29 noviembre 2006

¿Verdad o mentira?

Como dice la canción, la vida es puro teatro. Y me da la impresión de que soy un buen actor.
En mi trayectoria laboral he desempeñado muchos papeles, unas veces me ha tocado ser el poli bueno y otra el malo. En ambos casos he recibido felicitaciones.
Cuando después de 7 años de trabajo agotador y abandono casi total de mis obligaciones familiares para sacar adelante mi carrera y llegar a tener una buena posición económica, un buen día me doy cuenta de que me estoy cargando mi vida familiar, personal y mi propia salud, me planto y pego un portazo para marcharme a mi casa. En las semanas siguientes, docenas de personas me felicitan por la decisión tomada y me llueven ofertas de trabajo. Muchas de estas llamadas me agradecen el trato recibido en todos estos años y me invitan a seguir la relación ya más a nivel personal. Todo esto me conmueve y me lleva a pensar que soy un buen tipo, y que durante todos esos años en los que hemos tenido discusiones y tiras y aflojas, ambas partes hemos sabido distinguir el plano profesional del personal, y que al cerrar la puerta del profesional siempre me quedará abierta la opción de la amistad para continuar el tiempo que quiera. He desempeñado mi papel, y muy bien.
En el último mes he tenido varias reuniones importantes en las que los "oponentes" me han echado en cara mi actitud poco conciliadora y excesivamente dura. Uno de ellos incluso me ha tachado de "mala persona". Al principio, he de reconocer que me sentó mal. Con el paso de las horas, y con la temperatura más baja, incluso me hace gracia. Mi papel ha triunfado de nuevo.
And the Oscar goes to...

28 noviembre 2006

Sapos y culebras

Hay momentos en la vida en los que te tienes que tragar cosas que juraste que jamás tragarías. Un contrato abusivo, despedirte con amabilidad de un jefe hijoputa, reuniones con tipos indeseables a los que deseas la muerte, abrazos con políticos corruptos, y acuerdos con tipos a los que desprecias.
Todo lo anterior lo he sufrido varias veces en mi vida. Y varias de esas situaciones se han producido en los últimos días o se van a producir a lo largo del día de hoy.
Tenemos todos los elementos necesarios para que todo el mundo pudiera ser feliz y vivir con la mayor de las comodidades, pero nos empeñamos en jodernos unos a otros y hacernos el mayor daño posible. Esto nos llevará más pronto que tarde al desastre. Yo siempre digo que cuando ocurran todas estas desgracias que sin duda ocurrirán, por suerte yo ya habré desaparecido, y los que tengan que soportar las consecuencias de nuestros desatinos, que se jodan.
Luego pienso que los que heredarán este mundo sin rumbo serán mis hijos. Y no puedo por menos de sentirme mal.

23 noviembre 2006

La bomba

Parece que la combinación de naproxeno, codeína y amoxicilina va venciendo a todos los males que me acosan y la batalla se va ganando. Lo peor es que las migrañas son cada vez más frecuentes, y vuelvo a una etapa que ya creía olvidada. Espero que sea sólo una de esas casualidades que hacen que se me junten varias en tan poco tiempo.
Y acojonados por el tiempo que hará mañana, cerramos la edición de esta semana. Eso de depender de que las nubes descarguen o no para acabar bien la semana es una putada, pero es lo que hay.
Preveo un día tranquilo en la oficina, que aprovecharé para rematar las pocas cosas pendientes que me quedan por cerrar y para irme a media mañana al banco a solicitar el préstamo ese sin intereses para comprarme un portátil que ya tengo elegido. Es negro, pero negro negrísimo. Y muy brillante. Con web-cam y nosecuántos gigas de potencia en el microprocesador, y nosecuántos gigas de memoria, y nosecuántas cosas wi-fi, y...
De la semana que viene no pasa.

21 noviembre 2006

Ida y vuelta

Ayer me pasé medio el día en el coche para asistir a una reunión de dos horas en la que hubo un poquito de todo. Pero como lo que cuenta es el final, digamos que vencimos. Misión cumplida.
El caso es que a las dos de la tarde pasaba yo por Alcorcón y a lo lejos vi el cartel de IKEA. Y pensé, ¿por qué no parar a comer y de paso me doy una vueltecita? Pues dicho y hecho, aunque por desgracia me pasé la salida de la autovía y terminé en un centro comercial a la entrada de Alcorcón que no era el de IKEA. El caso es que podía ver el cartel al fondo, y no demasiado lejos, pero no había forma de llegar. Así que me quedé. Gran idea. Descubrí algo así como el Paraíso del Wok. ¡Qué gozada!, un restaurante oriental en el que lo mismo comías rollitos de primavera que te preparaban en el acto cualquier verdura, carne o pescado en un wok a fuego vivo. Lo dicho, un placer.
Con la barriga bien llena de comida oriental (¡Muy rica, y no engorda!, o al menos eso dice la publi...), y para no meterme en el coche y pasarme un par de horas sentado mientras hacía la digestión, me di una vuelta por el centro comercial. Soy el único hombre que conozco al que le gusta pasearse por un centro comercial y que no está jubilado. Me compré un billete de lotería de Navidad, le eché un vistazo a alguna tienda de ropa y de zapatos, me metí en una juguetería, y otra vez al coche.
Me pasé el viaje entero hablando por teléfono. Gran invento el manos libres. Entretiene mucho, y hace los viajes muy amenos. Cuando quise darme cuenta, ya estaba otra vez en la oficina, y una horita después me marché para casa.
Con el paso de los años se me hace más cuesta arriba eso de viajar por motivos laborales. Antes hasta me hacía ilusión eso de ir en plan traje y corbata a pasar un día por ahí de reunión en reunión, pero ahora ya paso hasta de ir encorbatado. También he de decir que todavía me queda un puntito masoca en el tema de las reuniones, y me va la marcha. Ayer tuvimos veinte minutillos gloriosos de esos en los que se levanta la voz y se dicen muchas cosas de las que te olvidas a los dos minutos de haber concluido. Son divertidas, y todavía más cuando el que tienes enfrente todo acalorado y con la cara morada podría ser tu padre, y eso le jode todavía más. El tener delante de ti con cara de poker y diciéndote lo malo que eres a alguien que no había nacido cuando ya llevabas 20 años trabajando, al personal le pone muy nervioso. De momento, y hasta que eso me ocurra a mi, me hace mucha gracia.
Cambiando un poquito de tema, ahora toca hablar de mis catarros. Y hablo en plural porque a parte de los mocos que nunca me abandonan, mi garganta decidió el domingo dejar de funcionar, así que me pasé un día casi mudo, y el lunes me tocó ir al médico. Me recetó amoxicilina para la garganta y codeína para la tos. Porque también tengo tos. Si a eso añadimos que ayer tuve otra de mis migrañas, el coche parecía más el de un traficante que el de alguien que tenía una reunión de trabajo.
Llevo un par de semanas intentando moderar mi forma de comer, porque el estómago está empezando a fastidiarme más de la cuenta, y a parte porque creo que la báscula va a pasarme factura en breve. Así que voy poco a poco bajando la cantidad de toda la comida que tomo, desde el desayuno a la cena, y eso hace que me pase el día entero con una sensación de hambre bastante molesta. En estos mismos momentos me estoy acordando de la comida china de ayer, aunque dentro de media hora me toque comer unas judías verdes y una manzana.
Mierda.

17 noviembre 2006

El efecto mariposa (y II)

¿Cómo fue la tarde?, pues como la mañana. Los anuncios no llegaban. Los que ya estaban hechos, hubo que modificarlos, y para colmo, hacía un frío que pelaba.
Llegué a casa helado y harto, aparte de bastante cansado. Menos mal que los niños ejercen un efecto relajante que logra que todo lo ocurrido durante el día se evapore en cuanto abro la puerta de casa.
Cena espectacular. Lo mejor del día.
Y como no podía ser de otra forma, a las 5:47 minutos de la mañana de hoy viernes, el maldito teléfono hace acto de presencia para anunciarme que hay problemas en la rotativa (otra vez) y no llegamos a tiempo. ¿El motivo?, pues 125.000 ejemplares de otra publicación que se ha metido por medio y antes de la nuestra porque otra rotativa tenía problemas y había que sacarlos cuanto antes. ¿Y mis problemas?
Me duele la cabeza.
¿Lo mejor de todo?: hoy es viernes. Es más, dejo de trabajar a las 12 en punto y no vuelvo hasta el lunes. NO ME DA LA GANA SEGUIR ASÍ NI UN MINUTO MÁS.
Ya volveré.

16 noviembre 2006

El efecto mariposa

Comenzaba ya mal el día cuando a las cinco de la mañana los niños, los dos al tiempo, se despertaron. Uno por pis, la otra por el chupete.
Llovía. Llovía a mares y hacía mucho viento.
En la media hora siguiente volví a levantarme tres veces más.
Huelga decir que me desvelé, y desde ese momento mi cabeza empezó a bullir y a no dejarme en paz.
En el mismo momento en que iba a salir de casa para llevar al niño al colegio, me doy cuenta de que las llaves del coche no aparecen. Después de buscarlas por todos los bolsillos de la ropa que me había puesto en los últimos días y que todavía estaba medio tirada por cualquier parte, me temí lo peor. Confirmé con mi mujer que ella se las había llevado. Se había marchado en un coche y se había llevado las llaves del otro. Las mías y las suyas. Tenemos una copia cada uno de los dos coches. En su bolso estaban las cuatro.
Tuvimos que coger un taxi para llegar al colegio. El niño, encantado. Yo, cada vez más cabreado.
Comenzaba a llover otra vez justo en el momento en el que me disponía a hacer unas fotografías que deberían aparecer en la edición de mañana. Deprisa y corriendo las hago para no empaparme. Desde el colegio voy andando hasta la oficina, descargo las fotos y, como era de esperar, no vale ninguna. Todas borrosas y movidas.
Pasan las horas y el diseñador no aparece. Los comerciales se me echan encima porque no pueden enseñar los anuncios a sus clientes y mañana no podrán publicarse si no tienen el visto bueno. Le llamo al móvil, al fijo. Una, dos, tres, cuatro veces. Al final, y como medida de urgencia, me pongo delante de la pantalla e intento no destrozar mucho lo poco que ya está hecho y realizar las modificaciones más sencillas. Photoshop y Freehand no son lo mío. Hacer una simple modificación de texto, que es a lo más que me atrevo, me lleva más de 20 minutos.
El diseñador aparece a las doce y media pasadas y lo único que dice es que viene de otra ciudad y que se le ha olvidado el teléfono en casa. ¿Qué ha sido de las cabinas telefónicas?, ¿qué ha pasado con aquello de pedir disculpas? Yo no entiendo a la gente.
Para colmo de males, la rotativa nos dice que tiene problemas con el servidor informático y no podemos acceder al ftp.
Como es lógico, no me da tiempo a ir a casa a comer, así que me tocará comer cualquier cosa en el bar de la esquina deprisa y corriendo. Van tres veces esta semana.
Y aún queda la tarde.

13 noviembre 2006

Lento, pero divertido

¿Alquien estaba buscando un buscador diferente?
Ha llegado Ms. Dewey.

Otoño

El sábado fuimos a cortarnos el pelo. Había que ver a mi hijo discutiendo con el peluquero porque decía que le pinchaba con las tijeras, mientras el peluquero se moría de la risa. Por la tarde, paseo con los abuelos, que por fin habían regresado de la playa y tenían mono de nietos. Se nos ocurrió ir a tomar unas cocacolas con pincho y dejamos el bar como si hubiera pasado por allí un batallón de infantería en plena retirada. Pido perdón a todos los camareros del mundo.
El domingo nos marchamos a comer fuera. Resulta que el restaurante estaba en plenas jornadas micológicas y hasta los postres llevaban setas. Nunca había probado la leche frita con boletus edulis y salsa de mango. Demasiada almendra.
Lo peor del invierno no es ya el frío o la lluvia, sino la falta de luz. Eso de que a las seis de la tarde tengas que marcharte para casa porque ya ha anochecido es una putada. Peor aún si tienes que explicarle a un niño que hace un par de meses tenía que irse a la cama en cuanto anochecía y ahora resulta que cuando hay que salir a la calle es cuando sale la luna. Es de locos.
Por lo demás: he vuelto a hacer quinielas después de un montón de años, quiero comprarme un portátil y no sé qué modelo elegir, me muero por pillar una oferta para ir a Nueva York, el día menos pensado compro un par de billetes de esos de 92 euros ida y vuelta y me planto en Barcelona con mi mujer en plan rollete de finde, he decidido reducir mi ingesta pantagruélica de los últimos meses porque ayer mi madre me dijo que estaba más gordo y muchas más cosas que ahora no recuerdo pero que bullen en mi cabeza.

09 noviembre 2006

Arroz con paloma

Otra semanita que se pasa volando...

Así empezaba el post que comencé a escribir ayer por la tarde y que fue interrumpido por una visita a la oficina. No tengo ni idea de lo que seguía a continuación, así que lo dejo ahí para retomarlo algún día si me acuerdo.
Digamos que el día de hoy transcurre con normalidad, y eso con la semanita que llevamos no deja de ser tranquilizador para todos. Me he levantado con mal cuerpo, dolor de garganta y catarro. Por supuesto, me duele la cabeza.
Este fin de semana creo que nos merecemos algo especial, así que pondré en marcha toda mi capacidad de persuasión para convencer a algún pariente de comer/cenar en su casa y así vegetar todo lo que pueda.
Me apetece vaguear, ver la tele y no hacer nada de nada.

08 noviembre 2006

¿Y si cae aquí?

Los creativos de publicidad son una panda de capullos que al final consiguen que te creas todo lo que sus perversas mentes son capaces de parir. Y lo sé porque vivo entre ellos.
Por su culpa soy incapaz de resistirme a comprar cualquier participación de lotería que vendan en cualquiera de los muchos lugares que frecuento. Cuando me doy cuenta de que tienen lotería, empiezo a imaginarme la cara de gilipollas que se me quedaría el 22 de diciembre a eso del mediodía cuando en la televisión apareciera el local en cuestión con un montón de gente festejando los miles de euros ganados por el simple hecho de haber comprado una participación. Y ya está. ¡Dame una!, ¡por si toca!
Y cuando llega el día 23 y comparo el taco de billetes de lotería y participaciones que he acumulado desde el verano con el listado oficial, instantes después me acerco al espejo para comprobar si la cara de gilipollas que se me ha quedado al comprobar que he tirado cientos de euros a la basura, sería la misma que tendría en el caso de que hubiera tocado y no hubiera comprado.

07 noviembre 2006

Yo soy "asín"

No sé qué haría yo si viviera con una persona a la que le da igual ocho que ochenta y que no se da cuenta de si llevo el pelo largo, corto, rubio o moreno.
Pues esa es la situación en la que se encuentra diariamente mi mujer. Soy un puto desastre para todo lo que tiene que ver con el aspecto físico. Sólo sé que ha ido a la peluquería cuando ella me pregunta eso de "¿no me notas nada?" En ese momento sé que he cometido la torpeza de haber estado a su lado un buen rato sin darme cuenta de que algo drástico ha ocurrido en su aspecto físico lo suficientemente relevante para que alguien que no tenga algún sentido en Standby se dé cuenta. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que, aunque lo intente con todas mis fuerzas, no soy capaz de darme cuenta de lo que ha cambiado desde la última vez que la vi. Ella, con el paso de los años, ya se lo toma a risa.
Yo, la verdad, quisiera darme cuenta de todas estas cosas antes de que ella misma me las dijera, pero no soy capaz. Me falta algún gen o un par de millones de neuronas que conecten la parte del cerebro que detecta las 10 diferencias en cualquier pasatiempo.
He llegado a la conclusión de que el problema no es mío, sino suyo. Ejerce un poder de abducción sobre mí que me incapacita para ver cualquier cambio físico que se produzca en ella. Veré siempre a aquella chica a la que un día me atreví a pedir unos apuntes que nunca estudié y de la que no he vuelto a separarme.

06 noviembre 2006

Adivinando el futuro y viviendo el presente

La pereza me vence y me cuesta horrores escribir algo que tenga interés incluso para mi recuerdo personal.
Me paso la semana esperando que llegue el viernes por la tarde para no volver a aparecer hasta el lunes siguiente, y cuando llega me doy cuenta de que no me da tiempo a hacer nada de lo que había pensado. El fin de semana se pasa entre el supermercado, el paseo con los niños y la pelea diaria por llenar horas y horas de ocio infantil. Bien mirado, no parece tan malo. Al fin y al cabo es la vida que me he buscado y que me gusta, pero me da la sensación de que el tiempo pasa y no salimos de una rutina que a veces llega a ser agotadora.
En lo laboral, las elecciones municipales están a la vuelta de la esquina (aunque falten todavía 7 meses), y todos estos mangantes que tenemos por gobernantes municipales ya se están poniendo nerviosos, así que nos encontramos en ese punto en el que las presiones se están volviendo cada vez más irritantes y la situación en algo casi irrespirable. Da verdadero asco saber en qué manos estamos y no poder hacer nada para evitarlo. Tengo claro que lo que ha ocurrido en Cataluña con los tres escaños conseguidos por un grupo creado hace unos meses es un toque de atención muy significativo. Lo peor es que toda esta gentuza que lleva instalada en el poder toda la puta vida son tan inútiles que no son capaces de darse cuenta que el día menos pensado se presentará a alcalde, o peor, a presidente del gobierno, algún cantamañanas que le diga a la gente todo eso que quiere oir y terminemos en manos de algo peor.
Y no tardará en ocurrir.