29 abril 2010

El trébol

Era la opción menos segura, la que requería un mayor esfuerzo por mi parte y también la económicamente más importante, al tiempo que la menos probable.

Era la opción que podría dar un rumbo nuevo a mi vida en el aspecto personal y laboral.

Era la opción en la que menos posibilidades tenía por tratarse de un sector diferente al que yo había dedicado mi vida profesional hasta ahora.

"Quería conocerte en persona porque me ha gustado mucho tu currículum. Tienes experiencia suficiente, has causado muy buena impresión en la primera reunión que tuvimos y podrías encajar en el puesto, pero creo  que en este momento no tienes lo que yo busco. Es una impresión personal, claro. Puedo ofrecerte otro puesto, si te apetece, pero no en este momento, sino dentro de unos meses cuando tenga todo preparado para que tú te hagas cargo del departamento. ¿Podría interesarte?"

Por supuesto que le dije que sí. Siempre hay que dejar las puertas abiertas. Pero yo sé que esta puerta está cerrada para mí. Yo mismo la he cerrado.

Y a otra cosa.

Ahora tengo que decidirme entre las dos propuestas en firme que me quedan. Ambas me apetecen. En ambos casos me están esperando.

27 abril 2010

Tensión previa

Mi pulgar, el de la mano derecha, se resiente. Mis nervios están aflorando debido a la entrevista de mañana y, aunque a simple vista no se note, la procesión va por dentro.

Y es que soy onicófago pulgar diestro. Sí, lo reconozco. Me como una uña y sólo una. Y me la como sólo cuando mi ansiedad está al límite. Y hoy me duele el pulgar. Y eso quiere decir que me he pasado.

Y me recuerda que tengo que esconderlo e ir por la calle con el pulgar metido en mi puño, porque no hay nada que me avergüence más que enseñar una uña maltrecha.

Así que si véis un tipo que va por la calle con el puño cerrado, no os creáis que está a punto de daros un puñetazo.

Sólo está nervioso y avergonzado.

21 abril 2010

Sesos o callos

Un día después de liquidar mi relación laboral me entrevisté con una empresa de la que no había vuelto a saber nada hasta hoy. Me han citado para una segunda reunión el próximo miércoles, esta vez con el director general y fundador de la empresa.

De las tres opciones que tengo en cartera esta es la económicamente más atractiva, aunque también es cierto que es la opción laboral más sacrificada por mi parte ya que se trata de un mundo absolutamente novedoso para mí y, sobre todo, implicaría un cambio radical en mi planteamiento vital debido a los continuos desplazamientos que conllevaría, no sólo nacionales sino con frecuencia internacionales.

Mi estómago se hace notar y me avisa de que se avecina una importante cita a la que he de asistir con la mejor de mis caras, y en la que no debo fallar. Pero mi cerebro, mucho más mundano que mi estómago, se empeña en realzar la parte "negativa" del asunto y hacerme ver lo mucho que tendré que sacrificarme para demostrar mi valía y sacar el proyecto adelante.

Mi cerebro es un cabrón. Sabe muy bien cómo hacerme dudar.

Las otras dos opciones serían bastante más cómodas, aunque menos rentables. Y yo, que ya tengo una edad en la que me he vuelto muy de sofá y tele, no sé muy bien por dónde he de ir. Vamos, sí lo sé, pero no sé si me apetece.

Mañana me acercaré al mercado y echaré un vistazo a las casquerías. A ver qué me llevo.


20 abril 2010

Portero de día

RRRRRRRRRRRRRRIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNNNGGGGGGGGGG
¿Me abre, por favor?
¿Y usted quién es?
Publicidad comercial
¿Y qué quería?
Meterla en el buzón
¿Sabe usted leer?, pues lea el cartel que hay pegado en la puerta y entenderá por qué no le abro.

Esto último se lo dije mientras sonaba el ruidito ese como de calambre que hace la puerta cuando algún otro vecino menos borde que yo abría al pobre "cartero comercial" para que nos atascase el buzón de folletos. Seguro que es la del segundo.


RRRRRRRRRRRRRRIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNNNGGGGGGGGGG
¿Puede abrirme?
¿Y usted quién es?
Vengo a traer un paquete para la empresa XXX
Pues se ha confun... ¡Ah, no!, ¡suba suba!

Mi cuñado#3 tiene domiciliada en mi casa una empresa suya para hacer chanchullos para que no le relacionen con ella, y yo no me acordaba.

RRRRRRRRRRRRRRIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNNNGGGGGGGGGG
¡Cartera!. Una carta certificada para la empresa XXX.
Pues qué bien. ¿Dónde le firmo?
Qué raro que esté usted en casa. Siempre tengo que dejarle el aviso en el buzón...
Ya, pero mire usted por dónde que hoy me ha pillado...

RRRRRRRRRRRRRRIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNNNGGGGGGGGGG
¿Quién es?
¿Me puede abrir?, somos testigos de Jeová
Pues mire, no.
¿Ah, no?
Pues no, y les pido por favor que no vuelvan a llamar a este piso. Yo sé que ustedes lo apuntan todo y saben dónde tienen que volver, así que para ahorrarse una charla sobre lo mucho que me molestan ustedes cuando llaman a mi puerta, y mucho más si pretenden visitarme, les doy permiso para ponerme en su lista negra. No son ustedes bienvenidos a mi casa.
Ah, bueno, pues disculpe.
Pues eso.

RRRRRRRRRRRRRRIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNNNGGGGGGGGGG
¡Uy!, creo que me he confundido. Yo buscaba una empresa pero creo que me han dado mal la dirección.
¿Qué empresa?
Pues la XXX
Pues sí, aquí es. ¿Y qué quería?
Pues un presupuesto que tenía que recoger.
¿Y le dijeron que aquí?
No, la verdad es que no, pero me he pasado por si acaso.
Pues ya lo siento, pero no voy a poder darle su presupuesto. Pero no se preocupe, que ahora mismo hago una llamada y se lo aclaro todo.
(A ver, cuñao, que tengo aquí a un tipo que dice venir a recoger un presupuesto y se encuentra con que le abre la puerta un tipo en chándal y zapatillas de cuadros, ¿qué cojones hago?)
Que mire, que no se preocupe. Que se lo enviamos a su oficina.

15 abril 2010

Sensaciones

No os lo he contado, pero desde hace algo más de un mes tenemos un pez.

Y como últimamente paso mucho tiempo en casa, cada vez que me ve pasar me mira y aletea de forma nerviosa para llamar mi atención. 

El pobre tiene hambre. Tiene hambre a todas horas. Y espera que alguien coja el bote con láminas de colores que llegó al mismo tiempo que él y su pecera para que le eche unas pocas migajas y así poder saciarla.

Hoy me siento un poco pez.

13 abril 2010

Pecados capitales

En días como el de ayer, todo el mundo peca en esta capital. Y nosotros no fuimos menos.

Cierto es que pecamos poco, porque a diferencia de otros años, la merienda fue moderada.

Preparamos una tortilla (saco la encimera no por enseñarla de nuevo sino para demostrar que la tortilla que hace mi santa es insuperable. Con permiso de mi madre, claro)

Y poquito más...
Se me olvidó hacerle una foto al arroz con leche final.

Muy diver lo de que vuelvan las putas.

12 abril 2010

El turista accidental

Allí. Al fondo a la derecha. En aquel banco junto a una farola, y frente a la fachada de la iglesia de San Sebastián en la que fue bautizado mi padre. En ese lugar, ayer, me eché la siesta.

La idea era haber salido al campo. La ensaladilla rusa estaba preparada, y sólo nos faltaba pedirle el termo para el café a la vecina de abajo para marcharnos cuando mi mujer se giró en la cocina y me preguntó si tenía ganas de ir. Yo, muy en mi papel de esposo sumiso y obediente, contesté aquello de "me da lo mismo" y añadí un "lo que tú quieras". Realmente tenía tantas ganas de ir al campo como de escuchar misa, así que se me debió notar en la cara  tan claramente que la ensaladilla terminó en el frigorífico, la vecina se libró de ser molestada de nuevo por los gorrones de siempre y media hora después estábamos en la calle muy endomingados y con las bicis de los niños preparadas para un nuevo paseo capitalino.

Siempre me atrajo la idea de ser turista en mi propia ciudad, y ayer fue el día.

Nos pateamos la ciudad de cabo a rabo, nos sentamos en la Plaza Mayor. Sí, justo ahí en ese banco que está encima del tipo ese de la chaqueta roja. Y mientras los niños daban vueltas sin parar con sus bicis sorteando a los viandantes, yo me dedicaba a mirar  tras mis gafas de sol los escotes de las guiris tiradas por el suelo con sus bolsas llenas de hamburguesas y sus cuadernos de anillas con los que disimulaban su intención de tomar el sol con otras menos divertidas como estudiar español.

Y caminamos y caminamos, y llegamos a la catedral. Y contamos los nidos de cigüeñas, y escuchamos sus crocoteos (no tengo ningún video local...)



Y más tarde bajamos hasta el Puente Romano y desde allí vimos la Casa Lis
Y paramos a comer en un chino. Sí, ya sé que deberíamos haber comido un buen tostón
pero el viajar con niños es lo que tiene, que al final los que mandan son ellos y te pierdes lo que te pierdes. Aunque tras el arroz tres delicias, los fideos chinos con más delicias todavía y el pollo al curry, volvimos a la Plaza para saborear uno de los helados del Novelty, no porque nadie nos los hubiera recomendado sino porque había una cola tremenda y, ya se sabe, cuando hay cola lo mejor es unirse porque seguro que allí hay algo que merece la pena (o un engañaturistas, que no es el caso) Dos de chocolate, uno de queso con membrillo y otro de vainilla con cookies que fueron rápidamente engullidos.

Y mientras mi mujer jugaba al escondite con las criaturas, yo, sin ningún tipo de pudor, estiré mi cuerpo sobre un espléndido y calentito banco de granito, cerré los ojos y me dispuse a enterarme de cualquier conversación cercana de los vecinos que también dormitaban en la hierba cercana. Que si debemos pedir más dinero al banco por aquí, que si hace un calor tremendo por allá, que si tráeme una cocacola fresquita, que si mira que se hace tarde y pillamos atasco a la entrada... el sueño se apoderó de mí y hasta aquí puedo contar.

El resto de la tarde se resume en un cafetito con leche helada en un céntrico parque con bar de jubilados
en el que los niños siguieron dando vueltas y vueltas a lo que en su día fue una fuente y hoy es un parterre lleno de flores y regreso al hogar para sesión de baño y cena

En fin, un domingo muy original.

09 abril 2010

Operación bikini

Hace un par de semanas apuntamos a mi hijo a un curso de natación municipal. Por el hecho de ser municipal y, por tanto, bastante arregladito en precio, fue una suerte que le admitieran por el elevado número de candidatos. El caso es que entró, pero en un curso de "perfeccionamiento" cuando él está más bien verde en eso de nadar. Pero como "lo importante es meter la cabeza" o al menos eso fue lo que nos dijo la persona de atención al público, aceptamos el nivel porque "ya le cambiarán de grupo si ven que es demasiado para él"

El pobre casi se ahoga el primer día, y salió con tal cara de susto que en cuanto vio a su madre se echó a llorar y prometió que no volvería jamás en la vida a meterse en una piscina.

Y lo cumplió. Los tres días siguientes que tenía clase se echaba a llorar sólo con pensar que se acercaba la hora, así que lo dejamos correr. Hasta ayer.

"Deberías entrar tú con él", me espetó mi mujer ayer por la mañana. "Pagas la entrada, entras con él y le acompañas para que esté tranquilo. Y en cuanto se quede con la profesora, aprovechas para nadar un rato". "Por supuesto que sí", respondí yo sin dudarlo.
Pero claro, cuando llegó la hora de prepararse, el que casi llora soy yo. Me calcé mi bañador color encimera, me planté delante del espejo y me probé el gorro de baño. Horror.

Mal con las orejas por dentro. Peor con las orejas por fuera. Incómodo con las orejas por dentro. Mortadelo con ellas por fuera. ¿Por qué hay que ponerse gorro en verano y no en invierno?

Mi imagen reflejada en el espejo con semejante casquete en la cabeza era tan divertida que mis hijos no podían parar de reirse.

Así que cuando dejé al cachorro en manos de su monitora, me pasé cerca de 10 minutos esperando a que nadie me mirase para atreverme a ponerme el gorro y tirarme al agua.


Mi imagen, con el gorro, era muy parecida a esta  porque mi cara se estiraba lo suyo. Tendré que comprarme uno más grande.

Yo hubiera preferido esta otra.


07 abril 2010

05 abril 2010

Me quiere, no me quiere...

El principio del fin comenzó un par de días antes de Nochebuena. 

Es curioso, pero hay fechas clave que se van repitiendo a lo largo de mi vida laboral y que están empezando a mosquearme. Una es la víspera de Nochebuena, y otra son los meses de marzo y abril. 

Un par de días antes de Nochebuena uno de los socios de la empresa me citó en la cafetería de un hotel capitalino. Teniendo en cuenta que en la oficina contamos con una sala de reuniones y que el socio en cuestión (el mayoritario), tiene que desplazarse desde Madrid, la cita era lo que yo denomino Café Killer. Cuando alguien con el que trabajas codo a codo te cita fuera de la empresa, mal asunto.

Fue un café tenso. Un café con un sobrecito de azúcar nada más, y yo necesito siempre dos. Ya comenzó mal el tema por tanto, y aunque la conversación discurrió en términos muy amistosos y cercanos, eso no quitó que viviésemos un par de momentos tensos en los que nos dijimos las verdades que ambos teníamos guardadas desde hacía ya demasiado tiempo. No es bueno guardarse cosas, porque te van horadando hasta que salen, y cuando lo hacen no hay forma de pararlas. Y yo soy mucho de guardarme cosas. Cosas que se me olvidan, o eso creo, pero que cuando consiguen salir no hay forma de dominarlas. En fin, cosas de la vida.

Nos dimos un plazo. Hasta finales de febrero.

Yo ya sabía que mi destino estaba marcado, por mucho que mi socio dijese que no había por qué y que su intención no estaba predeterminada. Pero yo, que ya peino algunas canas, me conozco de memoria a este tipo de personas. Un tipo especial de personas que lo han sido todo en su vida laboral, que han acumulado excesivo poder y que están acostumbrados a ejercerlo. Una persona que ha desempeñado direcciones generales de varias multinacionales y que se permite el lujo de "retirarse" a los 47 años para crear "empresitas" por ahí y vivir de las rentas no se conforma así como así. Sí, estoy seguro que en tiempos pretéritos su forma de actuar era mucho peor, y que su carácter ha cambiado con los años hacia algo más dócil, pero el ramalazo autoritario cuando te llevan la contraria no se pierde jamás.

No le estoy echando la culpa tan sólo a él, faltaría más, porque yo también he puesto de mi parte. Nunca nos entendimos. Desde el primer momento supimos que nuestras formas de trabajar eran como el agua y el aceite, y que jamás llegaríamos a mezclarnos de tal forma que llegásemos a formar un verdadero equipo. Sí, cierto es que hemos conseguido más de lo que podíamos imaginar, pero la desconfianza mutua terminó con algo que quizás había durado demasiado. 

El día 18, víspera de puente, nuevo Café Killer. Esta vez no había marcha atrás. "Hemos de llegar a un acuerdo". Y llegamos. 

Desde entonces, estoy de vacaciones. 

Técnicamente pertenezco a la empresa hasta el próximo 15 de abril, pero la realidad es que el 18 de marzo fue mi último día. Despedida de todos ante el asombro generalizado porque nadie sabía de nuestras disputas y a casita a descansar.

Y así llevo desde entonces, viviendo la vida. Venga cafés y citas medio secretas. Venga medias verdades y verdades a medias. Lo primero que hice, ese mismo día 18, fue enviar un correo electrónico a todos los contactos de mi agenda: hoy es mi último día en esta empresa, decía, se aceptan todo tipo de ofertas, se sugería.

Y así fue. Dos minutos tardó en sonar el teléfono pidiéndome alguna explicación lógida a mi nueva situación, y en media hora ya había recibido tres propuestas firmes de trabajo. No hay que decir que mi ego se vio infinitamente reforzado y mi vanidad creció más de lo deseable pero, ¿no era para estar orgulloso que en tiempos como los que corren te tire los tejos laborales más de un pretendiente?

Y en ello me hallo. Deshojo la margarita. Este sí, por esto, este también, por lo otro, este mejor, por lo de más allá...

Y venga cafés.

Y el blog, abandonado.

Ustedes disculpen.