29 junio 2012

Leerse el enunciado


Tengo comprobado que nadie se lee los correos electrónicos, y aquellos pocos que lo hacen los leen deprisa y corriendo. Hacen una lectura en diagonal para ahorrar tiempo y lo que consiguen es no enterarse de nada.

Ayer mi móvil comenzó a sonar a las 23:15. El número que aparecía no pertenecía a nadie conocido, así que descolgué con la incertidumbre de saber quién sería mi interlocutor a unas horas tan intempestivas. Era el padre de uno de los compañeros de mi hijo con los que pasaremos el fin de semana compartiendo casa rural en Asturias preguntándome cómo llegar hasta allí, porque llevaban ya un rato dando vueltas y no eran capaces de encontrarla.

-¿Encontrarla?, ¿la casa rural?, pero…¡pero si el día de llegada era mañana!, ¡si hoy no…!, ¿me estás diciendo que ya estás en Asturias?
-¿Pero vosotros dónde estáis?, ¿no era a partir de hoy?
-¿Pero no te has leído el correo electrónico?
-¿Entonces…no podemos dormir hoy allí?

Yo me encargué de reservar la casa rural hace meses porque me veía venir que nos quedaríamos sin alojamiento, y no me equivoqué. Quienes no lo hicieron con suficiente antelación se han encontrado con muchas más dificultades y han terminado alojándose donde buenamente han podido. Puesto que la casa rural era enorme, poco a poco se fueron apuntando “familias afines” con las que hemos hecho buenas migas y que nos parecen personas razonables. Razonables, sí, pero despistadas.

Me marché a la cama con el disgusto de sentirme en parte culpable, aun sabiendo que todo había ocurrido por no leer bien un correo electrónico.

Nosotros saldremos hoy viernes nada más terminar de comer y llegaremos algo antes de la caída de la noche. Puesto que el torneo en el que participan nuestros hijos ha empezado ya y nos vamos a perder los dos primeros partidos, pasaremos el día del sábado disfrutando de la costa asturiana, la gastronomía local y unos paisajes inmejorables. Allí esperaremos el resultado del último partido, que también nos perderemos, y organizaremos el día siguiente.

Si todo va bien, el domingo asistiremos a la fase final y aún nos dará tiempo a volver a casa para disfrutar de nuestra irreconocible selección española.

Hala, hasta el lunes.

28 junio 2012

Formas de ser


Quiero irme de vacaciones, y quiero irme ya. A estas alturas del curso me siento cansado, y el excesivo calor hace que mi natural inclinación al solaz se acentúe y, por tanto, cada tarea suponga un esfuerzo ímprobo. Esto no sería ninguna novedad ni me preocuparía más de lo necesario si no fuese porque la semana próxima me lo juego todo a dos cartas y ambas tengo que jugarlas el mismo día. Una por la mañana y otra por la tarde.

La de la mañana ayudaría mucho a cuadrar otro año triunfal y a adornar mi agenda con una salida al extranjero que, todo hay que decirlo, me apetecería bastante. La de la tarde sería un pelotazo para varios años en los que cobraríamos un fee mensual por hacer mucho o no hacer nada, es decir, tendríamos una base facturable mensual y, a mayores, una facturación individual por piezas diseñadas y campañas programadas. Un chollo, vamos. Lo mismo que ahora hacemos pero cobrando sí o sí. Comenzaríamos el próximo año con un presupuesto ya afianzado que daría mucha tranquilidad al tratarse del mayor inversor publicitario, sin duda, de esta ciudad.

Y yo pensando en vacaciones. Y sé muy bien por qué: porque ya se acerca la fecha y me puede la ansiedad, y porque tengo que mantener mi mente alejada de las preocupaciones para poder rendir bien en los momentos críticos. Soy así de raro, necesito verme con la soga al cuello para ponerme a pensar y sacar lo mejor de mí. Si perdiera menos el tiempo y dedicara todas mis energías a mantener esa capacidad, me iría mucho mejor.

También sería menos feliz.

27 junio 2012

Echando humo

Lo de ayer en la capital del reino fue terrible. Encontré a la gente asustada y no era para menos. A primera hora de la mañana el termómetro del coche ya marcaba 28 grados, así que el día prometía. Y no fallaron las previsiones. 

Ayer pude salir en los telediarios. O mejor dicho, pude provocar una noticia de primera página porque el coche, en pleno centro de Madrid, comenzó a echar humo y tuve que acercarme como buenamente pude hasta un lateral para no liar el mayor atasco de la historia reciente. Un calentón que resultó ser, al llegar sano y salvo al taller oficial ya entrada la tarde, una avería en el alternador que puede provocar la sustitución del coche de la empresa por uno nuevo. Estimaron la avería en un mínimo de 800 euros, así que entre este y algún otro susto que ya nos ha causado en viajes anteriores, no será ninguna sorpresa que este último episodio suponga su sustitución. 

Y es que someter a una máquina ya entrada en kilómetros a los 44 grados de ayer, con el aire acondicionado a tope, más el atasco diario de la capital, más el desplazamiento a Móstoles y a Arganda del Rey, más ida y vuelta a la capital charra tiene su precio.

Pero, accidentes a parte, todo fue sobre ruedas. Buena impresión del cliente a la propuesta, buena respuesta del fabricante a las modificaciones del cliente y un nuevo trabajo de edición bajo el brazo para después del verano. De mis negocios con futbolistas, buenos presagios.

Y hoy, sin viaje ni nada, la cosa también promete. 26 grados a las 07:45 y muchos mocos, así que me largo a una farmacia a por Frenadol.


25 junio 2012

Ola de calor

Bueno, pues ya ha llegado. Ya está aquí el verano en su máximo esplendor, alcanzando la barrera de los 40 grados a estas horas y bajando apenas de los 20 durante la noche. Era lo que estábamos esperando y, a las primeras de cambio, el personal se lo ha tomado fatal. Nadie por las calles y, los osados, botella en mano sufriendo lo suyo.

Yo prefiero esto a lo del mes de enero. Prefiero ir buscando la sombra que la calefacción. Prefiero ir con la camisa por fuera que cargado de pieles. Sí, vale, hace calor, pero ni es para tanto ni tenemos por qué quejarnos. Pueden quejarse los que trabajan con pico y pala, los que asfaltan carreteras, los que venden pollos asados o las planchadoras de las tintorerías, pero el resto tenemos que callarnos la boca.

Además, se cruza uno por la calle, insisto, con unas bellezas ligeras de ropa que quitan el hipo. Anhela uno esas fresquitas cervezas que degustan los ociosos en las terrazas. Envidia el que esto escribe a los que se encuentran dentro de las piscinas en plena chicharrera. Pero quejarme, lo que se dice quejarme, no me quejo.

Mañana tengo que acercarme a la villa y corte para hacer un par de mandados. Una reunión a dos bandas en pleno centro a primera hora de la mañana y otra a medio día en una de las ciudades dormitorio al oeste de la ciudad famosa por culpa de unas empanadillas. Si todo sale bien, de mañana depende que el próximo mes de diciembre pase tres agradables días de trabajo en la ciudad de Manchester. 

Y una vez finalizados los compromisos laborales, desplazamiento al otro extremo de la gran ciudad para meterme de lleno en un sarao particular que presenta el deportista en activo más laureado de este nuestro maltrecho país. Comida de confraternización y punto de partida para un futuro empresarial lleno de éxitos, y vuelta a casa con la conciencia bien tranquila y esperanzas de un futuro mejor.

Hola ola.

19 junio 2012

Disfrutando

Vale, que soy un cochino, y que hay mezclas que un sibarita no admitiría.

¿Y qué?, ¿acaso no puede uno hacer lo que le venga en gana en su cuartito de hora de café?

Pues yo voy y me tomo un café con leche con salmorejo.

Y a 1,90€, oiga.

18 junio 2012

Café pingado


Yo sé que esto puede parecer ridículo, pero no miento si digo que este fin de semana he perdido años de vida. Qué nervios, qué sinvivir, qué sufrimiento. Y todo por un torneo internacional de fútbol sala en el que participaba mi hijo. Se sufre por los goles ajenos, por los propios, por los fallos, por las faltas, por las alegrías y por las penas. Qué ilusión pasar a una final y qué manera de aguantar el tipo tras la derrota para que los niños, que han aportado todo lo que tenían, sufran lo menos posible durante el tiempo que pasa entre el pitido final y la entrega de premios. Porque, una vez asumido, una medalla y un trofeo consuelan lo que parecía inconsolable.

Han sido dos días en el Portugal profundo. En un lugar donde los cafés costaban 55 céntimos y sólo había mujeres por las calles. Mujeres que se desplazaban en bicicletas con cestita portando flores, siempre flores. Mujeres que conducían tractores desvencijados. Mujeres que vestían largas faldas de grueso paño y sombreros de paja. Donde los hombres sólo habitaban los bares. Desconozco su forma de llegar a ellos. Sencillamente, allí estaban, acodados en la barra, sin hablar con nadie y viendo el fútbol en la tele. Y barbacoas. Muchas barbacoas. Café y asado, buena combinación.

Y allí, en mitad de la nada, entre maizales y huertos repletos de grelos, un complejo polideportivo como no había visto jamás. Con residencia, pistas deportivas de todo tipo, pabellón cubierto, piscinas, comedores, auditorio… Y me sentí más hermanado que nunca con un país al que siempre hemos dado la espalda y minusvalorado hasta el desprecio. Me sentí como en casa: un lugar repleto de obras faraónicas donde el dinero se ha gastado a manos llenas para llegar a ninguna parte.

O mejor dicho, para llegar a donde estamos.

13 junio 2012

No te veo. No existes



No sé muy bien por qué, hay gente a la que retiré el saludo sin motivo alguno. Por pereza, quizás. Por timidez, tal vez. Por desgana, también. Por… vaya usted a saber.

Viviendo en una ciudad pequeña como esta en la que tarde o temprano terminas por tropezarte con quien no debes, eso de dejar de saludar a la gente conlleva el pago de excesivos peajes. Ahí va alguno:

  • Fue profesor mío. De Filosofía, para más señas. Era cura, hasta que dejó preñada a la hija de un militar chusquero que vivía, curiosamente, en el portal de al lado del mío. Desde hace años somos vecinos, compramos en la misma frutería y nos cruzamos día sí y día también en el mismo trozo de acera. Él me conoce, y yo a él. Él no me saluda, y yo a él tampoco. Cada vez que le veo le recuerdo con sotana, un cáliz en la mano y dando la comunión en la capilla del colegio. Supongo que a él le traigo también recuerdos que preferiría olvidar. No nos saludamos y todos tan contentos.
  • Era un mal bicho. Vamos, lo que es ser un mal bicho a los doce años. Era repetidor, lo que conllevaba un halo de maldad intrínseco que se acentuaba con los constantes abusos al prójimo. Mal hablado, pendenciero, de dientes amarillos y siempre despeinado, terminó siendo expulsado del colegio y desapareció durante muchos años. Hoy, mira tú por dónde, regenta la óptica que se instaló hace ya un par de años en la esquina de mi manzana. Cruzo por delante de su puerta a diario, y muchas veces me lo encuentro fumando apoyado en ella saludando a todo el que por allí pasa. Menos a mí, al que mira con insistencia buscando un cruce de miradas que le lleve a entablar una conversación a la que no estoy dispuesto. Porque no me da la gana.
  • Me quiso más que yo a ella. Fue uno de esos amores no correspondidos porque yo, qué le vamos a hacer, bebía los vientos por otra. Lo intentó, vaya si lo intentó. Y yo, ni caso. Por más que se arrimaba, por más que lo pedía, por más que lo gritaba, yo, ni caso. Hasta que se cansó, claro. Y yo descansé, también. Perdimos el contacto durante muchos años en los que yo supe de ella y ella de mí, pero sin más interés que el meramente informativo. El pasado viernes me la encontré en unos grandes almacenes. La reconocí por el rabillo del ojo mientras pedía en el departamento de atención al cliente, por enésima vez, la clave de acceso de mi tarjeta para operar por internet. Hice como que jugueteaba con mi hija para pasar el mal trago de tenerla a menos de tres metros y no decirle nada. Hasta que ella, viendo que me hacía el remolón, me dijo: “¡Pero bueno, no me lo puedo creer!. Pero si estás igual que hace…¿cuánto?, ¿14 ó 15 años?. Es increíble, a los demás les he seguido viendo, pero a ti no. Y estás igual: sigues teniendo pelo, no tienes barriga… ¿pero cómo lo haces?”.  No pude por menos de agradecer todos sus halagos y corresponderlos. Estaba como yo la recordaba. Una rápida puesta al día de nuestros respectivos estados civiles e hijos que aportábamos cada uno, alguna que otra carantoña y cuatro cariñosos besos hicieron que mi mujer, emboscada tras unas estanterías de comida para mascotas, esbozara más de una socarrona sonrisa cuando se reunió conmigo unos minutos después. “¡Ay, Pernam, Pernam…!”, me dijo mientras se agarraba a mi brazo.
¿Y, ahora que caigo, qué haría mi mujer en la sección de mascotas si no tenemos ninguna?


11 junio 2012

¡Tengo de todo, oigaaaaaaaaaaa!



Estoy preocupado. El inocente comentario que hace unos días me hizo mi mujer me cambió el gesto, y ella lo notó. “Mueves mucho las piernas en la cama”, me dijo. “Ayer me dormí mientras contaba los segundos que pasaban entre uno y otro movimiento. 14. Aunque pusiera yo mis piernas sobre las tuyas, tú seguías moviéndolas cada 14 segundos”.

Creo que soy hipocondríaco, pero siempre con alguna justificación.

Hace unos meses comprobé que, tras desayunar determinado tipo de cereales, unas horas después mi vientre se movía como el de Kane en la nave Nostromo. Eso, unido a un extraño estreñimiento nunca antes padecido me llevó a consultar en Google. El resultado apareció inmediatamente: era celíaco. Todo coincidía. O casi todo. O una parte. O casi nada, pero podría ser. Fuera cereales.

Tras el episodio de mis piernas, y algún otro detalle que yo mismo aporté (también me ocurre cuando estoy empezando a relajarme, aunque sea en el sofá frente a la tele), decidí ir al médico. Claro está que yo ya llevaba mi propio diagnóstico gracias, de nuevo, a una rápida consulta en Google: Síndrome de piernas inquietas. Todo coincidía. O casi todo. O una parte. O casi nada, pero podría ser. Esta vez le di mayor importancia a mi diagnóstico y solicité hora a mi médico de cabecera, un tipo bastante socarrón y con bastante gracia que se empeñó en restar importancia a todo cuanto yo le decía, aunque me extendió una receta y me explicó muy detalladamente cómo tomar dicho medicamento.

Así que aquí estoy, sin cereales matutinos que ponen imaginarios huevos de alien en mi estómago y tomando ansiolíticos para un mal que según mi médico no tengo.

Por cierto, el prospecto alerta de muchos efectos secundarios, entre ellos, impotencia.

Lo que me faltaba.

05 junio 2012

Estoy con lo mío



Me ocurre cada cierto tiempo y se va tal cual viene. De repente, y día tras día, me despierto a la misma hora. Mi vejiga me pide alivio y no me queda más remedio que levantarme y concedérselo. A la misma hora. Día tras día. Y un buen día, fin.

Ahora mismo me encuentro en pleno proceso de despertarme a las 06:00, minutos antes o minutos después. Es curiosa la puntualidad de mi vejiga. Lo mismo da que me vaya a la cama habiéndome bebido un litro de agua justo antes que sin haberla probado desde media tarde. A las 06:00, diana.

Eso, añadido a que ya hace suficiente calor como para tener que dormir con la ventana abierta, y que esto supone que hay que acostumbrarse a hacerlo con los ruidos propios de la calle, provoca que no duerma nada bien últimamente. Además, en el trabajo empieza a notarse que llega el verano, y la intensidad está bajando día a día, lo que hace que los procesos que en otras ocasiones llevaban poco tiempo se vayan alargando por falta de presión, lo que provoca a su vez cierta ansiedad por un futuro incierto. Vamos, lo normal, porque por mucho que digamos, el verano es el verano y todo se ralentizará de aquí a septiembre.

Este ralentí propio del estío me causa impaciencia, y mi cabeza viaja hasta la playa, lo que hace que mis nervios se acumulen y provoquen un estrés prevacacional que me causa impaciencia, y volvemos a empezar.

La idea es reformar el estudio durante las vacaciones de verano, así que corremos el riesgo de que la vuelta sea aún menos gratificante de lo normal al aterrizar en un local en pleno derribo. Porque, digan lo que digan, y aunque parezca que todo el mundo está mano sobre mano en este país, me apuesto un huevo a que: 1) Va a resultar complicado encontrar una empresa que haga la reforma, y 2) será imposible que la haga en el tiempo que necesitamos.

Vamos, que estoy más bien de bajón.