31 enero 2006

¿Quién maneja los hilos?

A media mañana me preparé, como de costumbre, mi cafetito de máquina. De reojo no pude evitar echarle una miradita al lugar donde tenemos todos los complementos que hacen de este momento algo tan apetecible. Donettes, pastas y las rosquillas de la abuela de I. recién traidas del pueblo. Juraría que una de ellas tenía ojos y me guiñaba el izquierdo de manera provocativa para que mis manos la acariciaran y la acercaran a mi boca. Imaginé su sabor, ya que el olor llegaba perfectamente a mi nariz. Una de mis manos hizo ademán de acercarse a ella, pero mi cerebro le ordenó a voz en grito que no lo hiciera. Ella, muy disciplinada, volvió a su sitio. Pero, ese olor... Mi nariz órdenó a mis pies que se acercaran sigilosamente, mientras mis manos seguían moviendo la cucharilla de plástico dentro del vaso. Pero en ese momento mi cerebro, siempre vigilante, y en un astuto golpe de efecto, provocó que uno de ellos se enganchara en el cable de la fotocopiadora, y que el resto de mi cuerpo se abalanzara sobre mi silla, que fue la que evitó que terminase en el suelo. Por suerte, mis manos agarraron el vaso de café fírmemente evitando que se derramase ni una sola gota.
Mi cerebro, mientras me sentaba, obligó a mis ojos a mirar justo delante de mi, bajo la pantalla del ordenador. Y ahí estaba, sobre el taco de Post-it amarillos que nunca utilizo. Una brillante y maravillosa barrita de energéticos cereales sin calorías y con 0% de materia grasa que, quien sabe por qué, compré hace unos días en el súper.

¿De qué estamos hablando?

Resulta que ayer me paso toda una comida de trabajo aguantando una conversación intragable en la que el término estrella fue el "break-even". Yo, como es lógico, aguanté el tipo y la cara de póker para que no se me notase que no tenía ni puñetera idea de lo que era aquello. "Break-even" por aquí "break-even" por allá, alcanzaremos el "break-even" en breve, nuestro objetivo es obtener el "break-even" entre todas nuestras empresas, con todas nuestras sinergias nuestro "break-even" será casi inmediato...
Me faltó tiempo para consultar qué era el famoso "break-even" en internet, y resulta que es "el volumen de ingresos necesario para cubrir los costes fijos y variables de la compañía. A partir de este punto, la sociedad obtiene beneficios." Es decir, lo que toda la vida se ha llamado punto de equilibrio.
Hay que ser gilipollas.

30 enero 2006

¿Alguien puede explicármelo?

¿Qué tiene el pelo de una mujer para que le cueste 39 euros cortárselo mientras que a un hombre le cuesta 7?

-4

Esos son los grados que grita el panel luminoso de la farmacia que tengo enfrente. Y digo que los grita porque en cuanto te asomas a la ventana es como si se te metieran dentro diciéndote: !Ni se te ocurra salir!
El fin de semana ha sido, como se preveía, helador. El sábado comenzó a nevar a las siete y media de la tarde y no paró hasta bien entrada la madrugada. Me pasé parte de la noche asomado a la ventana. Los coches se deslizaban sin control como si fuesen barcos de papel arrastrados por el viento. Poco a poco el tráfico fue desapareciendo y la ciudad quedó como abandonada. El paisaje era extraño. La ciudad había pasado a ser otra en unas pocas horas. Había nevado más veces en los últimos meses, pero no de esta manera. Lo más curioso es que la gente empezó a salir de casa. Unos con la excusa de pasear al perro y otros, simplemente, a disfrutar de esa otra ciudad.
Si distinta fue la noche, más aún lo fue la mañana. Cientos de personas se echaron a la calle a jugar. Pequeños y mayores se vistieron de excursionistas domingueros y con sus botas de montaña y sus monos de esquí lo llenaron todo. Nunca imaginé que en esta ciudad podrían existir tantos trineos.
Y esta mañana, vuelta a la realidad. La nieve se había convertido en hielo, y el camino al trabajo se ha hecho aún más duro de lo normal para un lunes. Con 10 grados bajo cero y las orejas a punto de romperse, he llegado a una oficina helada después de dos días sin vida. Vuelta a los correos con virus, a las llamadas telefónicas interminables, a las cartas que comienzan con aquello de "Estimado amigo" cuando ni siquiera conoces al que estás escribiendo. En fin, que hasta la vida misma parece haberse congelado y repite una y otra vez la misma imagen.

27 enero 2006

Dr. Jeckyll & Mr. Hyde

El otro día me compré una bufanda de rayas de colores. De esas bien mulliditas y que dan un calorcito casi humano. 3 euros en una manta de la Gran Vía de Madrid. La mejor compra del invierno.
Y es que cuando salgo de casa y me marcho a cualquier otra ciudad, me da por hacer cosas raras que jamás haría en la mía. ¿Una bufanda?, ¿pero si en mi vida me había puesto una?. Pues ahora resulta que no salgo de casa sin ella, y si se me olvida, cosa nada rara en mi, resulta que la echo de menos .
Me pasa lo mismo en verano. Mi look veraniego es totalmente diferente al del larguísimo invierno. Paso de la corbata a la chancla con la misma facilidad que me tomo un café de máquina. Y en ambos casos debo reconocer que me gusto. Y que voy elegantísimo. Soy un ejecutivo de playa con cubo y pala, sombrilla, esposa y niños.
Por cierto, ayer reservé el apartamento de la playa para este año. Segunda quincena de julio. Una pasta, aunque he de reconocer que casi trabajo para pasar esos días allí haciendo lo que más me gusta. NADA. Pero NADA DE NADA.
Ya queda menos.

El hombre del tiempo

Así lo llamaba mi abuela. Aparecía siempre al final del telediario, y no se levantaba de la mesa hasta que escuchaba el "parte". Pues resulta que "el hombre del tiempo" ha dicho que este fin de semana va a nevar, y desde luego hoy hace un frio espantoso, así que probablemente sea cierto.
He notado que últimamente yo también tengo esa fijación por saber qué tiempo va a hacer. Como si no lo supiera de antemano. En una ciudad en la que tenemos que encender la calefacción casi a finales de agosto y mantenerla encendida hasta bien entrado junio, es algo absurdo pretender que te digan algo distinto a que va a hacer un frio tremendo. Aún así, cuanto más histriónico es el presentador, más me gusta ver su programa. Mi number one es, sin duda, el de Antena 3. Cuenta las previsiones como si le fuera la vida en ello: se agacha, manotea, explica las isobaras, los frentes cálidos, las borrascas y los temporales de nieve con una emoción que me deja boquiabierto. Hipnotizado sería más correcto. Pero el tema no para ahí, ya que en la radio también tengo mi preferido. Y ese es, por encima de cualquier otro, Florenci Rey en la Cadena Ser (también en CNN+). Es como el Félix Rodríguez de la Fuente de las ondas. El que te abre la puerta de par en par a un mundo misterioso y adivina el futuro. El que te explica el tiempo que va a hacer en Laponia el 25 de junio de este año sin que le tiemble la voz y sin ninguna duda.
Y toda esta afición, me temo, por culpa de mi abuela. Va por ella.

26 enero 2006

¿Somos originales o no?

En la boda del sábado, mientras me tomaba un buen copazo con mi codo derecho apoyado en la barra del bar, empecé a pegar un repaso a todos los miembros de la oficina que estaban haciendo el loco en la pista. Y me di cuenta que, para los pocos que somos, tenemos de todo. A saber:
  • O: El novio. Tropecientosmil años viviendo con su novia y hace un mes abre la puerta una mañana y nos dice: "Me caso el 21 de enero". Y todos con la boca abierta. ¿Y por qué?, preguntamos todos haciendo coro. "¿Y por qué no?", respondió él con la locuacidad que le caracteriza. Y va y se casa en enero. Pues mira, me alegro. Es un buen tipo.
  • N: Casada, con una niña pequeña. Conocí a su marido el sábado. Resulta que también había trabajado en mi anterior empresa y acabó como yo, mal.
  • L: Soltera. Qué digo, ¡solterona!. Nos reímos mucho con ella. A veces la tratamos demasiado mal, pero se enrrolla y entra en el juego. Un descubrimiento.
  • N: Gay. El mejor diseñador de publicidad que me he encontrado en toda mi carrera. Rápido, perfeccionista y con un gusto exquisito. No da un ruido. Tiene novio, pero no nos lo ha presentado nunca. Se nos marcha en junio. Una pena.
  • T: Madre soltera. No sabe, ni quiere saber nada del padre de su hijo. Buen fondo, pero le pierden las formas. Una lástima.
  • L: Divorciada. Una hija. Buena gente, y cotilla como yo. Divertida.
  • I: Soltera. La conciencia social de la empresa. Idealista y llena de esperanza en el futuro. Juega al fútbol y busca novio. Un encanto.
  • D: Gay. Impagable su entrada en la oficina aquel día de verano que regresó del FIB con ese megabolso transparente con rayas verdes, su camiseta blanca por fuera, sus chanclas y sus pantalones de lino. Todo blanco. Y acompañado de un canadiense con melenas que hablaba perfectamente español y del que no se ha separado desde entonces. Nos dejó en noviembre. Se marchó a Manchester con su canadiense y está encantado. Echa de menos a I, su mejor amiga. ¡Viva el Messenger!. Es nuestra unión diaria con él.
  • L: Muy joven. Demasiado. Becaria desde hace menos de un mes. Muy callada.

Y TODOS nos llevamos bien.

¿No es increíble?

La cafetera

Tenemos en la oficina una cafetera de esas en las que tienes que introducir un cartucho blanco y redondo para poder tomar una especie de líquido marrón con sabor a ¿café?. Si lo piensas bien es bastante asqueroso, y si te fijas en el líquido que va cayendo en ese miserable vaso de plástico, sólo es de color café los dos primeros segundos, ya que el resto parece, símplemente, agua sucia. Y no digamos el último chorrito que sale cuando le das al botón para parar la máquina. Resulta que no te da tiempo a retirar el vaso y acabas bebiéndote el agua que limpia el conducto. Vamos, un asco.
Pero, teniendo en cuenta que en la calle hace un frío que pela, que tengo que bajar dos pisos andando, que me tomaría el café solo, que no fumo, y que prefiero tomarme el café perdiendo el tiempo navegando o escribiendo estas tonterías, pues al final no me sabe tan mal.
Si a todo esto añadimos los filipinos, las pastas, los morenitos y todas las cochinadas que al cabo del día vamos subiendo entre todos, resulta que además me apetece.
¿A que me tomo uno ahora mismo?

25 enero 2006

¡Lo conseguí!

Al fin tengo todos mis enlaces alineados y ordenaditos.

Me ha costado, pero lo he conseguido.

Hay que ver lo fácil que es ser feliz, aunque sólo sea por un momento.

Y me puse...

... a trabajar. No sólo porque era miércoles, sino porque me acordé de que venía el jefe supremo y tenía que comer con él.
Y voy y consigo un par de contratos de nuevos anunciantes que redondean el presupuesto semanal y por tanto el resultado del mes. Aunque el objetivo estaba cumplido por los pelos, este hombre es insaciable, y siempre me lo sube a última hora "un 10 porcientito más, que está chupao".
Le tengo mal acostumbrado. Me pica y al final consigue lo que se propone.
Parezco tonto.

¡Miércoles!

Ya estamos a miércoles y yo por estrenarme.

Esta semana no he hecho nada. Pero nada de nada. Cero patatero. Va a ser verdad que necesito alguien que me dé caña constantemente para no perder el ritmo. Navegar por internet, leerme todos los blogs que he encontrado (¡hasta los chinos!), meterme en todos los foros y páginas de noticias y de actualidad, descargarme programas... Eso es lo que he estado haciendo estos días.
¡Miércoles!. Mañana cerramos la edición de esta semana y yo perdiendo el tiempo.
Voy a tomarme un café, y me pongo.

24 enero 2006

La comida de los ex

Estas comidas son las que me gustan. Dentro de un rato he quedado con varios de mis excompañeros/as de trabajo. Quedamos para comer, aunque en realidad lo que hacermos es despellejar a nuestra anterior empresa y reirnos de sus desgracias. Es divertidísimo.
Poco a poco hemos ido saliendo todo el grupo. Unos en mejores condiciones que otros, pero felices de marcharnos de un lugar en el que no nos querían, no nos apreciaban y no nos valoraban en absoluto. ¿Y qué ocurrió?, pues que trabajamos bastante menos, ganamos bastante más y somos infinitamente más felices. ¿Y los que aún no se han marchado?, pues aún están peor de lo que estaban. Es decir, que acertamos cuando nos fuimos.
El primero en salir fui yo, y mi salida arrastró con ella a otra compañera. Un año después acaba de marcharse otra. En los dos casos he tenido la oportunidad de influir en la empresa que las ha contratado, y eso me llena de orgullo, porque sé que tanto ellas como su nueva empresa van a estar a gusto.
Si a eso añadimos el daño que le hacemos a nuestra antigua casa, mejor que mejor.
Y ahora, a disfrutar.

Sangre

Eso es lo que ahora mismo tengo en la lengua de tanto mordérmela.
Acabo de tener una conversación con una petarda que me debe dinero y que está intentando dilatar el pago todavía más. Y eso que la factura "sólo" es de junio del año pasado...
Encima me tengo que callar para no ponerme a su misma altura y decirle todo lo que me venía a la cabeza en ese momento.
Será gilipollas.

23 enero 2006

¿Alguien quiere trabajar?

Es increible, pero llevo más de cuatro meses buscando alguien que quiera trabajar y no lo encuentro. Me da igual hombre que mujer, joven que viejo, guapo que feo, alto que bajo. Sólo quiero alguien que no me dé problemas y que quiera ganarse un dinerillo al mes. ¿Es que nadie quiere trabajar en esta ciudad?
De camino al trabajo paso por infinidad de tiendas en las que destaca un cartel que dice: "NECESITO COMERCIALES", así que parece que no soy el único. ¿Qué está pasando?. No hace tanto que vivía con mis padres y necesitaba algo de dinero para huir de ellos o para viajar a cualquier parte. Hubiera matado por un trabajo, y más por uno en con un horario libre y sin ataduras.
El jueves pasado creí haber encontrado, por fin, a una persona. Habíamos quedado hoy a las cinco de la tarde, y un rato antes me avisa por correo electrónico de que se lo ha pensado y que "no le apetece".
No entiendo nada.

Hoy no me puedo levantar

Y nos fuimos al teatro. Al musical de Nacho Cano. Nos lo pasamos de miedo. 4 horas de musical y sin mirar el reloj ni un solo momento. Espectacular.

El día fue muy completo, aunque llegamos bastante tarde. Había mucha niebla en la carretera y adelantar era imposible, así que nos lo tomamos con calma. Cuando llegamos sólo nos dio tiempo a pasear por Chueca, tomar unas cañas, comer en La Tasquita de la Calle Ballesta y acercarnos al teatro. Impresionante. Y no iba yo muy convencido, pero he de reconocer que salí con un nudo en la garganta.
No pudimos quedarnos a dormir. Lástima. Habría sido un día redondo y una noche memorable.

19 enero 2006

Veinticinco

Se me ocurre una rima con el título de este post, pero no la digo.

El caso es que, con este, ya son 25 los pensamientos que he desparramado en el blog.

Pues eso.

Uno menos

Se me va pasando. Ya casi no me duele. Lo peor de todo es que después de un dolor como el de hoy acabo destrozado. Es como si me hubieran dado una paliza, y caigo en la cama desplomado. Este cansancio suele durarme el día siguiente, aunque lo importante es que el dolor no me repita.
Mañana tengo un día diferente. Nos vamos al teatro. Pasaremos el día fuera, solos. Nos parecerá increíble, o al menos eso creo. Desde las nueve de la mañana tendremos todo el día por delante para disfrutarnos. Ella y yo. Desayunaremos tranquilamente en alguna cafetería nada más llegar. Cafetito, zumo de naranja y tostada. Pasearemos tranquilamente cogidos de la mano. Sin prisas. Como antes. Disfrutaremos del dulce placer de no hacer nada más que ver pasar el tiempo juntos. Cuando llegue la hora de comer la llevaré a mi restaurante favorito. Será la primera vez que ella lo disfrute. Le he hablado mucho de él. Siempre que he comido allí lo he hecho por motivos de trabajo. Esta vez es diferente. Iré a comer, no a trabajar. Cafetito y al teatro. Tras la función, cena desenfadada en otro restaurante con encanto y vuelta a casa. Se nos estropeó el fin de semana juntos por culpa de una boda, o más bien, por culpa de mi nefasta memoria, que me jugó otra mala pasada y no me avisó de que este fin de semana no podíamos ir a ninguna parte.
Pero ya lo tengo todo preparado. La próxima salida será dentro de un mes. Ella no lo sabe, pero la llevaré a la playa. Sí, en pleno febrero, pero a la playa.

Mañana no vengo

No me da la gana. Me voy de viaje.

Mi cabeza

Hoy me duele. Ya ayer lo veía venir. A los que nos duele la cabeza con frecuencia sabemos prever cuándo se acerca. Aura, lo llaman los expertos. Putada, lo llamaría yo.
Es como estar en el corredor de la muerte. Sabes lo que te va a ocurrir y no puedes hacer nada para evitarlo. Aún no se ha inventado, aunque parezca increíble, nada para eliminar este dolor. No se ponen de acuerdo ni en el nombre, así que cómo van a conseguir algo que lo cure. ¿Migraña o jaqueca?. Vaya estupidez.
En estos momentos me imagino un diminuto ser traladrándome el ojo izquierdo desde el interior. Cada vez con más fuerza. Cada vez con más ganas de hacerme daño. El dolor se extiende al resto del ojo en forma de palpitaciones. Es como si me estuvieran intentando sacar el ojo izquierdo con una cuchara y se les hubiese quedado el nervio óptico enganchado en el interior de mi cabeza. Y tiran de él, y vueven a tirar. A intervalos regulares y sin pausa alguna.
Mi estómago también se alía con mi ojo y me recuerda su presencia constantemente con una sensación de saciedad desagradable. Tengo ganas de vomitar.
Me molesta escribir. La pantalla me produce mareos.

18 enero 2006

No me acuedo

Soy la persona con peor memoria que conozco.

Si ahora mismo me preguntasen qué es lo que llevo puesto tendría que mirarme para acordarme. No sé si reir o llorar, pero es cierto. Desde que puedo recordar (ahora mismo me doy cuenta de la tontería que voy a escribir) se me olvida todo casi al instante. Es decir, que como no me acuerdo de nada, seguramente lo que estoy escribiendo sea una invención. O no. Vamos, un lío.
Pero yo tengo una teoría diferente de lo que me sucede. En realidad existe un complot a nivel internacional contra mi que pretende volverme loco. Porque no es posible que no me acuerde de nada, ni tampoco que de lo poco que supuestamente me acuerdo lo haya interpretado mal. Vaya, que de lo poco que llega a mi cerebro, encima voy y lo malinterpreto. ¡Que no!, ¡que no puede ser!
Se me había ocurrido un final muy gracioso, pero acabo de olvidarlo.
En fin, ya me acordaré.

¿Y si me quedan dos telediarios?

Mientras escribo todos estos pensamientos me doy cuenta del tiempo que pierdo navegando. Horas y horas cada día para ...¡VISITAR SIEMPRE LAS MISMAS PÁGINAS!

Resulta que cada cierto tiempo hago una limpieza del histórico de mis páginas visitadas, por aquello de que el que se siente en mi ordenador no haga lo mismo que hago yo cuando me siento en el ordenador de otro: cotillear. Y curiosamente, tras días y días de navegar por aquí y por allá, no he visitado más de una docena de páginas. Páginas de noticias, información general, informaciones periodísticas, blogs periodísticos, páginas de periódicos españoles y extranjeros. Estoy enfermo de información, y no puedo remediarlo. En el coche sólo escucho emisoras convencionales, y cuando me canso de tanta tertulia y tanto tertuliano que sabe de todo, me conecto a (¡sorpresa!) RNE5, es decir, una emisora de ¡todo noticias!.
Pero ahí no para la cosa. Llego a casa y enciendo la tele. ¿Y qué veo?, noticias. En los cortes publicitarios de las películas o de las series que me gustan cambio de canal. ¿Y qué canal busco?: CNN+, Euronews, CNN, FOX TV...; más noticias.
Creo que voy a morir de actualidad.

Estoy aprendiendo

Lo intentaré. Haré pruebas, modificaré parámetros una y otra vez hasta que lo consiga. Y llegará el día en que todos los cambios que estoy haciendo en el blog a base de ensayo/error, ensayo/error...tomen la forma adecuada.
Paciencia. Estoy aprendiendo.

Egoismo

Es lo que peor llevo del comportamiento humano. Una persona egoista es lo peor. No se dan cuenta de la imagen que desprenden. Al principio, o al menos es lo que me ocurre a mi, no se les da importancia. Y ellos se crecen. Cuando no les paras a tiempo su egoismo crece de manera exponencial. No tienen límites.
Tiendo a ser demasiado complaciente con todo el mundo. Las cosas que me ocurren las medito, las guardo. Lo bueno ( o lo malo) es que no tengo buena memoria, y las cosas acabo olvidándolas. El problema es cuando todo ocurre en un tiempo muy corto y mi memoria aún no ha borrado esos archivos. Entonces es cuando exploto. Y es que no tengo término medio. O me callo y aguanto estoicamente lo que me echen, o comienzo a decir verdades y no dejo títere con cabeza.
Me viene de familia. Está en nuestros genes. Unos tienen la suerte de haber heredado los genes de la respuesta inmediata y otros (entre ellos yo) los de efectos retardados. No sé cuál de las dos opciones es mejor.
Ayer fue uno de esos días en que la gota que colma el vaso cayó. Y el líquido empezó a derramarse sobre la culpable. Pero tuvo suerte. Tenía una cita y tuve que marcharme. Cuando regresé ya no estaba. Yo, mientras tanto, planeé cuidadosamente mis acciones.
Se acabaron las contemplaciones.

17 enero 2006

J.A.

Me acogió como si fuese un hijo más.

Me enseñó todo lo que pudo. Lo que sabía y lo que iba descubriendo.

Creía (sigue creyendo), que todos tenemos algo bueno en nuestro interior. No aprende. No aprenderá jamás.
Tuvo que jubilarse prematuramente. La tensión del trabajo le pasó factura. No se puede ser bueno. Abusaron de él, un día tras otro, año tras año. Y al final tuvieron que abrirle para sacarle del cuerpo toda la maldad que habían vertido sobre él y que pacientemente había tragado. Estuvo al borde de la muerte.
Hoy me he tomado un café con él. Tiene buen aspecto pero, al igual que yo, tiene clavado muy en su interior todo el daño que le (nos) hicieron.
Yo, por suerte, escapé a tiempo. Si hubiera aguantado un día más, habría terminado como él.
Fue mi ejemplo, desde el principio hasta el final. Y nos quedan muchos, pero que muchos cafés.
Gracias.

Lo que vale la pena

Desde que comencé en mi nuevo trabajo no tengo que llevar traje y corbata. Después de tantos años al principio se me hacía raro, pero ahora lo que se me hace raro es tener que ponérmelos.
De lo que también me he dado cuenta es que ya no me invitan a ninguna parte. Puedo comer en casa, llego a horas razonables (incluso a veces me escapo a media mañana y no regreso más...), disfruto de los míos y tengo tiempo libre. No había caído en este detalle hasta que empecé a recibir llamadas de amigos a los que continúan invitando y me preguntan si yo voy a asistir a alguna de esas reuniones/comidas/cenas/presentaciones. Me da la risa. Yo, de camino a casa para comer cualquier cosa que me apetezca y cómodamente vestido, y ellos aguantando los chistes de siempre y los abrazos cínicos con puñalada trapera. Ha sido una liberación, física y mental.
Por otra parte me da que pensar, y me reafirma lo que sabía desde hace años. Eres lo que representas. En el momento en que dejas de ser esa figura pasas al olvido, aunque no para todos. Esos que te siguen llamando, los que no se quedaron con lo de fuera, son los que importan. Y en la agenda de mi teléfono conservo muy pocos números.

Sorpresa

Esta noche he recibido mis tres primeras visitas. Ya no puedo volver a preguntar aquello de ¿hay alguien ahí?.
Parece que sí, que hay alguien.
Me he sorprendido. He sentido emoción y, por qué no decirlo, algo de vergüenza. Cuando lo pienso tengo una sensación extraña. Como si alguien hubiera invadido mi intimidad. Aunque era consciente de que llegaría el momento en que alguien me leyera, en el fondo creo que no lo deseaba.
Me queda el consuelo de que mis visitantes no hablan mi idioma.
¿O sí?

16 enero 2006

El final de un lunes (y II)

Tenemos varios teléfonos. Unos sirven para llamadas locales, otros para móviles, otros diferentes para llamadas locales, y otros para llamadas al mismo operador. Vamos, un lío que tardas varios días en entenderlo, y que meses después de estar utilizándolos a diario todavía dudas.
Esta mañana se estropeó el único teléfono sin hilos que tenemos. No ha funcionado en todo el día...hasta hace un par de minutos en que ¡sorpresa! alguien ha llamado y ahora funciona perfectamente.
¿Casualidad?. No, lunes.

El final de un lunes

Dentro de un rato volveré a casa y está empezando a llover. Esta mañana salí con el paraguas porque se había pasado todo el fin de semana lloviendo y nevando, así que decidí cargar con él para evitar empaparme como otras veces, pero no hizo falta. No cayó ni una sola gota. Cuando salí de casa esta tarde ni siquiera pensé en volver a traerlo. Y ahora llueve.
Es lunes.

Verano

Sexo en Nueva York

Ayer vi la serie por primera vez. Símplemente genial.
El caso es que había leído infinidad de críticas sobre la serie y todas eran buenas, pero siempre me había dado pereza verla. A veces me sorprendo a mí mismo. ¡Un teleadicto militante como yo perdiéndose una serie como esta!

13 enero 2006

Catorce

Ya lo tengo todo preparado. La reserva está hecha y el recorrido memorizado. Sólo falta planificar la estancia y las visitas.
Sí, ya sé que falta más de un mes, pero siempre he tenido esa manía. Planifico los viajes con tanta antelación que me paso semanas emocionado y sin dejar de pensar en ellos. Eso me ayuda a disfrutarlos mucho más. Investigo, planifico, visito páginas web, hablo en varias ocasiones con la persona que nos recibirá en el alojamiento elegido... Vamos, que me pongo bastante pesado. Lo bueno de todo es que no se lo digo a nadie. Lo vivo yo solito, y lo disfruto aún más pensando en todo lo que me queda por hacer y lo sorprendente que va a resultar para ella.
Será nuestro fin de semana. Una sorpresa por nuestro decimocuarto aniversario. ¡14 años!. Cada vez que lo pienso hago la cuenta para asegurarme de que es correcta. Uno, dos, tres...¡catorce!.
Cada día está más guapa. Tengo que decírselo más veces.

12 enero 2006

Tomando forma

Poco a poco todo va tomando forma.

Mear

Venía escuchando la radio y entrevistaban a una persona que estaba hecha un manojo de nervios porque un cantante muy famoso iba a visitar el estudio. Había seguido toda su carrera, saltando de grupo en grupo hasta que se convirtió en solista. Le gustaba todo: su música, sus letras, su forma de bailar, su físico...
Siempre me ha llamado la atención ese tipo de gente que se ve atraido de una manera casi enfermiza hacia otras personas, sobre todo si se trata de gente con una determinada edad, es decir, gente que se supone que tiene sentido común y una personalidad totalmente desarrollada. Me atraen especialmente esos individuos que hacen del fútbol su vida. El partido del domingo, el del miércoles, el programa de radio nocturno, los goles de la jornada y el pobre árbitro que siempre se equivoca en contra de los suyos. Me parece algo incomprensible.
Debido a mi trabajo en todos estos años he conocido a multitud de políticos, deportistas, presidentes de empresas, consejeros delegados y ejecutivos de renombre. Gente que acapara buena parte de los minutos de televisión y radio cada día, y cuyas fotos se publican un día sí y otro también. De algunos ya me he olvidado, aunque son más los que me han olvidado a mi. Menos mal. Conocerlos me ha enseñado a renunciar a cualquier tipo de admiración previa hacia nadie. La mayoría de ellos me decepcionaron tanto que marcaron mi relación con el resto.
Un día ocurrió algo que cambió para siempre mi punto de vista sobre todos ellos. Fue en un acto público de esos en los que tienes que permanecer sentado horas y horas haciendo como que te interesa todo lo que el orador de turno está contando. Y yo allí, en primera fila con la sonrisa bien presente en mi cara, pero con el pensamiento fijo en mi vejiga y mis ojos clavados en el reloj de pulsera deseando que la tortura terminase cuanto antes para poder ir al cuarto de baño. Después de media docena de abrazos y palmadas en la espalda, y con varios apretones de mano por el camino por fin tuve la oportunidad de aliviar esa presión que ya se hacía insoportable y lo que es peor, estaba empezando a ser muy difícil de disimular. Entré tan rápido que ni siquiera me fijé en la persona que estaba a mi lado. Tan solo cuando sentí la increíble sensación de bienestar que supone relajar los músculos y que todo ese líquido acabe saliendo al exterior me di cuenta de que estaba acompañado. No me lo podía creer. Aquel que minutos antes estaba en el estrado y que seguramente aparecería en el telediario de la noche estaba meando con la misma expresión de placer que yo. Me miró, nos saludamos con la cabeza y miramos hacia otro lado. La meada más larga de mi vida.
Ese momento nos situó a ambos al mismo nivel. No había ninguna fama, ningún poder, ningún atractivo en aquella situación que le hiciera más poderoso que yo. Eramos iguales.
Dudo mucho que haya otra situación que iguale más a las personas que el acto de mear. Bueno, hay otra, pero no he coincidido nunca con nadie en un trance semejante. Al menos por ahora.

Invierno y niebla

Hace frío. Mucho.
Todos vamos con los cuellos encogidos y las manos en los bolsillos. No caminamos, corremos a refugiarnos. Aunque sea en la oficina. Hice el amago de entrar en una cafetería, pero me he dado la vuelta en la puerta. No me apetecía.
La verdad es que hoy no me apetece hacer nada. Estoy raro. ¿Será la niebla? La niebla me produce un efecto extraño. Por la noche me encanta. Cambia por completo la ciudad y a las personas, o por lo menos esa es la impresión que me da. Me parece mágica. Sin embargo, durante el día, me molesta. No me deja ver, y eso me incomoda. Es como si se instalara dentro de mi cabeza y me pusiera un velo detrás de los ojos que me impide ver con claridad, no tanto a los demás como a mi mismo. Me nubla los pensamientos. Además, me produce dolor de cabeza.

11 enero 2006

Al fin solos

Estoy pensando en hacer un viaje. Ella y yo solos. Sería nuestra primera escapada después de casi cuatro años. Me apetece, y creo que a ella también, pero en nuestro interior nos gustaría ir acompañados por los niños. Ninguno de los dos se atreverá a decirlo, pero no será lo mismo sin ellos.
Creo que nos hace falta salir solos. Un par de días para hablar, dormir, amarnos. Lo que antes hacíamos y ahora echamos de menos. Viajar, conocer sitios nuevos. Aquellos sitios a los que siempre quisimos ir y de los que siempre hablamos. "Tenemos que ir algún día". No nos cansamos de repetir una y otra vez lo que tenemos que hacer. Y nunca lo hacemos. Al final acabamos yendo a lugares en los que ya hemos estado más veces y donde lo pasamos muy bien. Para qué cambiar si estás agusto en un sitio. ¿O es por eso precisamente por lo que deberíamos cambiar, para no estropear los buenos recuerdos?
El caso es que me paso todo el año soñando con esos días de verano en que volvemos a nuestro paraíso de vacaciones. ¡Qué lugar!. Una playa preciosa, larga, muy larga. Y un pueblo que no tiene nada especial. No hay callejuelas estrechas ni edificios significativos. ¡Nada!. Pero me encanta, o mejor dicho, nos encanta. Algún día compraré una casita con vistas a ese mar que no me deja en todo el año. Lo oigo. Lo huelo. Sueño con él.
Esta vez me la llevaré también al mar, pero a una playa desconocida. A un pueblo donde no hemos estado y donde siempre hemos querido ir. No sabe nada. No le voy a decir nada. Será una sorpresa.

La vida

Me he quedado solo. Todo el mundo se ha marchado. Unos a tomar su café de media mañana, y otros a cumplir con sus citas pendientes o a vender.
Nadie me llama. No consigo hablar con nadie. Y el mes avanza. Y los objetivos están todavía lejos. No sé si llegaré. Quiero pensar que los superaré, pero cada vez que hago una predicción el resultado es el contario, así que prefiero no decir nada.
Nunca he sido supersticioso, pero últimamente pienso demasiado en ello. ¿Coincidencias? Supongo que sí, pero...
La verdad es que no me puedo quejar. Me gusta mi trabajo, y todos mis compañeros son buena gente. Es la primera vez en muchos años que me apetece venir a trabajar cada mañana.
En los dos últimos años he cambiado dos veces de trabajo, una por voluntad propia y otra por voluntad "ajena". En el primer caso estaba harto. Harto de aguantar todos los días a un tipo soberbio y prepotente que pretendía obtener más cuanto más le daba. Y me marché. No me arrepiento. Tenía que haberlo hecho antes, pero el miedo me paralizaba. Una vez tomada la decisión, y comprobado que el mundo seguía girando, me alegro cada día más.
A los dos meses estaba trabajando en otra empresa. Tenía despacho, secretaria y todas las decisiones pasaban por mis manos. El sueldo era importante y la carga de trabajo muy inferior a lo que estaba acostumbrado. En teoría, la situación ideal. Sólo duré nueve meses. En este caso tuvimos que llegar a un acuerdo para rescindir mi contrato. No había jefe prepotente ni soberbio. El jefe era, simplemente, la hija del propietario de la empresa, y por lo tanto las decisiones las tomaba ella sin contar conmigo. Una tarde de viernes me comunicaron que la empresa no me necesitaba, ya que las decisiones era mejor que las tomase sólo una persona, y esa persona no era yo. Rescisión, liquidación y para casa. No me preocupé en absoluto. Mi anterior salida me enseñó que la vida va tapando los huecos que vamos dejando a nuestro paso.
A los quince días me ofrecieron mi actual puesto de trabajo. Y soy feliz.

Rabia

Sólo puedo escribir mientras trabajo. Entre reuniones, llamadas telefónicas, correos electrónicos, visitas y cafés, puedo siempre encontrar un ratito para escribir. Pero muchas veces me planto ante el ordenador y me quedo, símplemente, en blanco.
Lo peor es que en cuanto salgo a la calle para volver a casa comienzo a vomitar pensamientos que me gustaría dejar escritos por aquello de recordar lo que uno piensa y que merece la pena ser escrito.
Y me da rabia.

10 enero 2006

Se acabó por hoy

Finaliza aquí mi primer día de bloggero.
Me ha gustado, aunque me sigo preguntando: ¿hay alguien ahí?
No sé si quiero saber la respuesta.
Hasta mañana, quien quiera que seas.

Mundo Blog

Llevo toda la tarde pegado a la pantalla del ordenador y pinchando en todos los blogs que encuentro a mi paso. Hay de todo: diarios, fotos, recuerdos familiares, porno de todas las razas, ofertas de venta, consejos... Es increible.
Y yo creía que lo había visto casi todo. Gran parte de mi tiempo lo paso navegando y enviando correos electrónicos, pero nunca me había parado a echar un vistazo al mundo de los blogs. Creía que estaba copado por profesionales que tenían algo que decir, aunque cierto es que la mayor parte de mis visitas a cualquiera de ellos eran muy decepcionantes.
He encontrado mucho más interesantes las páginas de aquellos que vuelcan sus sentimientos más o menos íntimos que las realizadas por supuestos profesionales.
Me alegro. Sigue sobresaliendo la normalidad.

Estoy preocupado

Estoy preocupado.
Acabo de crear un Blog, y no tengo ni puñetera idea de lo que estoy haciendo. Y eso me preocupa, porque se supone que alguien acabará leyendo estas cosas.
¿Hay alguien ahí?
Espero que no.
El caso es que siempre tuve ganas de escribir algo y no tuve el valor suficiente para lanzarme a ello. Y aquí estoy, escribiendo lo que se me viene a la cabeza sin ton ni son.
Es divertido.