01 diciembre 2011

966


Al final no ha habido reunión. Un correo recibido a las once de la noche de ayer donde me comunicaban que la única persona con decisión final sobre la web no iba a poder acudir provocó mi inmediata llamada telefónica para intentar anular el viaje. Y lo conseguí.

Me costó un poco convencer al tipo que no tenía mucho sentido que me “acercase” a Madrid para nada. Y me costó porque la percepción de las distancias es diferente en función de dónde vivas. Para un madrileño no hay distancias, sino tiempo. Para un provinciano como yo las distancias se miden en kilómetros. ¿Qué son dos horas de viaje de ida y otras dos de vuelta para un capitalino?: pues lo normal, lo diario, lo acostumbrado. Yo tardo exactamente 20 minutos caminando desde mi casa al trabajo, mientras que un madrileño puede tirarse perfectamente un par de horas en transporte público, o privado, para llegar a trabajar. Y lo mismo a la vuelta.

Así que cuando intentas explicar a alguien que considera normal perder 4 horas al día en viajes metropolitanos que tú consideras anormal eso mismo, te miran como si fueses un ser de otro planeta.

Y es que tiene cojones que tarde yo menos en llegar a mi casa desde Madrid, atravesando para ello tres provincias, un túnel, un peaje y docenas de kilómetros de autopista en obras mal señalizada que un ciudadano que trabaja en Pozuelo y vive en Alcalá de Henares.

Y el paleto soy yo.

2 comentarios:

Eleuterio dijo...

Desde que vivo ein una ciudad de provincia a mí también ya me parece lejos distancias que antes eran normales viviendo en Buenos Aires o en Hamburgo.
Costumbres.

rickisimus2 dijo...

Es que en las ciudades menos grandes nos malacostumbramos. Esos veinte minutos tardaba yo en ir al trabajo cuando vivía en Las Palmas, eso sí, en guagua.