Estoy que reviento.
Cari.
31 mayo 2010
26 mayo 2010
La otra cara
Tengo esto medio abandonado. O antes no daba un palo al agua o ahora no saco tiempo para nada.
Cierto es que paso menos tiempo en la oficina, así que no lo pierdo tanto vababundeando por ahí y metiéndome en las vidas ajenas, aunque sea lo que más me guste. No se puede tener todo, qué le vamos a hacer.
El fin de semana, muy bien. Como a AdMiles, nos hizo un tiempo buenísimo que aprovechamos desde el primer momento para disfrutarlo en la playa, y no salir de ella más que para ir a cenar por ahí y a dormir a la MobilHome que habíamos alquilado.
Claro está que, aunque se trataba de un fin de semana, fuimos cargados como para sobrevivir durante una buena temporada: bicis, tablas, sillas...
Media España pareció tener la misma idea que nosotros y las playas estaban abarrotadas, así que surgió una y otra vez el tema de la puñetera crisis y de cómo está todo y de cómo es posible que haya tanto paro y las playas estén llenas, y los restaurantes, y los bares...Una conversación que se está convirtiendo en una de esos recursos fáciles para llenar silencios incómodos. Algo así como hablar del tiempo con el vecino durante el viaje en ascensor.
El caso es que nuestro amigo del camping en cuestión, al que conocemos desde hace más de 20 años, y al que acudimos siempre que tenemos un hueco, no hacía más que darnos datos del incremento de clientes durante el fin de semana, y de los ingresos de este año comparados con los del anterior, y que las cosas, no sé si sorprendentemente, les iban muy bien. Y no me vale eso de que el camping es barato y que por eso va bien. No. Este camping en cuestión no es nada barato. Me hubiera costado lo mismo alquilar mi apartamento de verano durante el fin de semana que dormir en el camping, así que supongo que al resto de bañistas findesemaneros los dos días les habrán salido igual de caros/baratos que a mí.
De vuelta a la normalidad, el nuevo trabajo está resultando apasionante y sorprendente. Mi vinculación con la publicidad es más intensa ahora, y mi rutina diaria me lleva a plantearme algunas verdades que yo tenía por incontestables desde mi puesto anterior, y que están empezando a desmoronarse. Estoy descubriendo una faceta del mercado publicitario que está un escalón por encima de todo lo que había vivido hasta ahora.
Sigo retomando relaciones con clientes a los que ahora veo desde otro punto de vista, y a los que puedo seguir tratando de igual forma que antes pero con matices lo suficientemente diferentes para convertir esta experiencia en algo nuevo y a veces desconcertante. Lo que antes me parecía exagerado (en precio, digo) ahora tiene un punto de partida absolutamente distinto.
Ya no creo necesidades. Ahora necesito crear.
21 mayo 2010
Buscando el norte
Tenía pensado hacer un pequeño resumen de mi primera semana laboral, pero las circunstancias mandan y no me va a dar tiempo. Mi mujer ha decidido que este es el fin de semana meteorológicamente perfecto y que no vamos a encontrar uno igual hasta que nos marchemos de vacaciones, así que saldremos para la playa a eso de las tres.
Así nos da tiempo a llegar a buena hora, meter los pies en el agua y a enseñar nuestros farináceos cuerpos a cualquiera que haya tenido la misma idea.
En fin, que ante la adversidad y el futuro incierto, carretera y manta.
(Y bicis, y cubos, y palas y...)
18 mayo 2010
Seamos claros
Mira chico, tengo que ser sincero contigo, el verano no es el mejor momento para comenzar un trabajo como el nuestro. Bueno, ni como el nuestro ni como ninguno, pero sobre todo como el nuestro. Los clientes empiezan a desfilar en el mes de julio y desaparecen por completo en agosto.
Ya lo sé. Llevo en esto muchos años y conozco de sobra el tema veraniego así que no te preocupes por tus resultados a corto plazo porque no te los voy a pedir. Soy un tipo que tiene los pies en el suelo y la cabeza bastante bien amueblada. Ya me conoces. Además, nosotros cerramos siempre 15 días en agosto. Para que veas si soy consciente de cómo se presentan los próximos meses.
Pues hablando de vacaciones, tengo que plantearte otro tema. Como mi salida de la otra empresa no estaba prevista (¡mentira!), yo ya tenía planificadas mis vacaciones, así que tenemos que hablar de ello. Yo, desde siempre jamás, me he largado la segunda quincena de julio, y este año no iba a ser diferente. Hasta ahora. Y si tú ahora me dices que cerramos quince días en agosto, creo que debería plantearte una opción intermedia para que ninguno se sienta engañado y seamos claros desde el principio...
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Resumen: primera etapa contractual desde el pasado viernes hasta el 9 de julio. Vacaciones. Reincorporación el 23 de agosto.
Por lo demás, bien.
13 mayo 2010
Esto y aquello
Pues sí, hablaré de mi nuevo trabajo en cuanto tenga algo que contar. Ahora mismo podría dar muchas pistas de lo que yo creo que será, y de aquello que me corresponderá hacer, y de todas mis expectativas...y mis miedos.
Podría hablar de lo que se me pasa por la cabeza ahora mismo, de lo que se supone que todos (¡TODOS!) esperan de mí. De mi sentimiento de gran responsabilidad por mi futuro y el de los míos...
"¿Estás seguro?, ¿realmente estás seguro de que esto es lo que quieres?. Haz lo que realmente te gusta. No quiero volver a pasar por aquello otra vez."
Aquello fue muy difícil. Aquello fue muy duro.
12 mayo 2010
Los brotes verdes
Sí, ya sé que no parecen mucho, pero son los míos. Mis brotes verdes.
Brotes de perejil y de albahaca. ¿Que cuál es cuál?, pues no tengo ni idea. Yo había colocado sus macetitas de plástico dentro de esas otras blancas, junto con la etiqueta que venía en cada una de ellas en las que identificaba las semillas. Pero mi mujer, que para lo lista que es hay veces que demuestra justo lo contrario, no está segura de que volviera a dejar las etiquetas donde debía cuando las sacó para leerlas.
Así que yo, que soy de perejil, he decidido que me gusta más la forma de los brotes de la maceta de la izquierda y que voy a cuidarlos mucho muchísimo. Los pongo al sol, en el mejor sitio. Los miro, los riego cuando la tierra está seca, y los aparto de la vitrocerámica para que no les de mucho calor ni les salte el aceite de la sartén. Porque su misión, a parte de para macerar mis inigualables pechugas de pollo marinadas, son las de adornar mi nueva cocina. Y el perejil adorna mucho.
La albahaca es cosa de mi mujer. Yo no sé ni siquiera para qué sirve ni para qué se utiliza, así que no me ocupo de ella. Y mi mujer se enfada.
Pero a lo peor estoy equivocado, y las hojitas que yo mimo resultan albahaca en un simil jardinero de la táctica del cuco, que deja su huevo en nido ajeno y termina cuidándolo otro. Así que pensándolo bien, tendré que cuidar los brotes, los unos y los otros, de la misma forma para no llevarme un disgusto.
Mis otros brotes verdes no los he fotografiado porque no puedo. Pero no porque no pueda hacerlo no existen (¡vaya duda teológica que acaba de asaltarme!). Mis otros brotes verdes, estos con un poquito más de enjundia, emergieron ayer: ya me he decidido, y comienzo a trabajar de nuevo el viernes. Sí, sí, el viernes. Así no me canso mucho y tengo todo un fin de semana por delante para descansar. Y la tarde del viernes. Porque en mi nuevo trabajo, los viernes por la tarde no se trabaja.
Y es que soy un vago. Ya se irán enterando. Nací a las once de la noche para irme directamente a la cuna sin pegar un palo al agua. Sí, ya sé que nací un lunes, pero lo hice a sabiendas de que así tendría más días de la semana para dormir.
10 mayo 2010
Que se jodan
Mi mujer está molesta.
Esta noche han vuelto a despertarnos los vecinos mientras follaban, y a mi mujer le ha molestado. Dice que le resultan desagradables los gemidos ajenos, y que no entiende cómo es posible que se les oiga tanto.
Tiene parte de razón, porque se trata de gemidos que provienen, no de nuestros vecinos de comunidad, sino de la de al lado. Es decir, que entre ellos y nosotros hay, al menos, dos tabiques. Y aún así se les oye.
Yo le he dicho que a mí lo único que me molesta es la cadencia y monotonía de los gemidos, pero nada más. Son unos gemidos idénticos, tanto en sonido como en ritmo. Si dejase hablar a mi imaginación, la escena no iría más allá de la posición del misionero. Eso sí, con mucho aguante mutuo por la parte masculina, porque o a mí se me hace muy largo debido a las horas en las que el coito se produce, o el tipo aguanta más de lo que yo sería capaz practicando mucho muchísimo.
Me gustaban mucho más aquellos gemidos que provenían de los estudiantes que hace años habitaron el piso de abajo, y que eran tan escandalosos como variados, y tan excitantes como prolongados. Aquellos sí que daban para algo más que un esbozo de sonrisa, y más de una vez me desvelaron de tal forma que la cosa pasó a más.
En las últimas semanas me ha tocado, a cuenta de estas interrupciones coitales de nuestros vecinos, hacer bricolaje en nuestra habitación, porque en nuestras coyundas, supongo que tan escandalosas o más que las ajenas, se nos ha "aflojado" el cabecero de la cama, y me ha tocado reforzar la tornillería para que esté bien pegado a la pared y no incremente la sonoridad de nuestro lecho en cada empujón.
Y mucho mejor así, porque no hay cosa que más joda mientras jodes que alguien pare la jodienda por no joder a los vecinos.
Hay que joderse.
05 mayo 2010
Viaje en el tiempo
Se acercó a mí a través de aquel estrecho pasillo y con la luz a sus espaldas, así que apenas pude verle la cara hasta después de su abrazo. Fue un abrazo largo e intenso en el que sólo me faltó cerrar los ojos para trasladarme veinte años atrás.
Si me vendasen los ojos y me obligasen a distinguir su abrazo del de cualquier otra mujer, sería capaz de diferenciarlo por dos cosas: su forma, única, de abrazarme y la sensación que siempre me produjeron sus pechos. Unos pechos rotundos y firmes que estoy seguro que ella utiliza a sabiendas cuando se acerca a un hombre.
Aún recuerdo la primera vez que la vi. O mejor dicho, la primera vez que me di cuenta de que ella no era como las otras. Tenía 17 años, era viernes y cruzó aquel patio porticado que hacía las veces de patio de recreo con una minifalda blanca salpicada de grandes flores anaranjadas. Su pelo, del mismo color que aquellas flores iba, como siempre, suelto. Su sonrisa, sus enormes ojos azules...
-Me enteré esta mañana. Tu hermano me lo dijo. ¿Qué tal está?
-Pues ahora mal. Despertándose de la anestesia y bastante desorientada. Me he llevado un gran susto cuando ha despertado, porque no era capaz de contestarme y no sabía qué hacer ni a quién llamar. Unos minutos después le pregunté si sabía quién era y, gracias a Dios, me contestó que sí. El médico dice que es una reacción normal y que no nos alarmemos. Le han taladrado la cabeza para meterle un tubo y aliviar la presión, pero esto no es lo peor. El viernes tendremos que llevárnosla a Madrid para que le operen el tumor, que es lo verdaderamente importante y lo que puede matarla. No sabemos qué va a pasar.
Ni siquiera pasé a verla. Preferí no hacerlo aunque me moría de ganas. Su hermano, que siempre me tuvo un gran aprecio, se alarmó al verme a primera hora de la mañana saliendo de la iglesia del hospital.
-Te he visto desde allí arriba y he bajado enseguida. ¿Qué ha pasado?
-La madre de A murió ayer, y salimos ahora mismo del funeral.
-¿Cómo ha sido?
-Un tumor. Se lo diagnosticaron en septiembre y le dieron tres meses de vida. Al final fueron casi ocho... ¿has dicho que estabas allí arriba?, ¿qué pasa?
-Mi madre. Acaban de operarla. Tiene un tumor cerebral que le ha causado una hidrocefalia que ha habido que intervenir. ¿No te ha avisado E?. Me dijo que te iba a llamar para que lo supieras...
-No. Y curiosamente estuve hablando de ella ayer con A y le comenté que hacía varios meses que no la veía... Joder, no sabía nada de lo de tu madre. Ahora mismo la llamo y esta tarde me acerco a veros...
En aquel entonces ella salía con N. Un tipo un par de años mayor que ella, aunque de aspecto aniñado debido a su pelo cortado casi a tazón, sus ojos azules y sus pecas. Un tipo más bien gamberro y aficionado a los porros y a los botellines al que yo envidiaba en silencio. Él, que no era tonto, sabía que yo bebía los vientos por su chica, y hacía valer su "propiedad" con unos besos exagerados que en la mayoría de las ocasiones suponían para mi mal de amores un enrabietado exceso etílico que obligaban a la dama en cuestión a ocuparse de mí y ofrecerme su hombro para contarle mis penas. Y él, mientras, y sin darle importancia, seguía a lo suyo: botellín en una mano y un poquito de hierba en la otra. Terminamos siendo buenos amigos.
Creo que uno de los días más felices de mi vida fue cuando rompió con él. Y no por el hecho de que rompiera, sino porque me confesó que tras tantos años de relación ella seguía siendo virgen.
Ella me besó por primera vez.
Nunca perdimos el contacto, aunque el tiempo nos llevó por caminos diferentes. Terminó casada con un agricultor extremeño con el que guardo una muy buena relación. Es curioso.
Ayer la eché de menos.
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