Me veo venir que voy a pasar el fin de semana sin decir ni
pío. Llevo ya dos días sufriendo un molesto dolor de garganta que, poco a poco,
va apagando mi voz y llegará a dejarme sin ella más pronto que tarde. No me
importa. Es más, casi lo agradezco. Así tendré excusa el próximo domingo para
mantenerme mudo en una comida familiarmente política que me resulta más bien
poco interesante y a la que acudirán, únicamente, mis suegros y mis cuñados#2 y
sus hijos preadolescentes y, por lo tanto, poco comunicativos.
Y es que estos catarros míos de los últimos
tiempos son así de caprichosos. A la primera carga de mucosidad le sucede un
carraspeo casi incesante que predice una tos seca bastante irritante, y
una laringitis que termina en afonía. Eso sí, durante los dos días anteriores
al apagón voy por ahí presumiendo de voz de hombre, casi de galán de cine o de
locutor de radio. Me oigo y me gusto. Y luego, nada de nada.
Así
que aprovecho el post, antes de enmudecer, para dar las gracias a todo el que
por aquí pasa y deja huella, y también al que lo hace de forma anónima, que los
hay, y se van sin decir nada.
A
los unos y a los otros, besos y abrazos.
Hasta
otro año.
2 comentarios:
¿Qué tal la garganta? ¿Resistió a las campanadas o sigues mudo?
Resistió. A duras penas, pero lo hizo.
Lo que no ha pasado es la tos.
Gracias por tu interés.
Publicar un comentario en la entrada