual. Se trata de un cuadro rematado en cristal por ambas caras y que por un lado muestra un fotolito de la doble página de un periódico y, por el otro, la plancha que surgió de él y que un día, hace curiosamente diez años, marcó a fuego mi destino profesional. Ese día me convertí en un tipo importante que tenía un cargo digno de aparecer en la mancheta de un periódico.

Tan orgulloso estaba de ello que hice enmarcar aquellos dos elementos propios de toda buena rotativa para inmortalizar el momento. Mi momento. El reconocimiento de varios años de duro trabajo y un hito en la historia de un medio de comunicación que había mantenido hasta ese día, en ese mismo lugar, el nombre de una persona que hacía ya muchos años que ni siquiera ejercía el cargo. Todo fueron parabienes y golpecitos en la espalda. Aquel día fue el inicio de mi declive. No profesional, sino personal. Mi vida personal se vio duramente perjudicada por un cargo que me absorbía en cuerpo y alma, que me obligaba a pasarme en el periódico más de 14 horas al día y que me mantenía constantemente pegado a un teléfono móvil. Sí, es cierto, tenía poder, pero también pagaba un precio demasiado alto por ello.

Aquello duró unos cuantos años. Años muy duros y muy aleccionadores para lo bueno y para lo malo. Aprendí a encajar golpes y a darlos con sutileza; a no fiarme de nadie; a tener siempre un plan B; a engañar; a robar; a acariciar las espaldas en las que poco después clavaría certeras puñaladas; a darme cuenta de lo cabrón que puede llegar a ser una persona; a tratar a la gente como quisieras que te tratasen a ti; a valorar a los que tienes más cerca; a escuchar a quien te aconseja en lo bueno y en lo malo; a ser buena persona…

Han pasado 10 años y todavía me duele aquel recuerdo, pero cierta parte de mí se resiste a descolgarlo de la pared.

Puede ser porque las enseñanzas buenas superan a las malas.

09 noviembre 2011

955


Noviembre se está convirtiendo en un mes apasionante. Y no sólo por lo que va a heredar del mes de octubre, que ya es, sino por lo que está surgiendo. Creo que el fin de año, el último trimestre, va a ser difícil de superar.

Lo que más me gusta de todo es que los trabajos que van saliendo, alguno de ellos convertido en compromiso anual, no sólo son golosos económicamente sino que llegan como resultado de muchos meses de trabajo de campo, visitas agotadoras y en muchas ocasiones desmoralizantes y, sobre todo, como consecuencia de una buena gestión personal y una “huella” invisible que muchos definen como “conectar”.

“Me alegro de que al final podamos trabajar juntos. Por aquí pasa mucha gente casi a diario y, te confieso, a casi todos los olvido nada más terminar la reunión. Contigo no fue así y, como ves, me he acordado de ti en cuanto he tenido la ocasión…”

“Vuestro trabajo nos gustó mucho, y la relación personal fue inmejorable. Tendremos que discutir, no lo dudes, sobre los precios para llegar a un acuerdo, pero estoy segura de que no habrá problema.”

“Ya sé que es un trabajo pequeñito, pero por algo se empieza. Créeme que no es muy normal que alguien, en su primera visita, se lleve un pedido bajo el brazo. A ver qué nos presentáis porque si la propuesta es buena, aquí os aseguro que no os va a faltar el trabajo…”

Siempre he considerado imprescindible dar una palmadita en la espalda a aquellos que tuve bajo mi mando y que lo merecían, por un trabajo bien hecho o por una decepción tras un gran esfuerzo. Y lo hacía porque yo mismo lo necesito. Puro egoísmo.

Llevo un par de meses recibiendo palmaditas. Espero que siga la racha.

07 noviembre 2011

954




El problema de salir poco por las noches, tras años de obligada ausencia por razones paternales, es que uno vuelve a sus querencias. Más que nada porque está tan “fuera de cacho” que si no recurre a lo conocido puede ocurrir que tras la cena no le quede más remedio que irse a casa porque vive en una ciudad que no es la suya.

Y uno abreva donde lo hacía hace 20 años y se encuentra un panorama desolador. Muchas caras conocidas con cuerpos desconocidos. Mucho poco pelo y mucha barriga nueva. Muchas rubias que no lo eran y mucho maquillaje de brocha gorda. Mucha mirada entrecruzada entre personas con las mismas necesidades físicas que hace dos décadas pero dos décadas más tarde.

El alcohol, haciendo mella en nuestro buen juicio, desuella sin piedad a los que en otros tiempos fueron compañeros de jarana magnificando para mal su actual aspecto en comparación con aquellos años de gloria sin reparar a que ellos estarán haciendo lo mismo. Pero claro, nosotros estamos estupendos en comparación con esos cuarentones, de nuevo solteros, y que están hechos una verdadera lástima. El espejo, al menos el mío, es lo que me dice a diario…

Y llega el día siguiente. Y la resaca. Y la necesidad de dormir. Y los pelos alborotados tras una mala noche. Y esa barba sin afeitar. Y esas ojeras…

Ellos estarían peor. Seguro. Ya lo estaban ayer…