29 agosto 2008

Enseñándolo todo

Mire doctor, que resulta que hoy he soñado que estaba desnudo delante de todo el mundo, y que he consultado al señor Google y me dice que eso significa que soy un inseguro.
El caso es que, efectivamente, estaba desnudo porque hacía mucho calor cuando me acosté, y que yo opino que lo que tenía es frío y necesidad de taparme. Y resulta que entre sueños me he levantado y me he puesto el pijama y desde ese momento he dormido tan tranquilo.
Así que, o los psicólogos son todos unos tipos que no hacen más que inventarse cosas para decirnos que estamos locos de remate y forrarse cobrándonos terapias, o la cosa va a ser cierta y mi inseguridad se terminó cuando tapé mis vergüenzas y todo es un problema de medida.
A ver, que sé que por ahí hay algún psicólogo de guardia.

28 agosto 2008

Amor de madre

Ayer me afeité encima de la balanza del cuarto de baño. En pelotas, y con la máquina eléctrica de afeitar en la mano, peso 72 kilos. Los mismos, los mismitos, que hace un montón de años.
¿Y ahora qué, eh?, ¿a que no tienes argumentos para llamarme gordo?
P.D. : Dedicado a mi mamá, que la quiero mucho, pero que a veces me dice cosas que no me gustan.

27 agosto 2008

Besos

En los casi 17 años que llevo con mi mujer nunca le he sido infiel. Ni siquiera con el pensamiento. Y eso que creo que con la edad me estoy convirtiendo en uno de esos viejos verdes que se quedan mirando a las tías como las vacas al tren. Sin darme cuenta voy por la calle como rastreándolas con un radar. Además, con esta moda que se lleva ahora en la que van medio desnudas, casi no doy abasto.
Estos pantalones de talle bajo que tanto se llevan me traen por la calle da la amargura. No tanto por lo que enseñan por detrás como por lo que insinuan por delante. Y esos generosos escotes, tanto superiores como inferiores, que dejan verlo casi todo, imantan mis ojos hasta el desvarío. Tanto, tanto que en más de una ocasión un par de tetas me han saludado, y cuando he subido la vista he descubierto que sobre ellas había una cabeza de alguna mujer conocida a la que he tenido que besar intentando disimular mi vergüenza y tratando de sujetar a mis ojos para que no volvieran a descender sobre sus pechos. ¿Y qué decir de esos hoyuelos que algunas mujeres tienen en sus lomos?....
Pero aún así, mi mujer me tiene totalmente enganchado. Sólo le pongo los cuernos con la tele (¿se puede ser infiel a alguien con un objeto?). Son unos cuernos consentidos, pero cuernos al fin y al cabo.
Eso sí, cuando sueño, las pocas veces que mis sueños son eróticos, la única que aparece es mi mujer. Soy incapaz de tener sueños dándome un revolcón con alguna de esas que tanto atraen mi atención por la calle.
Siempre fui muy enamoradizo, aunque mi timidez con las mujeres me impidió triunfar todo lo que yo hubiera querido, así que cuando la conocí, a mi mujer, me la quedé para siempre. Y es ella el único centro de mi vida y de mis sueños. Al vivir en una ciudad pequeña me es imposible pasar mucho tiempo sin cruzarme con alguna de aquellas mujeres que en alguna ocasión cruzaron por mi vida y con las que tuve algún tipo de relación. Y aún hoy, cuando hablo con ellas, algo dentro de mí se remueve. ¿Sigo queriéndolas?. Supongo que sí, aunque lo que realmente sigo apreciando, creo yo, es el recuerdo que dejaron. Han crecido, como yo. Han tenido hijos, como yo. Han envejecido, como yo. Pero yo mantengo la imagen y los recuerdos de cómo eran.
Mi otro gran amor, la tele, me está dando muchas satisfacciones últimamente. Casi a continuación una de otra se emiten en diferentes canales dos series que me llenan: Ed y Sexo en Nueva York.
La protagonista de Sexo en Nueva York, Carrie, va pasando de relación en relación pero en todas ellas vuelca todo lo que tiene. Llega a enamorarse, aunque con el tiempo la cosa no fragüe. Nada que ver con su amiga Samantha, que va cabalgando de polla en polla como una amazona, sin importarle absolutamente nada los hombres a los que va dejando por el camino y sin sentir nada por ellos. Yo soy más como Carrie. En el capítulo de ayer Carrie se hace cargo de una becaria que tiene una filosofía de vida basada en mantener la virginidad hasta el matrimonio, y así entregársela al hombre que amará el resto de su vida. Carrie, lógicamente, no alcanza a comprender semejantes ideales. Aunque a mí, lo que esto me provoca son dos preguntas: ¿no estaré yo haciendo lo mismo que la becaria siendo tan fiel?, ¿se puede ser virgen, o mejor dicho, sentirse virgen por hacerlo siempre con una misma pareja?
Ed es mi alter ego. El pobre tiene la desdicha de estar enamorado, desde niño, de la misma mujer. Una mujer con la que mantiene una estrechísima amistad que Ed no está dispuesto a romper por nada del mundo. Incluso a costa de no ser feliz declarándole su amor. Eso de no declarar tu amor a una persona por temor a que la amistad se vaya al carajo es una excusa de cobardes. A mí me lo van a decir. Y ahora, su amor, resulta que está a punto de casarse con otro. Ella, que también está enamorada de Ed, está dispuesta a casarse con otro hombre al que aprecia, que no ama, antes de dar el paso y decirle lo que siente. El tercero en cuestión, que es un poco capullo, conoce perfectamente esta situación, e intenta por todos los medios hacer valer su posición sobre Ed para llevarse a la mujer que ama. Sé cómo terminará la historia, porque no deja de ser una ficción, pero en la realidad, quien perdería todo sería Ed, y quien fracasaría estrepitosamente sería ella. Y con el tiempo, ya no habría remedio. Este capítulo finaliza con la imagen de una reunión de Ed, su mejor amigo y ella en un bar en el que se cuentan confidencias. El futuro marido les observa a través de la ventana y entra en el bar de repente. Se acerca a ella y le da un largo beso de tornillo. Cuando terminan de besarse, ella se acerca a la barra para pedir un café a su futura pareja, momento en el que Ed le dice: "Menudo beso le has dado". "Sí", responde él, "es lo que hacen las personas que se quieren".
Mis besos son para quien quiero. Y sólo para ella.

26 agosto 2008

Amor

-Necesito saberlo: ¿me quieres?
-Si te dijese la verdad, te mentiría.

Bajo los escombros (Capítulo II)

-Pues creo que se cortaba por tu culpa
-¿Por mi culpa?
-Sí. Mientras tú estuviste aquí tuvo que beber a escondidas, pero desde que te marchaste no se corta. Bebe vino en las comidas y a la hora del café se trae el tarro del orujo a la mesa. Además, ayer, aprovechando que teníamos que hacer compra, se vino con nosotros y compró un montón de cervezas en el Dia. Yo lo tengo claro, no quería que tú la vieras y ahora que no estás pasa de todo.
-¿Y qué tiene que ver que yo la viera o la dejase de ver?
-No sé. Supongo que para que no le dijeras nada a tu madre...
Siempre fue la rebelde de la familia. Díscola desde pequeña, no hizo más que dar guerra a su madre. Su padre, por desgracia, murió cuando era adolescente, así que la cosa no hizo más que empeorar a medida que crecía.
Psicóloga de carrera, con un hermano juez y otra hermana profesora, llegó a tener (todavía tiene) dos academias propias en las que prepara a futuros opositores. Vaya ejemplo a seguir.
Se casó con un gitano. Un gitano de esos militantes que vivía en una chabola. Y se casó más por llevar la contraria a su familia que por otra cosa. Consiguió sacarlo de su entorno familiar durante unos años para vivir con ella en un piso. La cosa no podía durar y no duró. Tuvieron una hija, pero la convivencia se hizo del todo insoportable. Hubo golpes, insultos y, al final, separación.
La niña se quedó con ella, aunque manteniendo buena relación con su padre, que había vuelto a sus orígenes y vivía donde vivió, rodeado de los suyos. Ella empeoró. Su bulimia fue a más y apenas pesa 38 kilos. Si eso lo combinamos con el alcoholismo que padece, el cóctel es explosivo.
Su carácter fue a peor. Unas navidades, en plena mesa familiar con su madre, hermanos y cuñados, anunció a bombo y platillo que tenía cáncer de pulmón, y que no pensaba hacer nada para luchar contra él. Se moría y quería que todos lo supieran.
Era mentira. Como siempre, quería ser el centro de atención, quería ver llorar a su madre y padecer a sus hermanos.
La niña hoy tiene 16 años. Es feliz y le encantan los niños y los animales. Es una niña dispuesta, madura para su edaz y con las ideas muy claras. Desde luego, es el vivo ejemplo de la supervivencia. Con un padre chatarrero viviendo en una chabola, y una madre alcohólica y bulímica, lo raro es que haya salido normal. Pobre.
-Ayer mi madre habló con la suya, y le preguntó qué tal se éstaba portando y si estaba todo el rato con nosotras.
-¿Y qué le contestó?
-Le contestó con otra pregunta: ¿a estas alturas, y después de 30 años, hace falta que te cuente algo sobre tu hija?
-Madre mía. ¿Y qué le contestó?
-Nada, símplemente cambió de tema...

25 agosto 2008

Bajo los escombros (Capítulo I)

Creció, podríamos decir, sin padres. Nunca hubo en su casa una figura que diera autoridad. Sus padres, débiles por naturaleza, se limitaban a verlos crecer, según ellos, felices. Les daban todo y todo les permitían. Y así empezó la historia.
Ella siempre fue por libre. Cuando llegó a la adolescencia comenzaron los problemas. Frecuentaba malas compañías y pasaba los días, y sobre todo las noches, fumándoselo todo. Cuando otros comenzaban a fumar, ella ya había probado todas las hierbas conocidas. Se liaba sus "cigarritos de la risa" con la misma naturalidad que respiraba. Por el contrario, nunca le gustó el alcohol. Era difícil verla con el puntito que todos buscaban a base de vino barato y copas de garrafón. Ella sólo fumaba, y fumaba mucho. Algún pinito con pastillas y algo de coca, pero poca cosa. Lo suyo era la hierba.
Se ennovió con un delincuente de poca monta y muchos antecedentes. Un yonqui de aquellos que poblaban una ciudad decrépita en los decrépitos años 80. La trataba mal y se aprovechaba de ella. Era su revolcón diario y poco más, pero ella seguía con él. La cosa fue a más y en un mal día alguien murió. Él fue detenido, juzgado y condenado por homicidio. Aún así, ella le visitaba cada cierto tiempo en la cárcel, aunque los años de condena y los viajes en autobús fueron distanciándoles. Ella acabó olvidándole y él, terminó muriendo en la cárcel.
Decidió estudiar y terminó con un título de auxiliar de rayos. Ella es muy inteligente, aunque poco lista para muchas cosas. Estudiar no se le dio nunca mal, y con el título consiguió trabajar, aunque fuera sólo unos meses al año. Los suficientes para ahorrar un poquito y cobrar el paro. Pan para hoy y hambre para mañana. Supervivencia pura.
Ese vivir al día lo aprendió de su segundo novio, un titiritero tragafuegos con el que se recorrió España de fiesta en fiesta. Que si la Semana Grande de San Sebastián, que si las Fiestas del Pilar... Así, tragando fuego y haciendo figuritas con globos de colores conseguían comer, dormir, y fumar. Si se ganaba mucho, no "trabajaban" al día siguiente. Si no se ganaba lo suficiente, pues a joderse y seguir actuando. Que salía un día cojonudo, pues a invitar a todos los mimos y compañeros de fatigas de la calle. Y así un año tras otro hasta que, un buen día, tal y como llegó, el titiritero se fue. Nunca más se supo.
Y se marchó a Galicia. Y conoció a un argentino que necesitaba la nacionalidad española para no ser deportado. Y se casó con él. Nadie fue a su boda, y hasta sus propios padres se enteraron de su nuevo estado civil cuando llegó, un buen día, con un tipo tatuado a su casa diciendo que era su marido. Y hala, otro más a comer de la sopa boba. Todos tan contentos.
Llegó un hijo, y dos años más tarde y por sorpresa, un segundo. Vivían (viven) trampeando como pueden en un cuarto piso sin ascensor de un edificio sin calefacción. El argentino, además de vago y pendenciero, salió cabrón. El día de nochebuena del año pasado, después de una discusión y de marcharse de casa, echó la puerta abajo de la calle para entrar en casa. Llegó la policía y todo quedó en una bronca familiar. Desde entonces han pasado varias detenciones más por conducir borracho, por exceso de velocidad y por peleas en la calle.
El martes pasado la pegó. Seguro que no fue la primera vez. Le dejó toda la cabeza llena de moratones y ella llamó a la policía. Dos días detenido y juicio rápido. En el momento de declarar en su contra, ella retira la denuncia. Dice que le quiere y que se van a separar. Que le ha prometido marcharse a otra ciudad y no poner ningún problema. Los niños le dan igual. Nunca los quiso.
"Por favor, que no se entere mi padre. Se moriría del disgusto. Todo se va a solucionar, ya veréis. No digáis nada. Por favor."
Conversación telefónica. Domingo, 24 de agosto:
-Hola. ¿Qué tal todo?
-Muy bien. Ayer estuve de guardia, y hoy me levanté tarde porque estaba cansada. Ahora estoy cenando.
-¿Y él?
-Está aquí, a mi lado...

La pícara viborita

Pues no sé si lo que más he echado de menos estos días ha sido mi cama o la táza del váter.
Eso de pasar casi dos semanas en una casa con más de cien años de antigüedad y durmiendo en unas camas de la misma época suponen una dura experiencia para mi maltrecho cuerpo. Si a eso le añadimos la necesidad de compartir cuarto de baño con 6 niños y casi 10 adultos, el hecho de aliviarse se convierte en un ejercicio de riesgo. Así que entre el "cambio de aguas" y las continuas interrupciones mi vientre tardará en recuperarse.
Además, y para rematar la catástrofe, han sido días de comidas, meriendas y cenas casi ininterrumpidas, con kilos de pan leonés, bollería casera, chorizos y morcillas picantes, legumbres del país y verduras de la huerta. Vamos, que cuando me ha visto mi madre no ha podido por menos de decirme que una de dos, o había engordado "un poquito" o que mi barba de 4 días me hacía algo de papada. Hay que joderse.
Por lo demás, y en los escasos momentos en que dejábamos de masticar, aprovechábamos para largarnos con los niños a montar en bici. No hay nada más divertido que un batallón de niños pequeños montados en bici y haciendo kilómetros por esas carreteras de la infraEspaña. Los había con ruedines y sin ellos, con sillín trasero y sin él, con bicis nuevas y viejas... Y las bicis de los adultos, con sillas portabebés, con doble sillín, de paseo, de montaña... Vamos, una gozada.
Cómo no, hemos disfrutado de las fiestas del pueblo. Esas fiestas en las que lo más de lo más, la cumbre de todo el jolgorio, es el partido de solteros contra casados. Esas fiestas en las que hemos arrasado llevándonos la medalla de oro en la carrera de bicis de 0 a 6 años. Esas fiestas en las que hemos conseguido el primer premio en la carrera de la rosca en categoría infantil. Esas fiestas en las que hemos ganado un saco de gominolas al mejor disfraz. Esas fiestas en las que hemos hecho cola para cenar un chusco de pan con chorizo a la brasa y vaso-vino. Esas fiestas, en fin, en las que nos hemos reído como nunca.
Pero también ha habido lugar para el susto. Mi hijo, que es como un imán para las desgracias, sufrió la picadura de algo que en un principio se le diagnosticó como "posible mordedura de serpiente" y que nos obligó a desplazarnos a la capital del más antiguo reino español casi con un pañuelo asomando por la ventana. Como en los viejos tiempos. Al llegar a urgencias, y leer el parte médico del consultorio rural, a poco más que se moviliza al ejército para atender a la criatura. Daba lo mismo saltarse la cola de aquellos pobres pacientes esperando a ser atendidos por una torcedura de tobillo, una muñeca rota o una boca sangrante debida a una caída desde una moto. Una más que probable mordedura de víbora alertó a todo el servicio de urgencias, que en un santiamén montaron al niño en una silla de ruedas y lo llevaron a uno de esos boxes separados con cortinas como en las películas y fue sometido a todo tipo de pruebas toxicológicas.
Falsa alarma. Gracias a Dios.
La cosa terminó en un susto y en un diagnóstico mucho más sencillo. "Habrá sido un bicho"
Pues el puto bicho nos dio un susto de muerte, aunque mucho menor que el que tenían los padres del vecino de cortina, un niño de 9 años que tenía clavado en su abdomen el manillar y el freno de su bicicleta.
Para que luego diga Gesualdo que lo de la bici es muy sano.

14 agosto 2008

En fin

  1. Acabo de cortarme el pelo como en mis años mozos y lo tengo de punta
  2. Me largo otra vez de vacaciones

13 agosto 2008

Sueños

Ding-Dong
¿Quién es?
¡El del sueldo!
¡Pero hombre de Dios!, ¿no le tengo dicho que no venga usted a estas horas?, ¡piense en los demás, hombre, piense un poquito!
Ya lo siento Don Pernam, pero es que para mí, las once de la mañana, ya es bastante tarde. Teniendo en cuenta que llevo despierto desde las seis...
¡Calle, calle, Don Cartero, que todos los meses me cuenta usted la misma tragedia!
Hombre, Don Pernam, entiéndame
¡Que no, que no le entiendo!, ¡entiéndame usted a mí, que estoy tan a gusto en la cama y casi me da un infarto con el dichoso ding-dong de los cojones!. ¡Tráiga acá el boli que le firmo!
¡Cómo se pone usted por nada, Don Pernam!, ¡hay que ver!
¡Hala!, ¡listo!, ¡y el mes que viene a ver si tenemos más cuidadito con el timbre y venimos a horas civilizadas!
Hasta el mes que viene, Don Pernam, y no se me enfade que yo no tengo la culpa
¡Pues ya me dirá usted quien la tiene entonces!

Tócamelas. Las narices, digo

Ayer me estrené en el otorrinolaringólogo. Lo pongo así, enterito, porque me gusta mucho decirlo. Otorrinolaringólogo.
Y lo mío fue un estreno a lo grande. Bueno, más bien a lo largo, porque me metió por la nariz una goma de un kilómetro de larga que tenía una linternita en su extremo para dar luz a la minicámara. Vamos, así en plan película "El chip prodigioso".
La cosa es que la dichosa cámara llegó hasta mis cuerdas vocales, y en ese punto no sólo tuve que aguantarme las ganas de vomitar sino que tuve que pronunciar dos letras, la e y la i. Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee. Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Y una vez pronunciadas, vuelta para atrás hasta que el aparato en cuestión volvió a salir de mi fosa nasal. Qué asco. Seguro que la devolví llena de cosas.
Todo bien. Mis cuerdas vocales están como el primer día que las estrené, y mis continuas afonías de este invierno son sólo mutaciones de los bichos que me transmiten mis hijos y que en mi caso me provocan la imposibilidad de hablar durante un par de días.
Pues vale.
Otorrinolaringólogo.

11 agosto 2008

Y parece que fue ayer

Hoy me quedo en casa. Y no por voluntad propia sino porque no puedo casi ni moverme. El lumbago que me martiriza desde hace unos meses se ha agravado durante el fin de semana y he terminado en la consulta del médico.
Literalmente me ha dicho que los años van pasando, y que buena culpa de mis dolores los tiene la edad. Hay que joderse. También me ha enviado al traumatólogo, pero su afirmación me ha sorprendido. Una cosa es que yo bromee con eso de la cercanía de los cuarenta y otra es que el médico me lo eche en cara.
Algo pasa, está claro, en mi zona lumbar, porque no es normal que no pueda ni moverme por el simple hecho de jugar con mis hijos en la piscina, o por coger en brazos a mi sobrina en la playa, o por intentar alardear de capacidad para realizar el salto del tigre. Y mira tú que un tipo como yo, que tiene de todo en su botiquín casero y que se toma cualquier cosa aunque sólo sea por probar cómo sabe, lleva dos meses sin tomar ni un calmante para un dolor tan incómodo como este.
A veces ni yo mismo me comprendo.

08 agosto 2008

Mira que soy raro

En plena catarsis veraniega de tumbona y sombrilla mi cuñado#3, sin siquiera abrir los ojos mientras hablaba, me lanza la pregunta: ¿y tú, cuánto tiempo serías capaz de pasarte así?
Yo, asombrado ante una pregunta tan fácil de contestar, y de tan evidente respuesta, ni siquiera me molesté en contestar.
¡Eh!, ¿que cuánto tiempo serías capaz de pasarte así, te pregunto?
¿Osea que iba en serio?, ¿pero de verdad me estás preguntando lo que creo que me preguntas?, ¿qué quieres saber, que cuánto tiempo sería capaz de pasarme de vacaciones, sin tener que hacer nada, sin preocuparme de nada, con la única obligación de hacer la compra y de bajar a la playa a las once de la mañana y a las cinco de la tarde, teniendo como duda más terrible el destino de mi paseo vespertino y de si saldré o no a tomar algo después de cenar?. Indefinidamente.
¿Me lo dices en serio?
No lo dudes. Si pudiera, no me volveríais a ver el pelo, ni en invierno ni en verano.
No te creo. Yo aguantaría, como mucho, 10 días. Después me aburriría.
Tú eres tonto.

07 agosto 2008

Alabado sea

Mientras escribía mi anterior post, el bueno de Gesualdo entró por la puerta de atrás para dejar uno de sus siempre acertadísimos comentarios, y cuando visité a Pir_ado, lo hice instantes después de que él hubiera estado por allí. Incluso puede que aún estuviera sin yo saberlo
Me hace ilusión que la gente deje sus comentarios en mi blog y pase sin llamar, pero eso de compartirlo en tiempo real llega a confundirme.
Y es que la cualidad de ubicuo sólo les va a los Dioses.

Más gente maja...de momento

Conozco a un tipo que se inventó un currículum vitae y llegó a ser asesor del presidente regional, colaborador en varios periódicos y editor de libros. Hoy le echa la culpa a su trastorno bipolar y vive de estafar al prójimo por internet.
Tuve un compañero de trabajo que tardaba dos horas más en realizar su jornada laboral que el resto de sus compañeros de sección. Nunca hubo manera de meterle en vereda. Ex guardia civil acostumbrado a pasarse las horas muertas por esas carreteras de Dios, no tenía prisa para nada. Participó en el 23F "engañado" según él, ya que le habían dicho que España estaba en peligro y él era, por aquel entonces, más patriota que nadie. Tras 6 meses recluido en Jaca, le expulsaron y terminó en mi misma empresa conduciendo una furgoneta. Jamás tuvo prisa ni mostró el menor indicio de nervios. El sábado murió de un infarto mientras celebraba la boda de su hermano.
Tengo un primo concejal socialista de un importante pueblo de la sierra de Madrid. Su mujer, con la que lleva casado más de 30 años, tiene una reproducción de Tejero encima de la tele, y su suegro combatió en el frente ruso junto a los Nazis con la División Azul. Se quieren como el primer día y jamás lavan en público sus trapos políticos personales.
Sé de un funcionario al que trasladaron de despacho y que se negó a abandonarlo. Desde entonces, y de esto hace más de dos años, se pasa sus jornadas laborales sentado en una silla dentro de una habitación vacía.




Un poquito de sentido común

Serían igual de horteras si salieran de sus atronadores aparatos las canciones de Dire Straits, Queen, Springsteen, Los Secretos o Antonio Vega, aunque nuestros sufridos oídos percibirían en ellas calidad a raudales, letras con sentido y ritmos diferentes.
¿Pero por qué todos ellos nos castigan con Camela?
¡Por el amor de Dios!

06 agosto 2008

Visión de futuro

Cuando tuve conciencia de cómo se hacían los niños, llegué a la conclusión de que las parejas hacían el amor tantas veces como hijos tenían. Por esa regla de tres mis padres, por ejemplo, lo hicieron tres veces.
Aunque es igual. La simple acción de imaginarme a mis padres en semejante actitud me pone los pelos de punta.
El hecho de pensar que mis padres hicieron en su día lo mismo que yo hago en el presente me resulta, cuando menos, rara. Y es evidente que lo hacían, pero... Así que, en ese aspecto de la vida, prefiero seguir pensando lo que pensaba, que lo hicieron por obligación esas tres veces y ya está.
A veces intento imaginarme dentro de 30 años, y me imagino jubilado, con el pelo prácticamente blanco, en un buen estado de forma, y malcriando a mis nietos como todo buen abuelo. Pero en estos, digamos, sueños, nunca veo la cara de mi mujer, ni su aspecto físico. Me la imagino estupenda, como ahora, pero no puedo verla físicamente. Y tampoco, aunque lo intente, puedo imaginarme cómo serán nuestras relaciones, como no puedo imaginarme las de mis padres.
Supongo que el cerebro del hombre está preparado para adaptarse al tiempo en el que vive, dándose perfecta cuenta de que el tiempo va pasando pero haciendo como que no. Es decir, sabemos perfectamente en qué día vivimos y lo que vemos, pero olvidamos nuestras percepciones pasadas para hacer que las presentes sean las únicas importantes. Es como irse de viaje una temporada y al volver darte cuenta de lo mucho que ha cambiado la ciudad y lo mucho que han crecido los niños. Sólo tras esa ausencia te das cuenta de que el tiempo pasa, porque tu cerebro se queda con la última imagen que vio.
A lo mejor es por eso por lo que no llego a imaginarme algunas cosas. Mi cerebro no admite "opciones de futuro" porque no tiene base en qué apoyarse, ya que para él lo esencial es centrarse en el presente.
P.D.: Aunque parezca increíble, yo tengo claro lo quería decir.

Bochorno

¡Viva la secretaria del señor Alcalde!

¡Viva, viva y viva!

05 agosto 2008

Blog

-Hola.
-¿Qué quería?
-Sincerarme
-¿Y por qué?
-No lo sé. Lo necesito.
-¿Por qué?
-No lo sé. Dígamelo usted.
-¿Yo?
-Sí, usted
-¿Y por qué tengo yo que decirle lo que usted necesita?
-Porque yo no sé lo que me pasa
-¿Y supone usted que yo debo de saberlo?
-Quizás. Yo, desde luego, no lo sé, y había pensado que usted sabría algo
-¡Pero si ni siquiera le conozco!
-Pues por eso
-No entiendo nada
-Pues mire, como yo
-¿Y si lo que yo le dijese no tuviese sentido?
-Me quedaría igual que estaba
-¿Y si lo que yo le dijese no fuese lo que usted espera?
-No espero nada concreto, así que...
-Mire, no me líe que demasiados problemas tengo yo como para intentar solucionar los suyos
-A lo mejor le puedo ayudar
-¡Pero si no le conozco!
-Mejor, así le daría mi opinión desde un punto de vista absolutamente objetivo
-Esto no tiene sentido
-Efectivamente. ¿Empieza usted o lo hago yo?

04 agosto 2008

Pasito a pasito

No es que haya yo entrado con muy buen pie a mi vuelta de vacaciones, porque no tengo tiempo casi para nada y hace un calor verdaderamente insoportable, así que apenas tengo oportunidad de asomarme por aquí a contar mis penas ni tampoco he cumplido mi promesa de hurgar en los blogs ajenos para empaparme de todo ese montón de posts que todo el mundo ha publicado en mi ausencia. Decididamente estaba mucho mejor en la playa.
Hoy he tenido que viajar aquí al lado para hacerme cargo de nuestra otra ofi en la ciudad vecina, porque el compañero que normalmente tiene esas obligaciones se ha marchado por ahí de vacaciones y me ha traspasado el mando, así que no me ha quedado más remedio.
Procuro asomarme por allí sólo en casos de extrema necesidad, porque en cuanto lo hago me llueven las peticiones de nuevos materiales, problemas informáticos, consultas irresolubles y marrones varios. Pero siempre que voy, sea invierno o verano, por la carretera me cruzo con bastantes personas que suben hacia Santiago de Compostela por esta rama del Camino. En invierno les compadezco por el frío casi siberiano, y hoy no puedo por menos de considerarles poco menos que enajenados por caminar a los 36 grados de temperatura que marcaba el coche, que seguro que aumentaban hasta casi los 40 por el calor del asfalto y del terreno.
Ya he comentado en alguna otra ocasión que uno de los sueños de mi mujer es hacer el Camino de Santiago, y que siempre que lo dice no puedo por menos de sorprenderme. ¿Qué puede llevar a una persona a querer realizar semejante...cosa?, ¿qué me he perdido en la información que tengo sobre este tema para que a mi me resulte tan poco apetecible?
No envido en absoluto a los que tienen Fe por las ataduras que eso conlleva y la sumisión a los dogmas que implica, pero he de reconocer que la sensación que cualquiera de ellos debe tener al cumplir la promesa de realizar algo tan duro físicamente hablando como el Camino de Santiago me produce curiosidad.
Bueno, y también un poquito de envidia.

03 agosto 2008

Así, a modo de resumen

Si hago un poquito de memoria, con las dos de hace quince días, es la tercera vez que esa panda de hijos de puta me pone una bomba en los últimos 4 años. De la del Paseo de Pereda de 2004 nos libramos por horas, pero las dos últimas las vivimos en directo. La de la playa no estaba a más de 40 metros de nuestra ventana, y la del campo de golf a menos de 200. Vamos, que lo intentaron por detrás y por delante.
Pues que sepáis que ni a bombazos me vais a echar de mi playa. Capullos. Y que ese día no fui a la playa porque llovía, no porque vosotros me hubiéseis estropeado la mañana. Cabrones.
Por lo demás, creo que han sido las dos semanas más divertidas de los últimos años. Y no porque se apuntasen mis suegros, cuñados#3 y sobrinas, mi madre y mis hermanas, sino porque todo ha sido perfecto. Buen tiempo, buen marisco, buenas compras, buenas siestas, buena pesca y playa, playa y playa.
Lo de movilizar a un total de 13 personas para todo es un coñazo, porque aunque la consigna era que cada uno hiciera lo que le diera la gana, al final todos ibamos a los mismos sitios todos juntos, así que entre unas cosas y otras dependíamos todos de todos y todo se retrasaba. Pero aún así, muy diver.
Me lo he pasado pipa con mi hijo, que ya hace sus pinitos con su tabla de madera en las olas que se forman al bajar y subir la marea. Realmente no sé qué modalidad de surf es, pero lo practican con mucho éxito los quinceañeros. Se trata de una tabla ovalada muy delgadita con la que se surfea por una superficie de agua que no llega ni siquiera a los tobillos. Todo muy rápido y muy divertido. Mi hijo, que es como una esponja para eso de los deportes, tardó una mañana en sostenerse sobre la dichosa tabla. Yo, tardé justo 30 segundos en saber que aquello no era lo mío y que mis sufridos riñones no aguantarían más de un costalazo, ni tampoco mi autoestima, así que a la primera caída tipo dibujos animados lo dejé muy dignamente.
También nos hemos pasado las horas muertas pescando. Que si un cangrejo por aquí, una estrella de mar por allá y kilo y cuarto de alevines por acullá. Pobres bichos.
En fin, que para no aburrir con las mismas cosas, cambio y corto.
Ahora voy a ver qué se cuenta por ahí, que en una rápida visita he visto que el verano está causando estragos y el personal se ha vuelto loco y no deja de escribir.