30 abril 2009

El miedo

Por desgracia, he tenido que demostrar mi sangre fría en momentos delicados y hacer de tripas corazón para dar la cara y no derrumbarme. La muerte de mi padre, sus dos infartos anteriores, y todas aquellas veces que seguí a una ambulancia por las calles de la ciudad manteniendo los nervios para no estrellarme y para que mi madre no aumentase aún más su sufrimiento, me hicieron madurar y también creer que podría con todo.
Esta noche mi hijo me ha despertado entre gritos porque le dolía mucho la tripa. Se quejaba del lado derecho de tal forma que creí que terminaríamos en el hospital operándole de urgencia por culpa de una peritonitis. Desperté a mi mujer porque no sabía qué hacer y, mientras ella le calmaba y le ponía la palma de la mano para darle calor y tranquilizarle, tuve que meterme en la cama por temor a desmayarme.
Me da vergüenza contárselo.

29 abril 2009

Los pelos y los huevos

Era una reunión muy esperada. Y no porque nuestro interlocutor fuese un tipo afable y con el que nos encantase pasar un par de horas por la mañana, sino porque parte de la facturación de un año tan lamentable como este nos iba en lo que él decidiese. Como buen político se hizo de rogar durante tanto tiempo que se nos había pasado el primer cuatrimestre sin que diese señales de vida. Hasta hoy.

¡Coño, venís tres. Podíais haber avisado para tener alguna ayuda!
Ja, ja, ja.
No te preocupes, hombre, que tan poco somos tan malos.
¡Si queréis me abro ya de piernas y empezáis a darme!, ¡pero de uno en uno!
Ja, ja, ja.
Qué cosas tienes. Ja, ja, ja. Si venimos sólo de visita, coño, que eres más difícil de encontrar que un ministro. Ja, ja, ja.
(Que si cómo está la cosa por aquí, que si tenéis mucha competencia por allá, que si sois los mejores por acullá, y otras naderías varias más tarde...)
¡Bueno, venga, vamos a hablar de pasta que es para lo que habéis venido!
Hombre, cómo eres, que venimos a verte... Ja, ja, ja.
¡Que sí, que sí!. Ja, ja, ja. ¡Venga, que ya tenemos todos pelos en los huevos y sabemos de qué va esto!, ¿qué me vais a pedir?...

Juro por mis niños que en toda mi vida había asistido a una reunión en la que un tipo comenzase el "orden del día" de una forma tan, digamos, original. Me dejó tan fuera de juego que apenas intervine un par de veces, y sólo porque me vi obligado a ello por el sujeto en cuestión y nos iba la vida en el resultado.

¿Hemos conseguido el fin que buscábamos?, creo que sí.

¿Y entonces, por qué tengo esta sensación de suciedad?

28 abril 2009

27 abril 2009

Tengamos la fiesta en paz

Llevamos unas semanas que entre pitos y flautas no trabajamos más de 4 días, lo que supone un trastorno para nuestra facturación semanal al tener menos días laborables y otro para la vida familiar porque los niños ya no saben si cuando se levantan tienen que ir al cole o al campo.

Además, si añadimos que el primaveral tiempo que nos acompaña tiene la mala costumbre de estropearse en cuanto se acerca el viernes pues todavía peor, porque todos los planes de viajes, excursiones y salidas familiares se han ido a hacer puñetas por su culpa. Aún así hemos sacado dos o tres días para escaparnos y aprovechar los últimos rayos del sol antes de los findesemanales cambios y pasar unas horitas pescando o navegando por el rayano río que nos desune.

Y sí, he tenido que rescatar las cañas de pescar del fondo del armario porque ahora a mi hijo le ha dado por ahí. Como con todo lo demás, al principio me da una pereza terrible, pero una vez en la orilla del río y con los gusanos retorciéndose de dolor en el anzuelo, la pesca me produce una grata sensación de paz. Se me pasan las horas sin querer, aunque me pase el tiempo rezongando porque a mi hijo se le enreda todo el rato el sedal o a mi mujer se le queda enganchado el anzuelo en la rama de algún árbol. Desde que hace unos meses obligué a todo el mundo durante un día glorioso de pesca a coger una caña y sacar un pez, se me han convertido en pescadores aficionados y se lo pasan pipa. Claro, como ya estoy yo para pinchar gusanos, montar anzuelos y desanzuelar a los pobres peces capturados, la cosa de la pesca es divertidísima, ya que el único que se mancha las manos de sangre soy yo. Cosas de ser el jefe de la tribu.

Aún así, una buena tarde de pesca merece siempre la pena, y me hace recordar aquellos tiempos en los que pedaleábamos cerca de una hora para llegar a la misma orilla que ahora está a tan sólo 10 minutos en coche y pasábamos allí el día entero maldiciendo a los lucios por comerse todo lo que se meneaba. Y de aquello hace más de 25 años...

Y esta semana, también puente. O como se llame eso de ser festivo un viernes. Y esta vez también se nos estropean los planes porque a mis cuñados#2 no se les ha ocurrido otra cosa que colocar la comunión de mi sobrina este sábado. Hay que joderse. Así que no sólo tendré que asistir a una misa larguísima con un altar lleno de princesas y almirantes, sino que tendré que ponerme una corbata (creo que elegiré la roja...) y más tarde asistir a una comida en la que coincidiré con alguien a quien no quiero ver ni de lejos.

Y tendré que limpiarme los zapatos.

Odio limpiar zapatos.

22 abril 2009

Negro sobre blanco

Mis hijos, cumpliendo a rajatabla sus obligaciones de estirar al máximo la jornada con todas las tretas posibles, me obligan cada noche a leerles un cuento antes de dormir. Tengo que armarme de paciencia y superar el momento de comenzar a leer, que es el más difícil, porque no puedo con ello. No ya porque sea tarde y tengan que madrugar al día siguiente, ni porque no haya cenado todavía, y ni siquiera porque esté cansado, que también, sino porque el hecho de leer un libro me produce una pereza de tal calibre que preferiría en ese mismo momento ponerme un chándal y largarme a la calle a correr un par de kilómetros.

Desde hace un par de noches, mi mujer se lleva un gran almohadón a la cama, lo coloca bien apoyadito en la cabecera, se pone las gafas que no usa durante el día, y abre un libro de Ana María Matute que le ha prestado mi suegra para leerlo antes de dormirse. Y yo, mientras, con la cabeza metida bajo mi almohada intentando conciliar el sueño, cosa que me cuesta 7 minutos en vez de 5. Y es que mi suegra, desde que se ha jubilado y tiene aún más tiempo del que ya disponía, ha decidido recuperar todo lo que no pudo leer durante 40 años y hacerlo cuanto antes, y se ha convertido en una lectora compulsiva de lo propio y de lo ajeno, contagiando de ello a mi mujer y por lo tanto perjudicando mi descanso. ¿Pero qué culpa tengo yo de que le apetezca leer a las doce de la noche?, ¿no puede quedarse en el sofá, apagar la tele y disfrutar de lo que cuente la Matute ella solita?

Sé que esto que digo se sale de la norma de la corrección política esa que tanto se lleva ahora, pero qué le vamos a hacer. Que no. Que no me gusta leer. Que me aburre. Que me aburre hasta ver cómo alguien lee un libro. También me ocurre algo contradictorio, y es que echo de menos aquellos tiempos en los que leer era gratificante. Aquellos tiempos en los que era obligatorio y me costaba tanto o más comenzar a leer un libro de lo que ahora me cuesta, pero en cuanto lo hacía me enganchaba. Eran los tiempos de San Manuel Bueno, Martir; Viaje a la Alcarria; Don Quijote de la Mancha... más tarde, en mi adolescencia, y en plena crisis de fe, cometí el tremendo error de comenzar a leer la mismísima Biblia, de la que me harté en el momento en el que leí que Matusalén vivió cerca de 1000 años y engendró cientos de hijos con, imagino yo, otras tantas mujeres. Claro está que a los 16 años, la simple posibilidad de pasar 1000 años engendrando hijos e hijas supuso en mi un golpe tan duro a mi imaginación que no fui capaz de leer ni una página más. Desde entonces, y no miento, no me he leído más de 3 ó 4 libros: El Médico (Noah Gordon), Hormigas (Bernard Werber) y La Metamorfosis (Franz Kafka).

Eso sí, habré consumido miles de periódicos y millones de horas de tele y radio, lo que me convierte en un crack jugando al Trivial y contestando a todas las preguntas de los concursos de la tele. Cultureta, que decía una profesora de inglés un poco seta durante la carrera. Sigo cualquier conversación aportando datos de interés, me sé de memoria ríos y afluentes, por la izquierda y por la derecha, sierras, cabos y golfos, hago operaciones matemáticas mentales con rapidez (dice el Braintraining que tengo ¡18 años!), localizo en un mapa cualquier país del mundo e incluso conozco su capital, hablo inglés con fluidez y utilizo bastante vocabulario, recito de memoria los verbos irregulares, y soy capaz de hacerme entender en cualquier parte. No suelo cometer faltas de ortografía, aunque el mejor escribano siempre echa algún borrón...

Si no leer me convierte en alguien inculto y socialmente mal visto, pues eso.


21 abril 2009

Receta

¿No sería maravilloso poder curarlo todo a besos?

20 abril 2009

Anticipos, fiestas y final feliz

He pasado mala noche. Suele ocurrir después de una crisis como la del viernes. El cuerpo queda tan agotado por el dolor que tarda un par de días en recuperarse. Recuperarse a medias, claro, porque el dolor residual, casi crónico, que padezco no llega nunca a desaparecer. Al menos mi cara ya no da muestras tan evidentes de que me encuentro mal y las ojeras han desaparecido. En fin. Una menos.
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Hoy toca fiesta. Seguro que si echo la vista atrás y consulto el blog, cosa que nunca hago, en días como el de hoy me repetiré cuando digo que es uno de los días más divertidos del año. La ciudad se convierte en un ente absolutamente vacío de vida y todos los que la poblamos la abandonamos como si un tornado la amenazase y todos tuviésemos que huir a otras tierras más seguras. Además, como sólo es fiesta a partir de mediodía, las carreteras se colapsan a la misma hora por todas las buenas gentes que, cargadas de ricas viandas, van en busca de cualquier brizna de hierba cercana para asentarse allí y dar buena cuenta de ellas.

Nosotros solemos abusar de mi cuñado#3 e invadimos su casa, que es la única que tiene jardín de toda la familia. Desembarcamos a media tarde con las tropas infantiles a la cabeza dispuestos a luchar con todo lo necesario por hicar el diente al hornazo de mi suegra que, aprovechando que mi madre no para por aquí, diré que es el mejor hornazo del mundo. Que si la tortilla de mi cuñada#3, que si el flan de mi santa, que si los pasteles de algún otro que por allí se presente, y todo ello regado con cualquier líquido que se nos ponga por delante, harán de esta tarde algo sin par en todo el orbe.

Hoy asistirá por primera vez al evento mi nuevo sobrino, al que visitamos el sábado y ya pudimos ver con algo más de tranquilidad. Se me hace raro coger de nuevo a un recién nacido, tocarlo, olerlo. Tener en brazos a una nueva vida, a algo tan indefenso, es una sensación difícil de superar. Hoy volveré a experimentarla y sólo por ese momento la tarde merecería ya la pena.
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Últimamente me salen posts un poco raros, en los que hablo de todo y normalmente sin que los temas tengan conexión alguna. Creo que soy un poco como esos animales de los que tanto se habla últimamente en las noticias por culpa de tanto terremoto. Esos animales que aúllan y anticipan así las calamidades que están por llegar. Pródromos, los llaman los científicos. Yo los llamo putada, porque anticipan mi sufrimiento. En las horas anteriores a mis dolores me encuentro de excelente humor, tengo una agilidad mental sorprendente, soy creativo, rápido de reflejos y muy resolutivo. Cierto es que ya no tengo auras ni disfonías, y por lo menos los otros síntomas me sirven para algo, pero esa seguridad de que sabes lo que viene y no puedes hacer nada por evitarlo es desoladora. Creo que esta especie de depresión postmigrañosa que padezco en estos casos viene ya marcada por esos augurios, y por la impotencia que el dolor provoca.

Lo único bueno de todo esto es que sé a ciencia cierta que termina pasando.




19 abril 2009

Nota media

En toda mi vida he visto a mi madre muy pocas veces interrumpir sus quehaceres diarios por motivos de salud. De esas tres o cuatro veces, tan sólo una ha sido por algo diferente a sus dolores de cabeza, así que siempre he tenido miedo a sufrir un cólico nefrítico, porque si hasta mi madre tuvo que guardar cama durante un par de días, debe doler lo que no está en los escritos.

¿Te duele mucho?
No sabría decirte. En una escala del 1 al 10, no sabría valorar cuál es el grado de dolor que padezco a diario. 2, quizás 3. A partir de 4 me medico, aunque sepa a ciencia cierta que es algo inútil.
¿Y por qué no vas al médico?
¿Otra vez?. Lo he probado todo: Neurólogos, Neuropsiquiatras, médicos de cabecera, resonancias, TAC's... No tengo tumores, no tengo nada de nada. Soy migrañoso y punto. A joderse tocan.
¿Quieres decir que no tienes solución?
Pues la misma que alguien que tenga esclerosis múltiple o SIDA, con la diferencia de que yo no me moriré de esto. Y encima, como soy hombre, seguro que sufriré los dolores hasta el mismísimo día de mi muerte, porque normalmente a las mujeres les baja en intensidad y número cuando les llega la menopausia. Ni en eso he tenido suerte, coño.

No bebo, no fumo, como poquito de aquello que sé positivamente que me sienta mal, no hago ejercicio en exceso, porque si lo hago, provoco la migraña, no duermo mucho, no duermo poco, procuro no estresarme. Hago todo lo que me mandan y nada. La medicina es, con respecto a los dolores de cabeza, como un informático ante un ordenador estropeado. Se pasan los años dando palos de ciego, apretando todos los botones, encendiendo y apagándolo, no hagas esto, no hagas lo otro, haz poco esto, un poco más de aquello, no te mediques, medicaté un poquito, aquí tienes este tratamiento, combínalo con este otro... ¡A la mierda!, cuando me duela ya tomaré algo. Total, para lo que va a servir... ¡Pero si hasta los orgasmos me producen migrañas a veces!

Hoy no me duele.

Vamos, que no me duele lo suficiente como para quejarme o tomarme algo.

Hoy le pongo un 2.


18 abril 2009

Pum

Cuando me miré al espejo del cuarto de baño de la oficina comprendí por qué todo el que entraba me preguntaba qué me pasaba. Me pasé toda la reunión con las manos entrelazadas sobre la cabeza intentando instintivamente amortiguar aquellos mazazos que golpeaban mi cabeza. A duras penas aguanté una reunión que ya sabía que tenía que ser inevitablemente corta, ya que uno de los asistentes tenía que regresar a Madrid porque tenía una comida a las dos y media. Así que, gracias a Dios, el martirio duró apenas una hora.

En cuanto me fue posible salí corriendo, me metí en el coche, y me refugié en casa. ¿Puedes ir tú a llevar a los niños?. Yo, en cuanto vomite, me meto en la cama.

No vomité. Nunca lo hago. Pero sí me metí en la cama y no la abandoné hasta pasadas las seis de la tarde.

No sé para qué tomo pastillas. Sólo lo hago, creo yo, para intentar autoconvencerme de que hay una esperanza y el dolor puede menguar su intensidad aunque sólo sea levemente. Puro placebo.

Estoy hasta los cojones de mis arterias. Me parece increible que la dilatación de algo que apenas es visible a simple vista pueda ser la causa de unos dolores tan horribles. ¿De qué tamaño es un glóbulo rojo para poder rebotar dentro de una arteria y causar tanto sufrimiento?. Estoy hasta los cojones de mis glóbulos rojos. Estoy hasta los cojones de lo que antes se llamaba dolor de cabeza, luego fue jaqueca y ahora es migraña cuando todo es lo mismo.

Estoy hasta los cojones de todo.

17 abril 2009

Mal rollito

Dando por cierto aquello de que el día que empieza mal siempre tiende a empeorar, hoy va a ser un día nefasto.

Me duele horrores la cabeza.

16 abril 2009

Retales

¿Jugamos a colores?
¿A colores?, ¿ y cómo se juega a eso?
Pues muy fácil: tienes que decir el color que yo diga
Ah, bueno, pues vale. Venga, empieza
¡Verde!
Verde
¿Ves?, ¡has ganado!
Mi hija se pasa el día entero inventándose palabras y juegos absurdos que sólo ella entiende y a los que les cambia las reglas cuando le viene en gana, así que nunca sabes cómo jugar porque cuando vuelve a proponerte el mismo juego se ha convertido en algo distinto que no tiene nada que ver con lo anterior.
Cosas de niños.

Me encanta la Gran Vía de Madrid. Cuando yo era un tipo muy importante que llevaba corbata, cada poco tiempo tenía que ir a la Gran Vía para reunirme con otros amos del universo en la sede que el mismísimo imperio tiene en el número 32. Eran unas reuniones maratonianas que comenzaban a las 9 de la mañana y terminaban a las 3 de la tarde, y en la que nos tirábamos los trastos a la cabeza y pedíamos que alguna de las allí presentes fuese separada de su cuerpo y presentada ante nosotros en bandeja de plata. Luego, apaciguados los ánimos y envainadas las espadas, bajábamos a comer a La Tasquita, en la Calle Ballesta, donde dábamos cuenta de una merecida e impresionante comida no sin antes hacer algún comentario más o menos bien traído sobre el aspecto de las putas de la zona, y sobre todo de la meretriz que ocupa la primera esquina, siempre con su "blusa" de ganchillo que enseña unos tremendos pechos muy bien conservados para una persona de su avanzada edad. Tras la siempre maravillosa comida, terminábamos la tarde los más allegados en la Cafetería Nebraska tras un buen café o una copita en esos asientos estilo retro y servidos por camareros con mandilón blanco a la antigua usanza. Aún hoy, en cuanto asiento mis reales en la capital, siempre busco un hueco para visitarla. Si es posible, sigo reservando en La Tasquita, saludando a la furcia de la esquina, y contándole a mi mujer mis batallas de abuelete. Y ella se deja, no sin antes obligarme a tomar el aperitivo en Casa Labra. ¡Por favor, dos vermouth y dos pinchos de bacalao!

¿Cómo te lo dejo, como siempre?
Pues yo creo que sí. Buena gana de experimentar. Ahora, ya te aviso de que en julio te voy a pegar un susto. Tú no me crees, pero en julio, me rapo
Bueno, bueno, ya llegará julio y hablaremos. Pero ahora, como siempre.
Y entonces comienza a chamullar por lo bajo sobre la cantidad de pelo que tengo y lo que salta cuando lo cortas. Y, de vez en cuando, tiene que limpiarse la cara o sacarse un pelo de la boca.
¿Te corto las patillas?
Pues yo creo que sí, pero no mucho. Ya sabes.

¿Ha pasado por aquí mi madre?
No, vino ayer, pero hoy no.
Es que le dije que me apetecía comer hígado y me dijo que se pasaría ella a comprarlo.
Sí, algo así me contó, pero hoy no ha venido. ¿Qué hago, te lo pongo?.
Yo creo que sí. Hazme un par de filetes.
¿Sólo dos?
Sí. Total, sólo lo voy a comer yo.

15 abril 2009

Ensayo y, si es posible, acierto

Tengo la costumbre, no sé si buena o mala, de escenificar en la más absoluta soledad aquellas situaciones con las que podría encontrarme en un futuro, ya sean profesionales o familiares. Por ejemplo, si tengo una reunión de trabajo, a parte de prepararme los temas a tratar y tener muy claros los objetivos, intento escenificar las posibles conversaciones que en ella puedan producirse, para así tener previstas las réplicas a mi interlocutor y cerradas todas las salidas. Esto está muy bien casi siempre, porque me he colocado enfrente de mí mismo y he puesto todas las pegas posibles a mis argumentos que yo le pondría a mi otro yo en el caso de estar al otro lado de la mesa. Y aún en el caso de que algún resquicio haya quedado al descubierto, como me he pasado horas y horas meditando sobre cualquier posible reacción, mi corazón ya ha palpitado lo suficientemente rápido durante las "reuniones previas" que cuando surge algo sorpresivo, ya no tiene más capacidad para latir tan rápido, así que sólo queda poner cara de póker y confiar en mi sprint final y en mi innata capacidad para mantenerme a flote. Es más, la mayoría de las veces ocurre esto último y de lo único que me sirve tanto ensayo es para tener controlada mi producción de adrenalina y enfocarla hacia mi cerebro para que trabaje más rápido.

En lo personal pasa lo mismo. Si preveo alguna posibilidad de enfrentamiento o una situación poco agradable en cualquier encuentro familiar, todo mi esfuerzo mental se enfoca hacia la raíz del problema y decidir si es mejor evitarlo o enfrentarse cara a cara. Y claro, por si acaso, termino ensayando tanto la técnica del escaqueo que tan bien aprendí en la mili como la posible situación de encontrarme comiendo codo con codo con quien menos pretendía.

Y así me paso los días, hablando solo. En el coche, en el baño, en la ducha, en la cocina. Intentando disimular mi actuación ante mi mujer para que no piense que estoy como un cencerro y que hablo sólo más de lo que lo hago habitualmente. Lo que pasa es que mi mente vive en una velocidad muy superior a mi consciencia, y generalmente no me da tiempo a callarme antes de que me pille.

¿Pero qué dices?. No, nada...cosas mías.

14 abril 2009

Amnistía para los culpables

Traer un niño a este mundo es un acto de extrema crueldad que debería estar penado por la Ley, aunque ¿quién soy yo para pedir la abolición de la natalidad y pedir el máximo castigo para los responsables de tal atrocidad si yo he cometido la torpeza de traer dos criaturas a este mundo?

Esta noche he tenido un nuevo sobrino. Tiene el pelo largo, está coloradote y pesa casi 4 kilos.

Hay pocas cosas que me hagan tan feliz.


13 abril 2009

Me los pienso gastar...¿pero en qué?

Un TDT regular tirando a malo, 1400 gominolas, una cena para dos personas, deposito y cuarto de gasolina, un coche teledirigido, dos juegos de la psp, tres juegos de la nintendo, 140 caldos en el bar de la esquina, 46 bolsas de aperitivo japonés, un mp4, 1 entrada para Springsteen, 58 bolis de tinta líquida, 1 tostón entradito en carnes, 4 kilos de pasteles, 111 litros de leche del mercadona, 70 huevos kinder, 2 camisas en rebajas, unos zapatos de verano, 3 monopatines, 1 castillo de princesas con ponys y príncipes, 7 cortes de pelo...

70 cochinos euros me devuelve Hacienda después de todo un año de desvelos y sinsabores.


06 abril 2009

Hasta los andares

Vaya fin de semana de excesos.

Mi estómago está, desde anoche, pasándome factura de la inauguración oficial de la temporada de barbacoas. El sábado inauguración triunfal en casa de mi cuñado#3 con una barbacoa sin par de productos derivados del gorrino en su totalidad. Nada de verduras, pollo, arroz o chuletones. Gocho 100% regado con los buenos caldos que da la tierra castellana y que en este trocito del Reino de León apreciamos debidamente y damos buena cuenta en cuanto tenemos ocasión. Ni merendé, ni cené. Así de rotunda fue la cosa.

Y el domingo, sin tener conocimiento de ello, me vi embarcado en un compromiso familiar que terminó, como no podía ser de otra manera, en otra antológica barbacoa que vino acompañada de embutidos a la sidra, aceitunas de cosecha, roscas al estilo de mi abuela, y buena bollería. Todo ello engrasado con ensaladas preparadas con los ingredientes que recogíamos 30 segundos antes de prepararlas y más buenos caldos de la Castilla más vieja. Y para rematar el daño, aguardiente casero de la Raya. Tras una más que merecida y suplicada siesta bajo la generosa sombra de un laurel, paseíto hasta el parque público y vuelta a la huerta a seguir sacrificándonos con el hornazo y los embutidos que aún estaban por descubrir. Siniestro total. Mi estómago, harto de las contínuas hordas bárbaras que le atacaban sin descanso en las últimas 48 horas recurrió a su arma más letal, la acidez. El Almax que siempre llevo encima para ocasiones como esta resultó un contraataque insuficiente ante su avance y el viaje de vuelta a casa desde el más lejano oeste del oeste se convirtió en una dolorosa retirada hacia el cuartel general, en el que otra pastilla blanca tuvo que ser ingerida para controlar el caos.

Cautivo y desarmado, el estómago replegó sus tropas y emprendió la retirada, no sin antes dejar algún foco de resistencia en la retaguardia que a buen seguro dará guerra durante unos cuantos días. Y más cuando reciba munición de algún grupo extremista gracias a la comida que hoy me toca celebrar en un restaurante asturiano que no sé qué coños de jornadas gastronómicas está celebrando y que voy a degustar con fruición y en buena compañía. Soy un débil.

Así que si no vuelvo por aquí en una temporada será porque esta tarde me ingresen de urgencia en algún hospital cercano aquejado de un ataque agudo de gula en curso con una perforación de estómago.

Carpe diem.

03 abril 2009

Estabilizadores automáticos

Vaya mierda de crisis, coño. Por más que intento encontrar una casa rural en alguna recóndita montaña patria o un hotel de playa en el país vecino, no hay forma. La puta crisis afecta hasta en la oferta de casas rurales y habitaciones de hoteles y no encuentro nada libre. Mierda de sistema capitalista.

Y yo que dejé todo para última hora porque creí que no habría problema...y ahora me quedo en casita. ¿Pero cómo pude ser tan ingenuo?, ¿cómo no me paré a pensar que con tanto parado habría más gente dispuesta a marcharse de vacaciones a costa del erario público dejando a los pocos curritos que quedamos sin plazas hoteleras?, ¿y Mariano, qué piensa de todo esto?, ¿y el presi, tendrá tiempo para pensar en el mal que ha causado a España entre chiste y chiste con el nuevo amo del universo?, ¿utilizará el humor negro con Obama o le gustarán más los chistes verdes?

Menos mal que el Altísimo piensa en todo y en todos y nos tiene preparada una buena borrasca para la próxima semana que hará las delicias de todos cuantos no podemos salir de vacaciones por culpa de la coyuntura.

Mierda de coyuntura.

01 abril 2009

Tranquilo, que no se me olvida...

Bueno, pues comienza un mes en el que sé que tengo multitud de cumpleaños de gente allegada y a la que debería felicitar cuando corresponda, pero mi legendaria mala memoria me impide recordar fechas tan señaladas, así que no me queda otra que confiar en mi santa y esperar que sea ella la que me avise y la que insista en cumplir tanta obligación social.

Soy capaz de recordar cientos de números de teléfonos, DNI, números de la seguridad social, matrículas...pero ningún cumpleaños de nadie ajeno a mi más íntimo círculo familiar. Ni amigos del alma, ni sobrinos, ni cuñados, ni ahijados. Nada de nada. Sólo me acuerdo del mío, de los de mis hijos, del de mi mujer y de los de mi madre y hermanas. El resto, no existen. Por aproximación puedo decir más o menos el mes en el que nació cada uno, pero no el día concreto.

Yo creo que más que mala memoria en este caso se trata de pura pereza. Total, como me van a avisar, pues para qué voy a recordarlo, así que echo un poco más de lastre a mi equipaje de vagancia y, hala, a otra cosa. Además, basta que quiera acordarme de algo para que me olvide en el último segundo.

Tuve un jefe que se cambiaba el anillo de mano cuando quería recordar algo. Yo lo intenté una vez y se me olvidó lo que tenía que recordar, así que esa fue la única vez que probé un remedio casero y fue entonces cuando decidí comprarme la agenda con la que cargo todo el santo día. También probé con una de esas blackberrys que tanto se llevan, pero era tal coñazo escribir con el palito que la volví a meter en el cajón de donde la saqué y allí lleva un par de años cogiendo polvo.

La mejor solución es apuntar rápidamente lo que no tengo que olvidar en un papelito y dejarlo siempre encima de algo que obligatoriamente tengo que llevar, como por ejemplo el móvil o las llaves. Es la única manera de recordarme a cada momento que tengo que hacer algo.

Cómo será la cosa que tengo programada la alarma del móvil para que me avise de que debo ir a recoger a los niños al cole porque si no, los pobres terminarían abandonados a la puerta pidiendo comida a los transeúntes.

Tan grave es la cosa que el día que comience a tener Alzheimer, si es que no nací ya con él puesto, será como si no pasase nada, ni para mí ni para los que me rodean.