27 diciembre 2009

Morir en Navidad

El 31 de diciembre de 2008, a las 8 de la tarde, se fue la luz. No regresó hasta bien entrada la madrugada. No fue un apagón general en la ciudad, sino en parte del barrio y, más concretamente, un apagón inexplicable en mi manzana. Eso nos obligó a tomar las uvas a la luz de las velas y mientras retransmitían las campanadas por la radio. Sí, muy original todo pero una especie de augurio sobre lo que podía ser el recién nacido año.

No llegué a pensarlo siquiera en su momento, y mucho menos cuando once meses y medio después me ha venido a la memoria un negro comienzo que se une con un final del mismo color.

El viernes 18 nos reunimos todos los compañeros y cónyuges para celebrar la Navidad. Todos menos dos. Uno de ellos viajaba por aquellas fechas por Croacia, mientras que la otra pasaba su primera semana en el hospital tras una complicada operación de ovarios que terminó en una histerectomía. En total, 27 personas, unas cuantas más que el pasado año por esas mismas fechas, lo que sin duda nos hacía entrar en el libro Guiness de los récords como la única empresa del orbe que ha creado empleo en este nefasto año, económicamente hablando. El lugar, curiosamente el mismo que Gesualdo y su SE visitaron hace unas semanas, era el de otras ocasiones, ya que me une una estrecha amistad con su directora y no tengo ningún problema a la hora de dejar en sus manos cualquier celebración con la absoluta seguridad de que todo, absolutamente todo, saldrá a pedir de boca.

Nada hacía presagiar lo que se me venía encima.

El sábado fue un día tranquilo. Tan tranquilo que hasta me dio tiempo a echarme una siesta. Hasta las 18:08 en que sonó el maldito móvil. ¿Hombre Y, qué pasa?. Perdona que te moleste pero...ha muerto mi papá y no sabía a quien llamar, no sé qué hacer, no puedo irme porque no hay billetes y mi papá ha muerto.

La pobre Y no podía parar de llorar, y no era para menos. La conocimos a principio del verano, cuando se ofreció para trabajar con nosotros. Licenciada en matemáticas está en nuestra ciudad preparando su doctorado y necesitaba trabajar para no ser una carga para su familia. Chilena de nacimiento, poco a poco se fue haciendo un hueco en la empresa por su constancia, buen hacer y porque tenía que hacérselo. Y por buena persona, sobre todo por eso. Siempre alegre y dispuesta, se integró desde el primer momento, y no sólo con nosotros sino con el resto de la ciudad. Descubrimos con asombro que era la encargada de abrir uno de los principales monumentos religiosos de la ciudad, ya que junto a su párroco y otro grupo de inmigrantes como ella, habían constituido un grupo que compartían su profunda fe católica casi a diario.

Sólo quería comunicarte que, como no podré acudir al funeral de mi papá, celebraré una oración a las ocho de la tarde, y estás invitado sin ningún tipo de compromiso. A las ocho, como un clavo, allí me presenté y, junto con mi mujer, un par de compañeros más a los que había avisado, el párroco del templo y su grupo de amigos celebramos, no una oración, sino un funeral en toda regla. El oficiante nos colocó en torno al altar. No éramos más de una docena. Y allí, bajo un espectacular retablo del siglo XVII, y con la enorme iglesia vacía a nuestros pies, compartimos todos su desgarro y su dolor de una forma tan cruel para mí como consoladora para ella.

Al día siguiente salió para Barcelona con la intención de volar hasta Santiago de Chile. No he vuelto a hablar con ella. No he podido. Buena señal porque estará donde ella quería, junto a los suyos.

El miércoles 23 volvió a sonar el móvil. Era mi cuñado#3 y colgué. Él sabe, como yo cuando él hace lo mismo, que en ese momento, por uno u otro motivo, no podemos hablar. A los pocos segundos volvió a sonar. Era él otra vez y, claro está, respondí. ¿Qué pasa hombre, tanta prisa tienes?. Ha muerto M, pero M hijo. ¿Cómo que el hijo?. Como lo oyes, le ha pegado un infarto y ha muerto en casa. Pero... Sí, así me he quedado yo cuando me he enterado.... Inmediatamente, nada más colgar, llamé a su mujer. No me contestó. Hice otro par de llamadas que enseguida me confirmaron la noticia. Fui director general de una de sus empresas durante algo más de un año y, durante todo ese tiempo, hice buenas migas con parte de su familia y, sobre todo, con su mujer. Solemos comer una vez al mes juntos para seguir en contacto y contarnos chismes, que es algo que a los dos nos gusta. Habían sido padres hacía poco tiempo y estaban felices después de un embarazo bastante problemático y un no menos difícil parto. Apenas les había visto durante estos meses aunque seguíamos manteniendo contacto telefónico. El miércoles, nada más abrir el tanatorio, me pasé a verla. Estaba sentada en un sofá con los ojos entreabiertos y con una expresión terrible en su cara. En cuanto me vio abrió sus brazos y se abalanzó hacia mi cuello. Se echó a llorar de tal forma que no pude por menos de dejar escapar también mis lágrimas. Era la viva imagen del dolor y no sabía cómo consolarla. Morir a los 39 es una gran putada, pero no sé ni cómo definir la situación de enviudar a los trentaytantos con una hija de apenas cuatro meses.

No he vuelto a llamarla. No me atrevo. No sé qué decirle.

El día de nochebuena cenábamos, como siempre, en casa de mis suegros. Y el móvil, otra vez el puto móvil, comenzó a sonar pasadas las once. Mi hermana, al otro lado, me anunciaba la muerte de mi tío en plena cena de nochebuena. En su día, ya le dediqué un post que ahora rescato y que dejaba bien a las claras mi opinión sobre él, pero que fuera a morirse el día de nochebuena ya era lo que me faltaba por aguantarle. Conociéndole, y por joder, seguro que hasta lo había planeado todo: ahora voy y me muero en plena cena y les jodo a todos las navidades. Y dicho y hecho.

Mi madre, que es como es, en ese mismo momento dio por suspendida toda celebración navideña, así que la comida de Navidad la tuvimos que improvisar añadiéndonos de nuevo a la lista de invitados en casa de mis suegros, no sin antes pasar por el velatorio del aguafiestas con la única intención de no darle un disgusto a mi madre, y no porque él se lo mereciera o le tuviera el mínimo aprecio. Puesto que era Navidad, hubo que enterrarlo pasada la festividad y esperar al sábado 26. Tres días, tres, de cabeza por su culpa. Murió como vivió, amargándonos la existencia.

Una cosa he de agradecerle: su funeral fue en una de las iglesias más espectaculares que yo haya conocido, y el párroco nos obsequió con una misa fantástica que, en cuanto pueda, le agradeceré personalmente. Si hubiera algún rescoldo de fe en mi interior, a buen seguro que lo hubiera reavivado.

Fin. Espero.

17 diciembre 2009

Vaya jeta

Que la nueva cara de esta petarda sea portada de todos los medios habidos y por haber, dice muy poco en favor de este nuestro país y mucho en favor de la susodicha.

¡Qué tía más lista, coño!

16 diciembre 2009

La nieve está para disfrutarla

Papá, ¿qué hacen esos señores?
Echan sal.
¿Y para qué?
¿Pues para que se deshaga la nieve y nadie sufra un accidente?
¿Para que se deshaga la nieve?, ¿es que nadie piensa en los niños?

15 diciembre 2009

Diario de una reforma

Nunca en mi vida me imaginé que existieran tantos tipos de azulejos diferentes. Nunca en mi vida me imaginé que todo pudiera imitarse, y que la madera pudiera parecer cerámica o a la inversa. Estoy hasta los pelos del azugrés, del pavimento cerámico, del revestimiento, del canteado y perfilado, de las cenefas y de las tarimas y parquéts.

Nunca me había parado a pensar que un váter pudiera costar lo que cuesta, o que pudieran existir cagaderos de miles de euros. ¿Para qué coños querrá la gente tapas amortiguadas?

Griferías desde 30 a 900 euros, con y sin termostato, en brillo o en mate, ¿quizás en colores?

Bañeras que cuestan más que un coche, mamparas cuyo coste supera al del oro mazizo...

Oiga, mire, ¿no tiene usted cosas normalitas de esas que puede pagar la gente normal?, ¿qué culpa tengo yo de que anuncie sus cosas la Preysler?, ¿acaso tengo yo que financiar su sueldo con mis baldosas?

Recuerdo que cuando amueblamos la casa lo que más me sorprendió fue el precio de las cortinas. Pues bien, después de esta experiencia, aquello se va a quedar en una simple broma al lado de lo que estoy viendo cada día.

Me dan ganas de apuntalar la cocina, comprar una docena de baldes para lavar los platos, la ropa y bañarnos los sábados por la mañana y tirar otra década con lo que tenemos.

11 diciembre 2009

La soledad y las malas costumbres

¿Hola?

¿Hay alguien ahí?

¡Eh!

Mi santa está de cena con sus compañeros funcionarios. Como si tuvieran algo que celebrar. ¡Pero si ya celebran cada día!. Hoy, por ejemplo, habrán celebrado que era viernes, y por eso se habrán tomado media mañana para mojarla en café con churros, caña y pincho de tortilla y cuarto y mitad de visitas a varias tiendas para comprar el pan, un bolso a juego y, ya que estamos, darse un poco de color a las mechas, que ya se me veían las raíces.

Y mientras, aquí estoy yo, dándole a las teclas del portátil con una trenza de Almudévar a mi izquierda y un cartón de leche a mi derecha. Sí, sin vaso. Me gusta beber a morro del tetrabrick, siempre me ha gustado y me moriré con esa costumbre que tanto me echaba en cara mi madre. Y hablando de mi madre, hoy me ha preparado para cenar unas sopas de ajo como sólo ella sabe hacerlas. Con un montón de torreznos y bien pegada al puchero. Porque a mí, a parte de beber la leche a morro, me gusta comer de la cazuela. Sí, qué pasa, y del tupper. Y me gusta comerme las migas de pan que caen al mantel, y rebañar el plato con pan, y comerme el hojaldre con las manos.

Y cuando mi señora se va de cena, cosa que ocurre un par de veces al año, llamo a mi madre y le pido sopas de ajo, y así disfruto de un plato que nunca como en mi casa y encima les da de cenar a los niños. Y luego me largo sin fregar los platos y sin recoger la mesa. Porque mi madre es lo más, y me mima como nadie, y no me deja hacer nada de nada. Y yo, me dejo.

¿Y qué pasa, que tú no?

Y lo que más odio en este mundo es que mi mujer meta los envases vacíos de los yogures en el frigorífico, y que no llene la botella de agua, y que envuelva trozos diminutos de queso de Pereña en enormes papelotes, y que el frigorífico siempre esté lleno de infinidad de recipientes vacíos o semi, con un trocito de filete por aquí, dos trozos de pescado por allá, o medio membrillo de hace un mes. Y que nunca recoja los cubiertos y espere a que yo los meta en el cajón.

Y claro, que se va de cena y me deja aquí, y yo me vengo de ella esparciendo sus malas costumbres por el internet mundomundial para que todo el mundo lo sepa.

Y que llegará cuando los pajaritos canten. Y que me llamará para que mire por la ventana y vigile que no haya nadie en el portal. Y que se meterá en la cama con mucho frío y buscará calor.

Y yo tendré mucho calor que dar.

Me voy a la cama.

10 diciembre 2009

Contradicciones

Llevo en esto de la publicidad más años de los que quisiera, y hay cosas que he aprendido con el tiempo pero que siempre me descolocan. La publicidad es algo cíclico y casi sistemático para muchas mentalidades, y da lugar a situaciones como la de ayer por la mañana, en la que el teléfono no dejó de sonar, el fax echaba humo y los servidores de correo no daban abasto para absorber la cantidad de pedidos, contratos y órdenes que llegaban sin cesar.

En dos horas facturé más que en muchas semanas de este año.

¿Qué alineación interplanetaria se daría ayer para que todo el mundo llegase del puente con los bolsillos repletos de dinero fácil y con plena disposición al derroche?, ¿qué diferenciaba el miércoles del pasado viernes?, ¿qué ha cambiado en 96 horas en esta ciudad para que todo el mundo enloquezca?

Que un empresario recorte su presupuesto de publicidad porque "la cosa está muy mala" no tiene mucho sentido. ¿No es este el mejor momento para anunciarse?, ¿no es más lógico invertir en publicidad cuando las cosas están mal y llamar así al potencial cliente con unos buenos mensajes publicitarios?, ¿no es más probable que recojamos más frutos si exponemos nuestra mercancía que si la escondemos?

Hay gente que ya no hace publicidad en época de rebajas. "No hace falta", dicen. Y quizás tengan razón. Y quizás tendrían también razón si no la hicieran durante la Navidad, ya que todos nos volvemos locos y nos gastamos hasta lo que no tenemos. Aunque siguiendo ese razonamiento habría que concluir que El Corte Inglés o Coca-cola no tendrían necesidad de hacer publicidad en ninguna época del año porque ya son suficientemente conocidos por todo el mundo y, sin embargo, invierten cientos de millones todos los años.

Yo, que vivo de esto, tengo que utilizar argumentos a veces contradictorios para intentar llevar el agua a mi molino. Eso implica que, con absoluta seguridad, terminaré mis días en el infierno porque no se puede estar al plato y a las tajadas al mismo tiempo.

En fin.

09 diciembre 2009

Y es que la familia política es un capítulo... (Crónicas pueblerinas VIII)

Ruego a mis lectores hagan un pequeño ejercicio de memoria antes de leer este post y rebusquen en sus recuerdos televisivos la sintonía de la memorable serie Enredo (Soap).

¿Ya?

Ahora viene lo más difícil, mantener viva en la memoria la sintonía mientras se lee este post o, en un ejercicio de funambulismo sin igual, leerlo mientras se silba.

¿Preparados?, pues ahí vamos:

Todos sabíamos que el primo L no tenía remedio, y cuando el pasado verano llegó al pueblo acompañado de su nueva y mulata esposa, junto con la recién nacida hija de ambos, la mulata suegra y el no menos mulato hijo de su mujer, todos le miramos con el escepticismo propio de quien sabe que aquello no podía terminar bien. Y así ha sido.

Pero comencemos por el principio. Y es que el principio del puente fue, digamos, pelín accidentado. Salí del garaje, aparqué a la puerta de casa, metí las maletas, senté a los niños en sus sillas, nos pusimos todos el cinturón y...el coche decidió morirse allí mismo, con dos ruedas sobre la acera y otras dos cortando medio carril de una de las avenidas más transitadas de la ciudad en plena hora punta. Eso de que los coches dependan más de la electrónica que de la gasolina es una putada más. Sin batería el coche no funciona. NO FUNCIONA. Pero nada de nada. Así que tuve que llamar a la grua, hablar con el "gruero", convencerle de que pasase cuanto antes por muy cargado que fuese con otro coche en su grupa y arrancarme el mío porque no me pasaba ninguna otra cosa más que lo que me pasaba, así que tardaría 20 segundos en enchufarme y ayudarme a arrancar. Lo conseguí, y también conseguí llegar a NORAUTO a las nueve y veinte de la noche, diez minutos antes de que cerrasen, para que me pusiesen una batería nueva. 83,40€ después, comenzó nuestro viaje de ida, no sin antes repostar en el Burger King unas hamburguesas para todos, ya que la hora y el hambre estaban haciendo mella en el ánimo de la tripulación y corría serio riesgo de sufrir un motín a bordo.

Llegamos a eso de las doce de la noche y nos encontramos más gente de la que teníamos previsto, aunque menos de la que debería. El primo L se había apuntado al puente con los dos hijos de su anterior matrimonio, pero ni rastro de su nueva mujer, su recién nacida hija o del hijo de su mujer. Además, la niña , la que venía con él, lo hacía con fiebre, y la pobre tenía muy mala cara. Acababamos de llegar todos casi al mismo tiempo, así que hubo que dar de cenar a todo el mundo antes de meterlos en la cama para que alguien nos explicase el por qué de tan inesperada visita.

Y es que el primo L no tiene remedio. Parece mentira que ya haya entrado en la cincuentena y todavía tengamos que decirle que se guarde el pajarito en sus viajes y no provoque situaciones embarazosas, ni a su familia ni a sus novietas. ¿Cuántos vástagos del primo L existirán por todos los continentes de este mundo nuestro?, ¿podremos viajar con la seguridad de no encontrarnos algún clon en cualquier aldea escondida del África negra o de una selva amazónica?, ¿cuántos descendientes yanquis tendrá el primo, o cuántos asiáticos primos aún no conoceremos?

La soledad del representante de músicos, con sus viajes y noches de hotel, habrá que taparla de algún modo, pero tampoco creo que sea obligatorio tapar cuantos agujeros femeninos te encuentres por tu camino. Vamos, digo yo.

El caso es que su presencia en el pueblo se debía casi a una huída desesperada para poner tierra de por medio entre él y la mulata, ya que hace unos cuantos días ya pasó una noche en comisaría tras un forcejeo marital. Él, y como a su mujer no la conozco más que del bautizo estival y por tanto no me merece mucho crédito, jura y perjura que sólo hubo palabras, y que en plena discusión lo más que hizo fue agarrarla del brazo. De hecho, y tras un reconocimiento médico forense, se confirmó la inexistencia de cualquier huella de golpes. Eso no le libró de pasar unas cuantas horas esposado y encerrado en un calabozo. Al día siguiente, y mientras se celebraba el juicio rápido, su mujer retiró los cargos tras verle en ese estado y escuchar el dictamen del forense negando cualquier evidencia de maltrato. El juez le dejó en libertad sin cargo alguno y absuelto de cualquier sospecha no sin antes reprochar a su esposa su actitud. Así que él, cogió a sus dos hijos de su anterior matrimonio y, con fiebre y todo, se los llevó lejos de allí.

Como la fiebre no remitía, acudió con su hija en una, dos y hasta tres ocasiones al consultorio comarcal, donde tras varios reconocimientos le diagnosticaron infección de orina, recetándole antibióticos para combatirla y antipiréticos para bajar la fiebre. No obstante, y ante el empeoramiento de la pobre niña, no le quedó más remedio que acercarse al hospital de León para que le hicieran un chequeo más profundo, lo que terminó en un ingreso por la vía de urgencia debido a su baja saturación de oxígeno y sus niveles altos de transaminasas. Osea, neumonía y posible Hepatitis A.

A tomar por culo el puente, dijimos el resto. ¿Hepatitis?, ¿y ahora que hacemos?, ¿nos analizamos?, ¿huimos con la prole cada uno a su casa  y desperdigamos el bicho por varias provincias del Estado Español? Horas después se desmintió el segundo diagnóstico, quedando todo en un susto, en una mascarilla de oxígeno las 24 horas del día para la niña y 10 días de ingreso para evitar problemas en la planta de infecciosos.

A todo esto la mujer, la mulata, que no paraba de enviar SMS a toda la agenda telefónica familiar en los que contaba lo mal que lo estaba pasando, lo malísimo que era el primo L y que este la había ofendido muchísimo al solicitar una prueba de paternidad de su hija recién nacida cuando ella sabía que el infiel era él porque se la había pegado con otra en el mes de septiembre.

Y mientras su exmujer, la italiana, que dice que le va a poner una denuncia por no comunicarle a tiempo la enfermedad de su hija, por desatenderla y por ser un mal padre, aunque reconoce lo mucho que le quiere y lo mal que debe estar pasándolo por la situación en la que se encuentra con su actual y zorrona esposa, de la cual ella era perfectamente consciente desde hace tiempo, sobre todo desde que él se lo contó en el mes de septiembre cuando yacieron "como pareja" después de un encuentro.

¡Tócate los cojones!, ¡resulta que el primo L se la pega a su mujer con su ex!

En ese mismo momento no sabía si darle una colleja o ponerle un monumento. ¡Qué tío!

En fin, que como él estaba en el hospital y no podía salir, tuvimos que enviar a su otro hijo en tren hasta Madrid con un primo del pueblo que también iba a entregar al suyo a su ex. Y es que en ese pueblo todo el mundo está separado, divorciado o a punto de estarlo.

Vamos, un lío del carajo del que aún no sabemos el final y que no tardaré en contar aquí mismo en cuantito que lo sepa.

¿Que qué tal el puente?, pues mira, muy entretenido.

04 diciembre 2009

A más ver

Pues eso, que cojo la Vía de la Plata y me largo.

Vuelvo el martes.

03 diciembre 2009

Preparando el puente

Mañana nos vamos de puente, aunque para ello tenga que pasarme la mañana corriendo de un lado para otro y entre dentro de lo probable que ni siquiera vaya a comer a casa.

Hemos preparado nuestra reunión mensual a primera hora de la mañana para terminar cuanto antes, aunque eso no garantiza que terminemos llamando a la pizzería más próxima para seguir la reunión mientras comemos. Yo confío en que no lleguemos a esos extremos, porque unos marchamos para León, otros para Galicia, algunos para Cantabria y otros, los menos, se quedan por aquí.

El parte meteorológico no augura un puente muy benigno en cuanto a precipitaciones, así que mucho me temo que no será este un fin de semana de bici total para los niños, para su desgracia y la nuestra. Coincidiremos, como siempre, con unos cuantos primos así que malo será que entre unos y otros no encuentren cómo entretenerse. Ya veremos.

Esta tarde tengo que hacer la compra, preparar la maleta, preparar el coche, echarle un vistazo a las bicis y dejar todo lo más preparado posible para que en cuanto me vea libre de la reunión, salga disparado a casa a meterlo todo en el maletero.

Me llevo también mis granos, a ver si con el frío leonés terminan de desaparecer.


02 diciembre 2009

Pequeños placeres

El sábado pasado no pude evitar caer en la tentación del 3x2 de Carrefour y le eché mano a un paquete de 2 panteras rosas, a otro de 2 bonys y a un tercero de 2 tigretones: 2,20€

Y cada día espero a que llegue la noche, los niños se metan en la cama y poder  invitar a mi mujer a tomar un vaso de leche con pastelito.

Hoy he pecado entrando en un kiosko para echar dos paladas de cocktail japonés en una bolsa y 4 palitos de esos que tanto me gustan recubiertos de chocolate amarillo y rosa con bolitas de caramelo y rellenas de esponjosas y dulcísimas nubes; 0,98€

Y me he llegado a la oficina metiendo y sacando la mano del bolsillo comiéndomelo todo medio a escondidas.

Hay que ver lo poquito que cuesta a veces ser feliz.


Prensa libre, sí, pero con límites

Nunca creí que diría esto pero cada día estoy más convencido de ello: sufrimos de exceso de información.

En un país en el que hasta antesdeayer todo era maravilloso y nada se movía sin que pasara el fielato de la censura, hoy en día todo es publicable sí o sí.

Los mayores se quejan de que antes no había tanto cáncer, ni tantos asesinatos, ni tanta violencia doméstica, ni tantas otras cosas, aunque luego, profundizando, te cuentan historias de mujeres maltratadas por maridos borrachos, asesinatos lúgubres como la época en la que sucedían, y muertes extrañamente coincidentes en síntomas a cualquier cáncer de hoy en día.

Nada más lejos de mi intención reclamar la vuelta al anterior régimen y a su falsa felicidad impuesta, pero tampoco al gratis total en que vivimos.

No es de recibo que se prejuzgue a todo el mundo de forma pública y vergonzante sin que el supuesto acusado tenga derecho a defenderse. No es justo que no exista la presunción de inocencia y que sea el acusado quien tenga que demostrarla y no al contrario. No es posible que una sociedad que no esté enferma no exija responsabilidades e igualdad de trato a unos medios de comunicación vendidos al amarillismo más repugnante y que únicamente titulan a cinco columnas las noticias de casquería.

Convivo a diario con periodistas a los que se les llena la boca de profesionalidad y buenas formas, y hasta hoy mismo no les he escuchado en ningún momento asumir responsabilidades de este y otros muchos casos parecidos.

En menos de tres meses, hace un par de años, tuvimos que acudir a urgencias en cuatro ocasiones. En las cuatro, todas motivadas por síntomas de enfermedades comunes, mi hijo fue examinado de arriba a abajo como Dios lo trajo al mundo. Un niño de cuatro años, cualquier niño, tiene a esa edad el cuerpo lleno de moratones. Los niños se caen, se golpean, se tropiezan y, normalmente, lo primero que aterriza es la cabeza, así que en todas las ocasiones llevaba un buen morado en la frente.

Después de lo que ha ocurrido, ¿no habrá padres que piensen que pueden ser acusados de abusar de sus hijos sin motivo?, ¿no habrá padres que tarden más de lo que debieran en acudir a urgencias si su hijo se ha hecho daño en el parque por miedo a que le califiquen de maltratador?

¿Qué más tiene que ocurrir para que se cumpla un código deontológico entre los periodistas y esto no vuelva a ocurrir?, ¿qué más tiene que ocurrir para que alguien ponga los límites?


01 diciembre 2009

No hay derecho

No hay derecho a que uno lleve a su hija a urgencias porque algo le pasa y termine en la cárcel acusado de las más viles vejaciones.

No hay derecho.

No hay derecho a que la Iglesia sólo te excomulgue si eres político y votas a favor del aborto.

No hay derecho.

No hay derecho a que mis granos sean hoy aún más grandes de lo que ayer ya eran si hoy soy un día más viejo.

No hay derecho.