27 diciembre 2006

Una Navidad diferente

Digamos que el día de Nochebuena tuvo dos caras distintas, como la canción. Por la mañana estuve de entierro y por la noche de cena familiar. Nadie piensa que la gente se muere en Navidad, pero sí, se muere. Cierto es que tenía 93 años y que llevaba un mes más en el otro lado que en este, y que todos pensábamos que no llegaría a Navidad, pero nadie se imaginó que muriera el mismo día de Nochebuena. A falta de mi padre, presidió la mesa nupcial el día de mi boda. Fue siempre una buena persona.
Digamos que la Navidad tuvo dos caras distintas, como la canción. La buena fue la comida familiar. Comer en casa de mamá siempre es un placer, y en Navidad aún más. La mala fue la comida familiar. La presencia de última hora de dos invitados inesperados nos llenó a todos de incomodidad. Hay capítulos familiares que es mejor olvidarlos, pero que reiteradamente se empeñan en resucitar cada cierto tiempo. Fue siempre un tipo autoritario y déspota. Clasista y soberbio. Ahora da pena verlo con su alzheimer incipiente y como un pelele en manos de su hijo. Es como un autómata. Los próximos años van a ser complicados. Menos mal que la distancia es el olvido, como dice la canción.
Esta semana no me apetece nada trabajar. El año termina y a nadie le apetece anunciarse la última semana del año, así que lo que no haya vendido ya no voy a poder venderlo. Fin.
Si no fuera porque sería adelantar 15 días de golpe y estar ya casi a mediados del mes de enero, me gustaría que mañana mismo fuese el día de Reyes. Me encanta ese día. No ya por ver a los niños con los ojos abiertos como platos y abriendo regalos sin parar, sino por mí mismo. Siempre tuvo algo especial.
Y lo sigue teniendo.

21 diciembre 2006

Este año no hay calvo

Mañana es el sorteo.

Es como si se acabase el mundo a las diez de la mañana o algo así. Todo el mundo está pendiente, y pensando en lo que hará con la pasta que le toque. Nadie se da cuenta de que la lotería de Navidad es un camelo. Lo peor que te puede pasar es que te toque, porque al día siguiente tienes que seguir trabajando y encima con cara de gilipollas por no poder dejarlo.
No tengo ni idea de si el cálculo de probabilidades de que te toque la primitiva es mayor o menor de lo que es el que te toque la lotería de Navidad. De lo que sí estoy seguro es de que yo prefiero que me toque la primera en vez de la segunda. 18 ó 20 millones de euros. Nada de 200.000 Con 200.000 no me da ni para comprarme un piso en esta ciudad. Con 18 millones tendría un piso en cada una de las playas con las que sueño durante el invierno, y aún me quedaría dinero para vivir como un rey el resto de mi vida.
Tendremos más de 20 décimos de lotería comprados entre todos los compañeros de la empresa, y si no fuera porque mañana nos toca trabajar para la edición especial del sábado, hasta tendría su gracia eso de ver la tele mientras nos tomamos un cafetito con polvorón para celebrar que mañana es viernes. Y todo irá bien si no toca. Como toque, ya me veo haciendo de reportero dicharachero por las administraciones de lotería haciendo entrevistas a todos esos a los que no les tocó porque se les olvidó comprar el número que llevaban comprando desde antes de la guerra civil.
Qué coñazo de lotería, coño.

20 diciembre 2006

Big size

Llevo un par de días comiendo en la oficina, y hoy ha tocado hamburguesa.
Pero no una hamburguesa de esas que te caben en una mano o de esas que la ministra de sanidad dice que son malísimas. No. La que me he comido hoy (la que nos hemos comido entre dos y aún ha sobrado casi la mitad) es del tamaño de una sartén. Pero de una sartén de esas de 24 centímetros de diámetro. Vamos, como la txapela de Mariano el del bombo. O quizás como el bombo. Tremenda. Y ayer un bocata para cada uno del tamaño de mi antebrazo. Hay dos tamaños: bestia y superbestia. El bestia cuesta 4,90€ y el superbestia 7,90€.
No me extraña que en estos mismos momentos no pueda ni atarme los zapatos.
Y en cuanto comienze el nuevo año, tras las comidas superbestias y las reuniones familiares, reconocimiento médico.
Ya puedo imaginarme la cifra de colesterol y mi futuro a base de lechuga.

19 diciembre 2006

Navidad, Navidad, corre Navidad.

Y el lunes, Navidad.

Esta es la típica semana en la que uno está currando hasta última hora para poder tomar unas cañitas con los compañeros de trabajo a última hora para llegar a casa de la familia política a cenar a última hora y para llegar corriendo a última hora para no perderse la comida de Navidad en casa de mamá. Joder, qué trajín.
Si a eso añadimos los cienes y cienes de comidas de empresa, cenas con amigos, cañoteos varios, pinchoteos miles y cafeteos más que tengo esta semana, más la función de Navidad de mi hijo en el cole y en la que nos disfrazamos de vela (¿pero a quién se le habrá ocurrido semejante disfraz?) y el estrés por los regalos de Papá Noel (que solo llega, gracias a Dios, a casa de mi suegra) más el número especial que lanzamos el sábado (como si no tuviésemos suficiente con uno a la semana) más la Lotería de Navidad, más el putotiempoquehaceyquenovaacambiar y que tiene la culpa de que aún no haya subido a esquiar, pues que uno no vive.
Si encima llevo un par de días que no se me calientan los pies en todo el día y eso produce que esté helado desde que me levanto hasta que me acuesto, y que aún me quedan por facturar unos cuantos miles de euros para medio salvar el año, pues como que no.
Y si encima me da por pensar aquello de que en cuanto pase la Navidad ya casi cambiamos de año, y que la Semana Santa está casi al llegar y que cuando queramos darnos cuenta nos ha caído otro añito encima, pues que se me sale el corazón por la boca.
Voy a tomarme un café con polvorón a ver si me tranquilizo.

15 diciembre 2006

Corre, corre, corre

Pues eso, que hoy tenemos comida de empresa y me apetece.

Hace un frío que pela, y he tenido que acercarme al pediatra con la niña, que hoy nos ha dado la noche con la tos y los mocos y la fiebre y todo lo demás. Y eso que hacía dos días que había terminado con el antibiótico. Pues ahora un jarabe y unas gotas para la nariz. Pobrecita, si casi no tiene nariz y se la tenemos que llenar de gotas. Qué putada ser niño. Todo el día con los mocos colgando y lleno de toses y estornudos. Qué bonito ser niño. Todo el día en casa de la abuela haciendo lo que les sale de ahí y sin nada que hacer.
Me hace gracia mi madre. No es que yo la recuerde como una marimandona, pero sí que recuerdo que muchas cosas de las que hacen ahora mis hijos a mi no me las dejaba hacer y ni siquiera pensar. Y ahora, cuando ellos las hacen, le entra la risa y encima les da unos besos. Lo de ser abuelo debe trastornar lo suyo. Me hubiera gustado ver a mi padre como abuelo. Hubiera sido divertido.
A la comida llegará, aunque tarde, mi mujer. Llegará tarde porque tiene que salir del trabajo (si es que a lo que quiera que se dedique un funcionario puede llamarse trabajo) y llegar hasta el restaurante después de conducir un buen rato por una carretera en la que no se ve uno ni la nariz de la niebla que hace. A eso de las cinco tendrá que irse corriendo a recoger al niño que sale a las cinco y media mientras yo me quedo a una reunión de presentación de una nueva publicación que se celebrará a las siete y media en otro hotel. Después de la presentación, un ágape (según pone en la invitación) Mientras, mi mujer, ya estará en casa preparándose para salir a cenar con sus amigos y llegar a las tantasmil esta noche. Yo, si todo va bien, terminaré el día cenando una sopita calentita en casa de mamá y recogiendo a los niños que ya estarán bañados, cenados y acostados. ¿Buen plan, no?
Y este fin de semana me apetecería quedarme en casita dándole caña al portátil, pero como no podrá ser, pues creo que me apetece comer de gorra los dos días en casa de algún pariente tipo suegra o cuñado, que hace mucho que no lo hacemos. El invierno es una mierda para las relaciones familiares. No se pueden hacer barbacoas.
Y la semana que viene, casi, casi, Navidad.

14 diciembre 2006

Paz y amor para todos

Mal día el de ayer. Pero ya que el tema estaba así, pues me marché a comer a un chino. Si a eso añadimos que había niebla, mi dolor de cabeza fue como fue, tremendo.
Hoy se ve aún menos que ayer. Además, hace un frío que pela. Cero grados marcaba el coche. Y con el poquito viento que sopla, la cosa es bastante desagradable. Además, el dolor de cabeza no se ha marchado del todo. Creo que me está pasando factura por esa comida china, pero ya me da igual. Más de lo que me dolió ayer, hoy no me va a doler.
Mañana tenemos la comida de la empresa, o mejor dicho, de las empresas. Vamos a juntarnos a comer casi 30 personas. Cuando hacía la lista de todos los que somos, fui el primer sorprendido. En menos de tres años nos hemos convertido en una gran familia, y de momento, bastante bien avenida. Creo que lo pasaremos bien. Lástima que este año no haya sido tan bueno como el pasado y no terminemos la comida con un sobre lleno de dinero después del postre. Habrá que esperar al año que viene.
Hoy me voy a apuntar a comer en casa de mi madre. Mi mujer tiene una comida con los compañeros de trabajo y se marchará desde allí a recoger al niño al colegio, así que no la veré hasta la noche. Mañana me acompañará a mi comida de empresa y por la noche le toca salir a cenar con los suyos. Vamos, que la semana está siendo divertida. El martes me tocó a mi comer con el resto de los publicitarios de la ciudad invitados por un centro comercial. Me lo pasé pipa. Reabrí viejas heridas en algún enemigo y hurgué en ellas todo lo que pude. Eso sí, no lo hice solo. Todo el que quiso, y fueron varios, se apuntó a la carnicería. No hay nada mejor que tener enfrente a un tipo (o tipa) que se lleva mal con todo el mundo, al que saludas cuando llega con un par de palmadas en la espalda, y al que no dejas de apalear durante un par de horas sin consideración alguna. A la cara, para que se entere.
La Navidad tiene estas cosas.

13 diciembre 2006

Memos, que sois unos memos

Estoy hasta los huevos de escuchar programas radiofónicos y de ver programas de televisión en los que se supone que van a hablar de las migrañas y cómo resolverlas para que después se llegue a la única conclusión de que el 70% de los que las sufren son mujeres (empezamos mal) y que la mayoría de ellas no se curan por la automedicación de los que las sufren.
¡QUE NO!, ¡QUE ESTOY HARTO DE OIR TONTERÍAS!
Me duele la cabeza desde que tengo uso de razón, y parece mentira que más de 30 años después tenga que seguir escuchando a otros especialistas que sustituyeron a los que ya se murieron, diciendo las mismas tonterías de siempre. Me juego lo que quieras a que a ninguno de ellos le revienta la cabeza dos veces por semana, ni tienen el estómago del revés y ni les hacen tanto daño la luz ni los ruidos ni la milmillonésima parte que a mi.
¿Que me automedico?, pues claro. ¿Que por qué me automedico?, porque los "doctores" no me dan ningún tipo de solución a mi sufrimiento. Y sufro. Joder si sufro. Sufro mucho.
Estoy hasta los huevos de no saber qué me pasa. De no saber si me voy a morir de esto. De no saber si se lo transmitiré a mis hijos. De no saber si mis dolores tienen un origen genético, adquirido, maniático, por estrés, por adicción o, como una vez me dijo una neuróloga joputa, "porque soy un tipo raro"
A la mierda todo el mundo.

11 diciembre 2006

Déjà vu

¿El puente?: bien, gracias.

Reencuentro familiar de primos y demás familia en un pueblecito de León después de habernos visto ya en agosto. Los niños más altos y los papás más gordos. Vamos, lo normal.
Por lo menos el tiempo nos ha respetado, más o menos, y sólo ha llovido un día. El resto, frío. Pero a los niños eso del frío les da lo mismo, y son capaces de salir a montar en bici en pijama si hace falta. Así que para evitar más toses y mocos de los que ya llevábamos todos, pues gorros, bufandas, guantes y abrigos a primera hora de la mañana para que se pasasen el día en la calle dando vueltas a la fuente. Muy diver todo. Los padres, de tertulia contándonos las batallitas de nuestros niños y poniendo a parir a los jefes (el que los tenga, claro) Visitas varias a casas de múltiples parientes y cafetitos en El Corte Inglés que está todo lleno de luces y adornos navideños. La nieve se quedó en la sierra, para disgusto de los niños y alegría de los papás que ya nos veíamos aislados o volviendo a casa con cadenas. Las comidas, tremendas.
Y ya en casa, la vuelta al trabajo me ha recordado que esta semana comeré varias veces fuera, viajaré al menos un día y me tocará cenar para volver a casa a las mil. Asco de Navidad, de cenas de empresa y besamanos a políticos trincones que me tienen hasta donde rima con trincones.
Hoy me he planteado volver a enviar unos C.V. para optar a dos trabajos diferentes. ¿Seré un culo de mal asiento?
Ayer murió Pinochet. Que le den por culo. Por hijoputa.
Ayer murió Lauren Postigo. Que se joda. Por hortera.
Ayer mataron a un ladrón de chalets. Me alegro. Por cabrón.
Aún no ha nevado y no podré ir a esquiar. Caca, culo, pedo, pis.

03 diciembre 2006

A lo loco

Primer post desde mi nuevo portátil y gorroneando ADSL de los vecinos. Esto es una gozada.
Dependiendo del lugar de la casa desde el que me dé por ponerme, pillo un mínimo de 3 o un máximo de 10 redes por las cuales colarme sin pagar.
Me encanta.