31 mayo 2011

925

Esto se me muere. Y se me muere igual que creí yo morir alguno de estos días pasados.

Y es que llevo dos semanas de infarto porque todo sale mal. Pareciera que el tal Murphy, ese al que todo el mundo cita cuando la cosa va de mal en peor, se hubiera quedado a vivir con nosotros.

Quince días en los que cualquier diseño no encajaba, cualquier documento informático se corrompía, cualquier libro no dejaba ser maquetado, cualquier trabajo de imprenta salía mal y cualquier página web se colgaba. Clientes fuera de si, proveedores que no daban crédito, diseñadores boquiabiertos y equipo comercial apagando fuegos.

El caos absoluto.

Mi corazón, poco acostumbrado ya a estos avatares, a punto de caramelo. Y mi tensión, por las nubes.

Lo único bueno de estas dos semanas es que, entre los nervios y mi autoimpuesto régimen preveraniego, estoy estupendo. Un esfuerzo más y el fin de semana que viene estrenaré la temporada de piscina como en mis mejores tiempos.

Hoy, de cena, fruta.

16 mayo 2011

924

Yo, si fuera un tipo normal, aprovecharía los fines de semana para descansar.

Pero claro, un tipo normal, un español de raza, pondría a su santa en su sitio y le diría aquello de: "¡Mujer, que me bajo al bar a tomar un chato!, ¡volveré a eso de las dos, así que ya puedes tener preparada la comida porque a las tres vuelvo a bajar a echar la partida!, ¡y luego, me largo al fútbol, así que no me esperes levantada que la cosa se me va a alargar!

Y así, el sábado y el domingo. 

Pero yo, un marido moderno y urbano, está a lo que le manden. Y tras llevar al niño al partido de fútbol sala el sábado, casi de madrugada, el que suscribe tiene que hacer la compra. Y después, las camas. Y más tarde, mira tú qué suerte, resulta que tengo una comida con unos amigos y, por tanto, imposibilidad física de echarme la siesta. Y el domingo, tócate los güevos, me encuentro que mi hermana ha decidido celebrar su cumpleaños invitándonos a comer en la sierra y tengo que hacer de chófer por tener un coche de 7 plazas.

Y llega uno al domingo por la noche hecho unos zorros y con ganas de que llegue el fin de semana siguiente para descansar.

Pero es que el fin de semana que viene, también hay plan.

¿Apostamos por el siguiente?

10 mayo 2011

923

No puedo por menos, y me pasa lo mismo en invierno, de intentar imaginarme pasear por las mismas calles en condiciones absolutamente opuestas. Es decir, imaginarme hoy, a casi 30 grados de temperatura, la misma estampa con los mismos viandantes pero abrigados hasta las cejas en lo más crudo del invierno. Y lo dicho, en invierno, hago la operación contraria e intento caminar, muerto de frío, imaginándome a mí mismo en mangas de camisa y disfrutando de la calorina.

Y es que estas tierras tienen esa característica singular de contar con unas temperaturas extremas que, sin exagerar, difieren unas de otras en unos 50 grados de nada. Porque a ver si hay alguien que me discuta que nos pasamos medio invierno cerca de los 10 grados bajo cero y otro tanto del verano rozando los 40. Tiene huevos la cosa. No me extraña que los foráneos se quejen, y no soy yo muy partidario de esa opinión, de que tenemos un carácter especial y más bien frío. Y a fuerza de escucharlo una y otra vez, no me va a quedar más remedio que darles en parte la razón. Aunque no me extraña, porque pasar de una temperatura ártica a otra ecuatorial, por muy distantes que estén las estaciones del año, no hay cuerpo ni mente que lo soporte más de unos cuantos años. Así las cosas, parece ser que se nos va agriando el carácter con la edad y nos convertimos en seres huraños y poco receptivos.

Aunque yo, niego la mayor.

Porque yo, lo que se dice yo mismo, soy la mar de simpático y dado a la ayuda a los demás. Mi mujer se ríe de mí porque siempre me paran los turistas y trato de darles las señas tan aproximadas, que en más de una ocasión he terminado diciéndoles que vinieran conmigo para llevarles personalmente. Porque si no lo hago, me preocupo y me paso el resto de la tarde pensando si habrán llegado o si estarán acordándose de mi santa madre por mal cicerone. Eso sí, yo, de preguntar, ni hablar. No sé si por hombre o por nativo del lejano oeste con carácter huraño y antipático. Creo que más por lo segundo, aunque también porque no me gusta relacionarme con otros a los que no conozco de nada. Yo, no molesto. Aunque, pensándolo bien, ¿si a mí no me molestan cuando me preguntan, tendría que molestar yo al hacerlo?, ¿o será porque soy un prototípico tipo antipático del altiplano ibérico?

50 grados. ¡Qué barbaridad!. ¿Pero a quién se le ocurriría plantar aquí una ciudad, en medio de la nada y en un sitio en el que te mueres de frío o de calor?. ¿No podían haberse inventado un lugar más apropiado, coño?. ¿No podrían mis ancestros haberse mudado a un lugar con playa en el que el verano fuera eterno y suave?, ¿no podría yo haber heredado alguna tierra en el actual Yucatán que fue descubierto por un antepasado mío (o eso decía mi padre)?, ¿y eso habría supuesto una mejor disposición por mi parte a entablar relaciones con otros congéneres o la cosa ya era así allá por el siglo XV?

¡Me estoy poniendo de una mala hostiaaaaaaa…!

09 mayo 2011

922

Me he puesto infinidad de veces durante todos estos días de ausencia frente a la pantalla del portátil. En alguna de ellas he llegado incluso a escribir algunas lineas que después he borrado, unas veces por lo aburrido de su contenido y otras porque no sabía cómo continuarlas. Y como no hay cosa que más ansiedad me produzca que mirar a la pantalla sin saber cómo continuar un texto, pues hasta ahora.

La verdad es que sí que tendría cosas que contar: que si la ciudad está llena de trabajos nuestros, que si llevamos un para de meses de locura, que si el tiempo no nos ha dejado movernos de casa...
Y, aunque a destiempo, informaré que mi semana santa fueron unos cuantos días no laborables que no destiné a nada en especial debido a una climatología adversa y desagradable. La dediqué, en parte, a terminar unas cuentas anuales que debía presentar en fecha y que siempre dejo para el final como un mal alumno, y a pasear con la familia propia y la política que en estas fechas se deja caer por aquí. Puedo decir que no vi ni siquiera una procesión, con lo que ya se acumulan varios años de absoluta indiferencia semanasantera por mi parte. Y no por anticlericalismo, que ya veo venir al bueno de AdMiles, sino por indiferencia y falta de atractivo. El día que la Semana Santa local se modernice y cree espectáculo al estilo andaluz, me tendrán como espectador fiel e incondicional. Pero esa supuesta sobriedad castellana en una provincia del Reino Leonés, no va conmigo. 

Laboralmente la cosa sigue bastante fuerte. Los trabajos siguen sucediéndose y, aunque alguno de ellos está a punto de finalizar, seguimos teniendo bastante lío, así que no puedo quejarme. Lo bueno de terminar los trabajos es que ves sus resultados de una forma generosa y agradecida. Los ver por la calle, en las páginas web, en los periódicos...y eso siempre gusta. Aún en el caso de que el cliente haya sido guerrero y complicado, el trabajo final siempre es bonito de disfrutar y de ver que el resto también lo hace.

Y puestos a largar, ahí va mi ración de acratismo de hoy. No puede ser, por mucho que alguien se empeñe en explicarme que este sistema es el mejor de los que el hombre ha inventado, que un país/región/ciudad/pueblo se paralice por unas elecciones. No puede ser que llevemos más de un mes sin poder contratar nada con un organismo público porque la ley electoral impide gastarse un duro para que nadie lo haga de forma partidista. No puede ser que después de las elecciones vayamos a meternos en un verano larguísimo, en medio de una tremenda situación de crisis económica, y tengamos que esperar hasta el mes de septiembre para poder mover un papel con la administración. Y es que, después de las elecciones, viene la toma de posesión que se alarga ¡hasta el mes de julio!; y que después de julio (¡maldito Zapatero!), tengamos que tener un mes de agosto inhábil en todos los aspectos de la vida pública; y que después de agosto, por fin llegue el mes de septiembre (¡viva Zapatero!) y comience entonces a moverse la pesada maquinaria funcionarial que mueve todo este tinglado que tienen montado unos pocos para su mayor gloria y enriquecimiento.

Y ya que estoy en racha, también diré que la primavera está cayéndome encima y estoy todo el día pensando en meterme en la cama con mi santa que, por cierto, no me hace mucho más caso del habitual. Y no es que me queje de lo habitual, sino que lo habitual hay ocasiones que se convierte en escaso. Pero el sueño, los niños, el trabajo, y la puta vida nos pasa por encima y no nos deja encimar con quien debemos y nos apetece.

¡Joder! (No sé si este final es más una interjección malsonante o un anhelo inalcanzable)