31 marzo 2006

Misión cumplida

Y llegó el viernes. Por fin.

Esta ha sido una semana diferente, porque he vuelto a un ritmo de vida que creía olvidado. Viajes, comidas, jornadas interminables, reuniones, movidas varias... La diferencia con mis etapas anteriores es que en esta ocasión no me importa. Es más, me apetece todo. Me apetece volver, temporalmente, a ese ritmo frenético y a esa forma de vida, sabiendo que en unas semanas volveremos a la calma de siempre y que esto es pasajero hasta que pongamos todo en marcha. Me ha gustado, y aunque llegaba a casa a las mil, mi mujer no me esperaba con cara de angustia y desesperación porque sabía que llegaba de buen humor y con ganas de contarle lo que me había pasado durante el día. Nada que ver con aquellas malas caras y peores contestaciones que la pobre soportaba sin tener ninguna culpa en mis peores épocas laborales. ¡Qué diferente es trabajar con ganas y por algo que te gusta!
Empiezan dos días de descanso total y absoluto. Sólo necesitaría una cosa, dormir algo más de la cuenta. Con dos niños sé que es difícil, pero lo voy a intentar. De momento empezaremos cenando comida china mientras vemos supernanny, y mañana me cogeré a los niños y me iré de compras. El resto está sin planificar, así que el lunes haré un resumen.
Buen finde para todo el mundo.

30 marzo 2006

Soñar es gratis

Me iría a casa andando. En el trayecto compraría la cena. Algo ligerito. Me la comería viendo la tele desde el sofá procurando ensuciar lo imprescindible para no tener que fregar. Vería un rato la tele hasta que se me empezasen a cerrar los ojos, y a la cama.

Así serían mis dos próximas horas si mi vida fuese un sueño.

Me duele todo

Sigo arrastrando mi cuerpo por el mundo. Creo que ya no es el tema del cambio de hora, porque casi una semana después no puede ser que aún no me haya recuperado. Eso o es que la edad ya no perdona y que los trentaitantos pasan factura. Qué lástima de vida.
Aunque la realidad es que creo que estoy empezando a estar otra vez con el maldito catarro que llevo arrastrando casi un mes. Me ha vuelto la tos, tengo el estómago en condiciones lamentables y tan pronto siento calor como frío. Vamos, que seguro que tengo fiebre. Y cuando yo tengo fiebre soy de los de querer morirse en ese mismo momento.
De cualquier forma llevo un par de días de locura. Ayer salí de casa a las ocho de la mañana y volví a las 10 de la noche. Todo el día de viaje pateándome una ciudad que no es la mía en busca de una oficina para nuestro nuevo proyecto que algún día contaré, reuniéndome con las personas que trabajarán en esa oficina de esta nueva aventura, comiendo en un restaurante en el que me dio por pedir un carpaccio de langosta que no me gustó nada porque sabía demasiado a ajo y tenía demasiadas huevas de colores por encima, tomando café inmediatamente después de comer sabiendo que me sienta mal, y tomándome otro a media tarde para que me sentase peor. Y vuelta a la oficina para contestar a los correos que no había consultado en todo el día, visitar la nueva oficina que algún día de estos compraremos para cambiarnos de esta en la que estamos ahora mismo y que se nos ha quedado pequeña, y vuelta a casa andando mientras hablaba con el móvil con tres personas al mismo tiempo sin poder abrir el paraguas porque empezaba a llover. Encima, cuando llego a casa, no puedo ver a los niños porque ya se han acostado, que es lo que más me gusta hacer cuando llego del trabajo. Así que a cenar sin ganas porque seguía con el estómago hecho un asco, pero ya que me habían preparado la cena, pues no voy a decir que no después de estar todo el día fuera. Y a contar todas mis aventuras del día, lo que supone revivir otra vez un día asqueroso que estaba desando olvidar.
Y al final me pongo a ver "Los Soprano" en el nuevo canal que ha empezado esta semana porque tenía muchas ganas de ver esta serie desde el primer capítulo y a los diez minutos ya estaba dormido, así que a la cama. Pero mi cabeza no dejó de funcionar y he dormido fatal. Tan mal que a las cinco ya estaba escuchando la radio.
Me voy a casa a dormir la siesta.

28 marzo 2006

¡Corre, corre!

¿Por qué tengo que dejar todo para el último minuto del último día?, ¿por qué llevo cometiendo los mismos errores desde que era pequeño?, ¿por qué no iré haciendo las cosas poco a poco en vez de tener que andar a la carrera siempre?, ¿por qué?.
Espero que determinadas características de los padres no pasen genéticamente a los hijos, porque lo único que me faltaba es que alguno de ellos creciera con la misma tara en su responsabilidad y estuvieran toda la puñetera vida igual que su padre, con la lengua fuera.

Tempus fugit

Desde que cambiaron la hora no levanto cabeza. Ni yo ni nadie. Al niño hay que sacarlo de la cama a rastras, porque como se duerme más tarde, no hay quien lo despierte. Y es que me gustaría ver al responsable de tomar esta decisión de adelantar o atrasar la hora en funciones de padre teniendo que despertar a los niños, darles el desayuno, vestirles y llevándoles al colegio todas las mañanas. Hoy, con las prisas, se me ha olvidado decirle que se lavase los dientes, y él, como todos los niños, estaba pensando en otra cosa mucho más interesante que esa y se ha ido tan contento. Como no llegamos al autobús, me pongo lo primero que encuentro, así que llevo tres días con la misma ropa. Como tengo sueño, trabajo peor. Se me olvidan más las cosas que de costumbre, y todo me sale al revés. Pero parece que esto es contagioso, porque todo el mundo anda a la carrera. Hoy lo tenía todo previsto para a media mañana salir y hacer cosas atrasadas, y así, sin quererlo, me ha surgido una reunión a las 11:30 y otra a las 12:15, con lo que toda la mañana a hacer puñetas. Y el viernes se termina el plazo para presentar a Hacienda el modelo 347, y mañana estoy fuera todo el día porque tengo una reunión a las 09:30 en otra ciudad que no es la mía y en la que vamos a abrir otra publicación, y a las 11:00 tengo que ver unas oficinas, y a las 13:00 tengo reunión con la nueva comercial, y a las 16:30 tengo que estar aquí porque algo tendré que hacer para que la facturación de esta semana no se vaya a la mierda y con ella todo el mes, y mañana es miércoles, con lo que sólo tengo un día para hacer todo lo que tenía que hacer hoy y presentar a Hacienda todos los putos papeles del 347 si no quiero que nos caiga una sanción de mucha pasta.
Y todo porque han cambiado la hora y no tengo suficiente con las 24 que tenían antes los días y que ahora parece que no las tienen.

27 marzo 2006

Cometas y pan chino

Pues eso, que el sábado nos dio tiempo a todo: a cortarle el pelo al niño, a ir al súper, al teatro infantil a ver a unos payasos muy poco graciosos para los mayores pero que a los niños parece que sí les gustaban y a echar la siesta. Ya por la tarde bajamos el monopatín y mientras la niña se aburría en su cochecito, su hermano y yo aprovechamos para hacer cabriolas. Descubrí dos cosas: la primera es que montar en monopatín se olvida, y la segunda es que 25 años son demasiados para tener guardado un monopatín y pretender dar lecciones a nadie. Lo mismo le pasó a mi cuñado, por el que no sólo han pasado 25 años sino que se le han quedado alojados 25 kilos. Temí no sólo por su integridad sino por la del monopatín, que cuando se montaba, casi tocaba la madera en el suelo debido al tonelaje. Al final acabamos los dos haciendo un campeonato para ver quién hacía más el ganso. Ganó él, claro. Y mientras nosotros nos divertíamos, los niños acabaron aburriéndose y jugando a la pelota con otros niños que estaban por allí. Las madres, alucinaban. El resto de los padres, se morían de envidia. Tras la demostración acabamos en casa comiendo pizza de jamón, champiñones y extra de queso.
El domingo amaneció nublado. Comenzamos con los churritos del Carrefour, que cada vez me quedan mejor, y nos marchamos a comer otra vez a casa de mis cuñados. Como cenamos pizza, se empeñó en comer chino, así que nos pusimos ciegos a rollitos y tallarines a la plancha. Qué buenos están esos tallarines. Por la tarde empezó a soplar el viento, así que sacamos las cometas y nos fuimos con los coches hasta lo alto del monte para que los niños aprovecharan, pero era tan fuerte que acababan las cometas en el suelo y ellos volando, así que tuvimos que recoger. Nos fuimos de excursión por los barrancos en plan aventura. Qué bonito es todo cuando eres pequeño. Se hartaron de coger piñas y flores de los almendros, de ver nidos de pájaros, de matar cienpiés y de buscar palos, así que nos los llevamos para casa tan contentos y llenitos de mierda.

24 marzo 2006

Que me voy me voy

Hora y media. No está mal para tres cosas que había que decir...

Ahora sí que empieza el finde.
Mañana, teatro con el niño a las 12:30, y después, o antes, a cortarle el pelo, que ya parece el sexto beatle y su madre está que no puede dejarlo más. Cosas de madres. Me recuerda a la mía: "¡córtate esas greñas, que pareces un delincuente!", me decía hasta no hace mucho y de vez en cuando aún se queda con las ganas. Y si hace bueno, a dar una vuelta y subirnos por los bancos y pisar la hierba, que eso nos divierte mucho. Compraremos el pan, un chupa-chups y para casa a comer. Siestita y más de lo mismo por la tarde. Aunque ahora que me acuerdo, el frigorífico me parece que está pidiendo a gritos una buena compra, así que me tocará ir al súper. Creo que soy el único hombre que conozco al que le encanta ir al supermercado. Hablando del niño, ayer descubrimos que somos los mejores porteros del mundo, cada uno en un sofá. Él me tira la pelota mientras yo estoy tirado así como viendo la tele y espera de pie a que se la devuelva. Cuando lo hago, hace una palomita en el aire y dice que ha hecho una parada. Me río mucho. Es como yo a su edad, y yo como mi padre pero con pelo. ¿Qué pena, no? Me veo como mi padre (me lo apunto para solucionarlo cuanto antes) Lo extraño es que yo no soy nada futbolero y ahora el niño dice que le gusta. Cosas que pasan.
El domingo lo tengo más en el aire. No tengo ni idea de lo que vamos a hacer. Al final supongo que llamaremos a casa de algún pariente que se apiade de nosotros y nos dé de comer gratis total. Eso de comer de gorra los domingos está muy bien. Te levantas tarde, metes a los niños en la cama y juegas con ellos un buen rato hasta que se ponen pesados y hay que levantarse porque ya no aguantas más, churritos congelados del carrefour que están buenísimos, cañita, comidita que no has tenido que hacer, cafetito, paseo y para casa. Así, sin mover un dedo y sin fregar ni nada. Un chollo, vamos.
Y ahora me voy a casa, que esta noche echan Supernanny y he visto en la promo que va a casa de una madre soltera con dos niños que se le suben por las paredes. A ver si aprendo algo.

¿Por fin viernes?

Pues segundo viernes consecutivo que me pierdo de ir a buscar al niño al cole por cuestiones laborales. Tengo una reunión en diez minutos con un tipo que sólo en saludarte echa una hora y media, así que no sé a qué hora volveré.
Ya estoy aburrido y aún no me he marchado.

La solución universal

Me paso dos días sin correo, sin conexión a internet, sin blog, sin cotilleos, sin periódicos on-line, sin ver los blogs ajenos, sin enterarme en tiempo real de lo que pasa, sin poder perder el tiempo visitando páginas, teniendo que trabajar todas las horas que estoy en la oficina con lo poco que estoy acostumbrado a eso en los últimos meses.
Reviso las direcciones IP, las conexiones de red, las máscaras, las submáscaras, el host, el servidor, la conexión al servidor, llamo al servicio técnico, apago el ordenador, lo vuelvo a encender, reinicio, apago, enciendo, le doy golpes, le insulto, me enfado, me voy a tomar un café, voy, vengo. Llamo a los amigos, a los conocidos, me humillo y pido ayuda a quien me lo echará en cara en el futuro, a quien sabe del tema, a quien no tiene idea. Consulto en google, en windows ayuda on-line, me bajo actualizaciones, leo manuales. Hablo con el técnico argentino tan antipático que siempre piensa (con razón) que no tenemos ni puñetera idea de informática y que sólo estamos para amargarle la vida porque mi técnico de cabecera se ha ido a un pueblo del fin del mundo a instalar un ordenador y no volverá hasta la tarde. Me desespero y pienso.
Y pensando pensando me doy cuenta de que no he hecho lo que cualquier informático, el más listo del mundo, es decir, el que no tiene ni puta idea de lo que le pasa al ordenador pero siempre lo arregla, haría en este caso: resetear el router. Y voy y le doy al botón. Se apagan las luces. Le vuelvo a dar. Se encienden. Enciendo el ordenador y...todo arreglado.
¿Es o no es todo una mierda?

21 marzo 2006

Refrán popular: "De aquellos polvos estos lodos"

Acabo de regresar de visitar a un cliente. Estaba cerca y he ido andando. Veía las estrellas a cada paso que daba, y ya pensando en que la gripe estaba a punto de caer sobre mí, me he dado cuenta de la fuente de todos mis males: la siesta. O mejor dicho, la no siesta de ayer por la tarde.
Tengo que empezar a hacer ejercicio, porque no puede ser que un revolcón me haya dejado en este calamitoso estado.
Si no fuese porque me duele, me reiría.

Lunes, jueves, miércoles, martes, viernes, teatro, ?

Los jueves suelen ser el peor día de la semana. El cansancio se va acumulando y me cuesta despertar y ponerme en marcha. Al niño le pasa lo mismo y tengo que sacarlo de la cama entre protestas. Luego desayuna sin ganas y vestirlo es una sucesión de peleas y amenazas de apagar la tele y dejar de ver a Los Pitufos, lo que suele ser bastante efectivo. Pero todo forma parte de un teatro matinal al que ya nos hemos acostumbrado, y salimos en busca del autobús del cole cogidos de la mano y hablando de lo bien que nos lo pasaremos a la vuelta.
Todo sería normal si no fuera porque hoy es martes. No puedo ni con los zapatos, me duelen los riñones y estoy tan cansado como si fuera jueves, o peor, viernes. Y el niño igual. ¿Será el tiempo?, ¿será la amenaza de lluvia?, ¿qué será, será?.
Hoy no tenía ganas ni siquiera de desayunar esos cereales con trocitos de chocolate que descubrí cuando me diagnosticaron 240 de colesterol y que era lo único que desayunaba. Ahora he vuelto a la tostada+galletas+cereales+loquesepongapordelante. Menos hoy. Hoy, una tostada diminuta y unos cereales que cabían en la primera cucharada. Y encima tengo sueño, el teléfono no suena y la facturación de esta semana está por los suelos.
Esto no pinta nada bien.

20 marzo 2006

Sin duda

Siempre opiné que la mejor hora para echar un polvo era la de la siesta.

Y no me equivocaba.

Me voy a tomar un café y un donette.

Wi-Fi

Pues que es mentira.

Me fui al Media Markt y por 32,50€ me compré una tarjeta de red inalámbrica que era "la mejor de las que tenemos, y la de mayor alcance", según me dijo el responsable de la sección informática. Y me paso media tarde instalándola porque las direcciones IP, las DDS o algo así, el host, la contraseña y la madre que los parió a todos. Y todo para que el icono que "tiene que aparecer en la parte inferior derecha de su monitor" no cambie de color rojo, lo que significa que "la señal es de deficiente calidad", y por tanto no se puede acceder a intertet.
Y la desinstalo y la vuelvo a instalar y se me cuelga diecisiete veces, y cambio el router de casa de mi madre de sitio por si acaso era eso y tampoco. Y vuelvo a instalar la tarjeta en el ordenador de mi hermana y allí sí funciona, pero no puedo entrar en hotmail ni en tropecientas páginas y la desinstalo otra vez y se me desconfigura todo y apago el ordenador y empaqueto la tarjeta y la meto en la bolsita roja con su ticket de compra para devolverla hoy lunes sin falta.
Y llamo al técnico y me dice que lo peor peor peor que le puede ocurrir a una red wi-fi es que haya cristales de por medio. ¿Pero en qué casa no hay cristales?. Pues entre mi ventana y la de mi madre hay una ventana, un balcón cerrado con cristal que ya me encontré en la casa cuando entré, otra ventana y una puerta con cristal. Así que a la mierda toda la ilusión por tener ADSL con conexión wi-fi de gorra en mi ordenador.
Por lo demás, bien. El sábado nos fuimos de compras. Qué aburrido es ir a Zara. Menos mal que encontré un banco de esos que han puesto nuevos y que son comodísimos y me quedé con la niña jugando mientras mi mujer se empeñaba en comprarle toda la ropa vaquera que había en la tienda al niño, que no dejaba de decir que tenía hambre. Por lo menos nos dio tiempo a tomarnos una cañita con pincho en un bar en los que no se puede fumar y donde se está tan agustito. Por la tarde siesta y centro comercial porque llovía. Había tanta gente que no pudimos ni tomar un café, así que vuelta a la calle. Llegamos a casa empapados. El domingo al final no empezó a llover hasta las diez y media de la noche, así que nos dejó salir a dar una vuelta y que los niños disfrutaran de otro cumpleaños, esta vez en casa de mis cuñados. La dejamos peor de lo que había quedado la nuestra hace quince días. Yo, por lo menos, pisé un par de trozos de pizza y tiré dos cocacolas, así que todavía estarán despegando el mantel del cristal de la mesa. Los globos de hacer figuritas explotaban en cuanto intentabas hacer un perrito y la tortilla estaba fría, pero las bolas rellenas de queso y los bocaditos a las finas hierbas del Carrefour estaban repugnantes pero irresistibles, así que me los comí casi todos y acabé en casa sin cenar.
El regalo del día del padre, un barquito de papel pintado con pinturas de colores. Está encima de la tele, al lado de la cestita de papel pintada con pinturas de colores del año pasado.

17 marzo 2006

Todo patas arriba

Después de toda una mañana corriendo de un lado para otro, y cuando casi estaba llegando a mi última cita, suena el móvil y el cliente con el que había quedado me la anula hasta las cinco de la tarde. Así que todo lo que tenía previsto se viene abajo y mi tarde de fin de semana se convierte en una tarde de trabajo, porque ya que tengo que quedar con él, pues aprovecharé para pasarme por la oficina aunque sólo sea para dejar las cosas. Y ya que subo, pues me quedo.
De todas formas está empezando a llover, así que no podría hacer nada con el niño cuando le fuera a buscar al cole. Entre visita y visita he pasado por el Media Markt a comprar una tarjeta de red de las inalámbricas que van al USB para instalarla en el ordenador de casa y gorronear la ADSL que han puesto mis hermanas en su casa. Esto de vivir al lado del piso de tu madre tiene sus cosas buenas. Malas también, pero más buenas. Por ejemplo, hoy como en su casa y me ahorro lo del lavado de platos, que no apetece nada a la hora de la siesta. Pero como iba diciendo, el plan es empezar desde hoy a invadir la red inalámbrica familiar sin pagar un duro, que es de lo que se trata. Así que con un poco de suerte, esta tarde a última hora o mañana por la mañana ya estaré conectado y podré navegar desde casa tan agustito.
Tengo unas ganas...

16 marzo 2006

Y van...

Bueno, pues cerramos otra edición más.

Mañana viernes tengo un día fatal. Desde las nueve y media tengo cosas apuntadas en la agenda. Primero pasaré por el banco a pagar, luego dos reuniones seguidas a las diez y a las diez y media. A las once y cuarto tengo que estar a 5 kilómetros de la ciudad para visitar a un cliente, y a las doce y media me esperan en pleno centro para lo mismo con otro. Así que no sé si me dará tiempo a pasar por aquí, porque este segundo cliente es de los pesados con los que al final tienes que terminar obligatoriamente en el bar tomando una cañita.
Malditas las ganas que tengo. Todo sea porque por la tarde no vengo.

The Simpsons

Esto ha sido una prueba. Tenía curiosidad por saber cómo se colgaban estos videos y elegí el que más me gustaba.

Pensar

Hoy es de esos días en los que me da pereza ir andando a trabajar. Y eso que son sólo quince minutos, hace un día estupendo y me vendría bien para mantener la forma. Pero es que me hay días que no puedo.
Y me subo en el autobús y me dedico a mirar por la ventana. Y pienso en toda esa gente que hay por la calle a todas horas. Y pienso en todos los años que me pasé sentado en una oficina de sol a sol sin tener tiempo ni para comprarme unos pantalones o cortarme el pelo. Y pienso en lo divertido que sería que todo el año fuese así, primavera. Y pienso en lo que disfrutaría sentado al sol viendo pasar el tiempo. Y pienso en los cafetitos de media tarde en una terraza. Y pienso.
Y llego a mi parada y pienso en que aún me quedan cinco minutos andando hasta la oficina. Y pienso lo tonto que he sido por subir al autobús y haberme perdido este paseo. Y pienso en que mi barriga, esa que se empeña en recordarme que el tiempo va pasando, me lo agradecería. Y pienso que habría tardado exactamente el mismo tiempo en ir andando que en autobús. Y pienso en que toda esta gente que he visto desde el autobús la habría visto igual, aunque más cerca, si hubiese ido andando. Y pienso que si hubiese ido andando, alguien desde algún autobús habría ido pensando lo mismo que yo pensaba mientras iba en mi autobús pensando. Y pienso.

El cartero

Después de 35 años repartiendo a diario el correo en el mismo barrio, llegó el último día de trabajo para el cartero.
Juan comenzó su último día por la primera casa de siempre y salió la familia entera a felicitarle entre aplausos.
En la segunda casa le regalaron una caja de puros con dedicatoria.
La familia de la tercera dirección le obsequió con un magnífico equipo de pesca, su afición favorita.
Y siguió su reparto, despidiéndose de tantas y tantas personas conocidas que le estimaban y con las que había compartido tantas vivencias, hasta que llegó a la última casa de su ruta habitual, donde lo esperaba María, la joven y hermosísima dueña, con un camisón negro transparente.Ella le cogió de la mano, lo metió dentro, cerró la puerta, lo llevó al dormitorio y le sentó en la cama. Con música de fondo de Barry White y Quincy Jones, le obsequió con un sensual streptease y luego le hizo el amor apasionada y desenfrenadamante.Después de dos fantásticas horas de sexo ella le preparó un exquisito desayuno con tostadas, fruta, bollería y café.Cuando Juan levantó la taza de café, vio que debajo había un billete de 10 euros.
Juan dijo: "No tengo palabras para describir lo maravilloso que ha sido todo, pero... ¿los 10 euros?"
María: "Bueno, es que anoche le comenté a mi marido que hoy sería tu último día de trabajo y que debiamos hacer algo especial para ti, y mi marido dijo: dale 10 euros y que le follen. El desayuno ha sido idea mía."
Nota: Este post lo tomé prestado de La Tontería del día

15 marzo 2006

Sueño de un día de invierno

Hoy ha sido un día de lo más aburrido. Si no fuera por el sol, la buena temperatura y el destape general, no habría nada que contar.
El efecto del sol en las personas que vivimos en el interior es, cuando menos, gracioso. Nos pasamos meses enteros bajo un frío casi polar, y cuando asoma un rayo de sol decidimos aprovecharlo al máximo. Mangas cortas, tirantes, tops, pantalones cortos, gorras... Eso sí, todos lucimos un color blanco mármol que asusta, pero como vamos todos iguales, pues da lo mismo.
Y todo se acrecienta cuando las previsiones nos anuncian que mañana el sol vuelve a esconderse y no se conoce su fecha de regreso. Esa previsión acelera la necesidad de enseñar centímetros de piel, por si pasa un mes antes de la próxima oportunidad.
Pero tenemos que ser realistas. Estamos en marzo, y por estos lares no es extraño que todavía nieve en mayo, así que mañana, cuando cojamos el paraguas, ya habremos olvidado este sueño pasajero.

14 marzo 2006

Ese calorcito

Sol. Buena temperatura. Primeras mangas cortas. Gente por el césped. Niños jugando en la calle. Extranjeros como cangrejos por los primeros rayos de sol. Terrazas llenas. Buen humor general...

La primavera.

Hoy voy a hablar de política

Poco a poco me voy aburriendo.

Cada mañana, en cuanto abro los ojos, enciendo la radio. La SER, para ser más exactos. Pero aguanto poco. Desde que Iñaki Gabilondo se marchó a la tele ya no es lo mismo. Y eso que soy el primero en reconocer que con el último gobierno de Aznar, Gabilondo perdió los papeles, pero los perdía con elegancia y saber estar. Francino no acaba de convencerme, y acabo siéndole infiel y escuchando otras emisoras. En mi zapeo por el dial suelo saltar a la COPE, más con objeto de reafirmarme en mis propias ideas que con la idea de informarme, ya que en esta cadena la información brilla por su ausencia y uno nada más encuentra insultos, descalificaciones personales, llamadas al racismo y la xenofobia, odio visceral hacia los que no piensan como ellos y basura, mucha basura. Pero creo que es necesario escucharla precisamente por eso, para saber qué es lo que nos espera si vuelven los de siempre, los que en el fondo nunca se fueron y siempre han estado. ¿Que me entran ganas de vomitar?, pues me paso a PUNTO RADIO. Luis del Olmo nunca fue santo de mi devoción, pero ahora que no le escucha casi nadie porque está en una emisora diminuta, está en una posición bastante más centrada de lo que a él le gustaría. Además, hace un programa en el que se comenta un poco de todo y que por lo tanto entretiene, que es lo que yo busco. Y si todo me falla, me engancho a RADIO NACIONAL DE ESPAÑA, aunque el presentador es un tipo tan aburrido que lo hago pocas veces.
En la tele me pasa lo mismo. A la hora de comer suelo ver tres telediarios al mismo tiempo, y lo hago porque en cuanto veo alguna información política, me paso a otro canal. Acabo viendo cualquier cosa que no sea ese tipo de información: tanto me da un congreso de cocineros vascos como un campeonato de petanca en los Ancares leoneses.
La política apesta. Llevo dos o tres elecciones en las que me ha costado muchísimo ir a votar. Y en las próximas me temo que me pasará lo mismo. A nivel local la cosa empeora. Llevo año tratando directamente con los políticos de turno, y conocer la política desde dentro me ha supuesto dejar de creer en el sistema. Todos van a lo mismo. TODOS. Todo es un mundo de intereses en el que el dinero pasa de mano en mano y acaba SIEMPRE en los bolsillos de los mismos. Se roba a manos llenas. Se apuñala en el mismo acto al que estás abrazando y sonriendo. La tele nos muestra cómo los políticos se tiran los muertos a la cabeza sin importarles en absoluto los ciudadanos. Todo es mentira. No se hace nada. Nadie dice la verdad.
Votaré por mi padre. Porque él no pudo hacerlo durante 40 años y porque me metió muy dentro la bondad de la Democracia. Porque con mi voto he de intentar en lo posible que los que le prohibieron votar y decir lo que él quería en voz alta vuelvan a gobernar este país. Votaré para evitar que mis hijos puedan ver en mi cara la misma cara de pánico que yo le vi a él tantas veces durante la transición. Votaré para que los de siempre dejen de tenerlo todo. Para que deje de ser obligatorio ser católico. Para que deje de ser anormal que las mujeres ganen lo mismo que los hombres. Para que en la próxima boda familiar, deje de ser anormal que esas dos amigas lesbianas que decidieron adoptar una niña y son ya una familia, acudan sin que nadie las mire por ello. Votaré para que los compañeros de mi hijo en el cole que no son blancos como él, no tengan problemas de integración. Las próximas elecciones votaré aunque todo huela mal, y lo haré por mi padre y por mis hijos. Lo haré por mi.

13 marzo 2006

Amén

Morgan Freeman en la peli del sábado dirigiéndose a su ayudante:
"Dicen que el aprendizaje no cura la estupidez, y tú eres un buen candidato para demostrarlo. Vete a casa y ponte un sombrerito, o lo que sea que hagan los tontos"

Y llegó el lunes

Parece que fue ayer cuando me despedí para pasar un largo y soleado fin de semana y ya estoy aquí otra vez.
El sábado paseo con los niños, aunque cortito porque salimos tardísimo, así que sólo nos dio tiempo a ir a la tienda a comprar fruta y volver corriendo porque era la hora de comer. Y por la tarde más de lo mismo, aunque con paradita en la cervecería del barrio para repostar. Por cierto, la próxima vez habrá que ir solos porque había demasiado humo.
Domingo: día de primavera. Desayuno tranquilito y tele hasta la salida de Fernando Alonso. La casa como un campo de batalla. Todo por el suelo: juguetes, ropa...Vamos, un desastre. Casi a la hora de merendar nos vamos a comer a casa de mis cuñados. Copita en el jardín tomando el sol mientras los niños se pelean, juegan, se vuelven a pelear, ven la tele, meriendan, juegan, se pelean y vuelven a jugar. Besos para todos y vuelta para casa. En el trayecto el niño se queda dormido, lo que asegura un mal despertar. Sale llorando del coche y no para hasta que se duerme. Ni siquiera cena. La niña, sin problemas. Nosotros cenamos sin decirnos nada y nos vamos a la cama en el mismo plan. Besito de buenas noches y a dormir. Fin.
Vamos, un fin de semana de lo más normal. Ser padre es tan bonito...
Lunes: El niño se levanta con fiebre y yo con tos, mocos y dolor en el pecho. Tengo cita a las 11:30 con el médico y a las 15:50 con el pediatra. En la agenda ya no me caben más cosas en la hoja del lunes y tengo que pasarme a escribir a la del domingo. Y como no tengo suficientes cosas que hacer, aquí estoy, escribiendo en el blog.
Por cierto, el sábado por la noche llamó mi madre para invitarnos a comer a todos el domingo. Le dijimos que no podíamos porque íbamos a comer en casa de mis cuñados. El domingo nos acordamos de que era su cumpleaños.

10 marzo 2006

Mis disculpas

Prometo que no hice nada en el blog. Prometo que no intenté cambiar nada. Prometo que no toqué ninguna opción. Prometo que ni se me pasó por la imaginación hacer cambio alguno.
Pero no sé por qué, todo se fue a la mierda. Y cuando creo que todo ha quedado como estaba, resulta que no se pueden hacer comentarios.
Yo lo he intentado y sí puedo, así que espero que todo se haya arreglado.
De cualquier forma, hasta el lunes ya no podré saberlo.
Me largo.

09 marzo 2006

Tiempos muertos

Me quedan un par de horitas para cerrar la edición de mañana y mi parte ya está terminada, así que tengo tiempo para el blog y el Messenger.
Lo del Messenger es curioso. Nunca lo utilicé hasta hace un par de semanas y resulta que es divertidísimo. Acabo de descargarme la versión 7.5 y tiene tantas pijadas que me paso los tiempos muertos investigando para qué sirve cada una de ellas. Si a estas pijadas añado las que me envían los amigos, pues el tema se me va de las manos y acabo muerto de risa y con toda la oficina preguntándome de qué me río todo el rato.

Lo del blog es algo parecido. Entro y salgo 20 veces al día. Me pierdo en los enlaces, escribo un par de posts... Aunque esto es diferente, porque el blog lo hago para mí y sin que nadie lo sepa. Ni siquiera mi mujer. Es una forma de hablar en alto, aunque nadie me oiga. También es una forma de acordarme de lo que hago y siento cada día, porque si dependiera de mi memoria, acabaría sin saber mi propio nombre ni reconocerme en el espejo.
En breve tendremos la ADSL instalada en casa. He conseguido que me hagan un chanchullo de esos de amiguete y de los de "te debo una" para que por arte de magia aparezca en mi casa un cable y que tenga una ADSL pirateada de no sé quién del mismo edificio. Vamos, un chanchullo de los gordos. En ese momento decidiré si abro el blog a alguien más o sigo en el anonimato más absoluto.

Delirios gastronómicos

Al final he podido bajar a comprar unos sandwiches de esos tipo "Rodilla" a los que les quitan la corteza del pan bimbo para que comas menos y compres más. Me volvió el hambre de repente y me compré 6: salmón, ensaladilla, roquefort, atún con tomate, pollo y vegetal. Me los he comido en 10 minutos mientras miraba por la ventana y trataba de imaginar a qué restaurante iría toda esa gente que pasaba por debajo refugiándose bajo los paraguas. Me imaginaba esos entrantes, esa ensalada, ese pescadito a la plancha o esa carne en su punto, esa leche frita de postre y ese cafetito con bien de azúcar.
Ya llegará el verano y me probaré el bañador. Hasta entonces, disfrutaré aunque sólo sea pensando.

Sorry

He tenido que cargarme uno de mis posts de ayer porque por causas que no alcanzaremos nunca a comprender, se me desconfiguró todo el blog y los links me desaparecieron, y en su lugar aparecieron otros posts anteriores.
Vamos, un lío. Pero por fortuna sin consecuencias.

Sin control

Me duele la cabeza.
Tengo el estómago revuelto.
Me he tomado una manzanilla.
Llevo toda la mañana corriendo.
No paro de hablar por teléfono.
No tengo tiempo de ir a comer.
Me hago pis.
No tengo tiempo de ir al baño.
El correo electrónico echa humo.
Me han regalado una botella de Crema de Orujo.
No la voy a poder probar.
Se la van a beber entre todos.
Eso me cabrea.
No me apetece tomar café.
Eso me cabrea.
Hay palmeras de chocolate en el frigo de la oficina.
No me apetecen
Eso me cabrea.
No puedo contestar a los posts de I_O
Eso me cabrea.
Estoy más gordo.
O eso creo.

08 marzo 2006

Mi tele

Me reafirmo en mi condición de teleadicto.
El lunes me tragué una especie de peli de esas de sábado por la tarde en la que salen todos los actores de todas las teleseries de la historia reciente (James Brolin, Robert Wagner...) y en la que pasan muchas calamidades y todo el mundo se muere y llora y hay tormentas y huracanes y coches volando y efectos especiales hechos con palillos y cartulina. Vamos, un horror. El caso es que me gustó, y cuando me fui a la cama porque no podía mantener ya los ojos abiertos, resulta que me dio rabia no saber cómo terminaba. Aunque me lo imagino: en el último minuto alquien descubre cómo parar todo aquel armaggedon lanzando un cohete al cielo que contenga café molido o algo así. Eso sí, justo antes se le habrá muerto en los brazos su mujer o su novia, pero tiene otra de repuesto que le consolará inmediatamente. Fin.
Que sí, que me lo tengo que mirar.
Pero es que llega el martes y resulta que en Cuatro echan a las 22:00 House. ¡Qué serie!, ¡qué guiones!, ¡qué bien me lo paso! Me voy a la cama con la sonrisa en la boca y vuelvo a soñar con el verano. Y es que cuando el Dr. House le dijo ayer a Allison aquello de "tienes que leer menos y ver más la tele", me ganó para siempre.

07 marzo 2006

Soñar

Llevaba tiempo pensándolo y necesitándolo. Todas las mañanas me levantaba con la sensación de haber dormido con la cabeza colgando del colchón. Pero por más que lo intentaba, no conseguía sacar ni un segundo de tiempo para acercarme a comprar una almohada nueva.
Sería por aquello del huracán que soplaba el sábado pasado y que me hizo reflexionar sobre lo poco que somos por lo que me acordé de mi dolor de cervicales. Aquello de "para dos días que vamos a vivir, pues vivamos cómodamente". Y me acerqué a la colchonería de la esquina. Había docenas, cientos de almohadas. De pluma, de gomaespuma, de látex y de algo así como de viscoelástica. Me las probé todas. Sí, sí, me las probé. Me tumbé en un colchón y bajo mi cabeza fueron desfilando las de 12, 20, 35, 50, 23 y 82 euros.
Al final me decidí por la de viscoelástica. Un material que no había oído en mi vida, pero que es algo así como la plastilina pero en textil. Cuando apoyas la cabeza, se hunde lo justito para tomar la forma adecuada, y vuelve a su estado original en cuanto dejas de apoyarla. UNA GOZADA.
Y como estamos en rebajas, me costó 60 euros, mejor dicho, 120 euros porque compre dos. Una para cada uno. Así nadie me roba la almohada por la noche y cada uno se queda en su lado de la cama sin molestar.
Ahora me paso el día pensando en la noche, y las noches soñando con el verano.

Pla de Beret

Joder, hace ya cinco años que no voy.

06 marzo 2006

No hace falta ser padre

Instrucciones:
  1. Encender los altavoces.
  2. Subir el volumen
  3. Pinchar aquí

Pago cervecita al que no se ría.

Tempestades

Sábado 11 de la mañana. Llueve con una fuerza que da miedo. Bajo del coche y me pongo en la cola que sale de la puerta del horno en el que habíamos encargado el pastel y la empanada de bacon y dátiles que merendaríamos por la tarde en el cumpleaños del niño. Delante de mi, en la calle, un par de señores jubilados con paraguas y varias amas de casa sesentonas recién salidas de la peluquería. Todos refugiados bajo los balcones y bien pegados a la pared para evitar empaparnos con el agua que arrastra el viento, cada vez más fuerte. Y dentro del horno, más mujeres vigilándose para que nadie se saltase el orden de llegada.
Pasa el tiempo y la lluvia arrecia. Detrás de mí ya se han colocado dos hombres más y una mujer con un carrito de la compra. Todos hablamos del tiempo y de lo difícil que ha sido llegar hasta allí para tener que hacer cola en la calle con la que está cayendo. Alguien dice aquello de "más tenía que llover, con la falta que hace. Debería de llover así todo un mes". Y en ese mismo instante todos nos quedamos en silencio. Algo llama nuestra atención. Un ruido que parecía lejano se va acercando. Miramos a nuestra derecha y enseguida nos damos cuenta de lo que se nos viene encima. Comienzan a moverse los árboles, las antenas, los carteles publicitarios, los toldos de los balcones y, de repente, empiezan a pasar por delante de nuestras narices paraguas, papeles, sombreros y todo tipo de bolsas, vacías y llenas. Instintivamente intentamos refugiarnos dentro de la panadería, pero no cabemos y varios se quedan fuera, aunque bien pegados al cristal para intentar salir lo mejor parados del vendaval. Son sólo unos minutos, pero a todos nos parecen eternos.
De repente alguien se da cuenta de que en la puerta hay un carrito de la compra tirado con todo su contenido desparramado por el suelo. "¿Ese carrito es de alguien de ustedes". Todos miramos, pero nadie responde. Uno de los señores que estaba en la puerta mia hacia afuera y ve a alguien en el suelo. Es la anciana que había llegado en último lugar. La ha tirado el viento al suelo y no se mueve. Está empapada. Su paraguas ha desaparecido y ella ni siquiera sabe dónde está. Al final todo queda en un susto y enseguida se recupera, pero hubo un momento en que todos pensamos que algo grave le había ocurrido.
El regreso a casa fue tremendo. Todos los contenedores de la ciudad parecían tener vida propia. Unos cruzaban las avenidas sin control. Otros habían vomitado todo su contenido en las calles y aceras. Los menos permanecían en su sitio temblorosos y con ganas de echar a correr.
Daba miedo andar por las calles, incluso en coche.

03 marzo 2006

Y punto

La mañana ha sido tranquila y todo ha ido bien. El tiempo ha acompañado y no ha llegado a llover en ningún momento, así que no hemos tenido ninguno de los problemas que nos temíamos ayer. Menos mal.
Esta tarde ya no vendré a trabajar. Iré a buscar al niño al colegio y me lo llevaré a jugar con su nueva moto teledirigida. La ha tenido que estrenar con su abuela durante la semana porque desde que se la regalamos por su cumpleaños no hemos podido sacar ni un rato de tiempo para estar con él y enseñarle a manejarla. Ya tenía ganas de estar un rato con él. ¿O es la excusa perfecta para jugar yo?.
Esta noche creo que saldremos a cenar otra vez. Está bien eso de recuperar las viejas costumbres y tener tiempo para hablar sin que nadie interrumpa la conversación. Hoy toca restaurante argelino. Novedad total.
Y mañana celebración del cumpleaños con los primos, tíos, cuñados, abuelos y amigos. La verdad es que lo solemos pasar bien en estos casos, pero eso de que todo el mundo se marche a las 10 de la noche y dejen la casa hecha un solar...
En fin, pensemos que el fin de semana empieza ya y hay que disfrutarlo.

02 marzo 2006

En los últimos metros

Al final hemos salvado la facturación semanal tirando la casa por la ventana. He tenido que hacer verdaderas locuras y vender todo a precio de saldo para que la edición de mañana salga a la calle con apariencia de estar llena de publicidad y que nadie tenga la sensación de que esto se va al garete.
Es curioso, pero en situaciones de verdadera presión y necesidad de actuar es cuando doy lo mejor de mí mismo. Eso sí, al día siguiente mi cabeza me pasa factura recordándome el excesivo número de bajas en mis neuronas por el uso extra del cerebro y suelo sufrir uno de esos dolores de cabeza que se me ven desde lejos. Las ojeras aparecen con un intenso color morado que contrasta en esa cara de color harina que sufro durante el invierno. Estoy deseando ver el sol de la primavera y que llegue ya, de una maldita vez, el verano.
Aunque ayer, por casualidad, descubrí que van a abrir una tienda en la ciudad que alquila máquinas de rayos UVA durante dos semanas por 60 euros. Ya me estoy imaginando tirado en la cama como Dios me trajo al mundo para pillar ese color tostado que tanto echo de menos. Sólo he probado un aparato de estos una vez en mi vida cuando pasamos unos días en un Spa en Sanxenxo, y pasé un calor horroroso. Además, no paraba de pensar en que si me movía lo más mínimo me iba a abrasar los brazos o las piernas o cualquier otra parte del cuerpo con aquellas lámparas incandescentes. Lo pasé fatal. Se me hicieron eternos los 15 minutos de sesión y juré no volver a repetir la experiencia, al menos en uno de esos chismes en los que tienes que estar de pie.
Pero he de reconocer que tengo curiosidad por saber si también se me ponen morenas aquellas partes de mi cuerpo a las que nunca ha dado el sol.
¿A que lo alquilo?

Me lo tengo que mirar

Los sábados por la tarde quedábamos en el bar de siempre para ver el partido de fútbol mientras nos bebíamos unas cuantas jarras bien llenas de cerveza, y los domingos nos íbamos al estadio a ver un partido que por regla general perdíamos siempre, pasando un frío espantoso y con los pies llenos de barro porque no tenía, ni coche, ni dinero para el autobús.
Ese fue mi plan de fin de semana durante unos cuantos años. Años en los que me ¿divertía? el fútbol, en los que ¿disfrutaba? del fútbol. Años en los que me iba para casa medio borracho para celebrar las victorias o para olvidar las derrotas. Años en los que me pasaba días enteros lamentando las derrotas y llegaba incluso a las manos si me provocaban con ellas.
Pero por fin, un día, vi la luz. Descubrí que los sábados por la tarde están para pasearlos, para dormirlos, para disfrutarlos. Para ir al cine, para leer, para jugar, para hablar, para echar un polvo, para vivir. Igual que los domingos. Y ese mismo día me olvidé del fútbol. Y cuando digo que me olvidé, es que me olvidé por completo. Nunca veo un partido, no comento los resultados, me entero de ellos al día siguiente, no leo la prensa deportiva (¡no puedo con ella!), no hago quinielas y ni siquiera hablo del tema.
Pero he de confesar que ayer vi un partido. Y no fue el de la selección española precisamente. Fue un partido que echaron por el nuevo canal de televisión que se inaugurará el próximo 20 de marzo (La Sexta) y que ayer, vaya usted a saber por qué extraña razón, retransmitió un ¡Argentina-Croacia!. Ni siquiera han inaugurado el canal y ya están retransmitiendo partidos. Pero lo que me atraía no era el partido, sino el nuevo canal. En el intermedio adelantaron todas las series que van a cubrir su parrilla de programación dentro de un par de semanas. Y se me caía la baba. Mi mujer me miraba y movía la cabeza como diciendo: "este tío cada día está peor"
Siempre he reconocido que soy un teleadicto compulsivo y militante. Además, no tengo ninguna gana de dejar de serlo. Me encanta la tele. Necesito la tele. Es lo único en este mundo que consigue engancharme sin remedio. Puedo ver con un seguimiento perfecto y sin perder un detalle, tres canales al mismo tiempo. Y puedo hacer zapping por el resto de los 50 canales de los que dispongo en mi casa sin perder la concentración en ningún momento. Pero lo de ver un partido de fútbol sólo por el hecho de que lo retransmiten por un canal en pruebas ya es de clínica de desintoxicación.
Que se lo digan a mi mujer. Ya tiene comprobado que no puede hablar conmigo cuando veo la tele, porque estoy tan atento a lo que estoy viendo que no me entero de lo que me dice. Lo gracioso es que le sigo la conversación y contesto a todo lo que me pregunta con absoluta coherencia, pero no me estoy enterando de nada. Pero absolutamente de nada. Es como cuando te bebes una botella de whisky y al día siguiente no te acuerdas de lo que hiciste.
Estoy deseando que llegue el día 20. Otro canal...