31 julio 2008

Fin de fiesta

Total, para venirnos un viernes, decidimos llamar a la casera para ver si podíamos quedarnos hasta el domingo. Como era de esperar, casi se echa a reir. Los nuevos inquilinos llegan mañana viernes.
Mala suerte.
-Papá, ¿por qué no podemos quedarnos dos días más?
-Pues mira, porque mañana vienen otras personas que también quieren disfrutar de la playa. No te preocupes, quizás nos quedemos dos días más el año que viene. O incluso más si hay suerte.
-¡Hala!, ¿podremos quedarnos más de 17 días?
-Pues a lo mejor. ¿Tú cuántos te quedarías?
-Yo me quedaría a vivir.

16 julio 2008

Cerrado por vacaciones

Esto es lo que mis ojos verán cuando me levante cada mañana de los próximos 15 días.
No os extrañe pues, que no os haga ni puñetero caso hasta el próximo mes de agosto.

15 julio 2008

Agenda quincenal

Así serán, con horarios aproximados y si la meteorología no lo impide, mis próximos quince días:
  • 09:00 horas: Primer vistazo a la playa y paseo hasta la panadería para comprar pan reciente, bollería variada para el desayuno, y la prensa local.
  • 09:30 horas: cafetito y muchas pero que muchas cosas bien mojaditas en él.
  • 11:00 horas: primera excursión a la playita con cubos y palas. Dependiendo de la marea, búsqueda y captura de cangrejos, caracoles y peces despistados.
  • 13:30 horas: visita al bar de la esquina: cañita y rabas
  • 14:30 horas: comida
  • 16:00 horas: siesta
  • 17:00 horas: segunda excursión a la playita. Dependiendo de la marea, búsqueda y captura de cangrejos, caracoles y peces despistados.
  • 19:30 horas: regreso a casita y ducha reparadora con baño de crema hidratante
  • 20:30 horas: vestido de punta en blanco, elegante a la par que informal, y con mucho estilo casual beach, paseo con toda la tropa hasta el centro. Muchas paradas por el camino para comprar helados y vestidos hippies para las chicas mientras los chicos aprovechamos para lucir bronceado sentados en cualquier banco.
  • 22:00 horas: cena en una terraza con una generosa cantidad de raciones de todo tipo bien regadas con varias jarras de cerveza helada.
  • 23:30 horas: regreso a casa con los niños en los hombros porque están muy cansados.
  • 24:00 horas: tras diez minutitos de tele, un pis y a la cama.

En caso de lluvia, esta agenda se verá modificada en el bloque horario comprendido entre las 11:00 y las 22:00 horas, siendo sustituidas todas las actividades por excursiones a parajes naturales del entorno, visita de playas desconocidas y mariscadas varias.

14 julio 2008

¿Qué pasaría si...? (AVISO: estoy fatal de lo mío)

Con eso del estrés prevacacional, mi mente anda un tanto "disipada". Incluso más de lo normal, diría yo.
Ahora me ha dado por pensar qué pasaría con mi blog si yo no volviese.
Imaginemos por un momento que llega el 1 de agosto, y el 2, y el 3...y nada, que no actualizo.
Imaginemos por un momento que decido no continuar, que se me olvida volver, que no recuerdo la contraseña de Blogger, que no tengo nada que contar, que pierdo los dedos...o que muero.
Me imagino no escribiendo todo aquello que tendría que escribir y que por un motivo u otro no podré. Me imagino no contestando a los sarcásticos, críticos y siempre bien encaminados comentarios de mi ingente e inteligentísima audiencia. Me imagino no imaginándome más posts como consecuencia de alguno de esos mismos comentarios.
Y me da pena.
El blog, he de reconocer, se ha convertido en algo familiar, diario y divertido. Una rutina más que no tiene nada de monótona, sino todo lo contrario. Algo que me gusta hacer y compartir.
Y si no vuelvo, por cualquier motivo, lo echaré de menos.

Del bañador al chaqué

Me quedan horas, y si todo va bien, dentro de 48 ya estaré camino de Cantabria y con un nudo en el estómago deseando que el mar se abra paso tras las montañas.
En fin.
Lo del tiempo es de chiste. El viernes por la tarde, en vez de piscina, tuvimos paseo vespertino y cena con las ventanas cerradas. Y es que lo de este verano no tiene mucho sentido. Otros años, por estas fechas, estaba ya deseando huir del infierno a lugares más fresquitos, que es en lo que consiste eso de veranear. No entiendo yo mucho eso de pegarse 5 horas en coche para llegar a la costa levantina y pasar de los 34 grados a la sombra con 8% de humedad a los mismos grados con un 80%. Pero de todo tiene que haber por el mundo, así que mira tú por dónde que las playas mediterraneas están atestadas de gente que se pelea por un metro cuadrado de playa y un metro cúbico de agua a 26º de temperatura. Hay que joderse.
En vez de eso, Cantabria. Tarifa plana de 25º por el día y 18º por la noche. Playas con gente suficiente para ver chicas estupendas y para hacer castillos de arena, y agua fresquita para quitarse el calentón. Qué más se puede pedir.
El sábado, tras una llamada a la una de la tarde de mi amigo O para invitarnos a comer, pasamos el día tan rícamente en su casa. Arroz para todos, tarta de cumple anticipado para su hijo mayor, y sobremesa hasta las nueve de la noche. Así que me lié la manta a la cabeza y después de dos cervezas de esas de ocho grados, copazo. Como es lógico, y abstemio por obligación, con la primera cerveza empecé a decir tonterías, así que tras la copa lo único que pude hacer fue dormitar un rato en el sillón del jardín mientras los demás hacían una guerra de agua con las mangueras.
El domingo, poca cosa. Por la mañana, mi santa y su madre se marcharon de compras, así que aproveché para endosarle los niños a la mía y terminar los papeleos que tenía pendientes antes de marcharme. Por la tarde, esta vez sí, piscina.
Y el lunes, así, de repente, me encuentro con que he sido premiado por Pir_ado en su primera entrega de premios cuando ni siquiera sabía que estaba nominado. Y claro, ahora, me iré con la preocupación de que no sé qué ponerme el día de la entrega de tan inmerecido galardón.

10 julio 2008

No más ojos enrojecidos

Sé que esto me va a quedar un tanto escatológico y que seguramente perderé todo el respeto de aquellos que lo lean, pero no puedo por menos de decir lo que se me pasa por la cabeza en el momento que lo hace. Más que nada porque corro serio riesgo de no volver a acordarme de ello.
Y es que hoy voy a hablar del culo. Sí, sí, del trasero, ano, ojete, pandero, cachas, nalgas, posaderas o como queramos llamarlo. Y la culpa de que hoy me dé por el culo (por hablar, digo) la tienen, como casi todo lo que me pasa, mis hijos.
Eso de cambiar pañales y de estar todo el día bajando y subiendo bragas y calzoncillos daría para una enciclopedia, pero también daría para hablar de uno de los más grandes inventos de la historia moderna: las toallitas húmedas.
¡Qué placer!, ¡qué gusto!, ¡qué poder!. ¡Abajo el papel higiénico!, ¡vivan las toallitas desechables!, ¡el Nobel para el creador del invento!, ¡viva Mercadona por tenerlas a 2 eurazos el paquete!, ¡abajo el gobierno por no incluirlas en sus promesas electorales como beneficio social!, ¡muerte al perrito scotty!, ¡viva la ranita kandoo!

08 julio 2008

Cosas que fui dejando por el camino

El flequillo: yo tenía un flequillo del que estaba muy orgulloso, y que cuando me molestaba se apartaba con un simple soplido.
La raya: sin raya no hay flequillo que valga, así que si perdí lo uno, también lo otro.
Los calcetines blancos: alabado sea el Señor.
Los zapatos negros: yo era muy de zapato negro, con borlas y sin ellas, con trabillas y sin ellas, pero siempre negros. Ahora no tengo ni un solo par de ese color. Me pongo malo sólo de pensarlo.
El mosquetón: sí, sí, ese chisme que se colgaba de una trabilla de los vaqueros y que aseguraba las llaves en el bolsillo. Qué horror.
El ombligo: hombre, así dicho es como si me lo hubiera extirpado. Lo que pasa es que ha ido profundizándose hasta perderse de vista. Hasta los 11 años siempre estuve muy orgulloso de mi ombligo, porque iba más adelantado que mi inexistente panza.
La cicatriz de mi frente: era la que me recordaba que no es muy prudente saltar sobre un colchón demasiado cercano a un radiador. Con los años ha desaparecido.
Mi memoria: porque no puede ser que sólo haya dejado estas cuatro cosillas por ahí durante todos estos años, así que continuará...cuando me acuerde de más.

Encierros

¡Vamos, papá, yo echo a correr y tú eres el toro!

Y así me paso la semana, corriendo detrás de mi hijo por las calles.

Para mi hijo, un "sanfermín" es el tipo ese que se viste de blanco y se ata un pañuelo al cuello. Todas las mañanas le tengo que grabar la retransmisión del encierro para que se la vea durante el día una y otra vez. El chico vale, porque no se le escapa una, y es capaz de detectar si el toro ha "pinchado" al "sanfermín" o sólo se ha caído, o si corría bien o estaba haciendo el ganso. Claro está que la culpa la tengo yo, que ha sido quien le ha envenenado con eso de los encierros.
Para mí, los "sanfermines" son la puerta de entrada del verano. Desde hace muchos, pero que muchos años, madrugo para verlos. Cuando no había vídeo, pues para no perdérmelos y verlos enteros, y cuando ya lo hubo, para verlos en directo y luego recrearme con las repeticiones.
No saldría yo a esas calles de Pamplona ni harto del vino ese que se deben de tragar por barriles cada uno de los guiris que por allí se pasean durante estos días. Los toros me dan mucho susto, y mi sentido común me lo impediría. Pero lo que sí me gustaría sería estar allí alguna vez, eso sí, bien seguro en alguno de esos balcones abarrotados que se pueden ver en la tele.
Tuve dos compañeros hace unos años que eran de Pamplona. Los dos habían venido a estudiar aquí y aquí se quedaron para hacer su vida. Los dos se guardaban unos cuantos días de sus vacaciones para volver por San Fermín, y yo me moría de envidia.
Acaba de celebrarse el encierro que más me gusta, el de los toros de Cebada Gago. Por lo general suele ser el más emocionante, pero este año ha sido muy rápido y los toros no han pegado ni un mal derrote. No es que yo sea uno de esos que lo que busca es la cornada ajena, pero sí que me gusta ver cómo un toro se lleva por delante a un inconsciente que no ha visto un bicho de estos en su vida y se cree que el toro bravo tiene el mismo peligro que uno de esos arbustos rodantes que se ven en las películas de vaqueros.
Y es que si yo fuera toro...

03 julio 2008

Abuelidad

Digo yo que si la paternidad es la cualidad de padre, la abuelidad tendrá que ser la de abuelo.
Bueno, lo mismo da.
El caso es que voy a ser abuelo. Sí, sí, abuelo.
En unos cuantos días las mariposas en las que se han convertido los gusanos de seda de mis hijos empezarán a poner "cienes y cienes" de huevos, así que me convertiré en la próxima primavera en el abuelo de unos cuantos gusanitos de seda diminutos. ¿No es fantástico?
Hoy han nacido las primeras dos mariposas hembras, y una de ellas, nada más nacer, se ennovió, casó y consumó en el mismo acto, así que ahí la he dejado, en su cajita de zapatos, disfrutando de una buena coyunda con su mariposo. La otra hembra, aún no se ha atrevido a bajar de la pared de la caja. Creo que es algo más tímida.
¿Que cómo sé que son hembras y no machos?, pues no precisamente porque yo sea un entomólogo eminente, no, sino por la simple reacción del resto de los bichos. Resulta que hace un par de días empezaron a salir las mariposas de los capullos, y se han pasado esas 48 horas cada uno por su lado sin hacerse el más mínimo caso. Vamos, que han pasado el tiempo como los adolescentes en los parques, todos más o menos cerca pero cada uno con su litrona viendo pasar las horas sin nada que hacer ni futuro al que acercarse. Pero, de repente, un olor, una fragancia, un no sé qué, ha causado una revolución. Todas las mariposas han comenzado a la vez a agitar sus alas y a dar vueltas como locas, y en cuanto han visto acercarse a la recién llegada, la han asaltado entre piropos y toqueteos, hasta que una de ellas, la más lista, directamente le ha metido mano y lo que no es la mano.
Como la vida misma. Los machos andan por ahí perdiendo el tiempo y entreteniéndose en naderías hasta que una hembra les mete en vereda y les recuerda que su labor es salvar la especie.
Como si a los machos tuvieran que recordarnos que el sexo es lo más importante.

02 julio 2008

A ver cómo arreglo yo esto...

¿Qué hacer con una comercial que se presenta con un contrato cerrado y firmado por el cliente por 7.000€ cuando era de 14.500€?
¿Qué pensar cuando su excusa es que ella creía que en 8 meses de duración que tiene el contrato, el número total de semanas a facturar era de 58 en vez de 29?
Voy a consultar el Estatuto de los trabajadores, y como haya un solo resquicio legal para tirarla por la ventana, mañana abrimos los telediarios.

Volatilidad económica

Ayer mi mujer me dio las gracias por preocuparme tanto por su madre e insistir en la necesidad de que vengan con nosotros de vacaciones.
Hoy he hecho una transferencia a la dueña del apartamento reservándole la segunda quincena de julio para mis suegros.
No sé lo que pasará, pero corro un serio riesgo de perder 200 eurazos por el camino.

Cine, cine y más cine

Durante el largo viaje, Thomas Mitchell (Doc) y Berton Churchill (el banquero) mantienen el siguiente diálogo:
"Lo que necesita este país (dice el banquero), es tener a un empresario como presidente". A lo que Doc le replica, "lo que necesita este país son más cogorzas; más co-gor-zas"
La diligencia (John Ford, 1.939)
Ahora imaginémonos la comparecencia del Presidente de Gobierno ante el pleno del Congreso de esta tarde, y pongámosles caras a cada uno de los intervinientes interpretando el anterior diálogo.

01 julio 2008

Dejadme en paz, me lo he ganado

La vida es como el ejército. Año tras año vas haciendo méritos para ganarte los galones, y con el paso de muchos, muchos años, llegas a lo más alto. Eres el que más manda, el que está por encima de todo y de todos, aunque ajustándote a unas normas básicas. Y después de eso, pasas a una etapa aún mejor, aquella en la que ya tienes todo hecho y en la que se te reconoce el esfuerzo de una vida. Aquella en la que se terminan las obligaciones y los problemas. Aquella en la que, por fin, puedes hacer lo que realmente te da la gana: la jubilación.
Pero hete aquí que en ese momento, el momento en el que has conseguido echar a tus hijos de casa, el momento en el que el trabajo ya no es una obligación, el momento en el que la hipoteca ya no existe, pasas a ser un trasto inútil.
Y es que los hijos, llegados a una cierta edad, se creen con el derecho (y la obligación) de convertirse en los padres de sus padres. Y comienzan los problemas.
El sábado pasado mi suegra insinúa que le gustaría venir con nosotros de vacaciones. Y tanto a mi mujer, su hija, como a mí, nos parece perfecto. Total, qué más nos da. Después de todo también van a venir mi madre y mis dos hermanas, así que si se apuntan ellos, pues más risa. El único inconveniente es que en nuestro apartamento ya no cabe más gente, así que hay que buscarles algo urgentemente porque estamos a dos semanas del día D. Y dicho y hecho. El sábado por la noche me pongo a enviar correos electrónicos a todas las ofertas de apartamentos que están más o menos cerca del nuestro. El domingo ya ha contestado una de las propietarias, con tan buena suerte, que el apartamento de mis suegros lo vemos desde nuestra ventana, y no hay más de 100 pasos entre nuestro portal y el suyo. Además, el precio no está nada mal. Así que se lo digo a mi mujer para que llame a su madre y le dé las buenas nuevas.
Pero alquien se nos ha adelantado y ya ha hablado con ella. Mi cuñado#3, que es de los que primero eructa y luego pide perdón, se ha enterado de la movida y no se le ha ocurrido otra cosa que llamar a su madre para prohibirle taxativamente que vaya de vacaciones a la playa porque está muy vieja y ya no puede conducir. Así, a dolor vivo. Mi suegra, que los tiene bien puestos, ha mandado a la mierda a su hijo, pero ha prometido que ahora no irá a la playa, no porque se lo prohíba él, sino porque a ella no le da la gana. El resto de los hermanos, a parte de poner a parir a mi cuñado#3, ha intentado convencerla, pero no hay manera. Además, ha prohibido a todo el mundo que le vuelva a hablar de este tema. Así que se quedará sin vacaciones para demostrarle a su hijo el que se lo prohíbe que es más fuerte que él y que es ella quien decide no ir, y nosotros nos quedaremos sin quince días en la playa con los abuelos porque a él, que tiene una la lengua más rápida que su cerebro, ni siquiera se ha parado a pensar las consecuencias que tendrían sus palabras.