Al
final no ha habido reunión. Un correo recibido a las once de la noche de ayer
donde me comunicaban que la única persona con decisión final sobre la web no
iba a poder acudir provocó mi inmediata llamada telefónica para intentar anular
el viaje. Y lo conseguí.
Me
costó un poco convencer al tipo que no tenía mucho sentido que me “acercase” a
Madrid para nada. Y me costó porque la percepción de las distancias es
diferente en función de dónde vivas. Para un madrileño no hay distancias, sino
tiempo. Para un provinciano como yo las distancias se miden en kilómetros. ¿Qué
son dos horas de viaje de ida y otras dos de vuelta para un capitalino?: pues
lo normal, lo diario, lo acostumbrado. Yo tardo exactamente 20 minutos
caminando desde mi casa al trabajo, mientras que un madrileño puede tirarse
perfectamente un par de horas en transporte público, o privado, para llegar a
trabajar. Y lo mismo a la vuelta.
Así
que cuando intentas explicar a alguien que considera normal perder 4 horas al día
en viajes metropolitanos que tú consideras anormal eso mismo, te miran como si
fueses un ser de otro planeta.
Y
es que tiene cojones que tarde yo menos en llegar a mi casa desde Madrid,
atravesando para ello tres provincias, un túnel, un peaje y docenas de
kilómetros de autopista en obras mal señalizada que un ciudadano que trabaja en
Pozuelo y vive en Alcalá de Henares.
Y el paleto soy yo.
2 comentarios:
Desde que vivo ein una ciudad de provincia a mí también ya me parece lejos distancias que antes eran normales viviendo en Buenos Aires o en Hamburgo.
Costumbres.
Es que en las ciudades menos grandes nos malacostumbramos. Esos veinte minutos tardaba yo en ir al trabajo cuando vivía en Las Palmas, eso sí, en guagua.
Publicar un comentario en la entrada