Hubo un tiempo en que tuve despacho y secretaria. Podía entonces dar calabazas a todos los pesados a los que no quería ver con solo descolgar el teléfono y decirlo. Podía retrasar días y días las reuniones a las que no me interesaba ir hasta que el "contrario" se cansaba y dejaba de llamar. Pero lo que no hice jamás, pero jamás de los jamases, fue quedar con alguien y tenerle esperando a la puerta una hora y cuarenta minutos.
Eso es lo que me acaban de hacer esta tarde. Y eso ha provocado que no acuda a una cita que tenía prevista más tarde, que no recoja un pedido de publicidad que tenemos que distribuir el próximo viernes, que tenga que acumular todo para mañana por la mañana, que lo de mañana por la mañana tenga que hacerlo por la tarde, y que probablemente no vea a mi hijo hasta que esté casi acostado el día de su cumpleaños.
Y todo por un mamón con aires de grandeza al que tengo que lamerle el culo para que me contrate una campaña de mierda que me hace mucha falta.
Asco de vida.






