29 enero 2008

De momento, esto es todo

Ayer fue un lunes de esos que se les ven venir desde que amanecen. Prometía y no defraudó.
Por primera vez en mi vida laboral, ayer le dije a un miembro de mi equipo que me tenía "hasta los huevos". Así, literalmente.
No sé si hoy estoy de tan mal humor porque me pasé o porque me quedé corto.

23 enero 2008

Sueños...¿infantiles?

Esta mañana me ha sido totalmente imposible explicarle a mi hijo que Fernando Alonso ya no correrá este año con McLaren, que lo hará con Renault y que, por tanto, Hamilton será su rival en la pista.
Él piensa que todos los que han pertenecido o pertenecerán a los equipos de Fernando, como él le llama, serán siempre sus compañeros. Y además, sus amigos. Y que eso de cambiar de equipo es tan sencillo como "quitar unos tornillitos", porque el coche seguirá siendo el mismo. El que más corre de todos. Además, en la pista, Fernando no tendrá rivales porque, como todos son sus amigos, siempre ganará.
Imaginemos por un momento que nos levantamos por la mañana y, sentados al borde de la cama, decidimos cambiar de empresa. Cogemos un destornillador, quitamos un par de tornillitos, y listo. Saludamos a nuestros nuevos compañeros, a nuestro nuevo jefe y tomamos posesión de un bonito despacho con vistas a la calle. Además, nuestros antiguos compañeros, a parte de ser buenos amigos, no nos harán la competencia.
¿A que mola?

22 enero 2008

Dar un paso al frente

Ayer me bajó el nuevo portátil mi vecina. Le ha costado la mitad de lo que yo pagué por el mío hace un año y tiene el doble de prestaciones.
Mierda de evolución tecnológica.
Me lo bajó para que se lo pusiera en marcha por primera vez y le instalase todos los programas que creyese que iba a necesitar, así que me pasaré un par de días con él hasta que lo llene de cosas en los pocos ratos que paso en casa y que me dejen los niños.
Lo peor de todo es que viene con Windows Vista. Vaya coñazo de sistema operativo. Lo han cambiado todo de sitio y de nombre, así que tardo diez minutos en encontrar lo que estoy buscando cada vez que tengo que dar un paso en la instalación de cualquier cosa. Me pasé media hora intentando configurar el acceso a la wi-fi y tratando de averiguar cómo se actualizaba el puto antivirus que venía preinstalado.
En esta ocasión olvidé aquello que me dijo mi padre el primer día que tuve que ir al cuartel para hacer el servicio militar: "Nunca te ofrezcas voluntario para nada. Lo mejor es pasar desapercibido"
La próxima vez que baje mi vecina a pedirme un favor voy a estar ocupadísimo. Lo juro.

21 enero 2008

Y sigo desvariando

El sábado bajó a mi casa la vecina de arriba. Quería que le diera algún consejo para poder comprarse un portátil. Había visto el mío y le gustaba, así que quería algo similar. Le apunté las características del mío, y busqué algún folleto que guardaba de las tiendas especializadas que tenemos en la ciudad y que ofertaban ordenadores muy apañaditos por un precio más o menos razonable.
Mi vecina es rusa, y tuvo que emigrar a España con su marido y su hijo pequeño para poder sobrevivir. Dejó en su país a su hija mayor, a la que le está pagando la carrera universitaria con lo que ganan en España. Ella era ingeniera en su país, y su marido camionero. Aquí trabaja cuidando ancianos, y como los carnets de conducir rusos no son válidos en España, su marido es guarda de noche en un parking. Es todo lo que han podido conseguir, y poco a poco van saliendo adelante.
Quiere el portátil para dejar de gastarse una fortuna en locutorios dos veces por semana y hablar por internet con su hija. Además de hablar con ella, quiere verla. Y también quiere que sus padres conozcan a su nieto, que ya tiene cinco años y aún no han podido verle.
Quería que le aconsejase también sobre la compañía telefónica más apropiada para conectarse a internet. "Espera", le dije, "vamos a hacer algo mejor". Me subí a su casa con el portátil y comprobé si allí llegaba la señal de mi wi-fi, y como lo hacía con suficiente potencia le dije que nada de pagar a nadie, que se enganchase a la mía. Además, media comunidad de vecinos tiene ya acceso a mi wi-fi, por lo que uno más...
El caso es que, cuando bajaba las escaleras hacia mi casa, mi cabeza comenzó a pensar en la cantidad de ondas que, sin verlas, atraviesan nuestro cuerpo diariamente: miles de wi-fis, millones de teléfonos móviles, señales de mandos a distancia, radares de la guardia civil, cadenas de televisión, emisoras de radio, comunicaciones de la policía, ambulancias, bomberos, militares, radioaficionados, coches teledirigidos...
Tengo una amiga que sostiene que el cáncer, forzosamente, tiene que provocarlo un alimento. Además debe ser, necesariamente, algo que no haga distinción entre ricos y pobres. No pueden ser las angulas, ni el caviar, ni la langosta. Debe ser algo a lo que toda la población tenga acceso: el pan o las patatas.
Si a los bocatas de tortilla de patatas que nos comemos, les añadimos todas esas cosas que diariamente nos atraviesan sin que nos demos cuenta, no me extraña que caigamos como moscas.

18 enero 2008

Decíamos ayer...

-Mire, D. Luis, que dice el niño que tiene granos y que a ver qué puede hacer usted para quitárselos.
-¡Ay, hija mía!, lo que yo daría por tener esos granos. Eso significaría que me habría quitado 40 años de encima. Dile a tu hijo que eso se cura con la edad, y que no quiera que el tiempo pase tan pronto.
Hay que joderse.
Y con la cara llena de granos me marchaba para casa tal y como había venido.
D. Luis era nuestro médico. El de toda la vida. Aquel que mensualmente nos pasaba un recibo pequeñito de papel con el que nos cobraba esas consultas tan científicas.
25 años después de aquella conversación, hoy he amanecido con tres granos en la cara. Uno, en la comisura izquierda del labio, otro un poco más abajo, y el tercero en la parte derecha de la barbilla. Los tres bien rojos y hermosotes. Como los de antes, vamos.
Para colmo de males, tengo la cara bastante sensible, y en cuanto me acerco la máquina de afeitar se me llena de arañazos y de cortes, por lo que no me puedo afeitar desde hace tres días.
Así que a parte de tres granos, tengo la cara llena de pelos.
Mierda de adolescencia.

17 enero 2008

Del lenguaje institucional y la incapacidad de género

"Créeme, estos muros embrujan: primero, los odias. Luego, te acostumbras. Y al cabo de un tiempo, llegas a depender de ellos. Eso es institucionalizarse, te encierran de por vida, y eso es justo lo que te quitan" (Morgan Freeman a Tim Robbins en Cadena Perpetua)
Hace casi exactamente ocho días que, al rodear Vitoria por la autopista, y viendo que mi mujer llevaba un buen rato leyendo el mapa de carreteras le dije:
-Estamos pasando por el aeropuerto de Foronda. Lo encontrarás a la izquierda de Vitoria.
-No me consta-me contestó.
-¿Cómo?
-Que no me consta. No me figura.
La carcajada que me entró casi nos cuesta un disgusto. A 120 kilómetros por hora no es bueno tener un ataque de risa.
-Osea-le dije-, que en "tu" mapa no figura el aeropuerto de Vitoria. A ver, busca un avioncito a la izquierda de ese manchurrón amarillo que tienes ahí y que se supone que es Vitoria. Ya verás cómo lo encuentras enseguida.
-¡Que no, que no viene!
Y terminamos pasando Vitoria sin que su aeropuerto fuese encontrado.
Tantos años de funcionaria han institucionalizado a mi mujer. Las cosas no le constan o no le figuran. Si no fuera porque esa frasecita me la han dicho ya muchas veces cuando alguien al otro lado de la mesa no tiene ganas o capacidad para contestarte a lo que le estás preguntando, la cosa tendría su gracia. Tengo que buscar alguna terapia para desinstitucionalizarla cuanto antes, porque a la próxima, el administrado furioso que llevo dentro saldrá para comérsela.
Cuando llegamos al hotel, y no gracias a mi copiloto, nos asignaron una habitación en el segundo piso. En realidad era un tercero, porque en el primer piso se encontraban todas las dependencias comunes del hotel, como el comedor, la cafetería, el salón recreativo, la zona wi-fi..., pero cuando tenías que montar en el ascensor, el botón que había que pulsar era el 2. Vaya lío.
Me pasé los cuatro días siguientes con la sonrisa en la boca, viendo como mi mujer salía del ascensor hacia la izquierda para ir a nuestra habitación, que estaba hacia la derecha. Viendo cómo se marchaba hacia la derecha al salir de la habitación cuando era a la izquierda. Observando cómo se metía en la cafetería en vez de en el comedor, y cómo llegábamos a la recepción cuando queríamos ir a la zona wi-fi. Vamos, un número.
Y es que, por regla general comúnmente aceptada hasta por ellas mismas, las mujeres (la mia la primera y campeona del mundo) son in-ca-pa-ces de utilizar un mapa y de situarse en una ciudad. La culpa, claro está, es sólo mia. "Como tú eres siempre el que te encargas de llevarme a todas partes y de decirme dónde están las cosas, ¿para qué voy a molestarme?"
Y no le falta razón. Mi padre tenía un hermano soltero que tuve la suerte de que fuese mi padrino, y cuando tuve edad suficiente para viajar, me pasaba los veranos con él viajando por toda España. Cogíamos el coche, un Seat 127 blanco fantástico, y nos marchábamos a cualquier costa española sin fecha de vuelta. Me pasaba los viajes con el mapa encima de las piernas localizando en él todos los pueblos por los que pasábamos, anticipándome a los que íbamos a cruzar, y haciendo la ruta hacia nuestro destino, que muchas veces cambiaba sobre la marcha, bien porque se nos hacía de noche o porque nos daba la gana.
Me enseñó a fijarme en puntos de referencia, generalmente bares y restaurantes, para poder localizar nuestra ubicación exacta, y así poder salir del hotel en el que hiciésemos noche e ir directamente a comer o a cenar, que era, sin duda, una de nuestras razones para viajar. Y ahora, instintivamente, lo sigo haciendo. Me fijo en las cosas más insospechadas y se me graban en la memoria de forma automática. Es una especie de GPS interno que me ayuda a orientarme sin casi quererlo.
Ese GPS me obliga a tenerlo todo controlado en los viajes, y me pone muy nervioso que quien me acompaña no sepa, ni siquiera, orientarse con un mapa en la mano.

16 enero 2008

Razones físicas

Hoy me he levantado dando un salto mortal…

¡Basta!

¡Mierda de canción que no para de sonar en mi cabeza desde que me desperté!

La verdad es que deben tener razón esos que dicen que la luna llena y los vientos fuertes levantan a la gente de cascos, porque esta mañana no paro de parir gilipolleces.

Ahí van unas cuantas:

  1. Si damos crédito a las teorías de que el universo está en continua expansión, a la vez que tomamos al pie de la letra aquello que nos enseñaron, al menos a mi, en el colegio de que el universo es infinito: ¿hacia dónde se expande algo que no tiene fin?, ¿si lo ocupa todo, cómo puede expandirse?
  2. En un día ventoso como el de hoy, me surge otra duda. Si el viento se produce debido a la diferencia de presión entre dos puntos diferentes, digamos por ejemplo, entre la Ceca y la Meca: ¿se queda la Ceca sin aire cuando todo se marcha en forma de viento hacia la Meca?, ¿morirán de asfixia todos los Cecanos?
  3. ¿No debería elegirse el himno nacional mediante un concierto público en el que sus Señorías, puestos en pie en el hemiciclo, entonasen todas y cada una de las letras propuestas por los ciudadanos ante las cámaras de televisión y se votase por SMS como en todo concurso serio de la tele?
  4. Nosotras parimos, nosotras decidimos
  5. ¿Cómo es posible que me caigan igual de bien Gallardón, Espe y Zapatero, sabiendo que los tres son unos capullos?
  6. ¿Qué diría un análisis Freudiano sobre mi atracción (¡arghhhhh!) irresistible hacia Cayetana Álvarez de Toledo y Carmen Chacón?

Y así seguiría todo el santo día, pero no puede ser. Así que "queda proclamado Rey de España, Don Juan Carlos de Borbón y Borbón" (todo esto dicho con una voz muy solemne)

Chunda, chunda, tachundachundachunda, tatachundachún, tachundachundachúuuun.

Chunda, chunda, tachundachundachunda, tatachundachún, tachundachundachúuuun.

Chunda, tachunda,tachunda,tachún, tachundachundachundachundachúndaaaaaaaaaachúuuuuuuuuuuuuuuuun

14 enero 2008

Crisis?, What crisis?

Así titulaba Supertramp uno de sus álbumes, y así titularía yo la impresión que me han causado estos días de vacaciones. Todo lleno. Hoteles, restaurantes, bares, áreas de servicio de autopistas, gasolineras... ¿quién dijo que estábamos en crisis?
A lo que iba, que me pierdo. Semana de vacaciones. Vacaciones de niños, de trabajo, de tele, de periódicos, de correos electrónicos, de móvil, de blogs, de todo. De todo menos de nosotros dos, que era de lo que se trataba. Y venimos como nuevos, sí señor. Como si nos hubiesen desmontado y vuelto a montar para ser estrenados. Recién estrenados y dispuestos a continuar con el día a día, que no es poco.
Esquiar es como montar en bici. Una vez que has aprendido, no se te olvida. Cierto es que dos años sin ponerme unas tablas habían mermado en parte mis habilidades, pero tras un par de bajadas todo ha vuelto, más o menos, a la normalidad y he vuelto a ser el mismo. O casi. Yo tengo una teoría sobre el esquí muy sencillita: cuanto más sentido común tienes, más miedo te da bajar las pistas. Y creo que con la edad mi sentido común ha aumentado un porcentaje bastante grande, porque había veces que la cosa se ponía más complicada de lo que era hace unos años. Pero bueno, eso forma parte del encanto de este deporte, que cuanto más difícil se ponen las cosas, más te engancha y más adrenalina sueltas. Subidón, subidón, que diría uno que yo conozco. En nuestra tercera noche cayó la gran nevada. Hay pocas cosas que me pongan de tan buen humor como una nevada. Y más una nevada de esas del pirineo, con copos como pelotas de tenis que lo cubren todo en menos de media hora. El amanecer del sábado fue impresionante. Encima del coche había más de 20 centímetros de nieve, y en las pistas sobrepasaba el medio metro. No había dado tiempo a que las máquinas pisasen la nieve, así que bajar cualquier pista era algo espectacular. Nieve polvo hasta las rodillas. Una especie de orgasmo invernal nos recorrió a todos, y no pudo existir mejor punto y final a nuestra corta escapada.
Pero no todo ha sido esquiar. Ni mucho menos. Hemos disfrutado como niños de la piscina climatizada, y hemos vuelto a comportarnos como hace 15 años en nuestras escapadas a escondidas a cualquier hotel o casa rural. Como animales. Se nos notaban estos años de falta de intimidad y de presión infantil.
Ha sido como una liberación.
Además, eso de conducir casi dos mil kilómetros también ha sido una gozada. Conducir me relaja. Me divierte. Me gusta. Y si encima descubres que todo eso que se supone que tenía el coche, además de tenerlo de verdad, funciona, pues me hace disfrutar aún más. Doy fe de que el ABS y el ASR funcionan de cine cuando nieva. Nada que ver con aquellas aventuras por carreteras nevadas en las que pisabas el freno y terminabas en la cuneta.
Y ahora una petición para algún sociólogo que se asome a este humilde blog. Propongo la realización de un estudio sociológico sobre el comportamiento del ser humano ante un buffet libre. Llevo muchos años viajando. He dormido en docenas de hoteles, y he comido en cientos de restaurantes diferentes, pero no dejo de asombrarme de la forma de comportarse de la gente ante una mesa llena de comida. Eso sí que es sacar el animal que llevamos dentro.
Y ahora, a trabajar.

04 enero 2008

El futuro se presenta blanco. Pero que muy blanco

Por fin es viernes. Y no un viernes cualquiera, sino el que marca el comienzo de una semana que puede ser muy divertida.
El sábado toca cabalgata de Reyes con los niños. Es uno de los días más divertidos del año, sin duda. El domingo estoy seguro que mi hijo mayor se despertará temprano, aunque no más que de costumbre, y se asomará a nuestra habitación diciendo en voz baja que quiere que alguien le acompañe hasta la entrada de la casa para ver si ya han llegado los Reyes y le han traído algún regalo. Además, seguro segurísimo que dice que se ha despertado porque ha escuchado un ruido que ha sido provocado, con toda seguridad, por los Reyes Magos. Despertará a su hermana, la sacará de la cuna y...derroche de ilusión. Más tarde, comida familiar en casa de mi madre y, por la tarde, más regalos. Todos mis cuñados, los abuelos, las tías, y algún que otro amigo se pasarán por mi casa para merendar. Mucha risa todo. El lunes, fiesta. El martes, preparación de equipaje, limpieza de material de esquí, prueba de resistencia de mis pantalones de esquiar para ver si soportan mi incremento perimetral tras los excesos navideños, y muchas pequeñas cosas pendientes para abandonar a nuestros hijos al día siguiente.
Y el miércoles...a la nieve.
Y el jueves, y el viernes, y el sábado...a esquiar y esquiar, y esquiar.

02 enero 2008

Con la Iglesia hemos topado

El viernes pasado estuve de cumpleaños con los niños. Nos invitó un buen amigo que desde hace años vive en Barcelona, y al que sólo veo dos o tres veces al año cuando vuelve por vacaciones. En diciembre cumplen años sus gemelos engendrados por fecundación asistida, y siempre lo celebramos junto con todos sus sobrinos. En total 10 niños y más de 15 adultos todos bien metiditos en casa y comiento tortilla de patata. La palma se la llevaba M, desde luego, ya que aún no ha cumplido 45 y ya tiene 4 niñas. El resto poníamos dos por pareja. Se echaba de menos al cura que siempre acompañó a la familia en estos eventos. Era raro no verle por allí, porque siempre fue un invitado más a todos los acontecimientos familiares. En todos se bendecía la mesa y se predicaban las bondades de la religión católica. Se le echó de menos.
El sábado pasado cené con mis cuñados en un italiano. Tagilatelle nere con angulas (gulas, en realidad) y gambas a parte de otras muchas cosas ricas. Todo ello regado con un lambrusco clarete bien fresquito. Después, nos fuimos de copas. Mis cuñados no están casados y, además, son primos carnales.
El domingo, mientras paseábamos con los niños, casualmente nos encontramos con G y L. Hacía mucho tiempo que no las veíamos. La niña había crecido mucho, y apenas la reconocimos. Es lo que tiene no ver a los niños en varios meses, que se convierten en personas diferentes. Como es lógico, al ser G su madre biológica, sólo se parece a ella. De L tiene algún gesto, pero nada de parecido. Las dos ejercen de madres, y la niña es tan feliz como lo pueden ser mis hijos.
El lunes, en la oficina, despedí el año con todos mis compañeros. Entre ellos estaba I, que ha pasado un mal año tras su separación. Su novio, después de un año viviendo juntos, le dijo que había que pensar en casarse, y ella no estaba muy por la labor. Ya tuvo un fracaso matrimonial que terminó en divorcio, y tuvo que sacar a su hija adelante ella sola. Puesto que la respuesta fue negativa, la relación terminó y pasó unos cuantos meses bastante deprimida. Estas últimas semanas ya estaba más animada. Me alegro.
El domingo se reunieron cientos de miles de personas en Madrid "en defensa de la familia". ¿Qué familia?, pues esa de padre protector, madre sumisa y un montón de hijos meapilas. La familia del hasta que la muerte os separe. La familia en la que las mujeres han de soportarlo todo. La familia excluyente. La familia impositora de sus valores hacia el resto. La familia que intenta excluir (sino destruir) a las que no siguen sus normas.
Yo, que soy así de tonto, me quedo con la forma de familia con la que celebré el cumpleaños el viernes; y con la que forman mis cuñados no casados, y con la que forman G y L por muy lesbianas que sean, y por supuesto con la de I y su hija.
Todas ellas son válidas.
Todas.