31 agosto 2006

Si eliminas de tu agenda a los clientes que son gilipollas, te quedas sin clientes

Llevo todo el puto día buscando un presupuesto que le pasé a un cliente el 9 de noviembre de 2005. Lo hice, lo guardé en la carpeta de presupuestos, se lo envié por correo electrónico y se lo llevé en persona cuando no me lo aceptó para preguntarle por qué.
Pues resulta que no está en la carpeta, ni en correos enviados ni en ningún archivo de ningún sitio en el que yo haya buscado.
Suelo olvidarme de todo menos de los presupuestos que hago, que son los que me dan de comer. Y no lo encuentro.
Resulta que 9 meses después el tipo me dice que tengo que volver a presentárselo para que se lo vuelva a pensar y no tengo ni la más remota idea de los precios que le di, así que me los tengo que inventar. Si son más caros pensará que creo que es más gilipollas de lo que es y que se la quiero meter doblada. Si son mucho más baratos dirá que me he bajado los pantalones y tendrá la satisfacción de haber ganado, lo que me jode más todavía.
Mierda.

30 agosto 2006

La caverna

No soy tonto, y sé bastante más de lo que debería sobre el mundo del periodismo y de la publicidad, pero no puedo por menos de sorprenderme cuando veo cosas como esta.
Todo lo que nos cuentan es mentira. O mejor dicho, nos lo cuentan de una manera interesada para que lo asimilemos de la manera que ellos quieren que lo hagamos.
Todo lo que vemos es mentira. O mejor dicho, vemos lo que ellos quieren que veamos y de la manera que les interesa que lo hagamos.
Asesinatos, guerras, alegrías, tías buenas. Todo es mentira. O mejor dicho, aunque realmente existen, la imagenes que nos llegan están tan desvirtuadas que no tienen nada que ver con la realidad.

28 agosto 2006

Me dan ganas de ir a misa

Espectacular entrevista ayer en El País.
Pobre Abad.
Se lo van a comer.
Con un par.

Peajes

Cada generación tiene sus peajes. Y uno de los que nos ha tocado a la nuestra (como padres) es el peaje de los cumpleaños. No hay mes, y en cuanto empiece el curso, semana, que cualquier niño no tenga que acudir a algún cumpleaños. Cumpleaños de amigos, compañeros de colegio, familiares, vecinos... Da igual. Un fin de semana tras otro, los niños han de cumplir el ritual del parque infantil con bolas de colores, merienda con pizza o hamburguesa, y ceremonia de entrega de regalos más larga que todo lo anterior junto.
Un ejemplo. Ayer domingo tuve que levantarme de la mesa a las tres y media de la tarde (¡¡¡tres y media de la tarde!!!) con el solomillo atragantado y el café sin tomar, para llevar a mi hijo de CUATRO AÑOS hasta el cine. Después del cine, y una vez que regresé a casa para permanecer allí menos de una hora, a las cinco y media tuve que volver a salir, esta vez con el resto de la familia, para acercarme al Burger y verle desperdiciar un fantástico menú infantil de hamburguesa-cocacola-patatas porque hacía menos de dos horas que había comido y por lo tanto no tenía hambre. Acto seguido nos trasladamos al parque infantil en el que se pasó más de una hora nadando en la piscina de bolas de colores y haciendo el salvaje entre rodillos de gomaespuma y toboganes con cilindros asesinos. Más tarde (las siete), y ya hasta los huevos de parque infantil y de centro comercial, no nos quedó más remedio que sentarnos en una terraza a tomar una cocacola sin ningún tipo de ganas pero que era imprescindible para hacer la tarde algo más llevadera hasta la hora de marcharse para casa. En fin, una putada de las gordas.
¿Pero a quién se le ocurre celebrar un cumpleaños un 27 de agosto a las tres y media de la tarde en un centro comercial?, ¿hay alguien tan absolutamente anormal para pensar que los niños están encantados de salir de casa a esas horas?, ¿existe alguien en este mundo que pueda creer que un niño puede merendar una hora y media después de haber comido?, ¿no sería más lógico haber metido a los niños en la piscina de las bolas después del cine y darles de merendar más tarde?, ¿pero tan difícil es pararse a pensar un poquito?, ¿tan difícil?
Tratándose de mis cuñados (estos cuñados), el conjugar un verbo como "pensar" es como pedirle peras al olmo.

24 agosto 2006

El tiempo se me escapa

Llevo días mareando la perdiz, que se dice por aquí. Escaqueándome de todo, que decíamos en la mili. Echando las mañanas y las tardes, que dirían algunos. En resumen, no hago más que perder el tiempo.
Por las mañanas todavía alcanzo a hacer algo útil. Tres o cuatro llamadas. Seis o siete correos electrónicos. Un par de presupuestos. Repaso una y otra vez los números rojos cada vez de un rojo más intenso en los que se está convirtiendo la cuenta de resultados al cierre de cada mes. Bebo agua. Quedo para tomar café. Llamo a mi madre para ver si se han despertado los niños, si han desayunado, si van a salir, si se portan bien, si comen, si dan guerra...
Por las tardes, ni siquiera eso. Vengo por aquello de que no digan que no vengo. Llego a las cinco y me marcho a las seis. Me voy a la piscina. Y cuando llego a la piscina, me entra un nosequé en el estómago igualito igualito que cuando se acercaba la fecha de los exámenes y no había estudiado. Mi conciencia me dice que no estoy haciendo lo que tenía que hacer.
Agosto me está matando. Por un lado, mi lado vago, desearía que no terminase nunca. Por el otro, mi lado responsable, me avisa de que hay que ir preparando septiembre, nuestro gran mes de facturación. Mi lado vago me dice que el verano jamás terminará y que hay que vivir al día, disfrutando de la piscina, los niños, los viajes, las terrazas, las cervecitas y los vistazos nocturnos desde el balcón a las vecinitas de enfrente cuando se van a la cama con más bien poca ropa. Mi lado responsable me avisa de todo lo que se va acumulando en mi agenda y de que tan solo queda una semana para que septiembre llegue, y en esta ciudad eso significa trabajo, trabajo y más trabajo (facturar, facturar y FACTURAR)
Siempre gana mi lado vago.
Acaba de llamarme mi mujer. Se va a la piscina con los niños.
Pasa a recogerme en 10 minutos.
Que le den a ese lado responsable que ya me tiene más que harto.

22 agosto 2006

Arruinado

Así me encuentro en estos momentos, en bancarrota.
Mi pasivo supera al activo en unas cifras alarmantes. Si presentase mis cuentas en Hacienda (con mayúsculas, por si acaso), me declararían en quiebra de inmediato y disolverían mi existencia de oficio. No harían falta denuncias anónimas o de personas interesadas en hacerme daño. El fin.
Las vacaciones ya estaban previstas, y lo gastado ha sido más o menos lo de siempre. El problema ha sido el desplazamiento Bilbao-Sevilla-Bilbao por una muerte repentina de un familiar. Los 1.600 euros de los billetes ida y vuelta han provocado el caos financiero y la ruptura de todos los presupuestos previstos para los próximos meses.
Lo que no alcanzo a comprender es por qué puedo viajar a Nueva York por menos dinero de lo que me cuesta desplazarme entre dos ciudades de España, y mucho menos que por 1.600 euros no reciba más que dos bolsas de anacardos de 15 gramos y dos vasos de agua.

21 agosto 2006

La huerta del tío Perico

Es la mejor del pueblo, sin duda. Y la tiene por nosotros, o mejor dicho, por todo el mundo menos por él, que es quien menos la disfruta. Todo el mundo tiene derecho a saquearla cuando necesita algo. Igual da que sean zanahorias que puerros. Pimientos que patatas. Coliflor que tomates. Judías verdes que cebollas. El que necesita, llama a la puerta, o no, y se sirve. Lo que quiera y en la cantidad que quiera. En el momento que quiera.
El tío Perico disfruta con la familia. Cuanta más gente hay, mejor. Nos hemos juntado once personas durante estos ocho días. Once sin contarle a él, a su mujer y a sus cuatro hijos que iban y venían cuando les daba la gana. 5 niños y 6 adultos. Han sido 8 días de comidas, siestas, paseos y rutas en bici sin fin. Por la mañana, al río. Por la tarde, a cojer moras. Por la noche, a ver las estrellas.
El tío Perico, a parte de su huerta, sólo tiene un vicio. El dominó. Después de comer desaparece como por misterio y no regresa hasta pasada media tarde. Dice con orgullo que aún no sabe cuánto cuesta un café en el bar del pueblo. Pagan los perdedores. Él, siempre gana. Y si lo dice es porque es verdad. El tío Perico no tiene maldad. Nunca la tuvo. Por eso le pasan las cosas que le pasan, aunque esa es otra historia.
He vuelto a descubrir la bicicleta. Y bañarme en un río helado y lleno de peces. He intentado atrapar a las ranas de la orilla y no lo he conseguido. He disfrutado de mis hijos en largos paseos en bici. El mayor, en la bici en la que ya sabe arrancar él solito. La pequeña, en la sillita de atrás, agarrada a mi camisa y jugando al escondite. Mi mujer, en bici, es aún más guapa.
Hemos buscado caracoles, bailado en las verbenas, desfilado con disfraces, hinchado globos y les hemos dado formas de animales, tocado los bongos, participado en carreras, probado la Coca-Cola por primera vez tras quedar campeón de los pequeños, hemos visto un potro salvaje, hemos ido al teatro, cogido huevos directamente del gallinero, hemos dado de comer a los conejos, hemos pescado.
Lo mejor de todo ha sido ver cómo disfrutaban. El mayor ha tenido unos días tan intensos que ni siquiera paraba por la noche. Se pasaba la noche soñando y se le podían entender palabras entre sueños que hacían referencia a todo lo que había hecho durante el día. No tenía horas suficientes para hacer todo lo que se le venía a la mente y aprovechaba sus noches para seguir jugando.
Esta mañana, ya en el trabajo, he tenido que viajar a un pueblo de la provincia. En el trayecto, de apenas 50 kilómetros, he atravesado aproximadamente una docena de pequeños pueblos llenos de gente. Llenos de niños. Niños que, seguramente, en apenas un mes tengan que volver a su rutina diaria de desayuno-cole-comida-cole-merienda-deberes-cena-cama.
Qué lástima.

10 agosto 2006

Vacaciones 2ª parte

Mañana por la tarde salimos para el pueblo.

Se me hace raro eso de irme al pueblo. Cuando era pequeño, lo de "ser de pueblo" era lo peor. Los más mejores del mundo éramos los de ciudad. Irse al pueblo era para mí perder todos los puntos de categoría social que se podían tener. ¡Qué gilipollas!
Pues me voy al pueblo. No al mío, que es este donde vivo por mucha capital de provincia que sea, sino al de mi suegra, aunque tampoco es el suyo porque ella nació en Madrid aunque sus padres y sus abuelos sí fueran de allí. Un lío, vamos.
Desde hace tres años pasamos el puente de agosto allí, y es lo más divertido que hemos hecho en los últimos años. El plan es sencillo, comida a raudales, bebida sin fin, siesta a destajo, paseos por la huerta, niños asilvestrándose por el pueblo y risas y más risas con todos los primos del mundo.
Vebenas, vermús, sardinadas, concurso de disfraces, "cuetes"...
Nos quedamos una semana, así que hasta dentro de unos días.

09 agosto 2006

Bigotes

No sé cómo he llegado al tema de los bigotes en el post anterior, pero me ha recordado la situación que cada relativamente poco tiempo tengo que sufrir.
Por motivos profesionales y por aquello de dorar la píldora y conseguir algún anunciante, tengo que padecer el sufrimiento de ir a visitar a las agencias de publicidad, tomarme algunas cañitas con sus responsables, y en el peor de los casos, comer con ellos. Resulta que una de estas agencias de publicidad tiene por dueño a un individuo que, a parte de ser un gracioso sin gracia y de tener la fea costumbre de contarte todo lo que tiene y lo que hace y que él supone que tú no has hecho nunca ni podrás hacer, posee un mostacho cuyos pelos están curvados hacia dentro y le cubren el labio superior hasta meterse en su boca.
Un asco.
Lo peor no es ya la presencia de ese labio lleno de pelos, sino que cada vez que bebe un trago de cerveza o come algo, tiene que llevarse una servilleta hasta la boca para limpiarse la espuma, o la salsa, o la mahonesa, o lo que sea.
UN ASCO.
Y como yo ya me lo sé, siempre me tengo que mentalizar para no bajar la mirada hasta su boca, pero me es imposible. Cuando me quiero dar cuenta, ya estoy observando las puntas húmedas de su bigote. Lo peor es cuando también está presente su mujer, y me la imagino dándole un beso de tornillo a esa cara llena de pelos.
PUAJ!!!!!

Hay que afeitarse

Llevamos casi una semana soportando mañana y tarde un ruido atronador. Es el sonido incesante del martilleo de una taladradora que parece no avanzar ni un centímetro al día en su labor de destruir por completo el asfalto de una calle a 20 metros de la oficina y que, para mayor sufrimiento de nuestros oídos, rebota en el edificio de enfrente y la oímos por duplicado.
Con el calor que hace y sin aire acondicionado, el tener que cerrar las ventanas para que no entre el aire fresco de la mañana, convierte a la oficina en una especie de olla a presión que sube su temperatura segundo a segundo. A medida que avanza la mañana y va llegando más y más gente, y se encienden más y más ordenadores, la atmósfera se va espesando hasta que prácticamente no se puede respirar. Es tremendo.
Y es que un mes de agosto, y a seis meses vista de unas elecciones municipales, es una tentación demasiado grande para que un alcalde no aproveche para dinamitar la ciudad y, como un ave fénix, volverla a construir desde sus cenizas.
Odio los años electorales. Odio el mes de las obras en que se ha convertido el mes de agosto en todas partes. Odio a los alcaldes con bigote. Odio a los bigotes.

08 agosto 2006

Los primeros pasos


Todos hemos sido primerizos en algo, hasta los más famosos.

Tiene gracia.

Soy un hortera: ¿y qué?

Tengo una espina clavada en mi lado hortera que tengo que sacármela en cuanto pueda. O mejor, dos: ir a Benidorm y a Marina d'Or.
Hoy, mientras me leía, el artículo de El País dedicado a Marina d'Or, me imaginaba paseando por ese paraíso de la horterada y el mal gusto con la boca abierta. Y lo mismo me pasa cuando veo la playa de Benidorm en el Telediario. Y me pregunto: ¿qué tendrá esa playa?, ¿qué tendrá esa ciudad?, ¿qué atraerá a cientos de miles de personas a tener que pasar días y días con las toallas a escasos centímetros y a tener que ganarse a codazos el derecho a llegar hasta la orilla?, ¿QUÉ?.
Tengo que ir. Más temprano que tarde tengo que llevarme a toda la familia a esos dos lugares de ensueño para hacer realidad mis más barrocas fantasías veraniegas. Seguro que encuentro restaurantes de esos en los que puedes comer cuanto quieras por 6 euros, o chiringuitos playeros de paella con arroz pasado a tropecientosmil el plato, o jubiletas sin complejos dándose el lote mientras bailan en algún hotel, o inmigrantes sin papeles vendiendo batas de baño. o atracciones dignas de Las Vegas. Todo ese tipo de cosas que se encuentran en Levante y que, los que veraneamos por el norte, nos perdemos porque no hay costumbre.
Lo siento, pero igual que me gustan El Equipo A o El coche fantástico, yo quiero ir a bañarme a Benidorm o alojarme en Marina d'Or, Ciudad de Vacaciones.
Fastuoso todo, que diría I_O

Humo

De buena gana me hubiera echado un cigarro ayer lunes a mediodía. Lástima que no fume.

Las reconciliaciones son tan bonitas...

07 agosto 2006

Qué bonito todo

"Los hijos lo joden todo"

Esta frase fue el comienzo del fin de una cena de amigos hace más o menos siete años durante unas vacaciones en Galicia. La verdad es que su autor es el padre de dos hijos, uno de ellos afectado por una enfermedad degenerativa sin cura conocida. Y no lo decía por este motivo, sino porque la llegada de los hijos supone para una pareja algo así como una explosión nuclear para un atolón de la Polinesia. Siniestro total. Su mujer, sentada a mi derecha, le miró de forma asesina y ahí comenzó todo. Que si "tú tienes la culpa y no los niños", que si "los hombres son todos unos jetas", que si "las mujeres vais de víctimas"... La verdad es que en esos momentos habían caído al menos cuatro botellas de Ribeiro, y las cuatro siguientes fueron las que echaron más leña al fuego. Los chicos hicieron piña, y las chicas también. Nosotros, los únicos solteros de toda la mesa, no salíamos de nuestro asombro. Además, y para que tomásemos partido, el objeto con el que se tiraban unos a otros éramos nosotros. Que si "ahora parece bueno pero ya cambiará", que "más vale que conozcas a su madre porque así te harás una idea de lo que te espera"... Después de los postres, las mujeres se fueron por la izquierda y los hombres por la derecha. Acabaron todos tomando copas en los mismos bares y poniéndose a parir allí por donde se encontraban. Nosotros, en cuanto pudimos, nos largamos a la cama.
No seré yo quien le dé la razón al autor de la frase, aunque en parte sea cierta. La comunicación se reduce casi a hablar de los hijos. La intimidad brilla por su ausencia. La manipulación de los padres por los hijos hace que los enfrentamientos y las discusiones sean el pan nuestro de cada día.
El sábado discutimos por algo tan absurdo como la rabieta del niño y el castigo que se merecía. Nos hemos pasado el fin de semana cada uno por nuestro lado y sin dirigirnos la palabra.
Por fin lunes.

04 agosto 2006

Silbando

when I was just a little girl,
I asked my mother, "what will I be?
will I be pretty?
will I be rich?
here's what she said to me:
"que sera, sera,
whatever will be, will be;
the future's not ours to see.
que sera, sera,
what will be, will be."
when I was just a child in school,
I asked my teacher,
"what will I try?
should I paint pictures"
should I sing songs?"
this was her wise reply:
"que sera, sera,
whatever will be, will be;
the future's not ours to see.
que sera, sera,
what will be, will be."
when I grew up and fell in love
I asked my sweetheart,
"what lies ahead?
will we have rainbowsday
after day?
"here's what my sweetheart said:
"que sera, sera,
whatever will be, will be;
the future's not ours to see.
que sera, sera,
what will be, will be."
now I have children of my own.
they ask their mother,
"what will I be?
"will I be handsome?
will I be rich?"
I tell them tenderly:
"que sera, sera,
whatever will be, will be;
the future's not ours to see.
que sera, sera,
what will be, will be.
que sera, sera!"

Y silbando el "Que Sera" de Doris Day he llegado a la oficina esta mañana.

Hay veces que me doy miedo. Mucho.

03 agosto 2006

Unknown

Treinta minutos y cuatro segundos se ha pasado alguien conectado a este blog. No diré que leyéndolo, no soy tan engreído como para creer que a alguien en este mundo le puede parecer tan interesante lo que aquí cuento como para tirarse media hora pegado a un ordenador.
Unknown.
Desconocido.
¿Hombre?
¿Mujer?
¿Joven?
¿Viejo?
¿Le habrá gustado?, ¿volverá?, ¿le llamarían por teléfono y dejó encendido el ordenador media hora?, ¿se fue a hacer pis y a tomar una cocacola?, ¿bajó a comprar?, ¿fumó mientras lo ojeaba?, ¿me conocerá?, ¿creerá conocerme?, ¿le conozco yo?...
¿SIGUES AHÍ?

Eutanasia

Desde hace un par de meses, mañana, tarde y noche un perro ladra y ladra sin parar en el patio de vecinos. Por más veces que salgo al balcón, por más veces que intento que se calle, no hay manera.
No soy yo muy fan de los perros precisamente, y este episodio de ladridos contínuos me hace ser aún más partidario de eliminar definitivamente a todos los animales domésticos de las casas. No diré nada más, aunque pienso en varias formas de terminar con ellos y, sobre todo, de exterminar dolorosamente a sus dueños, que son capaces de torturarles hasta el infinito encerrándoles en unas casas diminutas sin el menor rastro de compasión.
¿Por qué tengo que soportar los ladridos de un animal hora tras hora?, ¿por qué tengo que ir caminando por las aceras como por un campo minado para evitar sus heces?, ¿por qué tengo que prohibir a mis hijos entrar en los jardines por su culpa?, ¿por qué no se puede disfrutar de los parques de esta ciudad debido a los olores y residuos caninos?
Mi mujer, que ha tenido perros, me tacha de bárbaro y de no saber lo que se quiere a un animal. Le echa la culpa a sus dueños y siempre defiende a los perros como si fuesen seres humanos. Yo, que siempre les he tenido más bien asquito, no puedo entenderlo.
Mañana tengo que ir a casa de mis cuñados, que están de vacaciones. ¿El motivo?, el puto gato. Me muero de asco sólo de pensar en la cantidad de pelos que habrá por todas partes, que su cesta de arena estará llena de mierda, y que tendré que tocar una bolsa de comida que huele que apesta.
Lo mismo se me olvida y, cuando regresen, nos vamos de funeral.

Estadísticas y tortitas

Dice la tele que casi la mitad de los españoles no puede permitirse salir de vacaciones.
No sé en otras ciudades, pero en esta superamos la media de los que se van seguro. Los atascos en los semáforos no superan los 6 coches, hay aparcamiento a la puerta de la oficina y en cualquier lugar que mires, da miedo ir por la calle a las ocho de la mañana porque no te cruzas con nadie, ¡pero si hasta hay eco cuando hablas! Encima, con todos los que te cruzas, estoy seguro que ni la mitad hablan español, así que el porcentaje de indígenas aún sería más bajo. Uno, que ha trabajado toda su vida en medios de comunicación, debería estar acostumbrado a no creer nunca nada de lo que dicen los periódicos, la tele o la radio, pero...
El caso es que lo que me temía al volver de la playa se ha cumplido. Por la noche hace más calor aquí que por el día allí, así que sigo sin poder pegar ojo el suficiente número de horas para poder decir que estoy en plena forma y que he descansado. Por lo menos los niños sí que están durmiendo bien, así que las horas que consigo dormir las duermo enteras, sin interrupciones. Me conformaré con eso.
Ayer, vaya usted a saber por qué, el niño me pidió que le hiciera tortitas. ¡Tortitas!, ¡pero si no se las he hecho nunca! Se puso tan pesado a las 11 de la noche que le prometí que se las haría el sábado y el domingo. Medio se conformó, pero eso me obliga a rescatar una receta que no sé ni dónde la tengo para que me queden medio bien.
El caso es que, pensándolo bien, a mí también me apetecen. Con chocolate, por supuesto.

01 agosto 2006

Nos vamos de concierto

Por cierto, he comprado un par de entradas para el concierto de Bruce Springsteen el 19 de octubre en Madrid. Se las he regalado a ella, que le gusta.
A mí, el tal Bruce, me aburre mortalmente.

Regreso (y III)

Y me encuentro que a la vuelta todo está como siempre. El verano ha entrado de lleno y los anunciantes han huído a su lugar de vacaciones. No quieren saber nada de gastarse dinero en publicidad. Lógico.
Lo mejor, la página web. Va avanzando y ya hemos colgado nuestro video promocional. Las dos ediciones del periódico ya se pueden consultar y poco a poco irán llegando las novedades, que prometen tiempos divertidos. S es un tipo singular. Le fichamos por pura casualidad (más bien por pura necesidad), y ha resultado ser todo un crack. Tiene gusto, no hace falta decirle absolutamente nada de cómo diseñar un anuncio, maneja internet como el mejor, diseña páginas web, tiene su propia empresa con 21 años, es divertido y a las chicas de la oficina las tiene medio enloquecidas. Creo que él también entrará en el juego y tendremos tema para reirnos en breve.
Por primera vez en muchos años, vuelvo de vacaciones y no tengo que pasarme una semana revisando papeles y despejando mi mesa de marrones acumulados. Da gusto volver así.
Lo peor, el cansancio del viaje. Los regresos son duros, no ya tanto por el regreso en si como por el duro trance de deshacer maletas, preparar lavadoras, recoger ropa y reubicar a los niños en su hábitat natural y desacelerarlos después de quince días de desenfreno y derroche total, de horarios desajustados y anarquía. Nos acostamos tardísimo y esta mañana hemos madrugado. El viaje pasa factura y estamos faltos de unas horas de sueño ininterrumpidas.
Esta noche será la noche de recargar y mañana será otro día.

Regreso (II)

Pues salvo un incidente familiar que nos obligó a cruzar España en avión y faltar un par de días a la cita playera, las vacaciones han sido eso, VACACIONES. Y eso significa un desayuno contundente con productos de la tierra (sobaos pasiegos y quesada), playa desde que la bruma se levanta hasta la hora de comer, siestita profunda y sosegada (cuando los niños no lo impiden), sesión de playa vespertina y paseo con bien de raciones de chopitos y demás viandas del mar. Luego, tras acostar a los niños, paseito hasta la terraza de turno para finalizar el día con el heladito o la copita correspondiente.
Y es que somos así de raros. Lo que nos gusta es eso, playa y paseo, paseo y playa. Fin.
En un par de semanitas nos marcharemos unos días a un pueblecito de León y retomaremos nuestras vacaciones con otro plan, fiesta y siesta, que tampoco es mala idea. Y los niños, mientras, asilvestrándose con los animales domésticos.
Qué bien todo.

Regreso


Tanto esperar, tanto esperar, y resulta que ya pasó todo. O casi.

Y vuelvo con energías renovadas, aunque echaré de menos esa temperatura fantástica y esa orilla del mar que no puedo por menos de recordar todos los días del año. Ya queda menos.
Tan renovado he venido que he decidido abrirme al mundo y publicar mi imagen sobre la arena de la playa.
El día menos pensado me abro del todo y me dejo ver. O no.