Así me despachaba mi GPS cuando le marqué la dirección a la que quería llegar el sábado por la mañana.
Por eso, cuando el teléfono sonó en Ikea y al otro lado me pedían mil disculpas por el error que habían cometido y que suponía que mi reserva, realizada el 10 de agosto, no había sido tenida en cuenta y por tanto no había habitación disponible, mi estado de ánimo ni siquiera se alteró.
-¿El señor Pernam?
-Sí, soy yo
-Mi nombre es Alberto, y le llamo desde la recepción del
hotel. Lamento comunicarle que al revisar las reservas del día me encuentro con la desagradable sorpresa de que el sistema informático ha fallado y no ha volcado las reservas de internet en el planning de hoy. El hotel está lleno, y por tanto me veo en la obligación de, puesto que el error es nuestro, darle una solución y le he buscado una habitación en otro de nuestros hoteles en la ciudad, de la misma categoría para que...
-Perdone, D. Alberto. ¿Me dijo Alberto, verdad?. ¿Me está usted diciendo que no tiene disponible una habitación que reservé el 10 de agosto y que tengo confirmada por escrito?
-Pues sí, D. Pernam, lo lamento mucho, pero es que, como le contaba, un error inform...
-Que sí, que ya me he enterado. Lo que quiero decirle es que ese error es de ustedes, y por tanto no tiene nada que ver conmigo. Entiendo que las reservas que ustedes tuvieran en su hotel para hoy fueron realizadas con posterioridad a la mía, ya que cuando yo la realicé, su sistema me dijo que tenía plazas vacantes, luego no estoy dispuesto a moverme de mi hotel puesto que yo elegí precísamente ese por la ubicación, así que ya puede usted ir diciéndole a alguno de sus huéspedes que desaloje mi habitación porque en unas horas estaré por allí.
-Pero D. Pernam, es que eso no es posible. Ya le digo que ha sido un error y que hemos buscado la mejor opción en las mismas condiciones...
-La mejor opción para ustedes, no para mí. Quiero mi habitación en su hotel.
-Lo siento mucho, pero eso no es posible. Le vuelvo a pedir disculpas y le aseguro que haré todo lo posible para que la alternativa sea más favorable para usted que las condiciones que le ofrecíamos en nuestro hotel.
-Mire, no es cuestión de condiciones, sino de comodidad. Y el hotel que usted me
ofrece está bastante más lejos de lo que yo estoy dispuesto a aceptar.
-¿Viene en coche, D. Pernam?. Este hotel que le ofrezco tiene garaje...
-Claro que tendrá garaje, y lo quiero gratis.
-Ese es un extra que yo no puedo asegurarle...
-Pues si no quiere desalojar a uno de sus huéspedes, el garaje estará incluido en el precio de mi alojamiento, al igual que el desayuno.
-Pero...
-No puede haber peros, D. Alberto, así que haga, por favor, una llamada a sus compañeros del hotel alternativo para verificar lo que le estoy exigiendo, y me lo confirma telefónicamente.
-Voy a intentarlo, D. Pernam. En diez minutos le llamo.
Llamó en tres, y el garaje y el desayuno fueron incluidos en la oferta. También incluyó su apellido, que figuró en la hoja de reclamaciones que diligentemente entregué al director del hotel en el que pernocté. Eso sí, la atención educadísima de Alberto, fue lo único positivo que dejé en mi escrito.
Así, entre nosotros y sin que nadie se entere, me gustó el cambio. Sí, cierto es que estaba
lejíiiiiiiiiiiiiiiisimos comparado con la situación
inicial, pero el paseo, porque fuimos andando, merecía la pena. Hacía una tarde calurosa y era callejear por el Madrid que más me gusta, excepción hecha de la Gran Vía.
Llegamos al concierto de Elton John a la crítica hora, pero llegamos. Me pasé las tres horas siguientes con un nudo en la garganta, tratando de no montar el espectáculo en medio de un recital de canciones espectaculares y melodías que me han acompañado desde que me acuerdo. Y es que a la cuarta o quinta canción, Rocket Man, creí que ya habría llegado al éxtasis emocional, pero la cosa fue in crescendo. Tres horas maravillosas y, creo que no me confundo, el mejor concierto al que he asistido nunca (Bruce Springsteen me perdone).
Todo, absolutamente todo, ha sido perfecto este finde. La
comida y la
cena que, aunque no tenían nada que ver en estilo y contenido, van mucho con nuestra forma de ver las cosas y disfrutarlas según vienen. La mañana de
compras. Y el pre y post concierto celebrado en una cama king size deferencia del hotel frente a unos luminosos ventanales.
Hoy he desayunado en un hotel. Es de las cosas que más me gustan en este mundo.