20 diciembre 2011

Me lo anuncia el estómago

Desde que era estudiante siempre me pasa lo mismo. Doy lo mejor de mí en las situaciones extremas y a última hora, y parece que estoy esperando a que suene la última campanada para hacer las cosas. Y la sensación que ahora mismo tengo en mi barriga es signo inequívoco de que algo está por llegar, aunque sea por los pelos.

Así que hoy me he quedado sin comer por culpa de una batería de presupuestos que tengo que entregar mañana a primera hora en el corazón del poder político de esta nuestra Comunidad. Y estoy nervioso. Y eso me lleva a amplificar en exceso las necesidades y reducir mi perspectiva sobre los tiempos, lo que provoca que a estas horas de la tarde sólo haya "comido" un café con leche para llevar del bar de enfrente y nada más.

Mañana me juego parte del próximo año con una apuesta gráfica preciosa y una presentación que, con el tiempo y un poquito de suerte, me atreveré a enseñar por aquí para sondear opiniones. No debería, pero lo haré si llega el caso.

Tras la reunión de presentación llega el tiempo del peloteo, que es lo que peor llevo de este trabajo. Esa necesidad de dorar la píldora al político de turno es algo insufrible que, he de reconocer, no se me da nada mal. Pero cada día lo llevo peor y me da más asco un sistema en el que el amiguismo es el pan de cada día y aquello de "o me lo llevo yo o lo hará otro" está llevándonos al abismo.

Y yo nos estoy empujando. Porque un grano no hace granero, pero ayuda a que todos juntos acabemos yéndonos al carajo.

1 comentarios:

rickisimus2 dijo...

Los políticos están acostumbrados a que todos les hagan la pelota continuamente. Por culpa de eso tuve un pequeño "incidente" con la superioridad, a la que le dije una verdad como un templo. Verdad a la que no están acostumbrados.