Ya me vale.
Me pongo a echarle la bronca al bueno de Pir por su prolongada ausencia y hace más de quince días que no actualizo.
Y es que no paro, ¡no paro!
Mañana toca jornada viajera de mañana y tarde para volver deprisa y corriendo a ver si llego al cumple de mi hijo.
Prometo intentar, cuando llegue a casa, ponerme con esto del blog y contar algún chisme de las últimas dos semanas.
28 febrero 2011
13 febrero 2011
Y allí estaban los de siempre
¿Y por qué no salimos a cenar el sábado?
Y salimos.
Y nos tomamos unas copas.
Y eran las seis de la mañana cuando me metía en la cama.
¡Señor, señor...!
Y salimos.
Y nos tomamos unas copas.
Y eran las seis de la mañana cuando me metía en la cama.
¡Señor, señor...!
08 febrero 2011
Pis
Yo no sé muy bien por qué los tíos nos miramos de reojo mientras meamos. Allí estamos, con las manos en lo nuestro y mirando con el rabillo, el del ojo, al de al lado.
Yo no miro lo suyo porque si mirasen lo mío seguro que saldría perdiendo en la comparación, y si me paro a pensar qué es lo que miro, no sabría decirlo. Si se la sacuden al terminar, si se la exprimen, si no hacen ni lo uno ni lo otro, si tardan más que yo, si son más rápidos o...si mean a escape libre.
Y es que el otro día me encontré meando al lado de un tipo que se desperezaba estirando los brazos hacia arriba y frotándose el pelo mientras se aliviaba. Yo me imaginé haciendo lo mismo y me vi con todo el pantalón mojado porque en el estirón se me había metido lo mío hacia adentro y había terminado meándome la entrepierna.
Cosas de la imaginación y el aburrimiento. Mear es algo así como viajar en ascensor, un momento tenso.
06 febrero 2011
Hubo un tiempo sin dolor
Hubo un tiempo en el que, tras un día como el de ayer, me esperarían otros cuatro o cinco iguales.
Hubo un tiempo en el que, tras un día como el de ayer, lo siguiente hubiera sido una relajante ducha, una buena cena, y alguna que otra copa para relatar las peripecias acontecidas durante la jornada.
Hubo un tiempo en el que, tras un día como el de ayer, estaría ya esperando la llegada del siguiente como si el hoy (ayer) no hubiera existido.
Hubo un tiempo en el que, tras un día como el de ayer, habría conducido 800 kilómetros de regreso sin inmutarme.
Pero eso fue hace veinte años, o quince.
Hoy, tras un día como el de ayer, no puedo ni pensar sin que me duela todo.
Ayer subí a la montaña, me calcé mis tablas y disfruté como nunca de enseñar a mis hijos a esquiar sin pensar en las consecuencias.
Y hoy, tras un viaje de vuelta de 74 escasos kilómetros, una ducha llena de penurias porque todo lo que mis manos tocaban me dolía, y una precipitada huída a la cama a eso de las diez y media de la noche, arrastro mi cuerpo por la casa como un alma en pena.
Y mientras, mis hijos, pidiendo más.
Hubo un tiempo en que yo era como mis hijos, y el ayer no dolía.
Hubo un tiempo en el que, tras un día como el de ayer, lo siguiente hubiera sido una relajante ducha, una buena cena, y alguna que otra copa para relatar las peripecias acontecidas durante la jornada.
Hubo un tiempo en el que, tras un día como el de ayer, estaría ya esperando la llegada del siguiente como si el hoy (ayer) no hubiera existido.
Hubo un tiempo en el que, tras un día como el de ayer, habría conducido 800 kilómetros de regreso sin inmutarme.
Pero eso fue hace veinte años, o quince.
Hoy, tras un día como el de ayer, no puedo ni pensar sin que me duela todo.
Ayer subí a la montaña, me calcé mis tablas y disfruté como nunca de enseñar a mis hijos a esquiar sin pensar en las consecuencias.
Y hoy, tras un viaje de vuelta de 74 escasos kilómetros, una ducha llena de penurias porque todo lo que mis manos tocaban me dolía, y una precipitada huída a la cama a eso de las diez y media de la noche, arrastro mi cuerpo por la casa como un alma en pena.
Y mientras, mis hijos, pidiendo más.
Hubo un tiempo en que yo era como mis hijos, y el ayer no dolía.
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