29 junio 2007

Mariconadas, las justas.

Ayer, más de un año después de dejarnos, apareció por la nueva oficina N. Venía desde Valencia, que es donde vive, y sólo pasó por aquí a saludarnos de camino a Madrid para no perderse las fiestas organizadas en Chueca con motivo del Día del Orgullo. En cuanto terminen, se marchará a su Galicia natal a pasar el verano currando porque "no tengo un puto duro".
Se marchó antes de enterarse que el mandamás de esta ciudad envió a la policía a retirar una bandera con los colores del arcoiris instalada en la fachada del Ayuntamiento. En teoría lo hizo porque no tener autorización, pero si no hubiera sido por este motivo, se habría inventado otro. Ya le debió costar lo suyo eso de tener que autorizar una manifestación para que un montón de maricones se paseasen por las calles de SU ciudad. Él es así.
Me dan ganas de salir corriendo.

27 junio 2007

Desde Australia

En nuestra primera conversación se destapó con una frase que todavía resuena en mi cabeza: "...porque estoy esperando un briefing desde Australia y claro, con el cambio horario, aún no me ha llegado."
Desde ese momento se quedó con el apodo de "el briefing".
Hombre, para un tipo como yo, que lleva toda su vida profesional pateándose la calle de una ciudad pequeña como esta, para tratar de "engañar" a los clientes y que inviertan su dinerito en publicidad, que venga un tipo de Valladolid a decirme que está esperando un briefing desde Australia para preparar la planificación publicitaria de un cliente, pues qué quieres que te diga. O es un gilipollas, o es de Pucela. En este caso, ambas cosas.
Pues hoy tocaba, otra vez, visitar al "briefing". Y me he pasado tres cuartos de hora escuchando una disertación sobre Márketing estratégico de esas que te tienes que tragar porque no te queda otra. Que si costes por mil por aquí, que si GRP'S por allá, que si la OJD, que si el EGM... Yo, claro está, me he pasado tres cuartos de hora planificando mis próximas vacaciones, haciendo la lista de la compra, y pensando en las formas de asesinar a un tipo como el que tenía enfrente. Todo eso, como no podía ser menos, asintiendo de vez en cuando a todo lo que me decía y sonriendo como un político ante una cámara de televisión.
En fin, los peajes que hay que pagar en este trabajo.
Luego, para ahogar mis penas, me he tomado un cafetito con mis ex-compañeras de trabajo, y nos hemos hartado a contarnos chismes y a poner a parir a todo el mundo. Es lo más. Y la semana que viene, hemos quedado para comer, así que tengo que coger el teléfono y empezar a llamar a todos los números de mi agenda para apuntarme todo lo que no se pueda contar y contárselo a ellas el miércoles que viene.
Me muero de ganas.

20 junio 2007

Vecinos

Las reuniones de vecinos son, normalmente, divertidísimas. En este tipo de encuentros te das cuenta de lo miserable que es el género humano, y si llevas toda la vida viviendo en el mismo sitio, como me pasa a mi, vas viendo año tras año cómo se van degenerando los cuerpos y las mentes de tus vecinos.
Llevo toda la vida viviendo en el mismo sitio. Lo único que he hecho ha sido cambiarme de piso y vivir uno más arriba que cuando vivía con mis padres. Y cuando hay una reunión de vecinos, mi madre, últimamente se escaquea y me envía en plan kamikaze para que monte el pollo. Y me encanta.
Ayer tuvimos la última. Una reunión que habíamos montado casi como un pequeño golpe de estado entre unos vecinos para saltarnos al presidente, que es un pobre hombre al que se le ha subido el cargo a la cabeza y actúa por su cuenta. Es lo que les pasa a las personas que no han tenido una responsabilidad en su vida, que cuando tienen una gorra que ponerse, todos debemos rendirles pleitesía y pasar por el aro. Pues no me da la gana.
Fue una reunión con más bronca de la habitual. Creo que ha sido la reunión de vecinos en la que he intervenido más a fondo, implicándome en un problema que se estaba convirtiendo (y ya veremos cómo salimos) en algo sin solución. Terminé enfrentándome con el presidente, que es un "bienqueda" capaz de contradecirse a si mismo para dejar contento a todo el mundo y al final hacer lo que a él le da la gana. Menos mal que imperó la sensatez y al final todos decidimos lo correcto. Y no porque yo fuera el que tenía la razón, que la tenía, sino que era la decisión más lógica y correcta para todos. La broma nos va a costar 3.000 euros, pero podía haber sido peor.
Lo mejor de las reuniones de vecinos es la post-reunión. Siempre terminamos los mismos vecinos tomando cañas en el bar de al lado y nos vamos para casa a tientas, para disgusto de mi mujer, que siempre se empeña en esperar a que aparezca con la cena preparada y sin haber probado bocado. Yo, claro está, nunca tengo hambre, porque bebemos tanto como comemos, así que llegamos a casa para meternos directamente en la cama. Así que mientras ella cena, yo paso a dormitar en el sofá hasta la hora de acostarnos.
Al día siguiente, y tras tomar una pastilla para paliar mi dolor de cabeza, vuelta a empezar con la rutina. Por suerte, al final de la semana tenemos otra. Voy afilando los cuchillos.

18 junio 2007

Lluvia

Empezó a llover el viernes y no paró hasta bien entrada la tarde del domingo.
Desde que nacieron los niños no habíamos pasado un fin de semana entero en casa. No me refiero a salir fuera de la ciudad, sino a no salir de casa. La lluvia ha sido tan intensa y tan sin tregua que no había opción alguna a poner un pie en la calle, así que lo más lejos que hemos llegado ha sido a la peluquería, el niño y yo, para quitarnos esas greñas a lo Beatle que teníamos los dos. Después, la encerrona.
En estas 48 horas mi mujer y yo no hemos podido mantener una conversación mayor de treinta segundos, y ese es el máximo tiempo que hemos conseguido estar a solas. Ni un segundo más. La casa, no hace falta casi ni decirlo, patas arriba. Todos los juguetes tirados por todas las habitaciones. Todos los periódicos pintados. Las pinturas por el suelo. En la tele, sólo dibujos. La siesta, ni imaginársela. Dormirles, algo imposible. Lloros, peleas, gritos, carreras...
No quiero ni acordarme.
Los dos estábamos deseando que llegase el lunes para huir y dejar atrás el infierno. Y el tiempo parece que no va a mejorar demasiado en los próximos días, aunque por lo visto no va a llover. Al menos podremos salir de casa, y acercarnos a la piscina aunque sólo sea para que corran por el césped y se agoten un poquito.
Necesito unas vacaciones.

06 junio 2007

Hay días que no está uno para nada

Esta noche he visto las tres, las cuatro y hasta las cinco de la mañana en mi reloj despertador. Las cuatro y las cinco las he visto con mi hija pequeña encima porque no paraba de lloriquear. Creo que le está saliendo algún diente. A las tres ya me dolía la cabeza, y cuando hice la intención de tomarme una pastilla recordé que se me habían terminado el domingo anterior, así que me resigné a tener dolor de cabeza durante todo el día de hoy. Qué le vamos a hacer.
¿Cómo es posible que alguien como tú se quede sin pastillas?, me preguntaba un amigo esta mañana mientras nos tomábamos el cafetito diario en el bar que hay junto al cole de los niños.
Pues sí, es posible. Yo soy "asín".
Para colmo de males, esta misma mañana mi madre me ha dicho que estoy echando barriga.
Mierda.

05 junio 2007

Jornada continua

Esto se va poniendo divertido y poco a poco la temperatura va subiendo. Cada año la llegada del calor me afecta más rápidamente, y me agobio enseguida. Ya he sacado del armario los pantalones de verano y estoy empezando a decirle adiós a los calcetines.
Yo diría que lo que peor llevo del inicio del verano son estos primeros días sin calcetines en los que el blanco de mis pies hace que parezca que llevo calcetines blancos como los que usábamos en los 80. Sólo me faltan las rayas azules y rojas en la pantorrilla y una canción de los Hombres G como música de fondo.
Este verano tengo que organizarme de alguna manera para no venir ninguna tarde a trabajar. La verdad es que los últimos años venía un ratito y a eso de las seis me largaba a la piscina, pero creo que este año me voy a imponer la jornada continua. Intentaré venir prontito y marcharme a comer a eso de las tres. Como los funcionarios pero trabajando.
En mi gremio desde mediados de junio casi todo el mundo sólo trabaja por las mañanas. En mi caso, ninguna agencia de publicidad y prácticamente ninguno de los clientes con los que tengo relación trabajan por la tarde, así que mucho me temo que me voy a apuntar a la moda.

04 junio 2007

Muchas gracias

Corría el año 92, seguramente por estas fechas, cuando un amigo me comentó que se iba a terminar la carrera a Barcelona, y que si me interesaba podía presentarme al dueño de un par de bares a los que él llevaba la contabilidad desde hacía un par de años para que me quedara yo como contable. Pocos meses antes había conocido a mi actual mujer, y los únicos ingresos con los que contábamos los dos eran los que provenían de nuestros padres. Me pareció una buena idea y unos días después conseguí mi primer trabajo remunerado. 25.000 pelas al mes por llevar una contabilidad de lo más sencillita y que no me ocupaba más de un par de horas al mes. Vamos, un chollo.
Esas 25.000 pelillas nos financiaron muchas cosas: las primeras escapadas, los gastos de gasolina del Seat Ronda, y un par de años más tarde, un fin de semana al mes en León, donde mi actual mujer cursaba su licenciatura. Esas 25.000 pelas se estiraban casi hasta el infinito.
Durante los 15 años siguientes he seguido recogiendo una vez al mes las facturas de los bares. Unas facturas muy bien empaquetadas siempre en bolsas de plástico y con una doblez perfecta de 3x6 cm. Unas facturas con un olor especial. Con anotaciones escritas con una letra casi ilegible y siempre con faltas de ortografía.
El domingo a las 11 de la mañana sonó el teléfono y alguien, al otro lado, me anunció su muerte. Dejó de respirar hacía apenas 4 horas. Era lo más lógico. El último año había estado permanentemente al lado de una botella de oxígeno, y en los últimos meses sin apensas poder salir de casa. Hablar con él era un esfuerzo casi inútil para entenderle. Su voz cavernosa había empeorado con los corticoides y apenas se le entendía. Siempre, siempre, terminaba preguntándome por mi mujer y mis hijos. "Un abrazo", decía.
Ha muerto la mejor persona que he conocido en mi vida.