24 septiembre 2007

Fin de semana en Londres




A eso de las tres de la tarde del viernes pasado ya estábamos pateándonos Londres como una pareja de veinteañeros de fin de semana. Habíamos dejado a los niños con la abuela bien cargaditos de mocos, fieles a la tradición. Y es que siempre que pensamos o se nos ocurre irnos de casa, aunque sean algunas horas, se nos ponen malos. Pero esta vez no podíamos echarnos atrás, porque estaba todo pagado y bien pagado.
La idea fue todo un acierto, porque a parte de visitar una ciudad que ninguno de los dos conocía, nos venía bien airearnos un poquito y estar más de diez minutos solos sin ser molestados por nadie, así que nos decidimos a aprovechar cada minuto del corto fin de semana.
Y así, en plan mochilero, nos decidimos a caminarnos una ciudad en 36 horas. Y creo que lo hemos conseguido, porque no me habían dolido los pies tanto en toda mi vida. Pero esta oportunidad había que aprovecharla. Claro está que no hemos entrado en ninguna parte (excepto en los pubs, claro) por dos motivos muy relevantes: no teníamos tiempo y no estábamos dispuestos a pagar precios desorbitados para ver, por ejemplo, una catedral (9,5 libras por entrar en San Pablo me parecen un atraco). Además, hubiera sido una insensatez dedicarnos a visitar museos y catedrales sin antes haber visto todo lo posible de una ciudad infinita y con miles de cosas que merecen la pena.
Todo en Londres merece la pena. Y creo que hay que caminárselo para darse cuenta de todo aquello que no viene en las guías y que se puede descubrir, por ejemplo, por confundirse de dirección siguiendo un mapa. Palacios escondidos y visitables, calles señoriales llenas de casas sin cortinas que dejan a la vista salones de revista, jardines solitarios, parques diminutos...
Pero lo que más me ha gustado de Londres es, sin duda, su ambiente. Ingleses que se pirran por cervezas interminables, orientales, africanos, hindúes y cualquier otra raza del mundo conviven en Londres con una normalidad que sorprende.
Yo, que soy muy mío, tengo una afición que en este tipo de ciudades puedo siempre satisfacer: comer cosas raras. El viernes tocó buffet oriental. Había de todo y de todos los colores. Nada de comida china como la que tenemos por aquí. Cené lo que había, aunque ni podía pronunciar su nombre ni quería saber de qué estaba hecho aquello. El sábado, comida ghanesa. ¿Que dónde está Ghana?, pues lo más que sé es que está en África, pero poco más. El caso es que con el dedo le dije al supuesto ghanés que vendía comida en el mercadillo lo que quería. Mi inglés y el suyo no coincidían en absoluto, así que utilicé el dedo índice, que es el más universal de los dedos, para señalarle lo que quería. Cojonundo, tú. Eso sí, picaba lo suyo, así que tardé más de una hora en terminar lo que el tipo me había puesto en una bandeja por 5 cochinas libras. El que diga que en Londres se come mal y caro es un gilipollas. Hemos comido bien y bien barato. Eso sí, nada de sentarte en una mesa con mantel y servilletas de hilo. Cajita de plástico y tenedor de madera. Y a seguir paseando que la ciudad es muy grande. ¿Que te cansas?, pues a sentarte en cualquier parque, ¿que tienes sed?, pues botellita de agua en el súper al mismo precio o más barata que por aquí, ¿que te entra un apretón?, pues servicios públicos bien limpitos, sin olores y sin pintadas dándote el teléfono de la última novia del imbécil de turno. ¿Que te vuelve el hambre?, pues siempre hay algún sitio del que sale un olorcillo a curry o a cualquier otra especia oriental en el que comes por un par de libras. Vamos, una gozada.
¿El presupuesto?, pues muy sencillito:
  • Vuelo (2 personas) con Ryanair ida y vuelta: 109 euros tasas incluidas
  • Hotel (habitación doble) en el Hotel Ibis London City: 196,00 euros
  • Comida y gastos varios incluyendo regalos para los niños: 158 euros

A mí, personalmente, me parece que la cosa está bastante bien, teniendo en cuenta de lo que se trata y de los precios que por allí tiene todo. Claro que se puede gastar menos, pero tampoco mucho. En lo único que veo que podríamos haber ahorrado algo sería en el hotel, que seguro que encuentras otras opciones más económicas. Pero para un par de días que íbamos a estar allí, qué menos que dormir (porque no te da tiempo a nada más) en una cama King Size. El hotel está a 10 minutos andando de la estación de Liverpool, y a otros diez minutos de la Torre de Londres. ¿Que no quieres andar?, pues coges el metro, que está justito debajo del hotel (Aldgate).

Que el hotel esté donde está supone que que puedes iniciar desde la misma puerta un recorrido espectacular, bajando hasta el puente de Londres y atravesando el Támesis para llegar a su margen izquierda. Ahí comienza el espectáculo . El paseo hasta Westminster es impresionante. Mercadillos de comida, pubs abarrotados, el Shakespeare Globe, la Tate, el London Eye... Y cuando llegas a los pies del Big Ben, al menos una horita después, primera parada para respostar en el pub que hay justito enfrente. Unas pintas después, has cargado suficiente energía para continuar el viaje al centro de Londres.

A partir de ahí, todo merece la pena.



18 septiembre 2007

Mi vecina

Tengo la desgracia de tener que trabajar para vivir, así que no me queda más remedio que levantarme todos los días a las siete de la mañana, para que me dé tiempo a prepararlo todo y llevar a los niños al cole antes de ir a la oficina.
Todos los días, cuando me levanto, ya hay una luz encendida en el patio de vecinos. Ya está levantada, y desde hace un buen rato, mi vecina de enfrente. Es una pena que alguien tenga que levantarse tan temprano cada día. Es más, es una putada. Es una putada aún mayor que alguien tenga que trabajar en turno de noche, o en trabajos desagradables que nadie querría hacer si no fuera por necesidad.
Pero la que no me da pena en absoluto es mi vecina. Aunque se levante de lunes a domingo a las seis de la mañana y aún siga despierta a la una de la madrugada.
Mi vecina está casada. Su marido, ya jubilado, tenía un muy buen puesto en el Registro de la Propiedad, lo que le daba acceso a información privilegiada que él utilizaba en beneficio propio. Así que además de tener una pensión más que razonable, viven, y muy bien, de todos los alquileres y rentas que les producen todos los pisos y locales que adquirieron con aquella información conseguida de no muy buenas maneras.
Mi vecina está enferma. O al menos yo la considero como tal. No puedo entender que una mujer sin hijos y con dinero suficiente para tener servicio doméstico en plan cofia y delantal, se pase 18 horas diarias limpiando la casa. Cuanto más la veo limpiar, más me cabrea el asunto. Todo el santo día subida en una silla limpiando... ¿el qué? No tengo ni idea. Porque nosotros, que tenemos el tiempo justo para hacer una limpieza semanal, no tenemos la casa dejada ni sucia en absoluto. Y eso que en ella viven 4 personas, de las que 2 son niños que están contínuamente tirándolo todo por todas partes y comiendo donde les sale. No me lo explico.
A parte de la limpieza diaria de toda, absolutamente toda la casa, a lo largo del año hace 4 limpiezas generales. Una por estación. Abre de par en par todas las ventanas de la casa y saca absolutamente toda la ropa de los armarios. La lava y la tiende. La plancha, la dobla y vuelve a meterla dentro. Eso sí. Antes ha barrido, fregado, pulido y pasado la vaporeta (o como se escriba ese chisme que hace un ruido espantoso y mancha las ventanas de los vecinos del piso de abajo). La ropa, la seca al sol. Siempre al sol. Para que se blanquee bien. Los balcones los friega tirando cubos de agua. Los suelos, arrodillándose y a mano.
Cuando éramos pequeños, si queríamos entrar en su casa, teníamos que caminar sobre dos peces de tela muy bien cosidos para no manchar el suelo.
No es broma.

17 septiembre 2007

Tráfico de estupefacientes

El sábado empezó a bajar la temperatura y a llover en plan tormentaza con granizo. Es lunes y seguimos igual.
Desde que comenzó la primera tormenta, no pasaron ni diez minutos y ya me dolía la garganta. El fin del verano es un asco. Ahora me explico yo de quién ha heredado mi hijo esa facilidad para ponerse malo cada día de una cosa diferente. ¡Si yo no era así!, ¡si cuando yo era pequeño no enfermaba nunca! Resulta que desde que soy padre, me cojo todas las infecciones que pasan a mi lado, y me paso todo el invierno con la nariz llena de mocos, la garganta en carne viva y con infecciones de todo tipo y condición.
La putada es que el viernes me marcho a Londres de finde, y ya he tenido varias experiencias de viajes en avión en los que las he pasado putas, pero mucho, por subir resfriado. Es a lo que más miedo tengo cuando vuelo, que me duelan los oídos.
Así que en cuanto salga de la oficina me pasaré por una farmacia a pillar Clamoxyl 500 y comenzar la automedicación esta misma tarde. Por cierto, tengo que consultar el número de pastis que te dejan pasar en el equipaje y hacer una lista: las de la garganta, las de la cabeza, las del estómago, las de porsiacaso, las de...

11 septiembre 2007

Técnicas comerciales

Los lunes suelen ser un fiel reflejo de lo que será la semana, y ayer fue un lunes de esos en los que no se mueve absolutamente nada.
Esta ciudad tiene un grave problema. O no nos da tiempo a respirar o nos morimos de aburrimiento. El lunes ya se veía venir que esta semana sería mortalmente aburrida.
Estamos en fiestas. Y eso significa que todo va a medio gas, porque por las tardes no trabaja casi nadie, y al que le toca está tan amargado que no tiene ganas de nada. Las calles se llenan de gente siempre a las mismas horas: última hora de la mañana y a partir de media tarde. El resto, nada de nada.
Los que trabajan por la mañana están pensando desde que se toman el café y la tostada en las cañas del mediodía. Y cuando llegan a casa a dormirla, no se acuerdan de nada más que de despertarse de la siesta cuando cae el sol para volver a la calle a por más mercancía. Y así hasta la madrugada.
Este pensamiento único de cómo pasar la mañana cuanto antes para largarnos todos a beber cerveza supone que nadie está a lo que está, y al que no le queda más remedio está de tan mal humor que no tiene ganas de nada. Y ahí está el problema. Los que vivimos de convencer al resto de que se gaste la pasta cada semana lo tenemos casi imposible.
Y aún es martes.
Me voy de cañas. A lo mejor, en alguna caseta, veo a algún cliente ebrio y le vendo una campaña.

06 septiembre 2007

Mar de lágrimas

Ya tengo ganas de que llegue el viernes.

Y no es que haya sido una semana especialmente intensa, no. Lo que pasa es que ha sido la primera semana en la que mi hija pequeña ha ido al colegio, y la experiencia ha sido dura. La pobre ha llorado lo suyo esta semana, y cada vez que la dejaba allí, se me agarraba a la pierna o a los brazos y me miraba como si yo fuera el peor padre del mundo. Creo que un poco sí que lo he sido, porque para evitar males mayores se la entregaba a la monja a la velocidad de la luz y desaparecía aún más rápido para no oir los gritos.
Pobre.
Y pobre yo.
Mañana mi mujer no trabaja. Y ya le he dicho que le toca a ella. Con el niño no recuerdo que la cosa fuese tan mal al principio. Pero como no tengo memoria más allá de los últimos 10 minutos, seguro que también lloró lo suyo.
La vida es una putada.

05 septiembre 2007

De weekend

El 21 me largo a Londres el fin de semana.
Ayer pillé un par de billetes ida y vuelta por 140 euros en Ryanair, así que si todo va bien, ese viernes comeré en algún parque londinense cualquier guarrada inglesa.
Será sólo un fin de semana. Realmente, la tarde del viernes y el sábado, porque el domingo de mañanita nos volvemos. Casi mejor. Con la paliza que nos vamos a pegar, la siesta del domingo va a ser impagable.
Me apetecía la escapada.

04 septiembre 2007

A lo loco

Esto de trabajar en un medio de comunicación tiene sus cosas buenas y malas. De las malas, prefiero no hablar por aquello de que si empiezo, no termino, y de las buenas diré sólo una que se me ocurre al final del verano: entradas gratis.
Sí. Lo de pedir credenciales para asistir a todos los conciertos por la cara se está convirtiendo en un hábito muy divertido. Eso sí, al final descubres lo que realmente te gusta y lo que es un coñazo. En los últimos tiempos han pasado por delante de nuestros ojitos y sin pagar un céntimo todo tipo de grupos musicales, solistas, compañías de teatro, pases exclusivos de películas más o menos comerciales y todo tipo de eventos de gañote de esos de empanadilla y gambas con gabardina o de angulas con caviar y Moet-Chandon. Qué cosas.
Y así, a calzón quitado, diré que Alejandro Sanz es un coñazo, Miguel Bosé tiene un puntito divertido, Los Secretos, pues eso, The Corrs, vale, Pignoise, tachado, Hombres G, mucha risa, La Unión, vejetes, El Canto del Loco, cañeros, Calamaro y Rot, atronadores, Estopa, puf, Nacha Pop, el que tuvo, retuvo, Maná, bien, Erentxun, un descubrimiento... Del resto, ni siquiera me acuerdo, pero más por mi lamentable memoria que por otra cosa. De las pelis no puedo destacar ninguna, excepto Brokeback Mountain, Cartas desde Iwo Jima y Banderas de nuestros padres, y del teatro, pues nada digno de recordar.
El caso es que sea como sea, no hay fin de semana que no tengamos algún sarao al que acudir si nos apetece. O para quedarnos en casita tan ricamente como hicimos, puede que con buen criterio, con Bisbal.
O no.