30 enero 2007

La banda

Son rencorosos, malos, desconfiados, acomplejados, malpensados, falsos, malencarados, desafiantes, acaparadores, egoistas, tontos...
Y paro aquí porque me pierdo.
Yo, desde que les conozco, casi he dejado de comprar en sus establecimientos. Y cada vez que pienso en ellos, se me dan la vuelta las entrañas. Sólo de pensar que miles de niños hablan con ellos a diario y reciben de sus manos cosas que después se tienen que meter en la boca, me asalta una sensación de repugnancia indescriptible.
Esta tarde tengo una reunión con ellos.
En la última, a punto estuve de mandarlos a todos a tomar por el culo. La lengua me sangraba de tanto mordérmela. "Eres malo", me decían...
Hijos de puta.

29 enero 2007

Parezco tonto

Siete de la tarde. Aparezco por la oficina después de haber comido con toda la tropa publicitaria local. Muy diver todo.
Pincho templado de langostino y pan de frutos secos con verduritas. Milhojas de manzana y foie con costra dulce. Pierna de cordero con patatas panadera. Canutillo de helado de canela y bola de café. Café y copa.
Sobremesa de marujeo y despellejes varios. Risas a montón y promesas de futuras comidas y cenas para más y peores cotilleos.
Y mi estómago a punto de explotar.

El síndrome de China

Mierda fin de semana.

El viernes, por aquello de variar y no salir sólo los sábados, nos fuimos al chino. O mejor dicho, al oriental, aunque todo lo que yo veo por allí, excepto el sushi, me parece chino. El caso es que me pongo hasta las cejas de todo lo que me gusta y después, aunque la intención es la de tomar un café con tarta de esa de kilo de chocolate, pues sólo café. Tan lleno estaba, que sólo café.
Y me levanto el sábado con ganas de vomitar que, en mi caso, es lo mismo que tener ganas de morirme. Y apenas desayuno. Y lo que desayuno me sienta mal. Y no tomo café de media tarde tras la siesta que no duermo. Y nos vamos con los niños a dar una vuelta y el frío es tremendo. Y me mareo y casi vomito en la calle. Y nos volvemos a casa porque no puedo ni con las botas y no hago más que tiritar. Y me echo en el sofá y me pongo el termómetro. Y 37,6. Y para mi eso es como estar al borde de la muerte. Y no ceno. Y paso una noche malísima soñando con cosas rarísimas y desagradables de las que ya no me acuerdo.
Y me levanto el domingo con peor estómago y dolor de cabeza. Y tampoco desayuno. Y el dolor va en aumento. Y la niña también está mala. Y no deja de estornudar y los mocos le llegan a la rodilla. Y los dos lloramos. Y comemos en casa de mis suegros. Paella. Y después intento echarme la siesta, pero como la calefacción está estropeada, tengo frío. Y la niña está peor. Y el niño dibuja un león chulísimo y estamos muy orgullosos todos. Y nos volvemos a casa porque la fiebre de la niña nos preocupa. Y llora. Y yo estoy igual, aunque ceno algo que me sienta bien. Y la niña se acuesta pero no se duerme y no deja de quejarse. Y yo me voy a dormir con el niño a su habitación porque la niña es mejor que se quede en mi cama con su madre. Y entre sueños oigo que la niña llora. Y llora más. Y otra vez. Y no puedo levantarme porque estoy fatal.
Y el lunes mi mujer está hecha polvo porque apenas ha dormido. Y mi estómago mejor, pero mal. Y mi cabeza mejor, pero mal. Y desayuno, poco, pero desayuno. Y hace frío, menos, pero hace. Y llueve. Y la niña se despierta y toma el biberón. Y le doy el jarabe y la bajo a casa de su abuela.
Y hoy tengo comida con las agencias de publicidad. Ni me apetece la comida, ni me apetece ver a las agencias. Y mi estómago, fatal.

25 enero 2007

Pero ya

Qué horror de post el anterior. Así todo lleno de cosas inconexas y muy de resaca...

¿Será que nieva?, ¿será que no?

Uno, la de Rasca y Pica. La otra, REM. El de más allá, Médico de familia. Aquella, un ding... Y esta mañana, mientras me tomaba un café en la cafetería de un hotelito cutre de carretera para ver si se me pasaba algo este dolor de cabeza fruto del exceso del vino, va y suena Paquito el Chocolatero. Joder. Hace falta ser hortera para llevar en el móvil la de Paquito el Chocolatero. Mal que lleves a tu niño diciendo cosas que sólo hacen gracia al padre o la madre de la criatura. Peor que lleves esa de un tío diciendo ordinarieces a una moza recia que pase por su lado. Pero a Paquito...
Lo peor es lo malo que estaba el café y lo blanda que estaba la tosta de gambas que me pedí para comer algo y que la pastilla no me sentase mal. Eso antes de saber que no tenía pastillas para el dolor y que la cosa no iba a tener remedio.
Será que no.

Que me ejecuten ya

Hoy tenía pensado hacer un repaso al estado general de este mundo que nos ha tocado vivir, pero no me da la gana. Lo he borrado todo y he decidido que no. Pues eso.
¿Por qué los fumadores nunca se acuerdan de en qué bolsillo llevan el encendedor?, ¿por qué los que llevan gafas nunca saben dónde las han dejado?, ¿por qué al que le huele el aliento tiene la puta costumbre de acercarse a menos de un palmo de tu cara cuando habla?, ¿por qué a los niños hay que sacarlos de la cama durante la semana y los fines de semana amanecen antes de que salga el sol?, ¿por qué no reponen Canción Triste de Hill Street?, ¿por qué no eliminaron de la entradilla de "La Casa de la Pradera" la caída de la niña pequeña de los Ingalls y tuvimos que ver cómo se caía durante decenas de domingos?, ¿por qué los profiteroles engordan?
Traer un niño a este mundo es un acto de crueldad que debería estar penado por la ley. Yo he cometido ese delito dos veces.
Exijo el cumplimiento íntegro de mi pena.

22 enero 2007

Ni para hacer agujeros

Por el simple hecho de ser hombre, se supone que debes saber hacer ciertas cosas como cambiar una rueda, arreglar enchufes...

Y no. Resulta que no. Que no todos los hombres, más bien casi ninguno, sabemos hacer esas cosas y otras muchas tampoco. Este fin de semana he "arreglado" un interruptor y he "colgado" un armario zapatero de Ikea. Entre las dos cosas he perdido más de tres horas de mi precioso domingo, el único que tengo cada semana, y en el que lo único que pido es vaguear. Pero claro, como soy hombre, una de mis obligaciones es la de arreglar todo lo que con el tiempo se va cayendo por la casa.
Conclusión: acabé discutiendo con mi mujer, gritándole al niño, rompiendo el interruptor (que me costó 36 eurazos) y haciendo dos agujeros en la pared del tamaño de una moneda de 5 céntimos. Me pasé el resto del domingo sin dirigir la palabra a nadie, y tardaré más de ocho días en volver a mi estado natural de buen humor.
No escarmiento.

17 enero 2007

Lo uno no quita lo otro

Hoy he quedado con mis antiguas compañeras para comer. Bueno, comer será lo de menos, porque siempre nos pasamos el rato cotilleando de nuestros antiguos compañeros comunes y de nuestras nuevas empresas. Que si aquel se ha separado, que si esta está preñada, que si que gorda está la otra...Vamos, lo normal.
Echando la vista para atrás, me hace gracias que todos los que formamos aquel grupo tan bien avenido, hayamos ido a parar cada uno a un sitio diferente y todos estemos contentos del cambio. Aquellos años fueron duros. Pero duros de verdad. Y las malas experiencias unen a la gente casi para siempre.
Todos hemos terminado en medios de comunicación diferentes y, por tanto, competidores. Pero como dije antes, la amistad queda por encima de todo. Todos sabemos hasta dónde podemos llegar preguntando o hasta dónde nos interesa destapar lo nuestro, y nos respetamos. Creo que es esencial que todos sepamos dónde estamos y que nadie pase la raya.
Con algunos recuerdos de trabajos anteriores me ocurre lo mismo que con el servicio militar. Sólo recuerdo los buenos ratos, y tengo que hacer un esfuerzo importante para recordar todo lo malo. Eso sí, cuando empiezo con lo malo, tengo para días enteros.
Ahora mismo me doy cuenta de que nunca he contado nada de mi etapa militar. Parece que fue hace mil años. Algo del pasado que ya nadie ni siquiera se plantea. Pero sí, yo hice "la mili".
Algún día.

15 enero 2007

¿Pero es que aquí no hay nadie normal?

Desde luego en la Gran Vía de Madrid, no.

Conozco pocos sitios en el mundo (en el que yo he visitado, claro) en el que se den cita a diario tantos ejemplos de las miserias humanas como en ese submundo que es la Gran Vía. Da igual la hora. Allí están. Muchos de ellos permanecen sentados y con la mirada perdida desde que amanece hasta que se hace de noche. Haga frío o calor. Están como muertos en vida.
Pero a parte del paisanaje, tengo que decir que la escapada madrileña estuvo bien. Lo peor, y casi me da pena decirlo, el teatro. Hombre, si soy sincero diré que al final te queda un buen sabor de boca, pero no es ni mucho menos lo que esperaba. Esperaba más humor, más dialogos ingeniosos y más diversión. Los números musicales están bien, pero tampoco me parecieron espectaculares, precisamente. El peor, con diferencia, Santiago Segura. Ese tic de Chiquito de la Calzada no viene a cuento en ningún momento, y los saltitos con los que se desplaza por el escenario lo hacen parecer muchas veces ridículo. Además, todos sus diálogos los dice de la misma manera, sin que se pueda diferenciar en su entonación si se trata de una afirmacióno o una pregunta. Qué le vamos a hacer. Por otra parte, resulta que el tal Mota, el de Cruz y Raya, pues no lo hace mal. ¿Ves?, toda la vida viéndole hacer el gilipollas en la tele, o mejor dicho, huyendo de cualquiera de sus infinitos programas para no verle, y resulta que en el teatro se destapa. Cosas de la vida. Si a esto añadimos que delante de nosotros teníamos a una pareja cincuentona que no daba crédito a que a su lado se sentase un travesti con pelucón rubio platino que se daba el lote con un tipo con cresta a lo Beckham y pendiente en la oreja, pues eso, que nos lo pasamos bien.
Para cenar, el viernes nos metimos entre pecho y espalda una hamburguesa de 8 onzas (lo siento, no he encontrado nada en castellano), es decir, de cuarto de Kilo con bien de patatas y cocacola. Nos lo merecíamos. Siempre sufriendo las hamburguesas del Mc Donald´s o del Burger King nos llevó a cometer el bendito pecado de cenarnos una hamburguesota de dos dedos de grosor. Culpables.
De la noche, no hablo.
El sábado amanecimos a las once de la mañana. Con el tiempo justo de ducharnos y salir corriendo a desayunar. Café de cuarto de litro, donut de chocolate y chapatita de jamón. Con un par. Luego, de turistas por Madrid. Puerta del Sol, Plaza Mayor, Palacio Real, Jardines de Sabatini... Y a eso de las tres de la tarde, a comer al Círculo de Bellas Artes con algún famosete y algún que otro político venido a menos como compañeros de comedor. Crujiente de langostinos y lubina para mi, y el menu dietético para ella. Estupendos los dos, y encima, baratos.
Para bajar tanto desayuno y comida, de vuelta por la Gran Vía para hacer las últimas compras y largarnos para casa antes de que comenzara la manifestación. Me hubiera quedado, pero visto lo visto, lo mejor que pudimos hacer fue irnos para casita. Asco de política.
Y ya, casi en casita, llamada de urgencia de la abuela. Los niños ya no pueden más y no paran de preguntar cuándo llegamos.
No sé quién se echaría más de menos, si ellos a nosotros o nosotros a ellos.

11 enero 2007

Todo perfectamente planeado

El viernes lo pasaré, por la mañana, en esa otra ciudad en la que un día se nos ocurrió crear un periódico y en la que hemos llegado al final de 2006 con el agua al cuello pero felices y contentos. Lo suficientemente felices y contentos como para atrevernos a continuar durante un añito más para ver si al final le vemos algo de dinerillo al asunto, que yo creo que sí.
¿Y qué me lleva a desperdiciar mi habitual mañana tranquila de cada viernes allí?, pues algo tan sencillo como llevarme a tomar un cafetito a mi equipo para que se lleven bien y no se coman los unos a los otros en cuanto cerramos la puerta y nos volvemos a casa. Que si una es demasiado joven y el otro ya es cuarentón; que si uno está gordo y la otra muy buena; que si una es una Antoñita la fantástica y el otro el tipo más serio del mundo; que si uno tiene contactos y la otra es una cantamañanas. Joder. Qué coñazo. Resulta que huyo de todo este tipo de cosas y por fin consigo un trabajo en el que da gusto venir pronto y marcharse tarde y ahora me encuentro con dos gilipollas que me van a estropear el plan. Pues no, chicos, no. A mi no me estropeáis mi nuevo estilo de vida en el que veo a mis hijos más que nunca y tengo libres los fines de semana y cualquier hora del día que me dé la gana. A mi no me estropeáis este chollo. Ni hablar. Así que mañana les diré que o se llevan bien o se van los dos a la puta calle en cuanto me tenga que volver a desplazar más veces de las estrictamente necesarias. Y punto.
Y por la tarde. ¿Qué toca por la tarde?, pues acercarme a Madrid con mi mujer para pasar unas horitas con ella sin que nadie se meta en el medio. Cenita tranquila y teatro. Copita y hotel. Largas horas de sueño ininterrumpidas. Desayuno pantagruélico y visita turística en plan tranqui por ahí. Seguro que terminaremos en Ikea, como siempre, pero no me importa. Y a media tarde del sábado, a casita a recoger a la tropa de casa de la abuela.
Así que hasta el lunes, que nadie me busque, que no estoy.

Que paren, que me bajo.

Por la paz y contra el terrorismo.
Por la paz, la libertad y contra el terrorismo.
Por la paz, la libertad y contra la violencia de género y el terrorismo.
Por la paz, la libertad, contra la violencia de género, el racismo y el terrorismo.
Por la paz, la libertad, contra el racismo, el hambre en el mundo y contra la violencia de género y el terrorismo.
Por la paz, la libertad, contra el racismo, el hambre en el mundo, las guerras y contra la violencia de género y el terrorismo.
Por la paz, la libertad, contra el racismo, el hambre en el mundo, las guerras, la mutilación genital y contra la violencia de género y el terrorismo.
Por la paz, la libertad, contra el racismo, el hambre en el mundo, las guerras, contra la mutilación genital, por la igualdad de géneros y contra la violencia de género y el terrorismo.
Por la paz, la libertad, contra el racismo, el hambre en el mundo, las guerras, contra la mutilación genital, por la igualdad de géneros, la desaparición de las fronteras y contra la violencia de género y el terrorismo.
Por la paz, la libertad, contra el racismo, el hambre en el mundo, las guerras, contra la mutilación genital, por la igualdad de géneros, la desaparición de las fronteras, los matrimonios gays y contra la violencia de género y el terrorismo.
Por la paz, la libertad, contra el racismo, el hambre en el mundo, las guerras, contra la mutilación genital, por la igualdad de géneros, la desaparición de las fronteras, los matrimonios gays, los políticos decentes y contra la violencia de género y el terrorismo.

Podría añadir más cosas durante un día entero.

A mi me valen todas.

A mis políticos no les vale ninguna.

10 enero 2007

Un año

Resulta que ayer este blog cumplió un añito.

Felicidades, blog.

09 enero 2007

Mi día de Reyes

Una comida de trabajo en la que te metes entre pecho y espalda una pizza calzone como la que me he metido hoy, no puede ser mala para la salud. No señor. Puede ser difícil de digerir, pero mala para la salud no.
Y ahora a lo que voy, que me distraigo y cuando quiero darme cuenta se me han pasado las ganas de escribir.
Día de Reyes. Tremendo. La casa patas arriba llena de cajas y papel de regalo. Los niños desatados e incontrolables con sus nuevos juguetes y todos medio locos por el siniestro total que se avecina con la merienda familiar. Vamos, divertidísimo.
No voy a contar lo bien que nos lo pasamos y lo mucho que comimos y merendamos, no. Voy a expresar mi indignación contra los fabricantes de juguetes que nos venden baratijas a precio de joya única y preciosa para que pasemos el día de Reyes montándolas mientras intentamos descifrar unas instrucciones ininteligibles y escritas en un pésimo castellano que lo hace aún más difícil. Y esto se hace aún más insufrible si tienes encima de la espalda a un niño de 4 años impaciente por jugar con un juguete que para que medio tenga forma tardas al menos dos horas en sacarlo de la caja y ensamblarlo. Pero una vez ensamblado y puesto en pie, resulta que los capullos de los fabricantes ni siquiera se han molestado en decorarlo, y tienes que pasar al menos otra horita poniéndole unas pegatinas diminutas y con escaso adhesivo que se mueven en cuanto las pierdes de vista. Y el niño, impacientándose. Y la madre, pidiendo calma. Y la niña, llorando. Y los cuñados, llegando para merendar. Y los sobrinos, gritando. Y las abuelas, quejándose. Y las cuñadas, de los nervios. Y las tías, chismorreando. Y el padre, hasta los huevos.
En resumen: que a nadie se le ocurra comprar el camión de los Micromachines (casi 50 euros) porque son una mierda pinchada en un palo del tamaño de un dado de parchís. Que a nadie se le ocurra comprar el circuito GTS con doble looping (casi 50 euros) porque son una estafa de plástico malo y hojalata que se deforma al mismo tiempo que montas la pista y cuyos coches no se aguantan en las curvas y salen volando a la menor ocasión. Y así seguiría por los siglos de los siglos con el resto de juguetes de sobrinos, primos y demás familia.
Así que: Queridos Reyes Magos, el próximo año quiero que me traigáis sólo un regalito por barba, a ser posible práctico, y que no se tenga que montar ni decorar. Que sea baratito y que no se doble ni se rompa cuando se le sopla con fuerza. Ah, y si es posible, que el roscón sea con nata.

02 enero 2007

Fin de semana como reyes

Primer post del nuevo año para hablar de los Reyes Magos. Me repito para decir que es lo que más me gusta de la Navidad. Siempre me gustó, y ahora que tengo niños, más. La mañana de Reyes es divertidísima, y el día más todavía.
Aún recuerdo mis mañanas de Reyes desenvolviendo un regalo tras otro y con ganas de marcharme de casa para visitar la casa de mis tios para buscar los regalos que allí nos habían dejado. Había que buscarlos, así que era el doble de emocionante. Sabías que eran casi mejores que los que había descubierto por la mañana en casa de mis padres, y encima estaban escondidos.
He decidido repetir la experiencia del año pasado y voy a regalarle a mi mujer otro fin de semana de teatro, hotel, compras y turismo en Madrid. He comprado un par de entradas para Los Productores y he reservado una habitación en un hotelito cercano para el fin de semana del 12 y 13 de enero. El año pasado nos lo pasamos en grande con el musical de Mecano, y este año creo que nos vamos a divertir con este otro del que todo el mundo habla bien. Espero que no falle.
Eso de pasar fines de semana en plan novietes primerizos y de escapada está muy bien. Las últimas experiencias han salido de miedo, y creo que se va a convertir en una costumbre que repetiré siempre que pueda. La última fue para ver a Springsteen, y esta será para ir al teatro.
La próxima, ya veremos.