Por causa de la incomprensible genética mi hijo, a sus siete años, es lo menos parecido a su padre que uno podría imaginar.
Es participativo, deportista, comunicativo, sociable y hasta guapo. Vaya donde vaya es capaz de organizarse la vida y la de los demás para que todo gire a su alrededor y divertirse. Si no tiene balón, lo busca. De una u otra manera consigue que todo el mundo termine considerándolo como el alma del grupo y aceptando sus indicaciones.
Ayer le dio un papel a su madre y le advirtió que era muy importante pero que era suyo, y que sólo se lo daba para guardarlo. Su madre, muy mujer ella, en cuanto se dio la vuelta lo sacó del sobre y lo leyó. Era una carta de amor que una compañera despechada le escribía. Eres el más guapo, el que más me gusta, el que tiene la sonrisa más bonita. ¿Por qué ya no me hablas?, ¿es que no quieres que volvamos a ser novios?. Yo sí quiero.
Él, muy en su papel de hombre, no le hizo el menor caso a la misiva y se marchó a jugar un partido. La pobre pretendiente caminaba detrás sin que el pequeño donjuán le hiciera el menor caso.
Yo siempre fui de los despechados, y ahora no sé muy bien si sentirme orgulloso del desdén de mi hijo hacia su ex por estar en el lado opuesto al mío o sentirme identificado con la pobre chica que tanto me recuerda a mí mismo.
Es participativo, deportista, comunicativo, sociable y hasta guapo. Vaya donde vaya es capaz de organizarse la vida y la de los demás para que todo gire a su alrededor y divertirse. Si no tiene balón, lo busca. De una u otra manera consigue que todo el mundo termine considerándolo como el alma del grupo y aceptando sus indicaciones.
Ayer le dio un papel a su madre y le advirtió que era muy importante pero que era suyo, y que sólo se lo daba para guardarlo. Su madre, muy mujer ella, en cuanto se dio la vuelta lo sacó del sobre y lo leyó. Era una carta de amor que una compañera despechada le escribía. Eres el más guapo, el que más me gusta, el que tiene la sonrisa más bonita. ¿Por qué ya no me hablas?, ¿es que no quieres que volvamos a ser novios?. Yo sí quiero.
Él, muy en su papel de hombre, no le hizo el menor caso a la misiva y se marchó a jugar un partido. La pobre pretendiente caminaba detrás sin que el pequeño donjuán le hiciera el menor caso.
Yo siempre fui de los despechados, y ahora no sé muy bien si sentirme orgulloso del desdén de mi hijo hacia su ex por estar en el lado opuesto al mío o sentirme identificado con la pobre chica que tanto me recuerda a mí mismo.

