28 marzo 2007

Blanco

Aprovechando que uno es dueño de su vida, personal y laboral, y que mi mujer es funcionaria, osea que también puede hacer lo que le salga de ahí con el trabajo, pues el miércoles por la mañanita nos meteremos en el coche para irnos unos días a la playa. Eso sí, a una playa del norte que está casi tres horas más cerca que las del sur, pero en las que hay menos seguridad de que pisemos la arena por aquello del mal tiempo y más de que nos pasemos el día de chiringito en chiringito. ¡Qué le vamos a hacer!
Hombre, lo de viajar con niños te enseña que una de las cosas que tienes que asegurarte es el tiempo, pero para cuatro días que vamos a salir no queremos pasarnos dos metidos en el coche. Si a eso le añadimos que la niña se pasará el viaje entero dando guerra, pues mejor que el viaje dure 4 horas que 7. Vamos digo yo. Hay que ver lo diferentes que son mis hijos en esto de los viajes. El mayor aguantará despierto más o menos una hora viendo una peli en el dvd y después lo apagará él solito para quedarse dormido hasta que casi veamos el mar. Mientras, la pequeña comenzará a llorar a los veinte minutos de estar sentada y seguirá llorando hasta media hora antes de llegar a la playa, ya que justo en ese momento se quedará dormida para comenzar de nuevo a llorar cuando tengamos que despertarla para subir las maletas al apartamento. Cosas de los genes.
Y nosotros, aguantando el tirón. Me hace cierta gracia volver a visitar un pueblo en el que estuvimos hace más de 10 años también en un puente similar al de Semana Santa. Llegamos en el coche de nuestros padres, compartido con otros dos amigos, dormimos en un camping y lo menos que nos imaginábamos es que la próxima vez que volviéramos lo íbamos a hacer con dos hijos, conduciendo un monovolumen y durmiendo en apartamento. Y parece que fue ayer.
Hoy, mientras me tomaba un café precisamente con uno de los compañeros de aquel viaje, no he podido por menos de fijarme que casi tiene el pelo blanco. Le da un cierto aire respetable que, para los que le conocemos desde hace tanto tiempo, no deja de tener gracia. Cuando he llegado a la oficina me he mirado en el espejo. Las canas también comienzan a aparecer en mi pelo, pero en menor cantidad. No me importa en absoluto, al contrario. Creo que a los hombres las canas nos sientan bastante bien.
Yo, por lo menos, me veo estupendo.

20 marzo 2007

Pareces tonto

Ayer, en un ataque de insensatez, le prometí a un cliente que le echaría una mano para cargar y descargar unos folletos publicitarios que tenemos que distribuir el viernes. Maldita la hora. 20.000 folletos que pesaban como si fuesen de plomo. No, 20.000, no, 40.000, porque tuve que cargarlos y descargarlos. Y no contento con eso, antes de la carga tuve que descargar de la furgoneta todo lo que había dentro, y al terminar con los folletos, volver a cargarla.
En este mismo momento voy a hacer un juramento así, en plan ministro: Prometo, por mi conciencia y honor, que jamás volveré a hacer un esfuerzo físico de forma voluntaria, ni ofreceré mis servicios para realizarlo a nadie.
Hay veces que me daría de bofetadas.

19 marzo 2007

Será la primavera

Llevábamos dos semanas de buen tiempo y hoy, de repente, hemos tenido que volver a ponernos el abrigo. Ayer nos paseábamos en mangas de camisa y comíamos al sol tan ricamente, y hoy casi nos tenemos que tapar la cara con la bufanda. Cosas del tiempo.
En solo un par de días me ha dado el suficiente sol como para que se me quitase la cara de muerto que se me pone en invierno y desaparecieran las ojeras como por arte de magia. Voy a tener que darle la razón a mi mujer, que es como los lagartos, y dice que el sol le recarga las pilas y la llena de energía. Será eso. A mi, lo de tomar el sol, siempre me pareció una gilipollez, pero va a ser verdad que algo de bueno tiene. Eso sí, hoy me he tenido que emplear a fondo en eso de darme cremas por todas partes para evitar que se me caiga la cara a pedazos. Cosas de ser un tipo delicado.
Por lo demás, un lunes más o menos ajetreado. Parece que esta semana el tema se entona y saldremos de esta pequeña crisis que ha durado más de lo esperado. El mes de febrero siempre fue un mes bajo en ingresos, pero en marzo la cosa se recuperaba. Este año, ha durado un par de semanitas que se nos han hecho a todos eternas.
Hoy, creo que por primera vez en mi vida, me duele el estómago. Ahora entiendo por qué aquellos que tienen úlceras o sufren del estómago están todo el día de mal humor. Joder, es que es muy desagradable. Además, como no sé por qué me duele, pues no sé qué tomarme. Y eso de no poder drogarme para quitarme el dolor me saca de quicio. Cuando me duele la cabeza me inflo a pastillas contra el dolor de cabeza, pero no tengo nada contra el dolor de estómago, así que estoy bastante descolocado.
El viernes pasado tuve que ceder y acudir a una comida que llevaba años (sí, sí, años) intentando evitar. El caso es que hay un tipo con el que no me queda más remedio que convivir, ya que tiene una empresa que, desgraciadamente, trabaja con la mía de vez en cuando. El tipo es casi un cincuentón, casado y con una hija de veinte años que no debe tener suficientes amigos y se dedica a dar la paliza a los que no nos queda más remedio que hablar con él por motivos laborales para organizar una comida mensual y hablar de algo más que del trabajo. ¿Pero de qué cojones voy a hablar yo con un tipo que me asquea?, ¿cómo voy a hablar yo, y mucho menos comer, con un tipo que tiene un bigote curvado hacia el interior de su boca y que cuando come se pringa todos los pelos y tiene que limpiárselos a cada bocado?, ¿pero cómo pretende que no mire su mostacho húmedo de salsas varias cada vez que le mire? Me dan escalofríos sólo de pensarlo. Encima es de los típicos tios que hacen gracias allá por donde van, y se intentan enrollar en plan coleguita con los camareros-as, haciendo chistes malos y tomándoles el pelo de una forma cutre.
Lo único bueno que saqué de esta comida, es que recordé que hacía mucho tiempo que no fumaba. Que no fumaba hierba, me refiero. He de reconocer que no fumo. Lo intenté cuando tenía 14 años, y lo intenté con mucho empeño, pero nunca me enganché. Pero lo que siempre me gustó fue fumarme un poquito de hierba de vez en cuando, y no sé si sería por el agobio de la comida con el tipo de los pelos o porque realmente hacía mucho que no me fumaba uno, que me entraron las ganas. Y de esta semana no pasa.

15 marzo 2007

Cuanto más lejos, mejor

No tengo ni idea de por qué no escribo nada desde hace tanto tiempo. He entrado en varias ocasiones para hacerlo, pero cuando ya tenía casi escrito el post, decidí borrarlo. Cosas.
El día a día me lleva por delante. No por exceso, sino por defecto. Estoy entrando en barrena y la apatía me gana la partida a cada momento. Pierdo el tiempo de una forma miserable y en actividades de lo más peregrinas, y cuando me doy cuenta, el día ha transcurrido sin hacer nada de provecho. El estómago se me vuelve del revés, aunque sólo un rato, y a otra cosa.
Esperaba la fecha desde hace mucho tiempo, y con mucha ilusión, pero llegado el día me encuentro con que no hemos hecho nada. Ni una celebración. Ni un regalo. Nada. Nos pasamos esa semana discutiendo por cualquier cosa y ni siquiera hicimos mención al día en cuestión. Eso me ha dolido, y creo que parte de esta situación de desgana viene provocada por ello.
Ayer, en un arranque de optimismo, reservé un apartamento en la playa para Semana Santa. En menos de tres semanas cambiaremos de aires por unos días, y creo que nos vendrá bien a todos.
Alejarme siempre me ha venido bien. Siempre ha sido la solución. Incluso aquí lo he demostrado.