Yo no sé muy bien por qué los tíos nos miramos de reojo mientras meamos. Allí estamos, con las manos en lo nuestro y mirando con el rabillo, el del ojo, al de al lado.
Yo no miro lo suyo porque si mirasen lo mío seguro que saldría perdiendo en la comparación, y si me paro a pensar qué es lo que miro, no sabría decirlo. Si se la sacuden al terminar, si se la exprimen, si no hacen ni lo uno ni lo otro, si tardan más que yo, si son más rápidos o...si mean a escape libre.
Y es que el otro día me encontré meando al lado de un tipo que se desperezaba estirando los brazos hacia arriba y frotándose el pelo mientras se aliviaba. Yo me imaginé haciendo lo mismo y me vi con todo el pantalón mojado porque en el estirón se me había metido lo mío hacia adentro y había terminado meándome la entrepierna.
Cosas de la imaginación y el aburrimiento. Mear es algo así como viajar en ascensor, un momento tenso.
5 comentarios:
Aquello de ver quien mea más lejos debe estar escrito en alguna parte de nuestro cerebro de primates.
Auqnue como drira un amigo de la mili, antiguo que es uno, eso de irle mirando el pito a la gente 100% heterosexual no es que pueda considerarse.
AdMiles, los últimos pitos que yo vi fueron, efectivamente, durante la mili. Y no creas que me quedaron muchas ganas de ver más, porque hay que reconocer, por muy poco hetero que se sea, que el pito es de lo más feo que tiene un hombre.
¡Eres más feo que un pito!
¿O era un pie?
No estoy de acuerdo pro razones obvias...
Y no pensé que entre heterosexuales también hubiera curiosidad por mirar la del otro en los minguitorios...cada día se aprende una cosa nueva...
Me parece que nunca voy a mear junto a ti. Por si las moscas.
:P
Hay que ver cómo sois, siempre cogiendo el rabo, digo el rábano, por las hojas.
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