31 diciembre 2007

A quien pueda interesar

No es precísamente Arturo Pérez Reverte santo de mi devoción, pero sin que sirva de precedente, voy a fusilar un artículo aparecido en el XL Semanal con el que no puedo por menos de estar completa y absolutamente de acuerdo.

Y así, con palabras de otro, os deseo lo mejor para el próximo año.

A quien pueda interesar:

PATENTE DE CORSO, por Arturo Pérez-Reverte

Permitidme tutearos, imbéciles
Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno.
Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera.
No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía.
De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas.
De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.
Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia.
Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.
Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico».
O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.
Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos».
Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p'alante.
Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet.
La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.
Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

26 diciembre 2007

La caída de los dioses

Era el prototipo de militarote español: chulo, soberbio, prepotente y, sobre todo, dictador. Se pasó toda la vida pensando que su forma de actuar era la única correcta, y que los demás vivíamos de una forma casi antisistema. Jamás entró en un bar. Ese no era un lugar apropiado para un caballero español. Además, a saber quién habría bebido por ese vaso, o en qué boca habría entrado ese tenedor. El bar era un lugar en el que no se le había perdido nada, y la noche servía para dormir. ¿En qué cabeza cabe que alguien salga por las noches, y mucho menos para ir a un bar?, ¿cómo es posible que alguien se divierta de esa manera?
Eliminó por completo la autoestima de su mujer, y la convirtió en algo casi decorativo. Sumisa hasta la indignidad, no era capaz de mover ni un papel de una mesa sin pedirle permiso. Su vida se convirtió en un intentar pasar desapercibida para no desatar su ira. Los nervios la consumieron, y acabó muriendo mientras dormía en el sofá. Sola.
Después de varios abortos, tuvieron un hijo. Un varón. Era lo que le faltaba para culminar su obra y perpetuar sus valores. Lo crió ella, pero sin salirse ni un milímetro del camino por él marcado. La ropa, la forma de educarlo, y todo cuanto giraba alrededor del niño tenía que pasar su filtro. Eso sí, no le cambió un pañal ni le limpió un moco. Eso era cosa de mujeres. No podía jugar con los niños que a él no le gustaban, no podía salir fuera de las horas marcadas, no podía hablar con los que él no aprobaba. No podía llevar vaqueros porque "eso es ropa de obreros"
En su casa se vivía en permanente estado de excepción. Había toque de queda y ley marcial. No se salía hasta media mañana. Se comía a las tres. Obligado dormir siesta. No se veía la tele. A las diez, en casa. Prohibido fumar. Sólo él hablaba de política. Nunca se le decía a la cocinera que la comida estaba buena. Se sentaba a la mesa, a plato puesto, y no se levantaba más.
Sus formas chusqueras las exportaba en sus visitas a la familia. Pretendía mantener su dictadura en las casas ajenas, y llegó un momento en que la situación se hizo insostenible. Una cosa es tener que acatar sus órdenes en su territorio y otra que te las imponga en tu casa. Se produjo el choque y a punto estuvimos de vivir en directo un combate cuerpo a cuerpo. Aquello tuvo un lado positivo, y es que nunca jamás volvieron a alojarse en nuestro territorio. El acuerdo de paz fue tácito, ya que ninguna de las partes quisieron firmar un tratado. Ambos bandos desconfiaban, pero transigían a partes iguales y la paz se mantuvo durante años.
Ayer pasé la Navidad a su lado. El Alzheimer ha hecho mella en él y se ha convertido en un objeto sin vida. No es capaz de articular palabra. No puede caminar sin ayuda. Hasta para mear necesita una persona a su lado. Su brazo izquierdo se ha ido encogiendo y ya no tiene utilidad. Su mirada, aquella que destilaba tanto odio a todo el mundo, no tiene ya ninguna fuerza.
Nunca le tuve mucho aprecio. No se mereció jamás mi cariño.

24 diciembre 2007

Navidad

El fin de semana lo comenzamos con la comida de Navidad de la empresa. Lo pasamos bien, a pesar de que no me tocasen en el sorteo ni el jamón ni el viaje a Tenerife, pero la comida fue divertida. A esta comida siempre viene mi mujer, así que el resto de la arde la pasamos de compras, eligiendo algo para que los niños tuviesen un detallito el día de Navidad. El sábado y el domingo pues muy en familia. Como ya han empezado a llover cuñados, pues a pasearlos por la ciudad y a que se gasten la pasta invitando a cañas, que es lo suyo. Pensándolo bien, cuando vienen a vernos, pagan ellos, y cuando vamos a verles, también pagan ellos. No sé cómo lo consigo, pero nunca meto la mano en el bolsillo. Para eso soy bastante lento.

Siguiendo con el tema de los regalos, en mi casa somos de los Reyes Magos. Papá Noel nunca tuvo mi dirección, pero la de mis hijos sí la tiene en su agenda, porque todos los años les deja algo, aunque sólo sea por hacerles ver que ha pasado por allí. Aunque lo gordo, lo realmente gordo, no llegará hasta el día de Reyes.

Donde sí para el tal Noel es en casa de mis suegros. Hemos llegado a un acuerdo por el cual los Reyes Magos llegan en casa de los padres y Papá Noel en casa de los abuelos. Así los niños reparten mejor sus energías y tienen un par de semanas más para romper los juguetes nuevos que les caen en Nochebuena. También nos sirve para que la cena sea algo más tranquila, porque con seis niños corriendo entre las sillas no hay quien cene, y así, estando entretenidos con sus nuevos juguetes, pues nos dejan un ratito tranquilos.

La Navidad la pasaremos en casa de mi madre, así que llegaremos a media semana sin haber manchado un solo plato, y sobre todo, sin haberlos tenido que fregar.

Y nada más. Desde la oficina, y en la más absoluta soledad, Feliz Navidad para todos.

19 diciembre 2007

Cabañuelas laborales

Hoy la cosa ha estado algo más interesante. Es curioso cómo los días podrías predecirlos en función de cómo vaya saliendo todo en las tres primeras horas (laborales, se entiende)
Si a las once de la mañana el día ha sido frenético en llamadas telefónicas y contrataciones publicitarias, el resto seguirá más o menos esa misma dinámica.
Hoy ha sido uno de esos días. El móvil en la oreja derecha y el fijo en la izquierda, mientras que la mano que seguía libre consultaba los correos electrónicos que no dejaban de aparecer en pantalla.
Que si un banner por aquí, que si una campaña por allá, que si una nueva publicación para enero...
Aún así, tengo menos de ocho días para facturar 18.000 eurazos si quiero que el resultado final sea más o menos presentable y, además, cobre una pasta en incentivos.
Cambiando de tema diré que el próximo viernes tendremos la tradicional comida navideña. Cada año somos más, lo que da que pensar que esto puede llegar a terminar bien si seguimos como hasta ahora. El próximo año creo que será el que decida el futuro. Ya veremos. A ver, que me pierdo, decía que el próximo viernes comeremos todos juntitos y seguro que nos echamos unas risas. Tengo ganas de ver las caras de todos cuando les diga que vamos a sortear un viaje para dos personas entre todos. Un viaje a Tenerife, en hotel de 4 estrellas y con todo pagadito me parece un regalo muy divertido.
A ver si hay suerte.

18 diciembre 2007

Día en blanco

Así ha transcurrido el día. Ni más más, ni más menos.

Nada de nada.

Ha nevado.

17 diciembre 2007

Recoger el guante

Esta mañana, a la puerta de mi oficina, encontré un guante en la acera. Mi primera intención fue agacharme, cogerlo, y colocarlo en algún lugar ¿visible? para que su propietaria (era de mujer) lo encontrase si volviese sobre sus pasos para buscarlo.
Mientras me agachaba me hice una pregunta: ¿si yo perdiera algo, lo buscaría en en suelo o sobre algún coche, papelera, banco o cualquier otro objeto del mobiliario urbano? Me imaginé buscando mi guante con la mirada fija en la acera y haciendo, a la inversa, el mismo recorrido en el cual lo habría perdido. Nunca, pero nunca jamás, se me ocurriría buscarlo en otro sitio que no fuese el suelo.
Así que continué mi camino y dejé el guante donde estaba.
Quiero pensar que el que ya no esté el guante tirado en la acera al llegar esta tarde ha sido porque su dueña lo ha encontrado en el mismo lugar en el que se imaginó que lo había perdido.
Eso, o que ha terminado hecho pedazos en la boca de algún perro por mi culpa.
Joder.

¿Cámbio climático, de qué?

Fin de semana de frío glacial. No se podía asomar la nariz a la calle por riesgo de congelación, así que el fin de semana de magia para niños nos ha venido de perlas. Al menos sacábamos a los niños de casa y les teníamos un par de horas entretenidos. Eso sí, yo me he aburrido como una ostra. Lo de ver sacar palomas de la chistera está muy bien, pero a la tercera ya huele un poquito.
La Navidad ha llegado a casa de la abuela, y eso significa que los niños se han pasado allí la tarde del sábado enterita, se han quedado a cenar y han subido a casa casi a las doce de la noche. En todo este rato les ha dado tiempo a poner el belén, cantar villancicos, dibujar, cenar, y supongo que a dar un poquito de guerra a sus tías. Mientras, nosotros tan contentos. Los dos solitos. Nos ha dado tiempo a hacer un poquito de todo. Y que nadie me tire de la lengua que no pienso contar nada.
Lo más preocupante de la noche es que, mientras cenábamos, estuvimos viendo la película de Woody Allen que echaban en la tele (Match Point). Conste que no soy yo muy fan del señor este de las gafas de pasta, al contrario, pero he de decir que la peli me enganchó. Yo diría que hasta me gustó.
¿Estaré haciéndome viejo?

13 diciembre 2007

C'est la vie

Me pasa siempre.
Cuando se acerca el final del año, los días se me hacen eternos y las semanas nunca terminan. El día 31 de diciembre se convierte en una pesadilla y en una liberación al mismo tiempo.
Pesadilla porque significa que el ejercicio termina, es hora de hacer balance y ver si los números tienen el color que esperábamos. En este caso serán de color negro, pero de un negro grisaceo que nos indicará que aunque habrá beneficios no se habrá alcanzado el objetivo. Supone también que mi parte de sueldo variable se verá resentida.
Asco de vida.
Liberación por el mismo motivo. El año termina y con él todas sus penurias. ¡Viva el año nuevo!. Agenda nueva, presupuesto nuevo, todo por estrenar. Nuevos sueños, nuevos objetivos... Es como si lo anterior nunca hubiera existido, y la presión que noto en el estómago desde hace ya varias semanas desaparecerá como por arte de magia.
Además, y para empezar bien el año, me largo de vacaciones.
La vida es maravillosa.

10 diciembre 2007

Del puente a la montaña

Volvimos ayer domingo a la hora de comer. No era buena idea, teniendo en cuenta que teníamos el frigorífico en estado de calamidad pública y sólo había dentro un manojo de acelgas y tres huevos, así que hicimos parada y fonda en casa de mi madre que nos tenía preparado un pulpo a la gallega y un flan de café.
Mi madre es la mejor.
A media tarde subimos a casa a deshacer las maletas mientras los niños sacaban todos sus juguetes como si hiciera un mes que no los veían. Mientras uno ponía una lavadora, el otro ordenaba en los armarios toda la ropa que no habíamos utilizado, que era casi toda.
Tengo comprobado que lo mismo da que nos vayamos un mes, que una semana, que tres días. Al final, el coche va a reventar, y el número de maletas es el mismo. Lo peor es hacerse 600 kilómetros con el coche cargado hasta el techo para pasar unos días en un pueblo en el que con suerte te vas a cruzar con dos perros. Es decir, que puedes pasearte en bolas sin que nadie se dé cuenta. Y yo me pregunto: ¿por qué mi mujer tiene que trasladar los armarios a las maletas y empeñarse en llevar toda la ropa que tenemos a cualquiera de nuestros destinos?, ¿alguien puede darme una pista?
El puente, bien. Al menos conseguimos que durante tres días enteritos los niños se olvidasen de nosotros. Hemos podido incluso hablar. Para alguien que no tenga hijos, esta novedad le parecerá una exageración, pero no lo es. La llegada de los hijos supone en princípio del fin de la vida en pareja. Siempre, pero siempre siempre están presentes, así que se acabó la intimidad, la conversación y todo lo que se supone que debe de existir entre dos personas que han decidido tener una vida en común. Por eso, el haber conseguido que se entretengan ellos solitos durante tres días enteros, ha sido como una liberación, y hemos vuelto con otro ánimo.
Los hijos son lo mejor que me ha pasado en la vida, pero también tienen su lado oscuro.
Ahora nos espera la Navidad, que sí que merece la pena cuando se tienen hijos. Se vive de otra forma diferente, y con una intensidad que habías olvidado durante bastantes años. La ilusión con la que ellos afrontan estos días es muy divertida, así que habrá que aprovecharla.
Además, tal día como hoy, pero dentro de un mes, estaré bajando por alguna ladera de Baqueira-Beret y pensando en que cuando llegue al hotel me espera una piscina climatizada.
Y conmigo, para disfrutar de las dos cosas, mi mujer.
Los dos solos.

06 diciembre 2007

Preparados, listos...¡ya!

Último vistazo al correo electrónico, DVD portátil cargado de películas infantiles, bicicletas y demás cachivaches preparados...
Me largo de puente.

05 diciembre 2007

Solidaridad e incompetencia

Intento, en la medida de lo posible, ser de lo más amable y educado cuando tengo que desechar la ingente cantidad de ofertas que, por vía telefónica, me llegan de todas las compañías habidas y por haber.
Yo, que me paso la vida vendiendo la moto a todo el que se deja, intento no ser desagradable. Por aquello de que no me gusta que lo sean conmigo. Pero hay veces que no me queda otro remedio. Y es que se ponen muy, pero que muy pesadas.
Si un cliente me dice que no, insisto, como es lógico, pero en el momento en el que veo que la cosa es imposible, pues lo dejo para otro día en el que el viento sople más favorable. Y lo hago así porque si le atosigo y le pongo entre la espada y la pared, seguro que pierdo la venta y al cliente en el mismo acto.
Pues el otro día, la telefonista de turno se puso pesada. Pero hasta unos extremos imposibles de soportar, y le sentó tan mal que le dijera que no y que le pidiera que no me volviera a llamar jamás nunca en todos los días de su vida presente y las futuras, que me colgó. ¡Me colgó!
A ver si por fin consigo que me dejen en paz.

03 diciembre 2007

El pueblo en invierno

El miércoles por la tarde nos largamos de puente a León. Como todos los años por estas fechas aprovecharemos unos días para ver a la familia y echarnos unas risas. Los niños se lo pasan de miedo con sus primos, y nosotros aprovechamos para chismorrear sobre todo lo que hemos ido apuntando desde nuestro último encuentro en el mes de agosto.
Estas reuniones invernales se han convertido en algo ya casi imprescindible. Es divertido pasar unos días en un pueblo que en invierno está casi abandonado. Los paseos en bici, por mucho frío que haga, las tardes cerca de la chimenea, y el cambio de aires nos dan fuerzas para una larga temporada.
Para mí, que he nacido en una ciudad, y mis padres ya nacieron aquí, lo de pasar temporadas en un pueblo era algo inimaginable hasta hace unos años. Una vez descubierto, creo que es una experiencia necesaria, y me alegro de que mis hijos puedan disfrutarla.