30 junio 2008

¡Uy, perdone!

Ella estaba sentada en el borde de la piscina. Biquini negro, pelo recogido, largas piernas y medidas casi perfectas. Él estaba dentro del agua y sus brazos reposaban sobre los muslos de ella.
De pronto, los brazos de él la rodearon y la atrajeron con fuerza dentro del agua al mismo tiempo que retrocedía unos pasos. Ella le avisó: "¡cuidado, que tienes un señor detrás!"
Efectivamente alguien pasaba por detrás. Era un padre con una niña preciosa que flotaba gracias a unos manguitos color de rosa.
Era yo.
¿Señor yo?, ¿pero cómo que señor?. Sí, cierto es que tengo un par de canas en las sienes (que me sientan fenomenal) y un pelo larguísimo en el pecho disparado como cuerno de unicornio del color del marfil, pero ¿por qué llamarme señor?, ¿no sería más fácil haberle dicho que tuviera cuidado con la niña?, ¿no era menos cruel decir que tuviera cuidado porque había alguien detrás?, ¿qué he hecho yo para merecer un calificativo tan despreciativo?, ¿acaso no está un hombre en la mejor etapa de su vida cuando casi llega a los 40?, ¡señor, dice!
Nunca me había sentido tan viejo como el sábado. ¡Pero si estoy estupendo!, ¡pero si incluso me he comprado un bañador rojo que disimula mi michelín!, ¡pero si de perfil no se nota casi nada que estoy metiendo barriga!, ¿cómo que señor?, ¿pero será...será...será...joven e inexperta?, ¡señor, dice!
¿Qué culpa tengo yo de que el socorrista se pasee por la piscina con esa tableta de chocolate y esos pectorales y esas piernas, eh, eh?, ¡seguro que en vez de ser feliz se pasa el día en el gimnasio y no tiene amigos ni familia ni nada!, ¡seguro que no tiene tiempo ni de mirar a las chicas!, ¡seguro que no se come una rosca!, y sin embargo yo he demostrado que soy capaz de todo eso y más. ¡Señor, dice!
¿Pero, pero, pero cómo que señor?

¿Y ahora qué?

Harto estoy de decir en el blog lo que opino sobre los periodistas. He trabajado tantos años a su lado que los desprecio, a veces tanto, que siempre digo que el mayor disgusto y decepción que podrían darme mis hijos sería dedicarse a esa profesión.
¿Y a qué viene todo esto?, pues muy sencillo, a la reacción de todos ellos durante esta Eurocopa. ¿Qué hay del Luis vete ya?, ¿qué ha pasado con el Raúl selección?, ¿dónde se han metido todos los que hace menos de dos meses pedían lo uno y lo otro?. Pues muy sencillo, son los mismos que hoy piden la renovación a perpetuidad de Luis y que no se acuerdan, ni por el forro, del tal Raúl.
Es una profesión de indignos, de prepotentes, de jetas y , por qué no decirlo, de autenticos hijos de puta. No se paran ante nadie, desprecian la verdad de forma sistemática, y son capaces de decir una cosa y la contraria en la misma frase sin que les cambie la cara.
¿Pero eso no era lo que yo opinaba de los políticos?. Pues sí, también.

25 junio 2008

Ojito conmigo

¿Tendré caspa en el pelo?, ¿quizás un moco sobresale de mi nariz?, ¿acaso asoma un trozo de filete entre mis dientes?, ¿habré olvidado peinarme?, ¿me habrá cagado un pájaro en el hombro?, ¿me habré dejado la etiqueta del precio colgando en mi polo nuevo?, ¿me habrá crecido de repente una verruga en la mejilla?, ¿me habré cortado al afeitarme?, ¿llevaré sucios los zapatos?, ¿iré mal conjuntado?, ¿mi camisa estará arrugada?...
Todo esto pasa por mi cabeza cuando alguien con quien hablo no me mira a los ojos. Sí, sí, todo eso y más cosas que no recuerdo. Y es que hay gente que tiene esa costumbre y nunca te mira cuando te habla. Te mira la cabeza, el pelo, las orejas, la ropa. Te mira de pies a cabeza sin ningún tipo de pudor. Uno no sabe si lo hace por cotillear, porque tu conversación no le interesa en absoluto, por mala educación, o porque es un perfecto imbécil.
Los hay incluso que mantienen la mirada fija en tus ojos mientras hablas, pero que durante el transcurso de la conversación, cuando tú la retiras porque miras momentaneamente a quien pasa a tu lado, porque tienes que hacer énfasis con los ojos sobre lo que dices, o por cualquier otro motivo, aprovechan para mirar otras partes de tu cuerpo. Y entonces, cuando tú recuperas la mirada a sus ojos, inmediatamente ellos vuelven también a hacerlo. Eso es aún peor, porque me da la sensación de que me están ocultando algo. Me da la sensación de que han desviado su mirada hacia algo que les ha llamado la atención de mi que no debería estar en su sitio, y que en cuanto se despidan van a ir corriendo a contárselo al primero que pase en plan: "¿sabes?, acabo de encontrarme con Pernam y el pobre llevaba toda la camisa llena de grasa. Seguro que acababa de zamparse una ración de sangre encebollada y el muy guarro se ha puesto perdido y le da lo mismo. Hay que ver, con lo que era este chico..."
Eso mismo me pasó ayer tarde cuando me encontré con una recién parida amiga y madre en un semáforo. Mientras yo loaba la belleza de su retoño y de lo mucho que se parecía a su madre, ella no paraba de mirarme el cogote. Y cuanto más trataba de que ella desviase la mirada con más y más alabanzas hacia la niña, ella dale que te pego con la miradita. Así que entré corriendo en casa directo a mirarme al espejo para ver qué coños tenía mi cogote para que fuese tan atractivo. Y nada. No encontré nada nuevo ni fuera de su sitio.
La que sí estaba fuera de su sitio era la mirada de mi ex-amiga.

24 junio 2008

Primavera, piscina, otoño, invierno

Mi mujer es una lagarta. Y que nadie piense mal, que os veo venir, ya que lo digo por lo mucho que le gusta el sol. Si por ella fuera, se pasaría la vida de toalla en toalla, de hamaca en hamaca o de playa en playa. Sol, sol y más sol.
De casta le viene al galgo, porque mi suegra es aún peor. Es la madre de todas las lagartas. En cuanto sale el sol, ya sea en diciembre o en junio, se pone debajo y no hay forma de despegarla de sus rayos. Dice que lo necesita y que es buenísimo para todo.
Esto de ser el cónyuge de la lagarta facilita mucho las cosas. De junio a septiembre el planning diario es bien sencillito. Por las mañanas, trabajo, por las tardes, piscina. Las fiestas de guardar, piscina. La segunda quincena de julio, playa. La tercera semana de agosto, pueblo. Y no hay más que hablar.
Yo, piscinero consorte, no es que no hubiera ido a la piscina antes de conocer a mi santa, pero tampoco era el sol (por aquello de girar alrededor) de mi vida. Yo era más de pilón. Sí, sí, de esas piscinas que en vez de estar excavadas en la tierra se construyen sobre ella. Aquellas en las que había que pedir ayuda para meterse dentro. Aquellas en las que nos bañábamos en pelotas o en ropa interior todos los primos. Aquellas que se construían en mitad de la nada en cualquier terreno y se llenaban con una manguera. Qué le vamos a hacer, yo vengo de familia humilde.

El caso es que eso de tener a la piscina como único referente durante tres meses del año tiene sus pros y sus contras, como por ejemplo, pro: no hay que pensar en qué haremos, contra: no puedo dormir la siesta porque los niños se empeñan en bañarse.

Lo que sí da para una tesis doctoral es la fauna que te encuentras en las piscinas, a saber:
  • Nuevas parejitas: Se las reconoce a la legua. Él o ella se pasan el día el uno encima del otro morreándose encima de la toalla, van de la mano a la piscina y dentro del agua siguen morreándose apoyados contra uno de sus bordes. En estas maniobras acuáticas aprovechan para tocarse disimuladamente porque nadie les ve (o eso creen ellos) provocando en ocasiones alguna polución involuntaria que se disuelve en el agua para compartir con el resto de los bañistas su recién estrenado amor. En este estado también es muy frecuente el extendido de crema sobre la piel de la pareja de forma sensual, sobre todo en las zonas erógenas. El resultado de un día en la piscina de una de estas parejitas es que el enamorado termina yéndose para casa con un monumental dolor de huevos.
  • Parejitas de segundo año: Menos besos y más masajes. El tema masaje daría para un post, o varios. En esta etapa, de amor joven, se pierde la costumbre de ir de la mano a la piscina, los roces dentro del agua son más ocasionales, y se tiene tiempo incluso para tomar algo en el bar. Pero para compensar llega el capítulo de destripar granos. La hembra se sienta a horcajadas sobre el culo de su macho, desenfunda sus dos dedos pulgares y comienza el ritual. Espinilla tras espinilla, todas ellas sucumben al poder de sus dedos. El amor, en estas ocasiones, duele un poco.
  • Parejitas maduras: Ella somete a sus ingles a una depilación pelo a pelo con unas pinzas metálicas, mientras él, como queriendo huir de la estampa que tiene ante sus ojos, se refugia en el periódico del día con autentica fruición. Los baños son más esporádicos y por separado. Ella, con pinza en el pelo para no mojárselo, él entrando en la pisci con cuidado procurando que la huevada sufra lo menos posible.
  • Parejas con niños: En el caso de que el concepto de pareja siga manteniendo su significado cuando llegan los hijos, cada uno de sus miembros se ocupa, única y exclusivamente en vigilar a sus retoños para que no se ahoguen y en darles de merendar.
  • Parejas maduras: Él, juega al dominó. Ella, al hand-remmy. Ella se baña en contadas ocasiones y nunca, bajo ningún concepto, mete la cabeza en el agua para no dañar su carísimo peinado. Él, a lo más que se atreve, es a meter los pies en el agua, porque sigue a rajatabla aquello de que de los cuarenta para arriba, no hay que mojarse la barriga.
  • Chulopiscinas: Dícese del usuario de bañador paquetero que se empeña en meter barriga para aparentar un buen estado físico. Generalmente padece alopecia y es extremadamente peludo.
  • Buenorro: Lo contrario al chulopiscinas. Cuerpo, 10. Paquete, 10. Depilación, 10. Bronceado, 10. Generalmente luce bañador diminuto y rubia espectacular. Se gusta mucho, hace que los demás lo sepan, y él sabe que está buenoquetecagas. La rubia acentúa su belleza, y él lo sabe.

Y es que esto de ir a la piscina a pasar el rato en vez de por necesidad es lo que tiene, que tu objetivo se cumple disfrutando del momento y de los que te rodean. Y yo, que soy muy mirón, me paso el día viendo lo que los demás hacen. Mis hijos, los pobres, prefieren ir a bañarse con su madre, porque yo estoy más atento a lo que hacen los demás que a lo que hacen ellos y, claro, se aburren.

Además, cada vez sufro más con la llegada del agua a mi entrepierna. Creo que soy un tipo sensible de huevos.

19 junio 2008

Yo de aquí no me muevo

Estoy planeando esperar a mi mujer con los niños a la puerta de su ofi mañana a eso de las tres, llegar a la piscina, desplegar la tienda de campaña, la mesa y las sillas y pasarme allí los próximos dos días y medio moviendo los deditos de mis maltrechos pies dentro del agua.
Se ponga como se ponga el guardia de seguridad.

¡Ya!

Pantalones claritos, polo marrón...

En cuanto mis pies cojan un pelín de color, me quito los calcetines.

Verano.

18 junio 2008

Cuestión de supervivencia

Distintas reacciones ante un mismo hecho: tras una colada nocturna, llega la hora de tender la ropa. La última prenda, un calcetín infantil de diminuto tamaño, se escurre de entre las manos y termina en el patio de vecinos. Son las nueve de la mañana. ¿Cómo solucionarían el problema nuestros dos sujetos de estudio?:

Sujeto A: Tras acordarse de los muertos de todo el mundo, el susodicho se viste y baja a la casa del vecino del primero para pedirle la prenda. Ding-dong. Segundos de espera. Nadie contesta. Lógico, dice, habrá salido a trabajar, así que se marcha con la intención de volver a la hora de comer, que seguro que está. Dos de la tarde. Ding-dong. Nadie contesta. Vaya, seguro que hoy no viene a comer, o que es pronto, así que bajaré a primera hora de la tarde. Cinco de la tarde. Ding-dong. Nadie contesta. Pues nada, cuando vuelva esta noche, paso por aquí y se la pido. Malo será que no esté a la hora de cenar. Nueve de la noche. Ding-dong. Por fin. Hola vecino, mireusté que se me ha caido esta mañana un calcetín del niño mientras tendía la ropa y que está en su patio, ¿sería tan amable de devolvérmelo?. Faltaría más, un momentito por favor. Muchas gracias y perdone las molestias. Usté no molesta nunca, así que ya sabe, cuando me necesite para algo, aquí me tiene. Gracias, es usté muy amable. Buenas noches.
Tiempo de resolución del problema del sujeto A: 12 horas.
Sujeto B: Sin decir absolutamente nada a nadie se acerca al armario, coge una percha de madera y le quita el gancho metálico. Abre un cajón y saca una pequeña madeja de lana blanca. Ata el gancho a un extremo de la lana y vuelve al balcón. Saca el brazo y sin pausa pero sin prisa desenrrolla la madeja con el gancho metálico hasta que llega al suelo del patio. Con calma, acerca el gancho al calcetín, lo engancha, y lo sube con sumo cuidado. Una vez a salvo, cuelga el calcetín en la cuerda de tender, enrrolla la madeja, desata el gancho, guarda la madeja en su cajón y vuelve a enroscar el gancho en su percha, cierra el armario y a otra cosa, mariposa.
Tiempo de resolución del problema del sujeto B: 3 minutos.
El sujeto A es el primogénito de 3 hermanos, y él es el único varón. El sujeto B ocupa el cuarto lugar en una familia de 5 hermanos, y ella es la única mujer.
El sujeto A, soy yo. El sujeto B, es mi mujer.
O eras más rápida que ellos, o te quedabas sin merienda.

17 junio 2008

Detrás del escenario

Se ha teñido el pelo, se ha puesto más tetas y ha estilizado su figura con más bisturí, pero su larga nariz y la forma de la cara la delatan. Es ella, la universitaria inexperta.
Mi entrada en el mundo de la publicidad fue en un periódico. A parte de vender la publicidad en la calle teníamos que atender los anuncios por palabras. Sí, los famosos clasificados, avisos o anuncios breves. Atendíamos a todo tipo de público y, claro está, a las putas y chaperos.
La primera vez que atiendes a una de estas personas no puedes por menos de sentir vergüenza. No por ella, sino por ti. Que alguien ofrezca su cuerpo a cambio de dinero y seas tú quien le tome nota de la oferta como si fuera un trozo de carne en venta te descoloca. Pero como todo en la vida, esto termina haciendo callo y con el paso del tiempo tanto te da que la que tienes delante venda cachorritos recién nacidos o sea ella misma quien ofrece su cuerpo al primero que llame.
En toda aquella etapa conocí a universitarias inexpertas, universitarias cachondas, estudiantes viciosas, maduritas sexys, viudas, modelos universitarias, travestis activas y pasivas, y hombres muy bien dotados que hacían a todo. El tema de las universitarias era muy demandado, supongo que también porque la demanda de sus servicios era mayor.
Con algunas de ellas llegué, mejor dicho llegamos, a tener cierta relación. Venían un par de veces por semana porque los anuncios se cobraban al contado y por adelantado.
Universitaria inexperta no comenzó poniendo sus propios anuncios, sino que era la chica para todo de un lupanar de la ciudad en el que trabajaban varias chicas, y era ella la encargada de ir hasta el periódico a hacerlo. Vio pasar tanto dinero entre sus manos y entre las piernas de sus compañeras que terminó metiéndose de lleno en el negocio. Su cambio fue radical. Pasó de ser una chica morena y narizotas que vestía generalmente de negro y con bastante mal gusto, a una chica morena de pelo largo bien peinado con grandes gafas de sol que disimulaban tremendamente su apéndice nasal, y que vestía blusas escotadas de colores claros y pantalones ceñidos. La universitaria inexperta de hoy tenía melena rubia, grandes gafas de sol de esas con algo de espejo, una camiseta blanca ceñidísima que ocultaba/resaltaba un buen par de tetas, y unos pantalones marcando culazo. Los zapatos, de tacón.
Viuda era una mujer del tipo Rocío Jurado. Pelo largo y bien teñido de rojo, grandes gafas de sol negras que no dejaban ver sus ojos, más de 150 de pecho y buenas caderas. Venía siempre con sus hijos, un niño pequeño y una niña de unos 12 ó 13 años. Los dejaba en una esquina de la oficina y se acercaba al mostrador, pedía la orden de publicidad y escribía siempre el mismo anuncio. Pagaba, y se marchaba. Sólo hola y adiós. Y así durante años. Hasta que un día, años después, todo cambió. Subieron las escaleras ella y su hija, y las dos se acercaron al mostrador. Esta vez pidieron dos impresos y publicaron dos anuncios. Ella seguía siendo la viuda de siempre, y su hija se había convertido en jovencita 18 años. A partir de ese día, siempre fueron dos anuncios.
Estudiante viciosa era una yonqui. Era menuda, rubia de bote y con unos ojos azules casi transparentes. Siempre iba llena de moratones en los brazos, y su aspecto desmejoraba semana tras semana. Venía con su hija pequeña, la sentaba en el mostrador y nosotros, para tenerla entretenida y para distraerla de lo que su madre estaba haciendo, la tratábamos como una reina. Le dábamos caramelos, bolis y todo lo que nos pedía. Terminó entrando en la oficina como en su casa. Correteaba entre las mesas y nos saludaba uno a uno. En su cumpleaños siempre tuvo un regalo que pagábamos entre todos. Su madre, más de una vez nos pidió el favor de publicarle los anuncios gratis, porque ni siquiera tenía suficiente para pagarlos. Todo se lo gastaba en lo mismo. Una de mis compañeras llegó a poner en varias ocasiones dinero de su propio bolsillo para que no se descuadrase la caja. Yo, me enfadaba con ella. Prometió que lo devolvería, pero nunca lo hizo.
Modelo universitaria era así, tal cual. Metro ochenta y cinco, medidas de revista y precio de puta de lujo. Sólo recibía en hoteles, y su chulo la traía al periódico en un BMW M3 descapotable que aparcaba encima de la acera. Joder, si hasta él estaba bueno.
Las travestis eran todas brasileñas. Altas y gordas, apenas hablaban castellano. Supongo que serían las hormonas, pero juraría que semana tras semana iban siendo más femeninas y menos...cosa rara. En una ciudad pequeña como esta, encontrarse por la calle a un tipo de tez morena y voz de estibador con tacones, ademanes de señorita y tetas de ama de cría llama la antención. Vaya que si la llama.
En el capítulo de los tíos, la cosa tenía su gracia, porque igual que todas las putas eran universitarias, a los tíos siempre les medía 24 centímetros. Generalmente también eran brasileños o sudamericanos, aunque había algún árabe. Ellos eran menos dados a mantener conversaciones con nosotros, así que poco puedo contar. Llegaban, escribían, pagaban y se marchaban.
Lo que en un principio tenía su gracia y daba para comentarios más o menos graciosos sobre lo muy putas y muy mentirosas que eran ellas o sobre si ellos tenían entre las piernas el rabo de la bestia o exageraban un pelín, se fue convirtiendo en una visión totalmente diferente sobre lo que para nosotros era el mundo de la prostitución. Detrás de cada una de aquellas personas había una historia diferente, que en muchos casos incluían malos tratos, golpes de mala suerte o, sin más, un cuerpo que no coincidía con sus mentes y que se habían empeñado en cambiar a cualquier precio.

De los apeninos a Mahler

Cuando tenía la edad de mis hijos, los dibujos animados eran sólo eso, dibujos. Me pasaba el día viendo al lagarto Juancho, al coyote y al correcaminos, al pájaro loco, a los barbapapás, a la abeja Maya o a Marco y Heidi. Eran series de entretenimiento, en las que de lo que se trataba era de tener a los niños calladitos y sin dar guerra por la casa. Luego aparecieron aquellas fantásticas series de Érase una vez... y la cosa fue cambiando, a mejor.
Hoy, casi todos los dibujos que ven mis hijos les invitan a compartir las aventuras con sus personajes. Tienen que cantar, moverse, elegir herramientas, hablar con ellos, resolver enigmas, contestar preguntas...
Una de las series que más les gustan se titula Little Einsteins, y tiene como protagonistas a un grupo de niños que en cada uno de sus capítulos viven aventuras al tiempo que presentan un cuadro de un pintor de renombre y una pieza de música clásica. Así que te puedes encontrar en la situación de estar buscando un violín robado interpretando la primavera de Mozart dentro del cuadro de los girasoles de Van Gogh. Tiene gracia.
Tanto dibujo educativo de este tipo tiene consecuiencias positivas, como por ejemplo que esta mañana, mientras llevaba a mi hija al cole, ella fuera tarareando un fragmento de una pieza de Edvard Grieg que había escuchado en el capítulo de ayer por la tarde, y que en nuestros viajes en coche pasemos sin darnos cuenta de El Canto del loco o Coti a la primavera de Mozart o el segundo movimiento de no sé qué pieza clásica del siglo XVIII.
Yo, personalmente, me quedo con aquello que decía:
No te vayas mamá
no te alejes de mi
adiós mamáaaaaaaaaaaaaaaaa
pensaré mucho en ti
no te olvides mamá
que aquí tienes tu hogar.
Si no vuelves pronto iré
a buscarte donde estés
no me importa donde vayaaaaaaaaaaaas,
¡te encontraréeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!.
P.D.: Este post llevaba un video del Yutú pero no he sido capaz de meterlo. Cosas de la edad o de tener los dedos muy gordos.

16 junio 2008

Paso de todos vosotros. Me largo al polo.

También hay que tener mala suerte para que los casi 80 años que me corresponden vivir en este mundo según la estadística, me hayan tocado en un período de cambio climático en el que las estaciones se diluyen y nada es lo que debiera.
Hay que joderse.
¿O cómo se explica que el partido del sábado lo viera sentado en la terraza del bar de la piscina presumiendo de níveo michelín y con cerveza en la mano y hoy haya tenido que ponerme el chubasquero para salir de casa?, ¿cómo es posible que puedan cogerse las mismas setas de cardo en septiembre y en junio?, ¿a qué es debido que no haya cambiado mi indumentaria en todo el año y que sólo me haya puesto el abrigo un par de veces, eh, eh?
Pues eso, que me ha tocado vivir entre glaciaciones. ¡Cagoentó!
Y encima tengo que aguantar que Pir me diga que mi mujer tiene razón y que los polos de limón son lo peor. Esto es una conjura peor que aquellas que se tramaban en contra del generalísimo de todos los ejércitos. Peor que las intromisiones imperalistas de la norteamérica del norte sobre la siempre bienintencionada y democrática forma de gobernar de Fidel en la revolucionaria Cuba (¡hasta la victoria, siempre!). Peor incluso que la trama liberal que quiere zancadillear la maratón mariana que llevará al Partido Popular al centro. Peor que la guerra de guerrillas que los kilos tienen declarada a Gesualdo para evitar su marcha triunfal en la Quebrantahuesos.
¡No!, ¡me niego a claudicar!
¡Los polos de limón son buenos, y los cornettos de vainilla también!. ¡Los polos de limón son malos, y los cornettos de vainilla también!. ¡Así que dejadme en paz porque pienso seguir comprándoles a mis hijos todos los helados que quieran, coño, que para eso son míos y les malcrío como me da la real gana!.
¡A la mierda todo el mundo!
Menos Gesualdo, claro, que me apoyó cuando más lo necesitaba.

15 junio 2008

Al rico polo

Una discusión recurrente entre mi mujer y yo es la de qué tipo de helado tienen que comer nuestros hijos.
Yo siempre les compro lo que ellos eligen, sea del color que sea o de mayor o menor tamaño. Si ellos lo quieren, yo se lo compro. El verano por estos pagos dura apenas dos meses y sólo comemos helados en esta época del año, así que me parece bien que se harten de ellos cuanto quieran y como quieran.
Mi mujer, por el contrario, es una declarada enemiga de los helados de hielo. Los polos de toda la vida son, para ella, anatema, así que prefiere comprarles cualquier otro helado cremoso que haya en la carta antes que un polo de limón o de fresa.
Yo me parto, y no puedo por menos de pedirle una explicación que justifique su total negativa a comprar un simple polo, y ella me despacha diciendo que los helados de hielo provocan anginas y dolores de garganta, y los otros no. Y punto pelota. Claro está que a mí me da la risa floja y les compro un pirulo en cuanto puedo. "¡Hala niños!, corred a enseñárselo a vuestra madre".
Je.
¿Acaso no salen del mismo congelador todos los helados?, ¿acaso no están a la misma temperatura?, ¿qué tiene de malo un fantástico polo de limón que no tenga un cornetto de vainilla?
A ver, vosotros que sois tan listos, ¿quién tiene razón, yo, o yo?

13 junio 2008

Yes, we can

Es como si la crisis hubiera finalizado de repente. Como si alguien hubiera decretado que desde el lunes pasado se volvía a la normalidad. Vaya semanita.

Hemos facturado en 5 días más que en algunos meses de este año. Nos hacía falta, tanto económicamente como moralmente. Desde el pasado mes de septiembre que empezamos a notar que la cosa se ponía fea, no habíamos tenido una semana tan productiva.
Hoy tenemos prevista una comida con todos los compañeros de nuestra otra empresa. Hemos cumplido ya dos añitos y lo vamos a celebrar. Así que aprovecharemos para celebrar también la vuelta a la normalidad.
Porque nos hemos autoconvencido de que volvemos a ser los mejores y los tiempos de penuria ya han pasado.
¡Sí!, ¡nosotros somos los mejores!, ¡se terminó el sufrimiento!, ¡viva la recuperación económica!, ¡viva el presupuesto!, ¡vivan los objetivos!, ¡a por ellos!

12 junio 2008

Cena china

Son las diez y media y ya llevo dos pastillas para el dolor de cabeza.

Mierda de glutamato.

11 junio 2008

Esta la pago yo (¡seré imbécil!)

Dice el Brain Training de la Nintendo de mi hijo que tengo el cerebro de un chaval de 21 años. Eso me demuestra que el juego es una mierda y que el programador un gilipollas gafotas (con perdón), porque yo a los 21 años tenía el cerebro de un bebedor compulsivo de cerveza que se pasaba el día jugando al mus y pensando en cómo entrarle a mi pelirroja favorita.
21 años dice la máquina. En aquella época yo conducía un 127 blanco en el que nos metíamos hasta 8 personas; que se me paraba en plena carretera cuando bajaba cuestas; cuyo asiento del acompañante tenía un respaldo abatible automáticamente, es decir, que estaba roto. Un coche que perdí en varias ocasiones debido a los excesos etílicos. Un coche que pasó cienes y cienes de noches abierto porque se me olvidaba cerrarlo. Un coche que tenía vida propia y aparecía en sitios en los que yo no recordaba haber estado. Un coche comunal para todos mis amigos. Un coche al que en el mejor de los casos le echaba mil pelas de gasolina y nunca se le agotaban.
Es de lo poquito que recuerdo de mis 21 primaveras.
Voy a ver si fallo un par de cuentas, no consigo unir las letras con los números correspondientes o cuento mal el número de personas que entran en la puta casita negra de la pantalla izquierda y que me traen por la calle de la amargura para que mi media suba hasta, al menos, los 28 años.
A esa edad ya se me había pasado toda la sed y había asumido que la pelirroja no sería nunca mía.
¡Puto gordo!

10 junio 2008

De lunes a viernes

A eso de las nueve menos cinco coincidimos en el ascensor con nuestro vecino de 9 años y su madre. Ella, que trabaja como celadora nocturna en una residencia, llega a casa a las ocho de la mañana cada día con el tiempo justo para desayunar con su hijo y llevarle al colegio. Con 9 años el niño ya podía ir perfectamente solo al cole, que está a menos de 200 metros de casa, pero desde que su padre se marchó a por tabaco hace ya más de tres años, no se despega de su madre ni de noche ni de día.
Al salir del portal saludamos en coro al frutero, al que pillamos abriendo la tienda. Es uno de nuestros mayores fans, y siempre que vamos a visitarle salimos con algún premio en forma de aceituna, de uva, de polvorón, de galleta, de kinder sorpresa o de mandarina. Según la temporada.
Nada más cruzar el semáforo nos paramos a dar los buenos días a nuestro kiosquero. Viene de hacer su ruta de reparto matutino a todos los bares del entorno y a la biblioteca, en la que deja más de una docena de periódicos. Nuestro kiosquero es un tipo peculiar: toca el acordeón y la flauta, y lo hace en el kiosco cuando no hay gente, así que muchas veces tenemos que servirnos las chucherías nosotros mismos y dejarle el dinero encima del mostrador para no molestarle. Se echó una novia taiwanesa por internet, y se ven un par de veces al año. Él va en el verano y ella viene a mediados del invierno.
A mitad de la cuesta se ve bajar a ese que es cojo. Sí, es de esos que cojea porque tiene una pierna más corta que otra. Siempre lleva un maletín y espera a que el semáforo esté en verde para cruzar. Una vez que yo llevaba prisa le adelanté, abrí la puerta de entrada al garaje y se la cerré en las mismas narices. Lo hice sin querer. Ni siquiera sabía que guardaba el coche en el mismo garaje que yo hasta ese momento. Se lo tomó a mal y le dio un palmetazo a la puerta. Creo que me lo hubiera dado a mi si me hubiera tenido delante.
Cuando entramos en el garaje, a mitad de la rampa nos encontramos con un señor con pinta de jubilado que la sube. Con una sonrisa muy dulce nos mira y se preocupa porque nadie se caiga por ir demasiado deprisa. "Buenos días", "buenos días".
Al llegar al cole nos espera la monja sentada en la mesa de los niños. Siempre está escribiendo algo. Cuando llegamos nos saluda uno por uno y pregunta qué tal estamos. Mi hija se esconde detrás de mi y no contesta. Estamos a punto de terminar el curso y le cuesta el mismo trabajo quedarse que el primer día. "No te preocupes, luego se le pasa", me dice.
Llegamos al otro cole con el reloj avisándonos de que nos va a tocar correr. Nada más abrir la puerta del coche se escucha el timbre que marca la hora de entrada a todos los niños. "Dame el bocata que me voy corriendo". Me da un beso y se me hace dificil no perderle de vista entre tantos niños. Me aseguro de que ha entrado en clase y busco entre los padres para ver si hoy hay café o me marcho a trabajar.
Normalmente hay café. Tomamos café a diario y nos contamos nuestras cosas. Comentamos las noticias del periódico, los resultados del fútbol y hablamos de nuestras mujeres. Él sabe que el fútbol no me importa en absoluto, pero que estoy al tanto de todos los resultados, así que me dice lo que quiere y me pregunta mi opinión. Tras 25 años de amistad podemos hablar de cualquier cosa y lo que nos dejemos hoy nos lo contamos mañana. 15 minutos después, cada uno a lo suyo.
Mientras llego a la oficina escucho a Carlos Herrera. Me cae bien el tal Herrera. Hay veces que me río tanto que la gente que está parada a mi lado me mira como si estuviera loco.
A lo mejor lo estoy, porque día tras día se repite la misma historia y no me canso.

06 junio 2008

Parrilla de salida

Y en la acera izquierda, con pantalón corto cortísimo y chaqueta verdes, blusa bien ajustada color blanco, y blandiendo dos pechos como dos misiles...ella.

En la línea blanca, esperando a que el semáforo cambie de color, un repartidor en su furgoneta, un jovencito en su coche deportivo negro, un servidor y un motero con mono azul. Todos con los ojos pegados al perfil que cruza la calle como único objetivo...
Cuando desaparece por la esquina, los cuatro babeantes machos miran a izquierda y derecha, cruzan sus miradas y una pregunta que no espera respuesta cruza el aire y sus mentes..."¿tá güena, ein?"

05 junio 2008

...por el monte las sardinas, tralará.

Desde el consabido "yo no he sido" de nuestra más tierna infancia nos pasamos la vida mintiendo.
Mentimos en la escuela, a nuestros padres, a nuestras parejas, a nuestros amigos, a nuestros compañeros, a nuestros clientes, a nuestros vecinos, a hacienda. Nos mentimos incluso a nosotros mismos. Mentimos tanto que acabamos creyéndonos nuestras propias mentiras. Mentimos tantísimo que incluso hay alguien que ha elaborado una estadística que nos dice cuántas mentiras decimos por minuto, y seguro que hasta esa estadística es una mentira absoluta.
Yo he llegado a fabricar verdaderas realidades paralelas montadas en su totalidad sobre las más complejas mentiras. Y han durado tanto tiempo que hay veces en las que llego a confundir la realidad con lo que fue ficción.
He tenido suerte, porque sólo me han pillado una vez, y se solucionó con algo tan sencillo pero tan difícil como la aceptación de la culpa y el reconocimiento de mi mentira. No quiero ni acordarme.
¿Y a qué viene todo este coñazo?, pues mi sencillo: todo es debido a mi mala conciencia por tener una profesión en la que me paso el día vendiendo motos sin ruedas, coches sin volante, condones pinchados y paraguas con goteras. Una profesión que me obliga a mentir despiadadamente a todo el que se me pone a tiro para sacarle un céntimo más de lo que tenía pensado. Una profesión en la que donde dije digo diré Diego si la cosa se pone malita.
Una profesión que me obligará a pasar el resto de mis días en el infierno, o lo que es peor, en la cárcel.
Y es que, según el diccionario de la R.A.E., la publicidad es:
1. f. Cualidad o estado de público.
2. f. Conjunto de medios que se emplean para divulgar o extender la noticia de las cosas o de los hechos.
3. f. Divulgación de noticias o anuncios de carácter comercial para atraer a posibles compradores, espectadores, usuarios, etc.
Yo dejaría sólo la tercera acepción añadiendo "de cualquier modo y a cualquier precio"

04 junio 2008

Por fin, por fin, por fin...

O a mí se me ha hecho muy largo, o hacía casi dos meses que no disfrutábamos de un cielo raso como el de hoy.
No me extraña que esos países bárbaros del norte de Europa en los que no ven la luz en 6 meses tengan el índice de suicidios más alto del mundo.

XXX

Escribir un blog es como hacer el amor con la ventana abierta.
Sabes que hay mucha gente ahí fuera que podría estar mirando, pero que las posibilidades de que alguien realmente vea lo que estás haciendo es muy remota. Eso tiene un morbo innegable. ¿Habrá alguien detrás de aquella persiana entreabierta?, ¿y tras esas cortinas que se mueven?, ¿estará realmente estudiando ese tipo que se pasa allí sentado todo el santo día, o desviará su vista hacia aquí para observar lo que hago?, ¿le gustará lo que ve?, ¿lo haré bien?, ¿me dejaría ver lo que él hace?, ¿miraría si tuviera oportunidad de hacerlo?
Hace ya más de dos años que empecé a escribir casi por casualidad. Descubrí algo llamado blog mientras navegaba por internet, y como no puedo resistirme a darme de alta en todo lo que se presenta ante mis ojos, abrí una cuenta en blogger.
En mi primer post me hice una pregunta: "¿Hay alguien ahí?", y yo mismo me respondí, "espero que no". Para mi sorpresa, recibí el primer comentario sólo 7 días después. !No sólo había ojos ahí fuera, sino que algunos me miraban!.
Durante estos dos años he contado anécdotas de mi vida, he hablado sobre mi trabajo, sobre mis compañeros, mi familia, mis amigos, he narrado bodas, bautizos y comuniones, he criticado, hablado de política, loado a la maravillosa tele, he abandonado, he vuelto, he contado mis dolores de cabeza. Y he descubierto que hay gente por ahí fuera a la que le interesa lo que yo digo.
Hay que joderse.
Esto no se ha convertido en una especie de diario porque nunca tuvo intención de serlo. Me ha ayudado a sacar cosas buenas y malas, a pasar el rato, a compartir experiencias, a decir sandeces...y a escuchar. Me ha ayudado, gracias a otros, a ver mi vida desde un prisma diferente a mi verdad, que yo creía incontestable. He encontrado respuestas a muchas preguntas.
Ha sido un acierto.
He entrado en un mundo de respeto y convivencia. Un mundo en el que se opina sin malmeter, en el que se discrepa con amabilidad, en el que se construye y no se veta a nadie, en el que se aprende y se comprende, en el que se observan modos de vida y costumbres diferentes pero complementarias.
A todos los que han pasado por aquí, mi agradecimiento.
A los que pasaron y se quedaron, mi admiración y asombro por su interés.
A los que pasaron, se quedaron, y participaron, mi gratitud eterna.
A los que aún no han pasado y seguramente nunca pasarán, mi promesa de estar aquí, con la ventana bien abierta y dándolo todo.

03 junio 2008

Morir, llorar, vivir

Es la primera vez que me releo, pero él se lo merece.

http://mispasosperdidos.blogspot.com/2007/06/muchas-gracias.html

Ha pasado un año.

Joder.

Vivir, llorar, ¿hay diferencia?

Rogamos disculpen esta interrupción, debida únicamente a razones propias de nuestra voluntad, que últimamente no tiene mucho de si misma y nos obliga a ausentarnos de nuestras cosas.
Confiamos en que estos breves momentos musicales hayan sido de su agrado.
Como siempre, hemos encontrado refugio en nuestra mejor amiga, la tele, y hemos programado las canciones de la divertidísima "Malcolm in the middle" y de la sin par "Ed" para el solaz de nuestra audiencia.
Sentimos defraudar a aquellos que nos exigen una explicación más trascendental, pero nos somos así, Reales.
Y bajándome del trono apeándome el plural mayestático, diré que en estos días he descubierto a un Inquieto que cada vez me cae mejor (¡si es un fan de Malcolm!, ¡viva la tele!) y a un Gesualdo que me sobrevalora y al que le agradezco su desmerecida confianza. Por cierto, el puesto de responsable de marketing se lo dieron a otro. Espero que le vaya bien.
Ayer me pegué un baño de realidad cuando me encontré a la madre de un amigo del cole y tuve que darle el pésame por haber enviudado hace un par de meses. Hacía tiempo que no la veía, y la encontré como siempre, aunque enseguida se echó a llorar. Su marido se había consumido, literalmente, en un par de meses a causa de un cáncer de pulmón, y ella se ha quedado sola. Mi compañero de colegio vive en otra ciudad y viene de vez en cuando, y su hermano, aunque sigue viviendo en esta, sólo va a comer los domingos. "Es lógico, ellos tienen su vida y no puedo pretender que estén pendientes de mi. Tengo que acostumbrarme."
La vida es, en sí misma, un asco. Lo primero que haces al llegar al mundo es llorar para que la vida misma te entre en los pulmones y poder así comenzar a respirar. Más tarde lloras porque tienes hambre, porque es tu primer día de cole, porque te deja la novia, porque tus padres mueren... Vamos, que te pasas la vida llorando.
Cierto es que durante unos años la vida te da una tregua. Encuentras una pareja que te complementa, tienes hijos, los ves crecer... Y un buen día se largan para hacer sus vidas. Te quedas con tu pareja hasta que uno muere (¡me pido primer!), y el resto del tiempo te lo pasas esperando a que llegue tu turno viendo cómo los que más quieres van pasando por las mismas etapas que tú ya has finalizado, y que su futuro es el mismo que a ti te lleva por delante.

02 junio 2008

When it's my moment in the sun
Oh, how beautiful I'll be
but in a normal sort of way
Like I am you and you are me.
'Cause I have a lot of things to say
and you'd be wise to listen good
I think that hunger, war and death
are bringin' everybody down.
When it's my moment in the sun
I'll share my problems with the world
and psychosomatically I'll sing
to God and all His pretty girls.
When it's my moment in the sun
I won't forget that I am blessed
but every hero walks alone
thinking of more things to confess
Yes, no, maybe
I don't know.
Can you repeat the question?
You're not the boss of me now!
You're not the boss of me now!
You're not the boss of me now, and you're not so big!
You're not the boss of me now!
You're not the boss of me now!
You're not the boss of me now, and you're not so big!
Life is unfair...