27 marzo 2008

Agua bendita. Bendita agua

Tengo suerte. Yo, no huelo.

Mucho ejercicio tengo que hacer, o muchos días tengo que estar sin acercarme a la ducha para que alguien que esté a mi lado pueda decir lo contrario. La última vez que yo mismo me eché en cara lo mal que olía fue hace ya muchos años durante unas maniobras de la puta mili en Galicia. Una semana entera sin quitarnos la ropa, y varios días sin poder ni siquiera quitarnos las botas tuvieron la culpa. Aquello sí que era "olor" de multitudes. Joder.
¿Y a qué viene esta pestilente reflexión?, pues muy sencillo: estamos de obras.
La niña crece, y antes de que sus preciosos pies salgan entre los barrotes de su cuna, hemos decidido comprarle una habitación enterita. Habitación de tarifa plana, he decidido bautizarla. Todas las tiendas de muebles que visitamos nos daban un mismo precio por el mobiliario, fuese cual fuese su estilo o composición. Todo a 3.000€. Daba igual si era de madera, de imitación, un nido, una cama independiente, que tuviera sinfonier, o que la mesa de estudio apareciera o no en el diseño. Lo dicho, tarifa plana.
Y de la colección de chapuzas que han pasado por casa, el campeón del mundo en olor corporal ha sido, sin la menor duda, el pintor. ¡Qué olor!. Aquello era algo insoportable. ¿Pero cómo se puede oler tan mal viniendo de tu propia casa?, ¿pero no tendrá olfato ese hombre?, ¿no tendrá familia, vecinos, amigos? Estoy seguro que si tuviera un canario en casa, el pobre bicho terminaría patas arriba, igual que aquellos canarios que avisaban a los mineros hace años de la presencia del gas grisú. ¡Pero si ese tipo debe ser tóxico!, ¡seguro que si apagamos las luces, brilla en la oscuridad!
Se parece mucho a mis vecinos del tercero. Padre, tres hijos y una hija. Todos, excepto la hija, sufren de suciedad. Bajar con ellos en el ascensor es algo así como bajar con todos los parroquianos de un bar especializado en rebozados junto con un nutrido grupo de picapedreros de reunión con peones camineros asfaltando una carretera cordobesa en pleno mes de julio con botas de goma. El horror, o mejor dicho, el hedor. Da igual la hora. Huelen igual a las ocho de la mañana que a las diez de la noche.
Algunos dirán que yo lo tengo fácil porque no dejo de ser un tipo que se pasa el día sentado en una silla delante de un ordenador, y que ya les gustaría ver qué me pasaba si tuviese que estar picando piedra o levantando sacos de cemento. Pues sí. Estoy seguro que llegaría a casa por las noches apestando. Faltaría más. Soy muy humano, y huelo como tal. Pero estoy seguro de que a ciertas horas no me pasarían esas cosas porque mi cuerpo habría pasado por una ITV basada en una buena ducha y una cremita hidratante.
Una persona que apeste a las diez de la noche después de 14 horas de trabajo tiene todos mis respetos. El que baja en el ascensor recién salido de casa invadiendo el espacio ajeno con su pestilencia corporal es, sencillamente, un cerdo.

25 marzo 2008

El macho dominante

Descubrí el Emule hace unas semanas. No porque no conociera su existencia, sino porque me daba miedo utilizarlo por aquello de los virus. Eso de pensar que alguien puede infectar mi ordenador, o que puede dejar allí puesto un huevo para controlar todo lo que hago, me ha frenado durante mucho tiempo a utilizarlo.
Pero un buen día me dio por ahí y me lo descargué. Desde entonces no paro de bajarme música y películas, aunque es curioso que todo lo que me bajo ya lo tengo, de una manera u otra. Sí, es cierto que me he bajado algún disco que me faltaba de alguno de mis grupos favoritos, pero la mayoría son para renovar discos que compré en su día y que ya están bastante perjudicados, más por la edad y el maltrato que por su uso.
Y buscando buscando, me encuentro que hay cientos de videos de hombres (?) despechados que cuelgan sus hazañas sexuales con sus exnovias o exmujeres para que todo el mundo las vea. ¡Venganza!, suele ser el título de muchos de estos videos. Sí, reconozco que me he bajado un par de ellos para echarles un vistazo porque me picaba la curiosidad. Y ahí está el "ofendido", al que no se le ve la cara en ningún momento, enfocando a su exloquesea bien de cerca, tanto en la cara como en otras partes de su anatomía para el solaz del ciberespacio (más masculino que nunca, claro)
Hay que joderse.
Por aquello de la igualdad de géneros, me pregunté si también habría videos de exnovios y exmaridos, pero no los encontré. Claro. Para un hombre, tirarse a una tía es algo de lo que sentirse orgulloso, pero para una mujer, hacer lo mismo con ese tipo es ser una puta viciosa.
Los hombres somos unos gilipollas integrales.

24 marzo 2008

Educación en la fe

Será por eso de la sobriedad de la Semana Santa mesetaria, o por el frío espantoso que ha hecho estos días, o por las consecuencias de un viaje semanasantero que hice ya hace muchos años a Valverde de la Vera, pero las procesiones cada vez me producen más repelús.
Me recuerdan a esas imágenes que de vez en cuando nos asaltan en la televisión de musulmanes fustigándose hasta abrirse las carnes para expiar no sé qué pecados cometidos por alguien hace mil generaciones.
Respeto absoluto a quienes intervienen y participan de su fe en todos estos actos, faltaría más, pero mi mente rechaza cada vez de manera más radical todas estas muestras exageradas de devoción. Más aún cuando, cosas de vivir en una ciudad en la que nos conocemos todos, sabes que muchos de los que participan lo hacen para aparentar algo que no son, y que mucho menos demuestran en su actitud a lo largo del año. Esa hipocresía y ganas de hacerse notar ante los demás, es lo que más me ofende aún no creyendo.
Aún recuerdo una de las primeras misas a las que asistí con mi mujer, entonces novia. Era un funeral, y nos sentamos en la parte de atrás de la iglesia. Yo acababa de cumplir mi servicio militar obligatorio, y tuvimos la mala suerte de sentarnos detrás de un tipo que ostentaba el cargo de brigada en mi cuartel. Un tipejo que se cagaba en Dios cada treinta segundos, y trataba a la tropa como si de animales de cuadra se tratara. Un personaje malencarado, soberbio y despreciable. Se pasó la misa entera entonando los cánticos y rezando las plegarias que se sabía letra a letra. Y entonces llegó el momento en que el sacerdote dijo aquello de "daos fraternalmente la paz". El tipo, mirándome a los ojos me tendió la mano. Yo, que tenía los brazos cruzados, ni siquiera hice ademán de estrechársela. Mi mujer me dio un codazo para que le diera la mano, y yo le dije que no. Cuando le expliqué mis razones, las comprendió perfectamente, aunque no le gustó mi actitud.
No soy creyente, pero asisto a todas las ceremonias con el más absoluto de los respetos. Creo que es lo suyo. Y creo que no peco demasiado de vanidad si digo que mi actitud en cualquiera de los ritos católicos es más respetuosa de la de muchos meapilas de misa diaria.
Creo que lo menos que puedo ser es educado.

19 marzo 2008

Verdades, mentiras, y partes meteorológicos

En medio de esta espantosa crisis económica que sacude a España, y sólo a España, las carreteras se llenan de vehículos atestados de gente huyendo del caos y de los saqueos que como consecuencia de la falta de liquidez de todos los ciudadanos, se multiplican a lo largo de nuestra bien amada piel de toro. Y todo el mundo huye hacia el único lugar en el que todo es gratis y nunca ocurre nada malo, la playa.
Y en esto que aparecen los meteorólogos para aguarnos, y nunca mejor dicho, la fiesta. Hay que joderse. Y el presi de Cantabria que se queja, y con razón, de que siempre le ponen una nube bien negra y con gotas de lluvia en el mapa, y que por eso nadie quiere ir, para desesperación de los hosteleros que ven cómo los desarrapados españoles que no pueden pagar ni la hipoteca, se dejan el poco dinero que el maléfico gobierno de ZP no les ha robado, en otras playas en las que ponen soles. ¡Vaya panda de joputas que están hechos los meteorólogos!
Y tiene toda la razón el presi cántabro. Llevo más de 15 años veraneando en Cantabria y todos los veranos tengo que dar explicaciones a familia y amigos de que la nube negra que sale por defecto en los mapas meteorológicos es una nube que no cubre toda la comunidad, sino que vive entre Reinosa y Torrelavega, dejando al astro rey que cubra con su dorada luz todo el resto. Y cuando he terminado de explicarles la orografía cántabra, la expresión de sus caras refleja sus más íntimos pensamientos, del tipo "pobrecillos, seguro que les ha caído el diluvio y tienen que decir que no para disimular" o "vamos hombre, como que los del tiempo van a decir que llueve si hace sol" o "este quiere hacernos creer que ha llovido en toda Cantabria menos donde él ha veraneado"
Pues sí, en Cantabria llueve, pero no siempre. Y no en todas partes. Lo que pasa es que en el mapa Cantabria es igual de grande que la nube, y por tanto, no pueden poner nada más. Tendrían que hacer un mapa sólo para Cantabria, o Asturias, o La Rioja, o Ceuta, o Melilla, o para El Bierzo (ceibe), o para Cartagena (independiente), o para mi barrio (is not Spain)
Aunque por mi parte, pueden seguir poniendo siempre el nubarrón, porque mis hijos cada vez llevan más cacharros a la playa y ya estamos un poco justos de espacio en primera línea.

18 marzo 2008

Fe y-lógica

Cuando yo era niño había cosas incontestables o, al menos, cosas sobre las que no había lugar a ninguna duda razonable. Me refiero a todos los temas religiosos, porque con respecto a la política, como no se podía hablar sobre ella, pues ni siquiera existía en nuestras vidas.
En todos estos años, como bien dijo Alfonso Guerra, a España no la conoce ni la madre que la parió. Todo es discutible, hasta por los más pequeños. Sin ir más lejos, mi hijo ayer nos dejó con la boca abierta cuando nos planteó sus dudas sobre la resurrección de Jesús. Dudas que yo creo que no tuve hasta bien entrada la pubertad y una vez pasado el miedo a no creer y las consecuencias que esto podía tener para mi castigada alma.
Claro está que las dudas que plantea un niño de 6 años tienen más que ver con la ilógica que plantean los dogmas de fe, que por su falta de ella.
Es como lo del cuento del traje del rey. Nadie se atrevía a decirle que iba en paños menores hasta que un niño, en su ingenuidad, gritó lo evidente.
La diferencia está en que antes no teníamos esas dudas, y ahora, no sólo se tienen sino que nos las plantean para que se las expliquemos y solucionemos.
Vaya trago.

17 marzo 2008

Mierdatiempo

Cuando salía de casa esta tarde para venir a la oficina, a punto estuve de dejar el abrigo en su percha. Hacía sol, y parecía, desde la ventana, que también buena temperatura. Al final me lo puse porque recordé que ayer domingo, en el parque, en cuanto se metió el sol empezó a hacer bastante frío.
¿Y a qué vienen todas estas tonterías? Pues que no sólo no hace sol sino que está lloviendo a mares y, además, hace un frío que pela.
Me largo, que en el paragüero sólo hay un paraguas y se lo llevará el primero que se marche para casa.

MI mujer me engaña

El viernes, una vez que colocamos al niño en el cumpleaños de turno (vaya coñazo, por cierto, el tema de los cumpleaños. Algún día postearé sobre el tema), decidimos dar una vuelta por ahí con la niña para no tener que soportar gritos y calores durante tres larguísimas horas. Y en vista del alarmante estado de mi fondo de armario, decidimos entrar en Zara (cosas de mi mujer...) a echar un vistazo. En 10 minutos (3 de selección y 7 de cola para pagar), ya habíamos salido con una chaqueta color marrón. Nada de pantalones ni jerseys porque no me gustó nada de lo que vi. Repito, 10 minutos. Ni más, ni menos. Cuando digo que salimos, me refiero a la niña y a mí, porque mi mujer se quedó dentro durante otros 15 minutos "para echar un vistazo" a lo que había. Hay que joderse.
El sábado, a eso de las siete de la tarde, salimos de casa. "¿Y si bajamos en autobús al centro y damos una vuelta con los niños"?, me dice mi mujer. "Pues me parece bien", dije yo ingenuamente. Mientras yo me ocupaba de que los niños no se desmandaran ni salieran despedidos por cualquier frenazo, ella coge su móvil y hace una llamada. De repente, me insinua que nos bajemos en la parada que hay al lado de Mango, y así aprovecha para mirar algo. Mi instinto marital me puso en guardia. Algo malo pasaba. Muy, pero que muy malo.
Llegamos a la tienda cinco minutos después de bajar del autobús. Entramos y, ¡sorpresa!, en ese mismo momento aparecen mis suegros como por encanto. "¿Por qué no cogéis a los niños y nos esperáis fuera?, así no dan guerra." Mi suegro y yo nos miramos y comprendimos que habíamos sido objeto del más vil de los engaños. Hacía frío. Los primeros 10 minutos los niños estuvieron a lo suyo. Uno con el patinete y la otra con sus cosas. Los 35 minutos restantes se dedicaron a hacerme la vida imposible con ruegos continuos para que les cogiera en brazos. Allí estábamos mi suegro y no, apoyados contra la pared de enfrente de la famosa tienda, con las manos en los bolsillos y pelando frío, mientras madre e hija hacían lo que sea que hacen las mujeres cuando van de compras. Hay que ser gilipollas.
¿Pero qué coños se puede hacer durante tres cuartos de hora en una tienda?, ¿por qué lo tienen que mirar y revolver todo?, ¿qué necesidad biológica o de cualquier otro tipo les empuja a pasarse buena parte de su tiempo de ocio en locales atestados?, ¿por qué obligan al resto de la familia a sufrir las consecuencias?
¿No puede hacer sus compras en días de diario y en horario laboral como hacen el resto de los funcionarios?

13 marzo 2008

¡A trabajar, señorías, a trabajar!

O eran los efectos del sopor producido por la comida y la cercanía de la siesta, o ayer escuché en el telediario que los parlamentarios valencianos suspendían los plenos por culpa del "excesivo tráfico que existe en Valencia con motivo de las Fallas que les impediría llegar a tiempo"
Je.
Imaginemos que mañana me levanto y decido no venir a trabajar por el excesivo frío, o la excesiva sequía, o por el exceso de luz que desprende el astro rey, o porque me da miedo bajar en ascensor, o porque mi hijo no me ha dejado dormir, o porque no me gusta lavarme la cara, o porque hay un par de urracas en un árbol justo enfrente de mi balcón que están haciendo el nido y me lo paso pipa viéndolas, o porque me hago pis, o porque no me sale de ahí.
Imaginemos que todo el mundo hace lo mismo y, porque sí, nadie va a trabajar.
Si se consulta en el diccionario de la Real Academia el significado del verbo "trabajar", en su decimocuarta acepción aparece lo siguiente:
  • 14. tr. Tratar de influir en alguien para lograr lo que se desea de él. (Trabajó a su marido para hacerle cambiar de opinión. U. t. c. prnl. Trabajarse a un cliente.)

A ver si algún día, todos los parlamentarios de este bendito país, dejan de "trabajar" según la decimocuarta acepción de la academia, y comienzan a utilizar la que figura, por ejemplo, en décimo lugar:

  • 10. tr. Aplicarse o dedicarse con esfuerzo a la realización de algo. (Este curso ha trabajado mucho las matemáticas. U. t. c. prnl. Se ha trabajado el ascenso.(

12 marzo 2008

El amo

A veces, creo que casi siempre, nos dejamos llevar por nuestro egoismo y no valoramos suficientemente lo que tenemos y lo que podemos hacer con ello. La vida atropellada que llevamos, o que nos lleva, hace que pasemos por alto lo realmente mal que lo están pasando por ahí. Y por aquí.
Esta mañana entré en una mercería de esas que todavía quedan por las ciudades de provincias, que tienen las paredes forradas de estanterías con cajas llenas de botones, bragas de cuello alto, y sujetadores con ballenas. Necesitaba comprarle a la niña unos leotardos color rojo que había roto hace unos días en una caída. Cuando entré, una señora de mediana edad estaba comprando ropa interior. Por su acento, procedía de algún país suramericano. Mientras la atendían, yo husmeaba entre los botones a ver si lograba encontrar alguno aún más feo que el anterior.
La señora compró dos conjuntos. Uno para ella, así como de color morado con bordados, y otro de dibujitos para su hija. Muy monos ambos. Yo soy mucho de mercerías. Eso de tener una madre modista me ha obligado en más ocasiones de las que quisiera a visitarlas. Que si unos botones de nácar, que si una cremallera de 25, que si una goma para la cintura... El caso es que la clienta pagó con tarjeta, y le pidió al dueño de la mercería una factura. "¿No le vale con el resguardo de la tarjeta?", preguntó él. "No", dijo ella mirando hacia mi como si le diera vergüenza lo que iba a decir, "en mi país, Venezuela, cuando viajamos, podemos sacar un máximo de 5.000 dólares. Y cuando regresamos, tenemos que justificar con facturas todo el gasto que hemos realizado. Así están las cosas en mi país. Peor que nunca"
La imagen de aquella mujer justificando la compra de la ropa interior de ella y de su hija ante un funcionario de aduanas con gorra de plato, se me apareció de repente.
Por eso, cuando nos quejamos de lo mal que nos va teniendo de todo, alguien debería llamar nuestra atención recordándonos la suerte que tenemos. Y para ejemplo, valga mi post anterior.
Y esto será sólo la punta del iceberg.
¿Pero en qué mundo vivimos?

Necesidades

Echándole un vistazo rápido a mi armario, necesito con urgencia:
  • Camisas: 2
  • Pantalones vaqueros: 1
  • Jerseys: 2

Echándole un vistazo rápido a mi voluntad, necesito con urgencia:

  • Voluntad

Echándole un vistazo rápido a mi espíritu consumista, necesito con urgencia:

  • Dinero

Echándole un vistazo rápido a este post, necesito con urgencia:

  • Dejar de decir tonterías

11 marzo 2008

Primero haces, luego heces

"Hazme un favor. No vuelvas a ponerte los vaqueros que llevabas el domingo, porque con la gripe te has quedado en nada. Te quedan fatal"
Así es mi mujer. Me lo dice hoy, martes. Yo, tan contento con mis vaqueros y resulta que iba hecho un cromo.
Llevaba casi un mes parándome en los escaparates de todas las tiendas de dietética de esta ciudad buscando una cosa que anuncian por la radio y que dice que te deja las tripas como una patena. Hasta llegué a entrar preguntando si tenían la dichosa purga, pero no hubo suerte.
Y ahora resulta que llega la gripe, a la que no había tenido ni un solo segundo en mis pensamientos, y se lleva parte de mi cuerpo sin pedir permiso.
La vida, a veces, se ríe de mi a carcajadas.

10 marzo 2008

La familia y uno más

Muy familiar todo este finde.

Como habíamos caído todos en las redes de la gripe, la pasada semana no pudimos celebrar el cumpleaños del niño, así que hicimos algo parecido este para compensarle. El pobre ni siquiera tuvo regalos, así que al final le compramos la Nintendo DS. No soy yo muy partidario del tema de las consolas para niños tan pequeños, pero reconozco que era un regalo que él nunca había pedido pero que le hacía mucha ilusión, así que entre eso y el remordimiento que su madre y yo teníamos por no haberle hecho ni caso por motivos de salud, pues que se lo compramos, vaya. Y él, encantado de la vida con su juego de carreras. Ahora viene lo más difícil, y es eso de hacerle entender que hay vida fuera de la videoconsola y que el resto de juguetes también existen. De momento, vamos por buen camino.
Pues eso, que el sábado juntamos a todos los primos y nos los llevamos a la bolera que han abierto al lado de casa. Se pasaron media tarde pegando bolazos al suelo y jugando partidas interminables, porque los pobres ni siquiera tenían fuerza para levantar las bolas y cuando conseguían tirarlas tardaban casi un minuto en llegar a su destino. Tras la partida, visita al McDonald. Vamos, la tarde ideal para todos ellos. El objetivo era que se divirtiesen, y objetivo conseguido.
El domingo, a votar. Lo que en un principio iba a ser una mañana de votación y cañita con pincho, se convirtió en votación y visita postparto. Sí, por fin llegó el nuevo fichaje infantil que estábamos esperando. Los padres, encantados, y el hermano, a lo suyo. Eso de dejar de ser el centro de atención le va a costar, pero la vida es así de dura a veces. Así que para evitar males mayores, dejamos a los padres con su nuevo hijo y nos trajimos a casa al primogénito. El pobre no lo puede evitar. Es igual de inquieto que su padre y me saca de quicio, pero la amistad tiene estas cosas, y no te puedes quedar sólo con lo bueno. Además, no deja de ser el hijo de mi mejor (¿único?) amigo, y si he sido capaz de aguantarle a él durante los últimos 30 años, tendré que hacer lo mismo con su hijo. Y así pasamos la tarde del domingo. Entre peleas y gritos, saltos y partidas de tazos, sonrisas y lágrimas. A media tarde hicimos acopio de churros y devolvimos a la criatura a sus padres con la condición de que nos invitasen a café. El pequeñajo seguía con la teta de su madre metida en la boca y con buen color.
Y entre mayorías absolutas, descalabros populares, y remontadas electorales bien narrados en todas las emisoras radiofónicas, nos volvimos para casa para preparar el lunes.

And the winner is...

¿Se ha enterado ya todo el mundo?

Pues a trabajar, que la cosa está pachucha.

07 marzo 2008

Día de fiesta

Ya tengo el gusanillo en el estómago.

Sí, yo soy así. Me emociona el simple hecho de ir a votar, y mi estómago me anuncia que el domingo será un día especialmente bonito.
Me echaré al niño a los hombros, cogeré de la mano a la niña, y cada uno de ellos le entregará al presidente de la mesa un sobre. Que vayan aprendiendo a emocionarse con un gesto tan simple.
Recordemos, en fin, a aquellos que lucharon por conseguir nuestro derecho al voto, y a los que nunca en toda su vida pudieron hacerlo.
Por todos ellos.

06 marzo 2008

La gripe, la niña y la madre que los parió

La incurable gripe que padezco ha hecho mella en mi ánimo.
La desgana me puede y no tengo absolutamente nada, de nada. No tengo hambre, ni sed, ni fuerzas, ni humor, ni sueño, ni curiosidad...
Lo único que tengo es, pereza, tos, dolor de garganta, y una profunda sensación de estar perdiendo el tiempo.
El próximo fin de semana tendremos que dedicárselo por entero al niño. El pobre tuvo la mala suerte de cumplir años en plena crisis médica familiar, en un día en el que todos los adultos que él conoce y con los que convive a diario se encontraban en cama. Unos se encontraban mal y otros peor, pero ninguno tenía fuerzas suficientes para dedicarle ni una sonrisa. Ni se ha quejado. Sólo nos ha echado de menos y ahora toca compensarle.
Ayer me preguntó si algún día podríamos pedir comida china, y que cuándo le cortábamos el pelo, y que si iba a poder celebrar su cumpleaños con sus primos, y que cómo se llamaba la hija de Rajoy. Así que mañana viernes pediremos comida china para cenar, el sábado iremos a cortarnos el pelo por la mañana y por la tarde celebraremos el cumple con todos sus primos, y el domingo me acompañará a votar y le presentaré a la hija de Rajoy, que, a buen seguro, andará por allí.
La pobre, últimamente, está en todas partes. Creo que fue ella quien nos contagió la gripe.

05 marzo 2008

Resurrección

No me extraña que la gente muriera de gripe no hace demasiados años. Yo, he estado a punto.

Joder.