Los sábados por la tarde quedábamos en el bar de siempre para ver el partido de fútbol mientras nos bebíamos unas cuantas jarras bien llenas de cerveza, y los domingos nos íbamos al estadio a ver un partido que por regla general perdíamos siempre, pasando un frío espantoso y con los pies llenos de barro porque no tenía, ni coche, ni dinero para el autobús.
Ese fue mi plan de fin de semana durante unos cuantos años. Años en los que me ¿divertía? el fútbol, en los que ¿disfrutaba? del fútbol. Años en los que me iba para casa medio borracho para celebrar las victorias o para olvidar las derrotas. Años en los que me pasaba días enteros lamentando las derrotas y llegaba incluso a las manos si me provocaban con ellas.
Pero por fin, un día, vi la luz. Descubrí que los sábados por la tarde están para pasearlos, para dormirlos, para disfrutarlos. Para ir al cine, para leer, para jugar, para hablar, para echar un polvo, para vivir. Igual que los domingos. Y ese mismo día me olvidé del fútbol. Y cuando digo que me olvidé, es que me olvidé por completo. Nunca veo un partido, no comento los resultados, me entero de ellos al día siguiente, no leo la prensa deportiva (¡no puedo con ella!), no hago quinielas y ni siquiera hablo del tema.
Pero he de confesar que ayer vi un partido. Y no fue el de la selección española precisamente. Fue un partido que echaron por el nuevo canal de televisión que se inaugurará el próximo 20 de marzo (
La Sexta) y que ayer, vaya usted a saber por qué extraña razón, retransmitió un ¡Argentina-Croacia!. Ni siquiera han inaugurado el canal y ya están retransmitiendo partidos. Pero lo que me atraía no era el partido, sino el nuevo canal. En el intermedio adelantaron todas las series que van a cubrir su parrilla de programación dentro de un par de semanas. Y se me caía la baba. Mi mujer me miraba y movía la cabeza como diciendo: "este tío cada día está peor"
Siempre he reconocido que soy un teleadicto compulsivo y militante. Además, no tengo ninguna gana de dejar de serlo. Me encanta la tele. Necesito la tele. Es lo único en este mundo que consigue engancharme sin remedio. Puedo ver con un seguimiento perfecto y sin perder un detalle, tres canales al mismo tiempo. Y puedo hacer zapping por el resto de los 50 canales de los que dispongo en mi casa sin perder la concentración en ningún momento. Pero lo de ver un partido de fútbol sólo por el hecho de que lo retransmiten por un canal en pruebas ya es de clínica de desintoxicación.
Que se lo digan a mi mujer. Ya tiene comprobado que no puede hablar conmigo cuando veo la tele, porque estoy tan atento a lo que estoy viendo que no me entero de lo que me dice. Lo gracioso es que le sigo la conversación y contesto a todo lo que me pregunta con absoluta coherencia, pero no me estoy enterando de nada. Pero absolutamente de nada. Es como cuando te bebes una botella de whisky y al día siguiente no te acuerdas de lo que hiciste.
Estoy deseando que llegue el día 20. Otro canal...