No puedo por menos de asombrarme, cada día más y si eso es ya posible, de la catarata diaria de informaciones que demuestran la deleznable tendencia hacia la pederastia de un gran número de curas católicos, sin que la Iglesia ni el mismísimo Papa digan o hagan nada, no ya para pedir perdón, sino para erradicarla.
La inacción papal es aún más grave si tenemos en cuenta el dogma católico que asegura que el mismísimo Espíritu Santo preserva al Papa de la posibilidad misma de error (la consabida infalibilidad papal) cuando este habla sobre la fe o la moral, ya que sus palabras proceden de una revelación divina o al menos están directamente conectadas a Él.
Imaginemos por un momento que en el colectivo de fontaneros, o en el de políticos, o en el de futbolistas, se diera un porcentaje igual de elevado de pederastas que en el de sacerdotes. Imaginemos por un momento, y voy a montar con ello la mundial entre mi audiencia, que en el colectivo gay se produjese una situación remotamente parecida.
¿No habría ya manifestaciones por las calles?, ¿no se pediría la hoguera, la silla eléctrica, la lapidación para todos ellos?
¿Qué nos pasa?, ¿qué mas tienen que hacerle a nuestros hijos para que reaccionemos?
