31 mayo 2006

La gota malaya

Una vez, y otra, y otra, y por la mañana, y por la tarde, y luego, y antes, y mañana, y ayer...
Me tiene harto, y ayer se lo dije. Ahora no me habla.
Por fin tendré vacaciones de ella por al menos una semana. Podré venir a trabajar y no tener que oirla.
Así da gusto.

30 mayo 2006

El Gran Héroe Americano


Durante un viaje por el desierto el profesor Ralph Hinkley recibe de parte de unos extraterrestres que aterrizan con su nave, un traje que le confiere superpoderes: Volar, ver a través de las paredes o ser inmune a las balas. Pero este traje solo funciona con él y no lo sabe usar, ya que perdió el manual de instrucciones. Ésto hace que nuestro héroe sea habitual verlo volando torpemente y estampándose en muros y paredes. Ralph quiere entregar el traje a las autoridades. Pero un agente del FBI llamado Bill Maxwell que conoce el caso de los extraterrestres, le convence para que lo utilice contra el crimen y así él ganarse todos los méritos.En un principio le ayudan su novia la abogada Davidson Pam y algunos estudiantes dondo el protagonista imparte sus clases (primera temporada) y de ahí en adelante le ayudaran, su ahora esposa Pam y Kevin un hijo de un matrimonio anterior.
"El Gran Héroe Americano". Desde el 4 de junio, a las 08:30 los sábados y domingos en Cuatro.
De puro cutre, me encanta.

¡A formar!

Sí, yo hice la mili. Fui de los últimos en hacerla, o casi. Hace ya 13 años de aquello.
Siempre me he sentido muy lejos de todo lo que tuviera que ver con el tema militar. Me dan repelús. Y mucho más después de haber convivido con ellos durante 9 meses de mi vida. Fueron suficientes para conocerlos profundamente. Y es que son tan planos, tienen tan poco fondo, que se les ve venir desde lejos.
Aprendí mucho en la mili. Aprendí a dormir la siesta desde por la mañana, a beber sin ningún tipo de medida, a fumarme todo lo que pillaba, a blasfemar, a perder el tiempo miserablemente, a gastar dinero público a manos llenas, a llenarme la depensa a costa del contribuyente. Aprendí a compartir mis pensamientos con otros pobres desgraciados que, como yo, habían caído en ese pozo que era el cuartel porque no les había quedado más remedio. Aprendí a tener buenos amigos que te echaban una mano cuando lo necesitabas. Aprendí que, en pleno siglo XX, aún quedaba gente de mi edad que apenas sabía leer y escribir. Aprendí que, en pleno siglo XX, seguían existiendo personas que no distinguían la izquierda de la derecha, y a los que había que golpear en el hombro para que en pleno desfile no se equivocasen de lado al girar. Aprendí a disparar. Aprendí a disparar sobre la silueta de un supuesto enemigo. Aprendí que el primero que estaría dispuesto a limpiarse el culo con la bandera de España es el militar si le hiciera falta algo para limpiárselo. Aprendí que lo más bajo, lo más zafio y lo peor de cada uno sale cuando te ponen una gorra y tienes algo, aunque sea mínimo, pero algo de autoridad.
Esta tarde hay una parada militar a las ocho.
Qué miedo.

29 mayo 2006

Pisci, pisci y más pisci

Así que nos fuimos de finde al campo.

El viernes por la tarde ya aprovechamos para el primer paseíto en busca de la piscina, aunque sin llegar a meternos porque teníamos que acercarnos al pueblo a hacer algo de compra. Unos panecillos de hamburguesas que nos faltaban y unas cuantas cosillas más para cenar. Nuestra primera parada en una terracita y vuelta para el bungalow a hacer la cena. Toda la tropa a la cama y noche de padres en el jardín disfrutando de unas copitas y el fresquito de la noche.
El sábado amaneció a las siete y media. Cuando se tienen niños, los días amanecen más temprano. Y los fines de semana son terribles para eso del descanso. Pues eso, que a las siete y media ya estábamos todos en pie haciendo desayunos. Y qué desayunos. Café, tostadas, galletas, donuts, cereales, más tostadas con y sin mantequilla, con y sin mermelada... Y después, todo el mundo en fila para embadurnarse bien de crema para ir a la piscina. Cada vez me cuesta más meterme en el agua. Esa sensación de frío es un sufrimiento para mi cuerpo. Vas metiendo un pie, el otro, las rodillas, los muslos... y cuando el agua roza mi bañador y el frío empiezo a sentirlo en la entrepierna, es que no puedo. No puedo, no puedo y no puedo. Mi mujer se ríe, y yo sufro. El caso es que me muero de ganas por entrar y jugar con el niño, que entra, sale, se tira, se ahoga, traga agua, y todas esas cosas que hacen los niños, pero es que lo llevo fatal. Así que al final le toca a ella meterse siempre porque yo me acobardo y salgo huyendo. A la hora de comer, bien de ensaladilla fresquita y un barril de cerveza para los padres. Qué rico todo. Siestita, piscina otra vez, y paseo por el pueblo para acabar en una terracita cenando unas raciones de todo lo que había en la carta. Y a dormir escuchando los grillos.
El domingo amaneció más o menos a la misma hora, y el plan era igualito que el del sábado, pero esta vez hubo sorpresa. Me armé de valor y acabé en la piscina casi toda la mañana. Me lo pasé de miedo. Aguantamos un buen rato hasta la hora de comer, y cuando apretaba el sueño de la siesta, nos montamos en el coche y nos marchamos para casa sin problemas. Los niños durmiendo, y los padres conduciendo tan tranquilos.
Por cierto, mi barriga sigue creciendo. De momento no se nota demasiado, pero antes de que llegue el veranito y tenga que pasarme 15 día enseñando michelín, me lo tengo que plantear. Aunque luego veo ese barrilito de cerveza fresquita, esas patatitas fritas, y esas copitas de madrugada...

25 mayo 2006

Y esto es todo

Agenda del viernes 26 de mayo:
  • 8:45: Dejar al niño en el autobús del cole
  • 9:00: Salir de viaje hacia la otra oficina
  • 9:45: Cafetito de bienvenida
  • 10:15: Echar un vistazo a la distribución del periódico y divertirme repartiéndolo yo también.
  • 11:00: Reunión con el jefe para ver cómo cerramos el mes y cómo se presenta el próximo
  • 13:00: Vuelta a casita
  • 13:45: Recoger al niño en el comedor del cole ya comido
  • 14:15: Comer lo que haya para que no se estropee en el frigorífico durante el finde
  • 15:30: Tener preparada la comida de mi mujer porque llega de trabajar
  • 17:00: Salir hacia nuestro destino de fin de semana
  • 18:30: Llegada al bungalow
  • 19:00: Paseíto antes de cenar
  • 21:00: Acostar a los niños
  • 22:00: Cena
  • 23:00: Copas en la terracita del bungalow
  • 00:00: Ya veremos...

Mi visita al Ayuntamiento

Por si no quedó claro en el post anterior, hoy he tenido que pasar parte de la mañana, de mi mañana, tratando con funcionarios.

Asco de vida.

Mi otra vida

Cuando sea mayor quiero ser funcionario.

Me imagino llegando cada mañana a las ocho en punto con cara de sueño y maldiciendo mi suerte por tener un trabajo del que no me podrán echar en todos los días de mi vida. Me imagino llegando el primero para leer el periódico al que el ministerio en cuestión está suscrito por algún motivo que nunca entenderé ni me importa pero que me viene muy bien. Me imagino sentado en mi mesa del descansillo del primer piso todo el santo día. Me imagino leyendo y releyendo el periódico durante al menos cuatro horas. Me imagino saliendo a "desayunar" durante una hora y media. Me imagino volviendo a la una y media de la tarde para soportar otra dura hora y media de trabajo hasta las tres, volviendo a maldecir mi puta vida y el asco de trabajo que me ha tocado en desgracia. Me imagino tratando con indiferencia y toneladas de mala leche a todo el que ose perturbar mi jornada laboral preguntándome cosas que podría perfectamente mirar en el panel de direcciones que hay a la salida del ascensor sin necesidad de molestarme. Me imagino pasando horas y horas, día tras día y semana tras semana, intentando cuadrar mis "moscosos" y días de libre disposición para tener más vacaciones que los mismísimos Reyes Magos. Me imagino pidiendo comprobantes falsos a mi médico amiguete para añadir más días de vacaciones a todos los que ya he conseguido durante todas esas horas, días y semanas de estudio pormenorizado del calendario laboral. Me imagino maldiciendo al gobierno por el abandono sistemático hacia el funcionario público y hacia sus derechos laborales porque no me suben el sueldo lo suficiente para compensar mis desvelos por el bienestar común y el progreso de nuestra economía nacional. Me imagino con trienios, quinquenios y cena de despedida. Me imagino con medalla al mérito en el trabajo. Me imagino con caspa. Me imagino con una camisa de franela y unos pantalones de vestir ajados por es paso del tiempo. Me imagino con halitosis. Me imagino, en fin, FUNCIONARIO DE CARRERA.

23 mayo 2006

"Día del orgullo friki"

Me envían hoy este enlace con motivo de la próxima celebración del "Día del orgullo friki". No tengo ni idea de si me lo envían para que me ría o para que participe...

Hoy ha vuelto a remontar algo la temperatura. Pasamos del infierno total de la semana pasada al jersey y la cazadora de ayer por la mañana. No me extraña que mis mocos hayan decidido quedarse a vivir unas semanitas más que de costumbre. Tan pronto te asas como te hielas. Esto de vivir en el interior tiene sus contradicciones, pero es lo que hay.
Ya sólo quedan un par de días para irnos de finde. La piscina ya está abierta, y las previsiones de temperatura son de 29 grados el viernes y más de 30 el sábado y el domingo. Las mínimas no bajarán de los 16, lo que supone unas copitas en la terraza después de cenar y en compañía de los grillos y las estrellas. El tema de las estrellas siempre me ha sorprendido. En la ciudad, con tanta luz, no se ve absolutamente ninguna, pero en cuanto sales al campo y cae la noche, el espectáculo es increíble. Si esto lo acompañas con una copita en la mano derecha, unas patatas fritas en la izquierda, y una conversación llena de chismes, el plan es perfecto.
Y en mes y medio, la playa.

22 mayo 2006

Pasó el parto

Tiene razón, en parte, I_O. Sólo en parte.

Las últimas dos semanas han sido una locura, pero el viernes pasado, por fin, se puso en marcha el nuevo periódico. Al final el único que no vio su nacimiento en directo fui yo, que me tuve que quedar en la oficina porque coincidía con la llegada de los informáticos y la instalación de la nueva red y ese megaservidor que nos ha costado un pastón para comunicar las dos oficinas.
Todo fue bien. Mejor de lo esperado, incluso. Y esta semana tendremos que subir la tirada porque nos quedamos algo cortos el primer día. Buena señal.
También llegó la fecha del examen de mi mujer. Gracias a Dios. Una semana más y salimos en los periódicos. Llevo aguantando tres meses sus malas caras, malas contestaciones y un total y absoluto abandono de la normalidad familiar. Y no le he dicho nada, para no empeorar el asunto. Ayer, después del examen, todo pasó. Por fin. Volvimos a los paseos y las conversaciones civilizadas.
El próximo fin de semana nos iremos a pasar unos días con los niños. Nos acompañarán mis cuñados y mis sobrinas, así que nos lo pasaremos bien. Aunque hoy ha amanecido un día bastante frío, las previsiones son que a partir del miércoles vuelvan a subir las temperaturas, así que si todo va bien, el viernes por la tarde podremos estrenar la piscina como todos los años por estas fechas.
Ya estoy contando los días

15 mayo 2006

Títeres y payasos


Fin de semana intenso.
Vamos por partes:
El sábado, comunión. Inevitable la asistencia, aunque no había ninguna gana, y tengo más relación con cualquiera de mis vecinos que con mis cuñados y mis sobrinos. Pero el acto de presencia había que hacerlo y no quedaba más remedio. Ceremonia coñazo donde tomar la comunión parecía lo más cojonundo del mundo y que a partir de ese momento ya no habría más problemas en la vida, ni para los niños ni para los adultos que allí estábamos. Primera misa a la que asistían mis dos hijos. El mayor, se portó más o menos bien. La pequeña amenizó la ceremonia a todos los que tenía a su alrededor, haciendo ruidos sin parar y hablando en su idioma que nadie entiende. Terminó jugando con todos los bolsos de las mujeres que tenía a su lado y con media iglesia pendiente de sus tonterías. La estrella del Show, vamos. Tras la misa, la comida. Esto de las comuniones ya está muy cercano a cualquier boda. Entrantes, carne o pescado, helado, tarta con figurita de niño de comunión, vinos, cava, copitas... Después de la comida apareció un payaso contratado por mis cuñados para entretener a la tropa. El payaso era bastante malo, pero no lo suficiente para que mi sobrino le diera un par de patadas y le tirase de la perilla, así que se enfadó, se quitó la peluca y la nariz y dijo que se marchaba. ¡Con dos cojones! No me dio tiempo a reaccionar, pero me quedé con ganas de darle 20 euros por tener un par y mandar a tomar por el culo a todos esos niños cafres y a sus padres. Aseguro que si el culpable de las patadas llega a ser mi hijo, le pego una paliza delante de todo el mundo, devuelvo todos los regalos, y no le dejo salir de casa en un mes por cabrón. En mi vida pasé tanta vergüenza. Los padres, en vez de regañar al angelito, opinan que el payaso no tiene aguante y que la culpa es suya. Lo de mis cuñados, estos cuñados, no tiene remedio. Todo lo suyo es un desastre.
El domingo me marché con el niño a Segovia a ver Titirimundi. ¡Una pasada! Me habían comentado que merecía la pena, pero nunca imaginé que sería así. Miles de personas por las calles y en ningún momento sensación de agobio. Actuaciones por las calles de títeres, teatros de marionetas, saltimbanquis, buscavidas, pidepelas y todo tipo de gente cuyo único fin es entretener al personal. Marionetas que tenían que manejar entre tres personas por la cantidad de hilos que tenían, teatros callejeros con escenario y todo, Quijotes infantiles, artistas de todos los países. Y todos con un sentido del humor que consiguió que el excesivo calor no pasara factura ni a los niños ni a los adultos. Espectacular.

11 mayo 2006

No se puede estar tan bueno

Resulta que N se marcha.

Termina de estudiar y se marcha a hacer un máster a Valencia o a cualquier otra ciudad donde se pueda continuar con lo que realmente a él le gusta, el cine. Ha sido el mejor diseñador que he conocido en toda mi carrera, y aún estaba estudiando. ¡Suerte!, aunque seguramente no la necesites, porque lo tienes todo.
Y para sustituirle ha llegado S. A mí, al principio, lo único que me llamó la atención fue su increíble parecido a Fernando Alonso, y sus ojos azules. Un Fernando Alonso con el pelo corto, pero clavadito a él. Pero debe tener algo más, porque todas nuestras chicas no pueden dejar de mirarle y de hablar de él, y se lanzaron a presentarse en cuanto se enteraron de que sería nuestro próximo fichaje. Una de ellas, L, ya se lo ha llevado a comer.
Seguiremos informando.

¡Eso no me lo habías dicho!

La cosa era bastante sencilla: "Bajas a la tienda y compras pan, una docena de huevos, un par de plátanos, naranjas y una lechuga". Bajé a la tienda y subí pan, huevos, lechuga, el periódico, manzanas, un par de kilos de patatas y kiwis.
Y esta, también: "Según vienes de trabajar, pasas por la farmacia y pagas la factura de este mes, te traes el par de recetas que te dejo junto a la factura, y en el sobre en el que está todo metido te he apuntado unas cremas que me hacen falta". Fuí a la farmacia, pagué la factura, entregué las recetas, compré pasta de dientes con un cepillo de regalo, y me fui tan contento para casa con el deber cumplido. Eso sí, de las cremas nunca más se supo.
Y otra: "Te he dejado una camisa en la silla del despacho para que, cuando salgas, la cojas y me la lleves a Massimo Dutti para cambiarla por otra de una talla mayor. De paso me compras un conjunto de braguita y sujetador que he visto en la planta de mujeres que está de oferta y es monísimo. De color verde y rayitas amarillas". Pues eso. Que la camisa sigue colgada en la silla del despacho con el ticket de devolución caducado y el conjunto ya no está de oferta.
Todo eso soy yo. Un completo desastre. Si alguien me preguntase ahora mismo qué llevo puesto, tendría que mirarme para acordarme. Llego a la oficina sin llaves, olvido dónde dejé el coche o que lo he traido al trabajo y me voy a casa andando, voy a la compra y me dejo la mitad o compro lo que no debía, me olvido de los cumpleaños...
Yo, si tuviese alguien así al lado, me moriría de risa, pero nunca, repito, NUNCA, le encargaría nada. Tampoco me enfadaría, porque no tiene sentido hacerlo. Pero entiendo que una tras otra hacen que cuando pasa el tiempo te agotes y llegues un día a estar hasta las narices de que todo se haga al revés o no se haga.
Juro que la mitad de las veces que me pasan estas cosas, ni siquiera he oído lo que me estaban encargando. Estoy seguro de que me lo dijeron, pero las palabras se quedaron por el camino.
Perdón. Fue sin querer.

10 mayo 2006

El regreso, o no

Iba a marcharme, pero he decidido quedarme un ratito para escribir algo. La verdad es que no sé qué, pero algo.
Estamos pasando una mala racha. El trabajo se acumula, y no es que sea imposible sacarlo adelante, pero somos pocos y hacemos de todo, así que no nos da tiempo a hacer nada en concreto. Todos tenemos nuestra misión, pero cuando, por circunstancias, nos toca hacer alguna otra además de la nuestra, llega el caos.
Mi abuela apenas sabía escribir su nombre, pero era una de las mujeres más sabias que he conocido, y que seguramente conoceré. Pues mi abuela tenía un verdadero arsenal de refranes y dichos populares. Uno para cada cosa y para cada momento. Ella habría dicho en estos momentos aquello de "el que mucho abarca, poco aprieta", y no se hubiera equivocado. No se puede pretender que la facturación no se vea mermada cuando hace más de dos semanas que no hablo con ningún cliente, y sólo veo albaranes, facturas y cuentas bancarias. O una cosa o la otra, pero las dos al mismo tiempo no puede ser.
La semana que viene inauguramos el nuevo proyecto. La nueva aventura. Mi aventura. Y todos queremos que, como mínimo, tenga la misma calidad que el de ahora. Y eso lleva tiempo. Mucho. Estoy deseando que llegue el día y pasemos este primer trance. Una vez que veamos que todo ha salido bien (porque al final siempre sale bien), pasaremos página y volveremos a la normalidad. Pero hasta entonces, el caos.
Aún así no me quejo. No puedo quejarme. El trabajo me gusta y disfruto haciéndolo. Incluso con estas jornadas maratonianas en las que casi no veo a los niños. Me da mucha rabia estar con ellos tan solo 10 minutos antes de que se vayan a la cama, pero sigo convencido de que esto pasará pronto, y que las vacaciones cada día están más cerca.
El examen de mi mujer está a dos semanas vista, y cuando pase todo tendremos que plantearnos ese fin de semana que tenemos pendiente desde hace tiempo. Y creo que deberíamos irnos solos. Lo necesitamos. Mi exceso de horas en el trabajo y sus nervios pre-examen nos están pasando factura, y apenas hablamos. Cuando lo hacemos, acabo agachando la cabeza porque ella está soportando demasiada presión y no quiero discutir. Y ella lo sabe, porque en otras circunstancias ya me habría echado en cara mi pasividad ante las discusiones.
Ya que me he puesto a escribir, y no sé cuándo encontraré otro ratito, no puedo pasar por alto mi último capricho. Y es que no deja de ser un capricho el manos libres para el coche que me compré el otro día. Sí, hablo por teléfono, y mucho, pero como apenas conduzco los días de diario, pues tampoco me hacía una falta extrema, pero no me puede aguantar. Estaba de oferta a 139€, y teniendo en cuenta que la multa son 125€ si te pillan, pues casi que merece la pena. Además, el otro día me fijé que cuando hablas por teléfono cuando conduces, haces las cosas mecánicamente y no te das ni cuenta de por dónde vas ni cómo. Me pasé casi 20 minutos hablando por teléfono y cuando me quise dar cuenta ya había llegado a mi destino. Intenté hacer memoria de por dónde había ido y no me acordaba, así que debe ser cierto lo de que es una causa directa de accidentes.
Y nada más. Que me marcho a casa. Que prometo volver pronto y que me disculpen todos aquellos que entran y entran en mi blog para ver si hay algo nuevo y no lo encuentran. Y que me disculpen también aquellos a los que suelo acudir y comentar sus posts.
Prometo regresar a la normalidad en breve.

09 mayo 2006

Sequía bajo la lluvia

Llevo unos días entrando y saliendo del blog como de puntillas.

Me conecto para escribir algo y cuando estoy delante de la pantalla no encuentro nada que decir. Escribo y borro, escribo y vuelvo a borrar. Miro la pantalla una vez más, y le doy al botón de salir para hacer otra cosa.
En la calle ha dejado de llover. Y aquí dentro, también hay sequía.

04 mayo 2006

A lo loco

Y llueve, y llueve y llueve.

Pero hoy es uno de esos días en los que ver y oler la lluvia nos viene bien a todos. Mañana editamos un número especial con un montón de páginas más de las habituales. Todas ellas llenas de letras y de publicidad, lo que supone un montón de trabajo para todo el mundo. Sí, facturaremos una pasta, pero la semanita y media que nos hemos metido no se paga con dinero. Si hubiésemos tenido que sufrir los calores de los últimos días durante estas fechas, la cosa se hubiera convertido en un infierno.
Lo extraño del caso es que, aunque apenas me da tiempo a ver a los niños porque llego a casa casi a las diez de la noche, en ningún momento me he sentido agobiado por el trabajo ni me he llevado problemas a casa. También influye que no hay problemas que llevarse a casa. Llego contento. Me da pena no verles tanto como yo quisiera, pero sé que es una etapa importante para todos y que hay que echar el resto para sacarla adelante, porque puede ser el inicio de algo muy bonito. Al fin y al cabo, en las etapas en las que el trabajo no aprieta tanto, abuso del tiempo que empleo para asuntos propios y se lo quito a mi trabajo, así que no tengo derecho a quejarme en absoluto.
Y mañana, otra vez de viaje para llevar ordenadores y todo tipo de cosas a nuestra nueva oficina porque nos ponemos en marcha con el nuevo periódico en dos semanas. Reunioncita informal, instalación de programas, comida, reunioncita menos informal de tarde y para casa a disfrutar del finde.

Mira tú qué suerte

Estoy obsesionado con mi estado financiero. No porque sea un tipo agarrado, todo lo contrario, sino porque me gusta saber en todo momento en qué calamitoso estado se encuentra mi economía. Y por eso, mi primera visita de internet de cada día es la página de mi banco. Y cuando digo mi banco no es por que sea mío, sino porque sólo tengo uno.
Mi banco es de esos que te da puntos por cada euro que te gastas (¡son más buenos...!) y ayer me dio por mirar el listado de premiados. Y allí estaba yo, bueno, mi mujer, que para el caso es lo mismo porque todo es de los dos, o mejor dicho, nada es de los dos. Y nos ha tocado un fin de semana para dos personas en cualquiera de los tropecientos hoteles que participan en esta promoción.
Ahora tenemos que buscar un fin de semanita en el que nos podamos escapar en plan solteros y sin compromisos a disfrutar de nuestros cuerpos en algún sórdido hotelazo de cuatro o cinco estrellas sin temor a despertar a nadie o que nadie nos interrumpa en el momento más inoportuno.
Me pido uno con playa.

02 mayo 2006

Cosas de padres

Hoy mi niña está muy guapa.

Me apetecía decirlo.

Nueva temporada

Imposible sacar un ratito para desahogarme en el blog.

Llevo dos semanas que no paro, y esta también promete.

El finde, pues de casa en casa y de barbacoa en barbacoa. Se nota que ha llegado la primavera y todo el que tiene un jardín se calza las bermudas y la manga corta y se va a la carnicería a comprárselo todo. Todo para asar, claro.

El viernes en casa de los pichuchus, que ya iba siendo hora. Llevábamos meses sin vernos. Cuando no era una escapada a la playa, era otra a esquiar, y si no una cena con compañeros o un cumpleaños de alguien. Total, que no paran en casa lo suficiente para que vayamos nosotros a saquearles la despensa. Para tanto es la cosa que el jueves pasado, que tuve que acercarme a la Capital del Imperio a cerrar un chanchullete, me dio por llamar al pichuchu y resulta que estaba allí porque tenía un congreso, así que quedamos y nos pusimos hasta las cejas de cerveza y de pinchos de esos que te aumentan las lorzas unos cuantos gramos por bocado. Todo muy bien si no fuera porque empezamos a las 11 de la mañana con una ración de sepia seguida de un montadito de solomillo con cabrales de esos de morirse. Los demás pinchos, no los cuento, que me da cosa. El caso es que tenía que haber vuelto a las 11:30 del viaje relámpago y me vine después de comer con el miedo en el cuerpo porque tenía que conducir y corría serio riesgo de dar positivo. Así que ese mismo jueves quedamos para comer en casa de los pichuchus para el sábado. Barbacoa, of course. Como los niños son amigos desde que nacieron, nos dieron un día infernal porque cuando no lloraba uno, el otro se le tiraba encima, o le pegaba un puñetazo, o le quitaba los juguetes, o la bici, o la comida, o el Dan-Up... así que tuvimos que salir a la carrera a dar una vuelta por la urba para ver si se calmaban, pero no hubo forma. En fin.
El domingo, tonelada de ensaladilla en casa de mi suegra, seguida de gambas, langostinos y solomillo a la pimienta, café con magdalenas y siestita inevitable porque el cuerpo aguanta lo que aguanta. Por la tarde, visita al parque. La primavera es lo que tiene, que a parte de la temporada oficial de barbacoas, también se abre la de los parques infantiles. Un horror.
Y el lunes, otra barbacoa, esta vez de verduras, en casa de mis cuñados. Con bien de vino, cerveza y chupitos de cereza hasta que se acabó la botella. Paseo por el campo y juegos con los niños en plan cometas y escondite inglés. Todo muy divertido. Ya tenemos fecha para la próxima, que será el domingo que viene.
Hoy hace un día casi de verano. Las guiris andan medio desnudas por la ciudad rojas como un tomate y dispuestas a tirarse en medio de cualquier plaza a tomar el sol.
Vamos, lo de siempre