28 noviembre 2011

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Cuando me dijeron que el viernes teníamos el compromiso de asistir a un concierto en Ávila no puse muy buena cara. Porque los viernes estoy agotado, porque no me gusta trasnochar y porque tenía que conducir 90 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta a las tantas de la madrugada. Sólo puse una condición: “tú te encargas de los niños y yo me quedo durmiendo la siesta. Si no duermo, mucho me temo que voy a daros la noche”. Así que me pasé buena tarde del viernes tirado en el sofá disfrutando de una solitaria siesta mientras mi santa se encargaba de la prole.

En los últimos 15 años apenas he pagado por asistir a conciertos. De una forma u otra, o me han invitado o he buscado la fórmula para que todos los que me acompañaban entrasen gratis. Normalmente hemos asistido como público y en bastantes ocasiones como invitados con pase VIP, pero nunca en las condiciones del pasado viernes. Por primera vez tuve la oportunidad de colarme en un backstage y compartir noche, y sobre todo copas, con los grupos y solistas. Y me gustó. Me reí como nunca y disfruté como un niño del “todo gratis y a cascoporro”.

Nos acercamos hasta el concierto de la mano de un amigo futbolista y su mujer,  que se aseguraron de que alguien nos esperase a la puerta para ser los primeros en llegar y escoger el mejor sitio. Antes de entrar habíamos quedado con otros tres amigos que venían de Madrid. Amigos suyos, no nuestros. Otro futbolista con rubia y un tipo con los pelos hacia arriba. El futbolista, más bien feo y calvo como una bola de billar. La rubia, minifaldera y despampanante de lejos pero que perdía bastante muy de cerca. El de los pelos, enfundado en una camiseta blanca marcando tableta y con una bufanda amarilla y cazadora de cuero.
Nos hicimos con una mesa en la zona VIP justo frente al escenario y las copas comenzaron a llegar. Para todos menos para mí, que era el que tendría que regresar conduciendo. Algo ocurría con la rubia y el de los pelos. La gente les miraba. A ellos y a nosotros. Hasta que alguien, dos chicas, rompió el hielo y se acercó hasta ellos. “¿Podemos hacernos una foto con vosotros?”. “Sí, claro”, contestaron ellos. Yo miraba atónito la escena porque no entendía nada. “¿Y estos dos, quiénes son?”, pregunté.  “¿Pero no les conoces?, ¡si son XX y XY, los que salen en el programa M&H de Telecinco…!”

He de reconocer que para mí, el gurú de la tele, el que todo lo ve, el que se jacta de poder ver varios programas a la vez y seguirles el hilo, el que tiene opinión sobre todo, confirmar que desconocía la existencia de estos dos personajes que salen a diario en un programa que tiene casi tres millones de personas de audiencia fue algo frustrante. Fue la primera interrupción de varias docenas durante la noche. Gente de todo tipo se acercaba hasta ellos, juntos o separados, para fotografiarse, criticarles, besarles, tocarles o, simplemente, estar cerca. La cosa era tan constante que pasada la inicial sorpresa se convirtió en algo rutinario y más bien molesto. “¿Esto es siempre así?”, pregunté. “Sin parar. Todos los días”.

Por el escenario desfilaron: Un pingüino en mi ascensor, Modestia Aparte, Iguana Tango y Siniestro Total, entreverados con un par de “triunfitos” para mí desconocidos. Fueron tres horas de recuerdos, canciones casi olvidadas y contacto terrenal con los que fueron grupos icono de una época ya pasada. Más gordos, más calvos, más viejos y, supongo, igual de borrachos que entonces.

Una noche muy, pero que muy divertida.

5 comentarios:

AdMiles dijo...

O sea, que de famoseo, por ahí se empieza y el dia menos pensado acabas llamando al telefono de aludidos del "Válgame de luxe" y después contando "urbi et orbe" las rencillas e intimidades de tu familia política, y si eres muy muy profesional incluso las de la tuya propia.

Pernam dijo...

AdMiles, para eso tengo el blog. No me da la misma rentabilidad, eso es cierto, pero así evito tanto beso y tanta foto con desconocidos que me increpan y me dicen cosas.

Porque la gente, lo he comprobado, se cree con derecho a decirte de todo sólo por el hecho de que sales por la tele.

Aquí sólo me decís cosas cuatro gatos, y siempre con cariño.

Eleuterio dijo...

Ser famoso tiene lo suyo. Esos conocidos fueron muy amables. Yo he estado con famosos que ponen unas caras que nadie se atreve a interrumpir en la mesa. Y luego se vuelven hacia tí y continúan con la conversación como si nada. Es que si no desarrollan una estrategia...

rickisimus2 dijo...

¿Qué famosos eran?

Pernam dijo...

Eleuterio,
tienes razón, o te preparas el papel o pierdes tu vida. Y tienes que elegir entre el papel de bueno y el de malo. No hay otra opción.

Rick,
créeme si te digo que se trata de famosos de medio pelo. De esos que salen en programas basura de segunda categoría. Hombres y mujeres, y viceversa, que no llegarán más allá del petardeo temporal y segundón.
Y ya no te doy más pistas.