18 junio 2011

928

Uno siempre tiene la impresión de que las empresas grandes lo son porque están bien organizadas. Se supone que todo sigue una estructura previamente fijada por unas mentes preclaras y excepcionales que han conseguido que todo funcione como una maquinaria bien engrasada y a prueba de sobresaltos.

Pero la realidad te demuestra que, por regla general, las grandes empresas son como las pequeñas y funcionan a salto de mata o siguiendo los impulsos de unos dirigentes que, segúramente llevados por los vapores etílicos y en plena bravuconada de medirse la polla con el de al lado, se empeñan en demostrar a los demás que la tienen más larga y más gorda.

Y por culpa del tamaño de sus pollas, llevo dos meses alimentándome un día sí y otro también de sandwiches de gasolinera y botellas de agua, o de menús de restaurante chino a 5,95€ o, en el peor de los casos, comiendo a la hora de cenar cuando mis hijos ya están acostados. 

Y es que la polla tiene mucho poder. Y no digamos si la polla es femenina. Porque las mujeres, a veces, tienen la polla aún más larga y más gorda que los hombres, aunque no se les vea. Así que entre las de los unos y las de las otras llevo corriendo por toda esta ciudad y varias de los alrededores durante los últimos 60 días.

Porque no puede ser que me suene el teléfono a las 9 de la mañana de un jueves para decirme que tengo que viajar ese mismo día en Zamora, Valladolid, León y Madrid, pero pasando antes por el ágora local, para hacerme a la idea de una campaña gráfica al mismo tiempo que tomo medidas de toda pared, columna, espejo, escaparate, puerta, display, mesa o superficie plana que tenga a mi alcance, para darle color a esa nueva idea de mis cojones, de los suyos, que tiene que estar lista el lunes.

Porque no puede ser que se firme un contrato en febrero para celebrar un evento de 10 días en el mes de junio y me toque estar de los nervios y correr como pollo sin cabeza durante las dos últimas semanas porque a las señoritas les dé por consensuar todas las decisiones, incluidas aquellas en las que hay que decidir sobre si un documento se guarda en word o pdf. 

Porque ya está bien, hombre, ya está bien.

Porque lo que yo quiero es jubilarme y no estar metido en una zanja, a pleno sol, como el hombre al que ayer vi mientras esperaba a que el disco rojo cambiara de color. Porque uno, a esos años, ya no está para estar metido en zanja alguna.

Yo no quiero medir mi polla con nadie o, si lo hiciera, que mis actos de demostración de virilidad no supusieran obligar a los que tengo alrededor a hacer imposibles.

02 junio 2011

927

Acabo de descargarme el borrador de mi declaración de la renta.

Cuando me recupere del susto, a lo mejor lo cuento.

O me exilio y que me busquen.

926

Hay cosas que marcan las estaciones del año. Y no son las fechas en las que comienzan o terminan, sino cosas más simples. Pura apariencia.

En verano, a parte de los calcetines, no llevo ni reloj ni alianza. Todo me molesta, con todo sudo. Y hace algo más de un mes que desaparecieron de mi muñeca, el reloj, y mi alianza de mi dedo anular de la mano derecha. Para quitarme los calcetines otros años he esperado a que llegase la temporada de piscina para tener los tobillos algo tostados y poder lucirlos con cierta dignidad. Pero este año no. Este año decidí no pasar calor desde el primer día de sol, así que me he paseado por doquier con los níveos tobillos al aire tan solo cubiertos por los pantalones de verano recién adquiridos.Cierto que procuro no cruzar las piernas para no cegar la vista a mis interlocutores con el resplandor de mi carne, pero tampoco me escondo.

Y tomada la decisión de "veranizarme", siempre lo he mantenido hasta las últimas consecuencias, es decir, las primeras lluvias y fríos otoñales. Pero resulta que ayer hacía un frío que pelaba y, tras la comida, no pude por menos de retroceder en mis posiciones y sacar del cajón un buen par de calcetines para dejar de tiritar.

Y es que con la edad me estoy volviendo más práctico. ¿Que hace frío?, nada de andar por ahí a cuerpo gentil haciéndome el machote. ¿Que hace calor?, pues todo lo posible al aire y a levantar la barbilla como un legionario. ¿Que por la mañana hace frío y por la tarde calor?, pues cuarto y mitad de cada cosa.

Por estos lares, lo del cuarenta de mayo se lleva a rajatabla, y uno ha visto ya de todo. Los que no lo han visto son los miles de guiris que por aquí campan y con los que te cruzas de buena mañana, a escasos 6 grados de temperatura, con chanclas y tirantes muertos de frío. O están colorados por exceso de sol o porque la muerte les ronda por causa de la hipotermia.

A estas horas, 5 grados.