29 junio 2009

Agradecidos y emocionados

Tengo que escribir un discurso. Y no sólo tengo que escribirlo sino que me tocará leerlo en público. Y no sólo lo leeré en público sino que me grabarán para emitirlo ante no sé cuántas personas.

Esta mañana, mientras caminaba hacia el trabajo, venía hablando solo. La gente me miraba como miran a los lunáticos. Algunos se daban la vuelta como para contestarme, porque era tan evidente que estaba diciendo algo que se creían que se lo decía a ellos. Yo, al darme cuenta, miraba hacia otro lado para ocultar mi vergüenza y para que no identificasen mi cara como la del típico chalado que va haciendo aspavientos por la calle como si estuviera espantando moscas.

¿Cómo comenzar?. Quiero expresar mi agradecimiento... Muchas gracias por este inmerecido galardón... Quién nos iba a decir hace sólo tres años...

No sé si lo que más me jode es tener que inventarme un discurso, o tener que leerlo (o lo que es peor, memorizarlo), o salir en un video que todo el mundo verá en una recepción multitudinaria, o simplemente tener que acudir a un acto que no tiene mucho sentido cuando ya nos han entregado el dichoso galardón hace un par de semanas.

O tener que acudir a una reunión a la una y media de la tarde que seguramente se alargará hasta primera hora de la tarde y me obligará a comer solo en algún restaurante.

No me gusta comer solo.


28 junio 2009

El mundo me enferma

La muerte de Michael Jackson ha provocado una conmoción mundial de dimensiones desconocidas hasta ahora. Vigilias multitudinarias, homenajes espontáneos, portadas en todos los periódicos, conciertos homenaje, apertura de telediarios, informativos especiales...

...y todo en la misma semana en la que hemos perdido a Vicente Ferrer, que ha ocupado notas casi marginales en esos mismos medios y apenas unos segundos en radio y televisión.

¿Pero en qué clase de mundo vivimos?

25 junio 2009

La Traviata (reloaded)

Me ha llegado esto a mi correo esta mañana.

Seguro que los puristas pondrán alguna pega pero, a mí, me hace gracia.

24 junio 2009

No hay mal que por bien no venga

Mañana tengo un acto a las ocho y media de la tarde para asistir a la inauguración de un restaurante de lo más chic y ultramoderno. Lo regentará un famoso cocinero de renombre mundial y que últimamente sale demasiado en la tele y en la radio.

El acto en sí supongo que será un coñazo insoportable, aunque he de reconocer que el lugar elegido para abrir este restaurante es una preciosidad y aún desconocido para el común de mis paisanos. Espero, por el bien del restaurante y porque la directora del hotel donde se producirá el evento es buena amiga mía, que la cosa tenga éxito.

Es el típico producto de marketing puro y duro que tanto les gusta a los madrileños, y que hará las delicias de todos cuantos se acerquen a nuestra ciudad y pernocten en este hotel que puede presumir de haber tenido entre sus inquilinos de otros tiempos al mismísimo Cristóbal Colón, que dejó como regalo y testigo de su paso por allí 4 impresionantes secuoyas.

Cuando me invitan a este tipo de actos, sobre todo si hay días de por medio entre la invitación y la asistencia, siempre me hace ilusión y a todo digo que sí, pero a medida que se va acercando el día y pienso que, tras una jornada de trabajo, tengo que acudir a una cita medio bien vestido a las ocho y media de la tarde, y que esta se prolongará hasta las tantas, me da una pereza terrible, y muchas veces termino excusando mi asistencia con cualquier pretexto.

En esta ocasión me llevaré a mi mujer para que conozca el lugar en cuestión, y para que mariposee un rato entre famosillos. Además, supongo que algo nos darán de cenar, así que esta semana ya la doy por cumplida en el apartado de detalles maritales.

Mira tú.




22 junio 2009

Desnudez

Tengo tan pocos buenos amigos que apenas podría utilizar el plural para referirme a ellos. Y si los contásemos como unidad familiar, creo que me quedaría en el singular.
Me quedo con lo malo conocido, como bien dice el refrán, y desprecio lo bueno por conocer. Puede que sea un error, pero prefiero no arriesgarme.
En el trabajo mantengo las distancias. No es que no trate de temas personales (hasta cierto punto) con ninguno de mis compañeros, sino que todo queda en eso, en una conversación más bien ligera de contenido y sin ningún tipo de pretensión a futuro. No salimos de copas, ni viajamos juntos, y ni siquiera llevamos a los niños a los mismos colegios. Compartimos experiencias y vivencias, pero estrictamente durante el horario laboral, que es mucho, sin haber intentado nada más en ningún momento.
No he podido conseguir lo mismo con los padres de los compañeros de colegio de mis hijos. Al final, y por culpa de mi mujer, hemos terminado visitando algunas casas ajenas y compartiendo mesa y mantel (poyo y bocata, más bien).
Lo del pasado sábado ya fue el "non plus ultra". Eso de vernos en bañador fue una situación chocante. A algunos de los padres, encorbatados a diario, era difícil hasta reconocerlos en calzones ( acabo de descubrir que la palabra "calzones" no existe en el diccionario de la R.A.E.), mientras que algunas de las madres se afanaban una y otra vez en tapar sus partes blandas con cualquier excusa. Todos pusimos cara de póker cuando nos cruzamos por primera vez en paños menores, aunque una vez metidos en conversación, y tras unas cuantas cervezas, la normalidad se adueñó de la situación.
Nuestros hijos, mientras, se quitaban y ponían bañadores y enseñaban culos sin el mayor de los pudores y sin hacer mención alguna a sus diferencias estructurales.
¿Qué gilipollez, no?, ¿en qué momento de la vida perdemos el norte?, ¿lo perdemos voluntariamente o nos incitan a ello?, ¿quién nos ha marcado un modelo de estética a seguir y por qué le hacemos caso?
El ser humano es imbécil.

El perro del hortelano

Se me hace raro no estar contando los días. Otros años, una vez pasada la Semana Santa, casi iba tachando las fechas en el calendario y me sabía al dedillo cuántos días faltaban para mi partida hacia la playa. No me ocurre lo mismo este año, y me extraña.
Ayer caí en la cuenta, cuando les anunciaba a mis hijos que les quedaban dos días de cole, que en tan sólo tres semanas partiremos para la playa. Más concretamente en veinticuatro días. ¿Qué tiene de diferente este año?, ¿qué tengo de diferente este año?. Me encuentro en la misma situación de siempre: asqueado ya de la chicharrera veraniega; con esa sensación culpable en el estómago porque se me llega la fecha de presentar las cuentas anuales de mi "otra" empresa y aún no me he sentado a asentar; y con los apuntes en mi agenda sobre todo lo que tengo que anticipar en fechas y trabajos para dejar los menos marrones posibles a mi inexistente sustituto.
¿Y entonces, por qué me falta la ansiedad propia de los días previos?, ¿por qué no sueño ya con mis jornadas playeras?, ¿por qué no tengo hecha ya la lista de cosas que llevar/comprar/preparar que otros años ya tendría confeccionada a estas alturas?
¿Acaso no necesito las vacaciones tanto como en otras ocasiones?, ¿acaso no me las merezco tanto como otros años?
¿Acaso haber visto hace un par de semanas en la playa puede causar tanto sosiego?
Me desasosiega mi sosiego.

21 junio 2009

Fin de curso

No me pareció una buena idea cuando mi mujer me la contó, pero como siempre más por no hacerlo que por otra cosa. Ella y otras madres "amigas de patio" se habían confabulado en contra del AMPA del colegio para organizar una excursión alternativa a una nueva ruta de senderismo cuyo recorrido no les gustaba.

Consiguieron llenar un autobús entero y unas cuantas familias más que acudirían en coche para pasar un día en la sierra con la mañana ocupada en actividades al aire libre, una comida comunal en un merendero en la que cada familia se encargaría de una cosa y una tarde de piscina para grandes y pequeños.

Éxito de crítica y público.

La ruta entre los pinos nos demostró a casi todos que hacía demasiado tiempo que dejamos de hacer ejercicio. Tanto subir y bajar, aguantar el equilibrio, dejarse caer por tirolinas con incierto final y escaladas en vertical, dejó nuestros cuarentones cuerpos hechos unos zorros, y nuestra moral algo tocada al comprobar que lo que nuestros hijos hacían con la gorra a nosotros nos costaba Dios y ayuda superar. Aún así, no sabría decir quién disfrutó más, si ellos o nosotros.

La comida fue de lo más divertido. Nadie cumplió con su cometido y aquello se convirtió en una autentica feria gastronómica en la que había duplicidad, cuando no más de todo tipo de platos. Hornazos, empanadas, tartas, filetes de todo tipo, ensaladas, bebidas... Aquello era un auténtico escándalo que celebramos con alborozo y que se dilató más de lo previsto ante tal variedad de platillos caseros a cual más delicioso.

La tarde, no comenzó bien. La piscina con la que habíamos hablado había tenido un problema con la depuradora y el agua estaba igual de poco recomendable para el baño como la de cualquier charca de cualquiera de las fincas ganaderas que nos rodeaban, así que todos tiramos de móvil para intentar encontrar una rápida alternativa. 15 minutos más tarde ya estábamos todos en el autobús con destino algo incierto pero que resultó ser aún mejor que el inicialmente previsto. En el pueblo en cuestión no daban crédito. Un enorme autobús pasaba a escasos centímetros de las cornisas de sus tejados con un montón de turistas en bañador mirando por las ventanas y con media docena de coches detrás cual procesión semanasantera. Un amable conductor de tractor, con su luz rotatoria amarilla, nos acercó hasta las instalaciones de sus municipales piscinas y casi dos docenas de niños desembarcaron del autobús a la carrera para asombro de la taquillera que no sabía si declarar la jornada de puertas abiertas o subir el precio de las entradas ante el repentino aumento de la demanda. Los padres, cargados de neveras y bolsas de merienda, a la carrera tras sus criaturas para intentar evitar en lo posible que todos fuesen de cabeza al agua sin siquiera quitarse las zapatillas.

Más bocatas, patatas fritas, decenas de latas de cerveza y refrescos, y alguna que otra sorpresa más en forma de tartas o empanadas aún vírgenes tras la pantagruélica comida del mediodía, conseguimos volver a embarcar a toda la chavalería para regresar a casa.

He de reconocer que me lo pasé muy bien, y que seré un firme defensor de repetir la experiencia a la mayor brevedad. A veces, sólo a veces, reconozco que apartar de mí mi perenne actitud esquiva con el prójimo me proporciona felicidad.

Además, después de ver a los padres y madres con los que comparto patio y madrugones en bañador, mi autoestima ha mejorado bastante.

19 junio 2009

Por el ejercicio hacia Dios

En esta ciudad aún existen algunos conventos de clausura en los que viven varias docenas de monjas ancianitas que sólo pisan la calle para votar al PP o ir al médico. Por eso, por lo segundo, de vez en cuando te las cruzas por la zona centro de buena mañana cuando van camino del Centro de Salud correspondiente. Digo por el centro porque todos los conventos están diseminados por el casco histórico, acaparando para sí, multitud de hectáreas que de otro modo ya estarían edificadas y en las que se hubieran amasado fortunas incalculables que habrían anticipado la puta crisis, con perdón.

Y a ver si me centro que me voy por los Cerros de Úbeda, o por las Batuecas, que queda más propio.

El caso es que hoy, al pasar por uno de estos conventos no desamortizados, me llamó la atención un papel que rezaba lo siguiente: “Cerrado a visitas hasta el día 26. La Comunidad está en ejercicios”

¿En ejercicios?, ¿serán espirituales, digo yo?, ¿y si lo son, por qué acuden las venerables monjitas?, ¿acaso después de 30, 40 ó 50 años que llevan rezando como única labor conocida aún tienen que ejercitarse?, ¿ha salido una nueva versión del Catecismo de la que no tengo noticias?, ¿acaso han variado los textos sagrados o cambiado las letras de las oraciones?, ¿acaso hay un nuevo inquilino en el Trono Celestial al que haya que recibir cumpliendo con nuevas dádivas espirituales que hubiera que ejercitar?

Sí, ya sé que los futbolistas también son profesionales y entrenan, que los deportistas tienen que ejercitar sus músculos para no perder la forma, que los directivos deben reciclarse hacia las nuevas formas de trabajo, que los informáticos han de estar siempre al día de las novedades, pero…¿las monjas?, ¿qué le van a explicar a una monja que tomó los hábitos cuando éramos un país como Dios manda y por lo tanto recibió la más completa educación en la Fe?

¿No será que a las ejercitantes, vencidas ya por el Alzheimer, la Demencia Senil y el hastío de una vida ya marchita, hay que recordarles por qué están encerradas entre cuatro paredes y evitar que el sentido común que regresó con sus dolencias las incite a salir y descubrir que hay un mundo al otro lado?

18 junio 2009

Otro mundo

La última vez que estuvo por aquí el Jefe del Estado, lo hizo acompañado de un montón de jerifaltes de este y otros países que, junto con sus esposas, bloquearon esta ciudad mientras celebraban una cumbre internacional.

Pasamos casi dos semanas escuchando desde el amanecer hasta que el sol se ponía el vuelo de un helicóptero de la policía que pasaba a escasos palmos de nuestros tejados en un afán más intimidatorio que otra cosa mientras vigilaba no sé qué tipo de peligros y posibles atentados de todo tipo. Desembarcaron de docenas de furgonetas de policía cientos de agentes clónicos de casi dos metros de altura que se colocaban en cada esquina de cada calle, metralleta en mano, para controlar lo que desde el aire no se podía. Patrullaban varias tanquetas, ¡sí, sí, tanquetas!, por nuestras tranquilas calles para terror de propios y extraños. Cohortes de coches negros con y sin banderas atravesaban la ciudad como centellas entre sirenas y luces rojas y azules en medio de una algarabía de silbatos y voces que invitaban a los ciudadanos a despejar las calles ya vacías de todo tipo de vehículo por imposición municipal. Francotiradores en los tejados y controles policiales a las entradas de la ciudad cerraban el círculo.

Quince días infernales en los que los ciudadanos no sentimos seguridad, sino todo lo contrario.

El martes asistí en una ciudad del país rayano a la inauguración de la nueva sede de una Fundación del idioma portugués muy importante por aquellos pagos. A la inauguración asistieron autoridades de los dos países: alcaldes, ministros, presidentes de Diputaciones, delegados del Gobierno, autoridades varias, obispos y...el mismísimo Presidente de la República Portuguesa.

Llegó en un coche oficial en el que, a parte del chófer, viajaba otra persona más. Detrás de ellos, otro coche, también oscuro, en el que viajaban un chófer y dos escoltas. Tras tres discursos en portugués, y la consabida inauguración y corte de cinta, se sirvió un aperitivo (¡sopa!, ¡34 grados y nos sirvieron sopa!) en un parque cercano cerrado al público para el evento. El Jefe del Estado portugués y sus escoltas, aparcaron como todo el mundo su coche a la entrada del parque y pasaron al ágape. Nadie, absolutamente nadie, se quedó vigilando aquel coche. No había policía, ni helicópteros, ni despliegue policial alguno. Dos coches y dos guardaespaldas. Al Presidente se le acercaba cualquiera que quisiese hablar con él, y él atendía a todoscomo si hubiese sido vecino suyo desde que llegó a este mundo.

Desde pequeño he tenido la sensación de que Portugal es una dimensión paralela que no tiene nada que ver con el resto del mundo, y no deja de sorprenderme cada vez que me acerco a la raya o la cruzo.

Por cierto, cuando yo era pequeño, este señor (Anibal Cavaco Silva) ya era viejo. Yo diría que igual de viejo que es ahora.

Hasta en eso, los portugueses son diferentes.

Qué bonito es el amor

A veces se dice con maldad para justificar la actitud huraña y desagradable de, sobre todo, las mujeres eso de "a esta lo que le hace falta es que le echen un buen polvo". Nosotros lo decíamos de una forma más cariñosa, y lo que le deseábamos era que encontrase un novio cuanto antes.

Apenas sonreía, sus respuestas eran habitualmente irónicas, y no admitía prácticamente ningún tipo de broma. Nosotros, como es habitual, hacíamos con ella (no de ella) las mismas risas que con el resto, y ella las aceptaba de mala gana cuando no las paraba en seco con alguna de sus contestaciones.

Y apareció él. ¡Por fin!.

No le conocemos. No nos lo ha presentado. Pero el día que lo haga seguro que todos le agradeceremos que haya aparecido.

Inicia conversaciones, ayuda sin que se le pida, acepta las bromas, e incluso llega a iniciarlas.

Por fin tiene novio.

O quizás sólo le hayan echado un buen polvo.

17 junio 2009

Me quedo con este

Acabo de enviarle a un cliente el anuncio más feo que he visto en mi vida.

El que paga manda, pero todo tiene un límite coño.

Por decir algo

Digamos que ya me sé el segundo capítulo de House y tengo el portátil encendido.
Digamos que no me apetece mucha conversación.
Digamos que estoy buscando en google la piscina natural a la que iremos el próximo sábado.
Digamos que empiezan a caer comentarios en mi blog a mi último post.
Digamos que me suena raro eso de que alguien comente lo que yo escribo.
Digamos que a eso de las doce han empezado a conectarse a internet casi todos mis contactos del Messenger.
Digamos que la gente se aburre. O que no tiene sueño. O que está muy sola.
Digamos que es tarde.
Digamos buenas noches.

16 junio 2009

Yo lo flipo

Para los que trabajamos en eso que hoy se denomina Marketing, ya sea como agencia, medio, central de compras, planificador, comercial, diseñador... e incluso como comprador o cliente, la vida es una constante tortura. Vivimos rodeados de publicidad: tele, radio, periódicos, vallas, autobuses, taxis, camisetas, ropa...

La vida es un anuncio. Nos pasamos todo el santo día leyendo frases, lemas y consignas publicitarias que nos incitan a realizar todo tipo de acciones innecesarias e inútiles en muchos casos. Y para los que vivimos de ella, a parte de la saturación diaria que supone el simple hecho de vivir, nos produce la imposibilidad absoluta de dejar de trabajar ni un solo segundo del día. Que si este anunciante hace tele y no radio, que si este otro ahora se ha decidido por la prensa y no por las vallas, que si esta idea era mía y me la han robado, que si mira tú qué anuncio más bonito y más sencillo, que si este está tirando el dinero en anunciar algo que nadie sabe qué es...

Pero incluso en esta infinita jornada laboral que sufrimos los trabajadores de la publi, hay que reconocer que hay ocasiones en las que besarías en los morros al autor de algunos anuncios. Y me refiero más concretamente a los que ahora mismo invaden nuestras pantallas por culpa de Fanta Zero, Imagenio y Mercedes.

Con la aparición en los últimos años de los creadores argentinos, las pantallas de la tele se han llenado de humor y buen rollito, que han ido contagiando al resto de creativos hasta llegar a monumentos publicitarios como, por ejemplo, los tres anteriores.

Y esto ayuda a que, los que vivimos de esta cosa antes llamada Publicidad, veamos la tele desde el punto de vista de un simple espectador, y no tengamos al pepito grillo de turno dándonos la paliza sobre el por qué se anuncian aquí o allá o por qué no se me habrá ocurrido a mí algo similar.

Es más, hay ocasiones en las que el simple hecho de visionar estas obras de arte justifica por sí mismo la decisión final.

10 junio 2009

Lagarto, lagarto

En el libro del Apocalipsis se cita, expresamente, el 666 como el número de la bestia.
Ayer escribí, según me dice Blogger, mi post número 666.
Y hablé de sexo.
Y con un montón de gays.
Ay.

09 junio 2009

Dar o recibir

Hay que ver lo que se aprende por esos blogs mundanos en los que te encuentras de todo. Y yo, mira tú, que lo que me encuentro con habitualidad, es mucho señor gay.

Echando la vista atrás y buscando un por qué de esta intromisión mía en esa otra dimensión, resulta que me encuentro que el primer comentario que hace alguien en mi humilde blog, allá por el lejano año 2006, fue un gay a los pocos días de estrenarlo. Y de aquellos polvos, estos lodos. Y tres años después los únicos que se animan a comentar siguen siendo gays y los únicos blogs en los que comento pertenecen también a gays.

Muy gay todo.

Y aprendo. Aprendo mucho. Muchas veces sonrío al leer sus blogs porque son fiel reflejo de los tópicos gays que circulan por el mundo hetero, y otros me sorprendo cuando compruebo que realmente no tengo ni puñetera idea de la realidad que me rodea. Seguro que los que me leen pensarán lo mismo de las cosas que yo escribo, y que muchas veces verán en mi al típico hetero con sus típicos problemas heteros y sus archisabidas opiniones más hetero todavía, aunque quisiera pensar que también yo les sorprendo de vez en cuando y puedo mejorar alguna de las opiniones que antes tenían sobre los heteros basadas también en esos tópicos.

No pretendo yo, faltaría más, cambiar la opinión de nadie sobre mí, y mucho menos creerme el representante de nadie. Sólo soy un tipo que un buen día no sabía cómo matar su aburrimiento y al que se le ocurrió abrir un blog como podía haber bajado al bar de la esquina a tomarse una caña. Sin embargo, creo que ha sido una experiencia agradable cuando no bonita, y que continuaré mientras me divierta.

¿Y a qué viene todo esto?, pues a un post muy interesante y unos no menos interesantes comentarios en el blog de Erik sobre el rol que, desde el punto de vista gay, se puede tener en las relaciones sexuales, es decir: activo o pasivo.

Tiene gracia el temita, porque si yo me definiera lo haría, sin duda, como pasivo. No hay nada que más me guste y más me haga disfrutar que no hacer nada. Que me lo hagan todo o me lo den todo hecho. Pasividad total. Si el sexo fuese tan fácil como dejarme hacer de todo para, una vez alcanzado el orgasmo, darme la vuelta y comenzar a roncar, sería el tipo más feliz del mundo. Ninguna complicación, ninguna conversación ni ningún tipo de carantoña post-orgasmo. A dormir. Joder, qué gozada. Yo, pasivo.

Lo que pasa es que no se puede ser siempre pasivo, porque para que a uno le hagan cosas, hay veces que tiene que provocarlas, y por tanto pasaría a ser activo. Qué coños, hay veces que me apetece ser activo, aunque sólo sea para provocar una situación en la que me convierta en pasivo y me deje hacer. Sí, claro, tengo que hacer como que hago, pero en el fondo lo que a mí me gusta es que me hagan. Pero, ¿no sería un coñazo tener que esperar a que te hagan?, porque hay veces que apetece hacer según qué cosas que como uno no las empiece, y por tanto me convierta en activo, al final no se hacen, por lo que tengo que ser un activo-pasivo.

Yo creo que no es tanto un rol que haya que jugar como una forma de ser. Somos, gays y heteros, hombres. Y por tanto, egoistas. Y por tanto, queremos hacer lo que nos apetezca (activos). Y por tanto, nos gusta que nos hagan (pasivos), aunque como nos gusta también mandar, pues también nos gusta hacer (activos). Y puesto que cuando hacemos lo que nos gusta (activos) nos están haciendo lo que nos gusta (pasivos), pues al final resulta que lo de las etiquetas no es más que una gilipollez.

Vamos, una mariconada.

En el filo

Me he pasado el día corriendo,
he agotado las baterías de los dos móviles que siempre me acompañan,
el manos libres del coche echaba humo,
he llegado a tener 5 llamadas al mismo tiempo,
he tenido que llamar a un padre amigo porque llegaba tarde a recoger a los niños,
me ha sentado mal el pincho de media mañana y casi vomito,
no he podido comer nada hasta las cinco y media de la tarde (un sandwich de pollo engullido por la calle)...

He entregado a tiempo el trabajo en la imprenta,
he conseguido cubrir las bajas de última hora,
no he discutido con nadie,
estoy a punto de colársela a un organismo,
y sólo me faltan un par de clientes por llegar para cerrar la semana como Dios manda.

Subidón, subidón.


08 junio 2009

El dolor del placer

No sé por qué pero todas las semanas que han tenido algún festivo durante este año han sido una locura para nosotros. Y por aquí este viernes es fiesta, así que para no perder la costumbre, vamos de cabeza.

Esta semana tenemos que cerrar varios trabajos propios y ajenos, así que no dependemos de nosotros al 100%, lo que empeora si cabe la posibilidad de un ataque de nervios. Estas ocasiones suelen provocar fricciones entre todos los miembros de la empresa, ya que dependemos unos de otros hasta tal extremo que un restraso en cualquiera de los escalones anteriores supone la paralización total del trabajo. Y en momentos de excesivo trabajo, y dependiendo de terceros, siempre hay alguien que tropieza y hace esperar al resto.

Esta situación de extremo nerviosismo provoca, al menos en mi caso, la segregación excesiva de endorfinas que me enganchan al trabajo y que anticipan una fatal explosión final en un castillo de fuegos artificiales llamado migraña.

Así que empezaré desde ya a automedicarme para procurar que el jueves no termine el día en la cama con la almohada sobre la cabeza y pidiendo la ejecución.

07 junio 2009

Premio y castigo

No voy a negar que sentí algo de envidia cuando O y L salieron a recoger el premio, pero sin duda eran ellos dos quienes merecían estar allí. Yo, nosotros, estamos para otras cosas. Estamos para temas como trabajarse a los políticos en el denominado "vino español" posterior a la ceremonia. Para reírnos de lo que no tiene gracia, estrechar manos que no se lo merecen, y para palmear espaldas merecedoras de castigos menos leves. Pero todos tenemos nuestra dosis de vanidad que de vez en cuando hemos de llenar, y la ceremonia del otro día habría sido la excusa perfecta para aparecer en las fotos y en las teles con cara de triunfador y mis pensamientos puestos en aquellos que desearían tanto estar allí como que yo no estuviese.

A todos ellos, mi más profundo desprecio.

Acudimos todos, como no podía ser de otra forma, y dimos buena cuenta de cuantos platos se pusieron a nuestro alcance y de cuantas botellas tuvieron la desdicha de cruzarse en nuestro camino. La ocasión lo merecía, aunque por delante también tuviésemos prevista nuestra reunión de resultados mensual, esta vez celebrada durante una innecesaria comida en un restaurante chino. Lo más. Había que ver la cara a aquellos ciudadanos orientales cuando nos vieron entrar todos encorbatados a las tantas de la tarde, casi a la hora de cerrar, con la intención de malcomer en su restaurante. No porque la comida fuera mala, sino porque tanto jamón engullido hacía sólo unos minutos no podía ayudar a disfrutar de los rollos vietnamitas y los fideos chinos. Y allí, entre comentarios más o menos hirientes hacia los "entregadores" de premios, disfrutamos de un mes menos malo que los anteriores y que marca una trayectoria ascendente (en este caso descendente) en los datos negativos que nos acompañan durante este año.

Nos echaron, como era de prever, a eso de las cinco y media de la forma más sutil que se puede utilizar para echar a las visitas incómodas, apagando la luz. Así que tuvimos que tomar el café en una cafetería cercana para rematar el tema económico y despedirnos tan contentos y regresar a casa entre rayos y truenos.

Desde luego, no llegaremos nunca a hacernos ricos, pero lo que nos estamos divirtiendo no se lo creería nadie y será difícil de superar en cualquier otro lugar en el que algún día trabajemos.

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El mal tiempo nos está aguando el fin de semana. Mucha casa y muchos enfrentamientos cainitas están minando nuestra paciencia, que creíamos infinita, y obligándonos a estar continuamente separando a nuestros hijos, que están a todas horas enzarzados en peleas por los motivos más absurdos. Como su madre y yo a su edad. Es lo que toca. Cómo recuerdo a mi padre en aquellos años en los que mis hermanas y yo nos despellejábamos a todas horas. Recuerdo, incluso, que alguna vez se marchó de casa por no aguantarnos, dejándonos solos con mi madre para que fuese ella la que solucionase el asunto. Mi padre era un hombre muy de su época, y la casa no era lo suyo, así que en cuanto podía, se escaqueaba. Yo, también muy de mi época, soy de los que comparte obligaciones, así que no tengo la salida fácil del portazo y me toca aguantar a mis hijos junto con mi mujer. A ver si cambia el tiempo, porque creo que este ambiente tormentoso que nos envuelve es el origen de todos estos males. En fin.

Y hoy toca votar. Que sí, que sí, que voy a votar. Voy a llevar a mis hijos hasta el colegio electoral y depositaré mi voto como he hecho siempre y espero seguir haciéndolo. Es mi obligación más que mi deber.

Y me tomo lo de hoy como una obligación, porque si por deber se tratase iría a cumplir con él su puta madre, con perdón.


04 junio 2009

Pequeño saltamontes

Acabo de leer por ahí que ha muerto David Carradine.

Se me muere la infancia.

Pajín mental

¡Atención universo!

Por una extraña conjunción planetaria coinciden en el mundo tres seres sin par:Gesualdo, Rickisimus y Pernam.

¡Contemplad, simples mortales, esta situación única!, ¿acaso no os dais cuenta de la suerte que tenéis por vivir un momento semejante?, ¡parad el mundo y observad!

Como no termine pronto esta campaña, juro por mis niños que será la primera vez que no vote.




03 junio 2009

Eres más feo que un pie

Ya he hablado en otras ocasiones de mi repulsión por los pies ajenos, pero es que lo de este verano prematuro me anticipa lo que será un martirio para mis sentidos. Las mujeres, casi en su totalidad, se han decidido en dar rienda suelta a sus instintos y dejar la mayor parte de sus pies al aire vistiendo unas sandalias que apenas se sujetan con unas cintas. Así que ahora no sólo tengo que soportar ver sus deditos sino que me toca mirarles todo el pie.

Sí, sí, digo que me toca mirarles los pies porque no puedo por menos. Es como cuando mis hijos tienen miedo de algo que sale en la tele y se tapan los ojos con las manos abiertas y siguen mirando por entre sus dedos. A mí me pasa algo parecido. Me da repelús el tema pinrel, pero no puedo evitar estar parado en un semáforo y que mis ojos revisen el calzado de mis compañeros de bordillo para ver si sus deditos son merecedores de pasar un casting para un anuncio de la tele o como ejemplo viviente de lo más feo que el cuerpo humano tiene.

¿Y los talones, qué decir de esos talones que puede uno ver por ahí y que se asemejan a milhojas?, ¿y lucir onicofagia en los miembros inferiores, qué puede uno pensar de un onicófago en chanclas?

Pero...¿serán asquerosos?

01 junio 2009

Mañana volvemos, ¿vale papi?

Cuando llega este tiempo, por estas tierras mesetarias no queda otro remedio que aprovechar el fresquito de la mañana para refrescar las casas procurando para ello abrir las ventanas de los lados opuestos de la vivienda facilitando así las corrientes de aire. Este método es válido durante muy poco tiempo debido a que el calor sube con rapidez y obliga a cerrar la casa a cal y canto en cuanto la hora apunta al mediodía. Y así pasamos los días, con ventanas y persianas cerradas hasta la caída de la noche, hora en la que volvemos a abrirnos al exterior casi boqueando en busca de algo de fresquito oxígeno que llevarnos a los pulmones. La noche, si todo se da bien, puede que no sea excesivamente larga si eliminamos de la cama lo accesorio, esto es, todo tipo de mantas y sábanas con los que cubrirnos.

Por eso ayer, a medida que nos acercábamos desde el norte, algo no cuadraba muy bien en el termómetro del coche. ¿Cómo era posible que a medida que se hacía más tarde y por lo tanto el calor debería ir bajando, el termómetro no paraba de subir?. 25, 26, 27...31. Eran las nueve de la noche cuando aparcábamos a la puerta de casa y el termómetro marcaba 31 insoportables grados de temperatura. Salíamos desde orillas del Cantábrico aún sintiendo su frescor en nuestra piel y llegábamos a casa achicharrados.

Por eso nunca he entendido a quienes veranean en el sur. Huyen del infernal calor seco del centro peninsular al insoportable y agobiante calor húmedo de la costa levantina en la que es prácticamente imposible respirar y más insoportable aún llevar cualquier prenda de vestir por el sudor que provoca. Yo, prefiero el norte. Prefiero esas mañanas cántabras de bruma y espuma de mar. Prefiero esos mediodías cálidos y de leve brisa. Prefiero esas tardes calurosas pero menos. Prefiero esas noches de rebeca y manga larga. Yo, prefiero el veraneo de los reyes.

¿Quién soy yo para llevar la contraria a los pastores?, ¿a esos pastores que llevan sus rebaños cada verano hacia el norte?, ¿esos mismos pastores que me despiertan con sus silbidos en mitad de la tórrida noche capitalina cuando, exigiendo sus Derechos Reales, utilizan mi calle, ¡su calle!, como lo que es, una Cañana Real para llevar su ganado a tierras menos agresivas y son escoltados por la policía municipal como verdaderos reyes del pasado?, ¿quién soy yo para llevar la contraria al sentido común?

Una vez recuperado de mi disgusto cuando sufrí en carnes propias el despropósito y la mentira de este gobierno nada más llegar a Osorno y comprobar que la autovía seguía tal cual la dejé hace casi un año; una vez degustado el magnífico café del bar que hay frente al cuartelillo; una vez superada la enorme cicatriz de 33 kilómetros, 11 en realidad, de la inacabada autovía cantabria-meseta que dicen tendré a mi disposición cuando vuelva por allí dentro de 45 días (¡mentira!); una vez superadas las 4 horas de viaje, saludamos a nuestros viejos amigos del camping y descargamos del coche lo justo como para cambiarnos y salir corriendo a la playa. ¡Qué placer!, ¡qué orgasmo de sensaciones!, ¡qué bonita es mi playa, y aún más, cuando apenas ha sido mancillada por los pies de los turistas! Nos dieron las nueve de la noche y allí seguíamos, como en pleno verano, incapaces de estropearles el momento a dos niños que no paraban de saltar y gritar como si algo les hubiera poseído y no fuesen capaces de expresar su felicidad sin correr a todos lados y a ninguno.

Han sido tres días impagables. Por el tiempo, por la playa, por el sitio, por todo. El camping estaba medio vacío, o medio lleno. Acostumbrados a verlo en verano, y a vivirlo en otras épocas con colas casi kilométricas de gente esperando para entrar y con casi 5.000 personas en su interior, verlo de esta forma era casi mágico. Era el primer fin de semana de buen tiempo del año. Llevan meses esperando que el sol aparque allí, siquiera, algunos días. El invierno ha sido duro, muy duro. Mal tiempo, lluvia continua, mucho frío. Y desde Semana Santa, más de lo mismo.

Aún así me sorprendió ver a tanta gente. Sí, no era julio pero había más gente de la que yo esperaba. Luego me di cuenta de que era el primer fin de semana de junio, y por lo tanto había mucha gente que ya cogía sus vacaciones y pasaría allí unos cuantos días.

El domingo, muy a nuestro pesar, y alargándolo al máximo, tomamos el camino de vuelta. Los niños, agotados. Los padres, felices.

Hoy ha costado abrir los ojos.