Esta tarde me ha costado Dios y ayuda salir de casa. El tremendo viento, el frío y la lluvia han convertido este día en un horror. El niño no para de toser, la niña va por el mismo camino, mis mocos nos cesan y para colmo de males otra vez se me ha agarrado el catarro a la garganta y no dejo de soltar gallos como si fuese un quinceañero cambiando la voz.
Llevo también unos días con el estómago algo raro. Mis fantásticas cenas con ensalada se han convertido en un calvario por culpa del vinagre, que me pasa factura nada más sentarme en el sofá. Y las ensaladas sin vinagre no son ensaladas, coño.
Desde el viernes pasado he regresado a mis migrañas crónicas. Sí, sí, a aquellos dolores de cabeza de tirarse de los pelos que cuando se pasan no llegan a desaparecer del todo y dejan un resto ahí que no deja de molestar. Que me molesta al agacharme, o al hacer cualquier esfuerzo, y que me obliga a meterme más y más naproxeno para el cuerpo del que yo recuerdo haberme metido nunca.
¿Será el otoño?, ¿será la crisis...de los cuarenta?, ¿será la otra crisis?, ¿será niño o será niña?, ¿qué será, será?
Llevo también unos días con el estómago algo raro. Mis fantásticas cenas con ensalada se han convertido en un calvario por culpa del vinagre, que me pasa factura nada más sentarme en el sofá. Y las ensaladas sin vinagre no son ensaladas, coño.
Desde el viernes pasado he regresado a mis migrañas crónicas. Sí, sí, a aquellos dolores de cabeza de tirarse de los pelos que cuando se pasan no llegan a desaparecer del todo y dejan un resto ahí que no deja de molestar. Que me molesta al agacharme, o al hacer cualquier esfuerzo, y que me obliga a meterme más y más naproxeno para el cuerpo del que yo recuerdo haberme metido nunca.
¿Será el otoño?, ¿será la crisis...de los cuarenta?, ¿será la otra crisis?, ¿será niño o será niña?, ¿qué será, será?