15 julio 2009

Que me voy

Pues eso.

Que vuelvo en agosto.

El 3, más concretamente.


Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii...

13 julio 2009

¡Vamos, vamos, vamos...!

Ahora sí que sí. Quedan tres días para comenzar las vacaciones y ya tengo el estómago como Dios manda, recordándome a cada momento que las horas van pasando y hay que prepararlo todo y dejarlo todo ordenadito y limpio para que nadie tenga que llamarme por teléfono durante las dos semanas que me pasaré con los pies en la arena.

Entretanto, el sábado estuvimos de bautizo. Mi cuñado#4 apuntaba a su retoño a la Santa Madre Iglesia en un bautizo de lo más familiar y, algo fundamental, cortito. Nada más verme aparecer por allí estiró el brazo y me encomendó leer las cuatro primeras rogativas. “Parecía que creías en lo que leías”, me dijo mi mujer cuando terminó todo. Y es que yo, cuando me pongo, soy capaz de echar sentimiento hasta en lo que está en las antípodas de mis creencias. Me tengo ganado el infierno, y de una forma más que merecida. Tras las funciones de portavoz del Bien, y de fotógrafo de cabecera, marchamos hacia el restaurante en el que celebraría la solemne ocasión. Habían elegido un restaurante sito en medio de las mejores dehesas de la tierra, así que comimos, y de qué manera, rodeados de esos toros que dan miedo sólo con mirarlos. De esos toros que, cuando salen en la tele, así de chiquititos, ya imponen. Pero que vistos al natural, rodeados de encinas directamente acojonan. Aunque, al mismo tiempo, son los animales más bellos.

Ensalada de canónigos, virutas de jamón y foie; croquetas de boletus y patatas de herradero de primero; y, en mi caso, carrilleras con reducción de Pedro Ximénez de segundo, llenaron de tal forma mi panza que ni siquiera acudí a los postres o al café. Lógico, teniendo en cuenta el vermouth con croquetas de bacalao que ya me había tomado antes de comer. La sobremesa, a la sombra de los árboles de la terraza, que no eran capaces de parar la energía que despedía el sol y que hicieron de la tarde un martirio poco menos que insoportable, así que a eso de las siete de la tarde cada mochuelo a su olivo.

El domingo rematé la faena de las cuentas anuales, así que tuve tiempo para llevar a los niños a la piscina mientras su madre preparaba las maletas. Porque no sé si alguien que no tenga hijos es capaz de imaginarse lo que supone un traslado vacacional: cubos, palas, ropa de quita y pon, de pon y quita, de reserva, de previsión, de por si acaso, de por si me mancho, de por si hace frío, de por si llueve, de por si llueve mucho, de por si llueve todo el día, de por… Y eso sin contar las tablas de las olas, las de la orilla, la cometa, la sombrilla… Y también sin contar los zapatos: de caminar, de playa, deportivos, chanclas, de agua… Y también sin tener en cuenta los accesorios: juguetes para el viaje, para la playa, DVD portátil, pelis, PSP’s, Nintendos… Vamos, que tanto nos da irnos un fin de semana que un año, porque vamos con la casa a cuestas.

¡Ah!, y que no se me olvide la abuela, que también viene. ¡Y las tías!, que se apuntan a un bombardeo.

Total, que vamos en dos coches y apretaditos.

Pero todo sea por lo que es.

Además, ya llega un momento en el que sin estas emociones, las vacaciones no serían lo mismo.

10 julio 2009

¡Te he visto!

Que mi hijo me diga esta mañana que parecía un palo cuando me vio por la tele, no hizo más que refrendar mi sospecha: desastre total.

Me pasé toda la puñetera gala temiéndome lo peor, y avisando a quien me quisiera escuchar que iban a presenciar el ridículo más antológico de la historia. Me quedé corto. Cuando me vi, en aquella postura rígida, con la camisa arrugada y con apenas un hilo de voz, los escasos 8 segundos que se pudieron salvar de mi "discurso" fueron como esos breves instantes que un corredor de encierros debe sentir cuando un toro le embiste una y otra vez, interminables.

Pero lo peor no fue siquiera lo que me temía, sino lo que pude ver. Me vi gordo. Pero gordo, gordo. Ahora entiendo eso que dicen los que salen en la tele cuando se excusan alegando que la tele engorda. Pues sí, engorda y de qué manera. Además de rígido y con camisa arrugada, gordo.

Mierdavideo.

Así que, una vez terminado el sacrificio, huí hacia la mesa más alejada del escenario y me refugié tras unas bandejas de canapés. "Ahora sí que voy a engordar", dije para mis adentros. Y uno tras otro fueron cayendo canapés de todo tipo y alguna que otra loncha de jamón.

Y, como diría el firmante de la independencia de Guinea Ecuatorial, hace ya 40 años, no tengo nada más que añadir.


09 julio 2009

El corredor de la muerte

El presente se cruza en mi deber e interrumpe mi quehacer contable para llevarme, en apenas tres horas, a presenciar ante cientos de personas mi debut como "video star".

No quería ir, pero no me queda otro remedio.

Me pondré mi traje más veraniego y me meteré en el coche a sufrir una horita y pico de viaje para llegar, a mi entender, a mi cadalso.

R.I.P.

08 julio 2009

Bipolaridad

Llevo un par de tardes quedándome solo en casa para intentar terminar el trabajo pendiente. El trabajo pendiente de mi "otro trabajo". Ese del que sólo me acuerdo cuando llega la hora de irme a la playa y recuerdo que hay que pesentar las cuentas anuales...

Lo bueno, y lo malo, del teletrabajo es que estoy a dos bandas, y de vez en cuando salta el MSN, el móvil, el fijo o el correo electrónico, o todo al mismo tiempo para darme algún susto desde la oficina, así que no avanzo todo lo rápido que quisiera.

Aún así, y con la familia en la piscina, voy bastante mejor que otros años a estas alturas. Lo peor de todo es que me conozco, y como me vea un poquito sobrado, sólo un poquito, me veo terminando la contabilidad el miércoles por la noche y pasando los días de playa acojonado cada vez que suene el móvil.

Así que a ver si no me convenzo de que todo va bien y logro convencerme de que lo que estoy haciendo es lo que debo.

Y es que esto de tener un cerebro con vida propia es lo que tiene.

Casi sin querer

No sé por qué me da que este verano se nos va sin siquiera comenzar. No es normal, o al menos a mí no me lo parece, que a estas alturas del año rocemos los 30 grados y de milagro en las horas centrales del día. Sí, hemos tenido una semanita muy dura de calor, y sobre todo unas cuantas noches más bien difíciles de llevar, pero eso pasa siempre en el mes de junio. Lo que no es normal por estos lares es que se llegue casi mediados de juilio y no tengamos sensación de agobio y, muchos días, ni siquiera busquemos la sombra al caminar por las calles.

Y todo esto después de un invierno crudo como casi no recordábamos, con nevadas prácticamente día sí y día también, y con unas temperaturas que invitaban a no salir de casa ni de día ni de noche.

Creo que es por eso por lo que no tengo la ansiedad propia de otros años. El calor no aprieta y hace más llevaderos los días anteriores a nuestra huída a la playa. Sí, ya tengo esa sensación en el estómago propia de las vísperas, pero más por lo que aún tengo que hacer y por el poco tiempo que me queda que por el agobio natural de ver cómo las agujas del reloj se empeñan en no dar vueltas y las horas se hacen eternas.

Así que voy aprovechar la tranquilidad general y el poco calor para intentar terminarlo todo antes del fin de semana y tener un par de días libres antes de irnos para prepararlo todo sin prisas.

Además, el sábado apuntaremos a mi nuevo sobrino a la Iglesia Católica para que no tenga que pasar un examen complicadísimo el día de mañana. Es mucho mejor apuntarlo cuando no tenga capacidad de decidir que cuando alcance la edad suficiente y ya no haya forma de echarle el lazo.

¡Qué listos son los curas, coño!


07 julio 2009

Arrogancia

El sábado me encontré con O.

O fue compañero de trabajo durante 7 años. Compañero de trabajo, de fatigas y de malos momentos. Él sigue trabajando allí, y en breve cumplirá 21 años en la misma empresa. Me dijo que el ambiente había mejorado mucho. "No conocerías aquello. Nada que ver con lo que tú viviste."

"Mira -le contesté- con tu empresa me pasa lo mismo que con los recuerdos de la mili, mi cerebro ha decidido quedarse sólo con los buenos y desechar los malos, así que prefiero no rascar mucho, porque si lo hago..."

"Eso -me contestó- nos pasa a todos. Se llama autodefensa, y es fundamental para la supervivencia"

Estos diez últimos días, por desgracia, he tenido que abrir ese cajón que alberga mi cerebro en el que se encuentran bien archivados, incluso mejor de lo que yo creía, todos los malos recuerdos. Y en concreto he vuelto a abrir un cajón, entreabierto durante los últimos años, para intentar solucionar de una vez y para siempre un problema familiar de incalculables consecuencias de seguir adelante.

El ser humano, y sobre todo el ser humano más cercano y por lo tanto más querido, a veces no deja de sorprenderte. Conoces sus limitaciones, sus debilidades, también sus fortalezas y sus valores. Y quizás es por los segundos por lo que te sorprenden su actitud y sus reacciones.

Siempre he dado por buena la máxima que dice que cuando alguien cree que todo el mundo está contra él, no es el mundo quien tiene el problema, sino él mismo. Y con el paso de los años se hace cada vez más patente su certeza.

El ser humano ha llegado a un estado de laxitud tal en su capacidad de estar alerta que, convencido de que es lo suficientemente inteligente para darse cuenta de todo, no se entera absolutamente de nada excepto cuando ya es demasiado tarde.







01 julio 2009

¿Me crece, o decrezco?

O yo soy muy bajito, o la tengo excesivamente larga.

Mis 174 centímetros nunca me han llevado a pensar que fuera bajito. Yo diría que estoy más o menos en lo normal. Sí, tengo amigos más altos, pero muchos más son bastante parecidos a mi y otros tantos son más bajitos. Así que digamos que soy tirando a normalito.

Mis...

Ahora mismo caigo en que nunca me la he medido, así que no diré nada a ojo por no pasarme o quedarme corto. Pero no considero yo que lo mío sea de peli porno, por ejemplo. Cierto es que no he visto muchas pollas en mi vida, pero haciendo memoria de los "momentos ducha" de la mili, diría también que estoy en lo normalito. Ni aquello que se marcaba aquel cabo bajito de la Ciudad Textil que era como el Rabo de la Bestia, ni aquello otro que sugería aquel tipo gallego y gordinflón que nunca supe si era corto o profundo.

Asi que si no soy bajito ni pichacorta, ¿por qué me siento empequeñecer cuando entro en unos baños públicos de reciente construcción?.

¡Joder, o la talla media española supera ya el 1,90 o yo he menguado mucho en los últimos años, porque a mí esto antes no me pasaba!. Ayer, al ir a aliviarme, casi tengo que ponerme de puntillas, y estuve a punto de cambiarme de sitio, con la cosa en la mano, para ir a mear a los urinarios de los niños que había en la otra pared.

A lo peor, lo que me pasa es eso que dicen que ocurre con la edad, y que hay apéndices en el cuerpo que no paran de crecer durante toda la vida: las orejas, la nariz y en mi caso un tercer apéndice que también me crece a medida que cumplo años.

Eso antes de asumir que me he convertido en un retaco al que van a tener que poner una tarima para poder mear o imitar al Manneken Pis poniéndome la mano en los riñones y dirigiendo el chorrito hacia arriba para evitar rozarme con el urinario.


Rubor

Ayer lo pasé francamente mal. No sólo por tener que hablar delante de una cámara, cosa que no había hecho nunca, sino por tener que hacerlo bastantes veces. Que si el sol, que si la sombra, que un ruido, que los que pasan por detrás, que si me he confundido, que si es demasiado largo...

Perdí la cuenta del número de veces que me tocó repetir un discurso que no llevaba preparado y que variaba en cada toma. Al final, dieron por buena la última y pasamos al tema canapé, mucho más llevadero si no fuera porque no me apetecía nada la compañía y estaba deseando marcharme. Aún así, tardé más de media hora en desembarazarme de todo aquel ganado para salir por piernas de aquel lugar y buscar un lugar donde comer. Terminé en un centro comercial mirando los menús del día y, como no me gustaba ninguno y las cuatro cosas que había picado me habían quitado el hambre, volví a meterme en el coche para volver a casa.

Y ya se me había olvidado el tema cuando esta mañana suena el móvil y una aterciopelada voz al otro lado me dice que las tomas no valen y que hay que repetir, pero que lógicamente no tendré que desplazarme yo sino que me envían una unidad móvil para hacerme una toma buena. No más de 15 segundos en los que no tengo que agradecer nada sino ser crítico y reivindicativo. Así que vuelta otra vez a pensar en qué decir de la forma menos ridícula posible y sin trastabillarme al hablar, cosa que suele ocurrirme cuando me pongo nervioso. Mierdavideo.

Así que en pleno centro de la ciudad, para mofa y befa de turistas, he tenido que soltar un discurso de 15 cochinos segundos mirando de reojo a cuantos se paraban para ver el espectáculo y rogando por lo bajo que el cielo se desplomase sobre mi cabeza cuanto antes.

Tenía casi decidido ir el jueves al acto en cuestión, aunque sólo fuera para llevar a mi mujer y que disfrutase del momento canapé rodeada de lo más florido del panorama mediático, pero sólo de pensar en verme en una pantalla gigante diciendo incongruencias me horroriza.

Qué vergüenza, coño, qué vergüenza.